21 de Messidor de CCXV
Una de las mayores curiosidades (por llamarlo de alguna manera) de la Revolución Francesa fue sin duda la del Calendario Revolucionario. Fue implantado en 1793, aunque su fecha de inicio como tal hay que remontarlo al 22 de septiembre de 1792. Por tanto se comenzó a usar un año después de su implantación. Su principal objetivo era prescindir de todas las referencias religiosas que contenía el calendario gregoriano y que no eran acordes con los nuevos valores de la Razón y la Revolución. En su elaboración participaron eminentes intelectuales (matemáticos, literatos, políticos).
La distribución de los días era peculiar. Al igual que nuestro calendario, contaba con 12 meses, pero todos eran de 30 días y comenzaban dependiendo de las estaciones. Así el primer mes de cada estación comenzaba un 22, 23 o 24, coincidiendo siempre con un solsticio o un equinoccio. Los nombres de los meses hacían referencia al clima o las características de cada uno de ellos (vendimiario, brumario, frimario, nivoso, pluvioso, ventoso, germinal, floreal, pradeal, mesidor, termidor y fructidor). Otra peculiaridad es que el primer mes del año no era en invierno, sino en septiembre, coincidiendo con el equinoccio de otoño. La primera parte del mes de julio sería Messidor. Los cinco días restantes para completar el año se usaban para fiestas y solían ser a final de los meses. Las semanas pasaban de tener 7 días a tener 10.
Otra cosa muy curiosa es que cada día del año tenía su propio nombre, al igual que los santos del calendario gregoriano. La diferencia es que en el Calendario Revolucionario, cada día se bautizaba con el nombre de un objeto. En cada estación del año los días de los tres meses correspondientes tenían nombres de frutos, plantas, animales y otros conceptos relacionados con esa estación. Sin ir más lejos, hoy 9 de julio, es «menta».
Por supuesto, los años comenzaban a contabilizarse a partir de la implantación del calendario. Con lo que 1792 era el año 1, 1793 el año 2 y así sucesivamente, con lo que se cayó en el mismo error que en calendario juliano, porque no se incluyó el año 0. En cualquier caso, el Calendario Revolucionario no fue todo lo longevo que sus creadores hubieran deseado. El 31 de diciembre de 1805, el emperador Napoleón Bonaparte abolió el uso del calendario, retornando al antiguo calendario gregoriano. Aún volvería a utilizarse fugazmente para perderse en el olvido hace ya más de un siglo y medio.