¿Qué hay detrás de Ciutadans de Catalunya?
Esta pregunta me la hice el pasado miércoles, después de ser el partido revelación tras conocer los resultados de las elecciones catalanas. Han sido tres escaños del Parlament conseguidos por poco, ya que la ley sólo otorga representación parlamentaria a los grupos que superen el 3% de los votos y Ciutadans consiguió el 3,04%.
Ciutadans de Catalunya tiene una imagen moderna y fresca. Su líder Albert Rivera es un abogado de tan sólo 27 años. En una entrevista publicada hoy en el diario gratuito Metro Directo, Rivera define a su partido como de izquierdas, laico y liberal, no en el sentido económico, sino en el moral. Su discurso básico es de crítica a los partidos nacionalistas o al bipartidismo nacional PP–PSOE. Les acusa de no atender los problemas reales de los ciudadanos y de practicar una política más preocupada por los dogmas y los símbolos. Ese mismo discurso es el que llevaron en otros tiempos otras formaciones de corte populista y de vida efímera.
Después de leer su programa electoral pienso, además del populismo, en la ingenuidad. Está repleto de promesas vacías y típicas (construir X mil viviendas sociales, por ejemplo). Me ha llamado la atención el punto en el que se propone el cambio de la fiesta de Cataluña del 11 de septiembre al 23 de abril (día de Sant Jordi).
Ciutadans ha obtenido gran eco dentro de los medios llamados «conservadores», como la COPE, el diario El Mundo o Libertad Digital. Este último ha seguido con gran regocijo alguno de sus actos de campaña. De hecho la sección de enlaces de su página oficial es bastante reveladora. Aunque hay más o menos de todo, dominan los medios afines a la derecha. No hay más que echar un vistazo al blog que tienen en Periodista Digital o a ‘Bye Bye Spain’, otro de los enlazados.
Si Ciutadans es verdaderamente un partido de izquierdas, como dicen, yo me preocuparía de los padrinos que le han salido. Quizás les vaya mejor si siguen articulando ese discurso ambiguo que lo hacen tan simpático dentro de la derecha. Pero tenemos cuatro años para esperar y observar. A menudo son más importantes los hechos que las palabras. Así que ya veremos.