Caminando entre obras
No sé si será una percepción personal o no, pero esta mañana al intentar caminar sobre los restos de lo que fue la calle de San Torcuato fue como caminar entre un caos absoluto. Los peatones circulábamos por las zonas que a nuestro criterio considerábamos más estables mientras pequeñas máquinas perforadoras sobre ruedas de oruga daba marcha atrás sobre una montaña de adoquines. Detrás un ciudadano se apresuraba por cruzar una de las pasarelas metálicas emulando a Indiana Jones antes de que llegara la máquina. Los obreros se mezclaban con el resto de viandantes taladrando, excavando y realizando otras tareas.
Los más ancianos se detenían desesperados ante la vorágine buscando una vía para escapar acorde con su agilidad. Harto difícil, porque los desniveles y los obstáculos bien en forma de agujero o de adoquín suelto son la norma.
Es verdad que las obras suponen una molestia, pero también que debe organizarse y canalizarse a los peatones de manera clara para minimizar este impacto en nuestra vida diaria. No tengo noticia de que se haya producido algún incidente, algo que me extraña visto lo visto. La remodelación de San Torcuato llevan más de dos meses y aún no están muy avanzadas, así que la cosa parece que va para rato. No critico esta duración, sino la incapacidad de organizar la obra para que el transcurrir normal de la vida se vea poco afectada. Aunque quizás sea mucho pedir.