La mordaza olímpica
No sé qué es lo que me ha producido más perplejidad, si el «aviso» de las autoridades chinas para de que los deportistas olímpicos no realicen declaraciones con contenidos políticos o la docilidad con la que los gobiernos occidentales y sus atletas han aceptado esta premisa. A menos de 24 horas del comienzo de los Juegos Olímpicos de Pekín, todas aquellas palabras sobre si tal o cual país iba a boicotear los juegos ausentándose de la ceremonia de inauguración se han quedado en nada. Todo humo. Al final el mundo entero ha tragado y se ha plegado a las condiciones del régimen chino.
Yo me pregunto, en relación con las declaraciones de los atletas, si quejarse sobre la contaminación o cualquier otro asunto ajeno al puramente deportivo está prohibido. Quizás el gobierno chino puede considerar esto como un alegato político encubierto. Y tiene gracia que el único país que ha reprochado en las últimas horas a China las continuas violaciones de los Derechos Humanos haya sido Estados Unidos, el mismo país de Guantánamo y de la pena de muerte (por cierto, recientemente aplicada). Lo que hay que oír…
En fin, que parece que todo el mundo quiere ser amigo de China y no darle demasiados quebraderos de cabeza estos próximos días en los que todo el planeta estará pendiente de ellos. Esperemos que al menos los activistas a favor de la liberación del Tíbet o de los defensores de los Derechos Humanos consigan infiltrarse y descolgar alguna que otra pancarta que pueda remover las conciencias. Estaría bien.