La solución contra las cucarachas
El piso de planta baja en el que viví durante el tiempo que estuve trabajando en Salamanca estaba bastante bien. 35 metros cuadrados y era casi nuevo. Estaba más o menos bien decorado. Pero cuando llegó el buen tiempo, me tenía preparado una sorpresa.
Todo comenzó cuando una buena mañana vi una escena digna de pesadilla. Un enorme monstruo con antenas de cucaracha, patas de cucaracha y cuerpo de cucaracha. Llegué a la obvia conclusión de que se trataba de una cucaracha y que, no siendo pequeña, no era tan grande como pensaba, pero la tenía muy cerca, posada en la pared. Me fui a trabajar y cuando volví ya no estaba. Me olvidé del asunto hasta que, pocos días después, encontré otra en la cocina, intentando entrar a través de los conductos del desagüe. Taponé como pude todos los orificios y el problema remitió. Aquello no fue el fin. El mismo día encontré un nuevo insecto correteando por la bañera.
Si no hubiera sido porque iba a dejar ya el apartamento, me hubiera preocupado por encontrar métodos expeditivos para acabar con lo que amenazaba con ser una plaga digna de la biblia. Seguramente me hubieran vendido unos polvitos de color blanquecino, con un nombre inequívocamente químico (algo así como ácido bórico) que sirven de insecticida contra este y otros bichos. En lugares estratégicos de la cocina y el cuarto de baño colocaría unos recipientes con la esperanza de no volver a ver nunca más una cucaracha viva.
P.D.: Para los despistados.
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