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La bitácora personal de Ricardo Martín
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12 de julio de 2026

El eclipse solar de 1905 en Zamora

El próximo día 12 de agosto podremos disfrutar del primer eclipse total de sol en Zamora desde 1905. Muchas cosas han cambiado desde aquel lejano 30 de agosto de hace 121 años. Me he puesto a revisar en la Biblioteca de Prensa Histórica viejos artículos de periódicos locales ya desaparecidos a la búsqueda de crónicas y noticias del evento astronómico y de cómo se vivió entonces. Y lo cierto es que me ha sorprendido encontrar muchos testimonios en el Heraldo de Zamora, ya conocido en este blog por algunos de mis artículos de investigación. Algunos de ellos son simplemente apuntes breves de meses antes del eclipse.

Por ejemplo, decía el periódico del 31 de julio de 1905:

«Tendrá lugar el 30 de agosto y será visible en España, teniendo una duración de tres minutos cuarenta y cinco segundos.

El sol se ocultará a las doce y veintiseis minutos en la costa occidental de la Península y a la una y treinta y seis minutos en Mallorca.

Las principales ciudades españolas situadas en el cono de la sombra son: Oviedo, La Coruña, León, Burgos, Zaragoza y Tortosa.

En Valencia se eclipsarán 999 milésimas del disco solar.

El fenómeno tendrá su mayor intensidad en la región de Levante.[…]

La zona del eclipse comienza en Canadá, al sur del lago Winnipeg; atraviesa el de Undson, y pasa el Atlántico por el norte de Terranova, cruzando España de noroeste a sureste, y continuando luego por Baleares, el Mediterráneo, Argelia, Túnez, Egipto y el Mar Rojo, para morir en las costas de Arabia.

Son muchos los sabios extranjeros que, teniendo en cuenta la larga duración del fenómeno en España, la han elegido para teatro de sus observaciones.»

También la compañía de los trenes de entonces ofrecía descuentos para ir a ver el eclipse (9 de agosto de 1905):

«Las compañías de los ferrocarriles del Norte, Madrid a Cáceres y Portugal y del Oeste de España, concederán grandes rebajas de precios en los billetes de ida y vuelta, establecerán trenes especiales para el día de toros y el 30, con motivo del eclipse total de sol.»

El día 22 de agosto se publicaba:

«El Observatorio Astronómico de Madrid ha publicado un folleto con advertencias e instrucciones muy interesantes para la mejor observación del eclipse de sol, que habrá de verificarse el día 30 de agosto próximo.»

Justo el 29 de agosto de 1905, el día antes del evento, el Heraldo de Zamora publicaba una noticia con datos sobre el acontecimiento escrita por un tal Copérnico:

«Zamora no se halla esta vez muy alejada de la zona de totalidad y por lo tanto los zamoranos pueden con gran economía, por lo corto del trayecto, examinar el fenómeno en Astorga o León, poblaciones recomendables por la facilidad de comunicaciones, gracias a la línea del Oeste.

Pero aquellos que observen el eclipse en Zamora no dejarán de ver algo muy curioso, por cuanto que el disco solar solo dejará en esta población de ocultarse por la luna una falce estrechísima, iniciándose un anochecer en extremo interesante.

Empezará el eclipse de sol en Zamora a las once horas veintiocho minutos nueve segundos de la mañana, y terminará a las dos horas once minutos cero segundos de la tarde, teniendo por lo tanto una duración de dos horas ochenta y dos minutos y un segundo.

Los puntos de observación en Zamora deben elegirse según el género de observaciones que se quieran hacer; las esplanadas de la Plaza de Toros y del Castillo llenan cumplidamente el objeto para los que se limiten a admirar la ocultación del sol; pero para aquellos que deseen estudiar la influencia del eclipse en la vida terrestre, tonalidades diversas de la luz, aspecto del paisaje y otras observaciones análogas, el hermoso paseo de los Tres Árboles y sobre todo el bosque de Valorio les brindan con magníficos sitios donde hacer cómodamente estas observaciones, para las cuales damos en este artículo amplias indicaciones que sería de desear aprovecharan los zamoranos.»

El ejemplar con fecha 30 de agosto de 1905 recoge ya las impresiones del eclipse una vez producido. Entiendo que aunque llevara esta fecha, el periódico el Heraldo de Zamora se publicaba a día vencido. Esto es lo que se comentaba:

«Se ha verificado el fenómeno celeste con la exactitud que habían anunciado los hombres dedicados a la ciencia astronómica.

A las once y media de la mañana pudimos observar con el auxilio de placas fotográficas cubiertas por velo, el primer contacto del eclipse.

Momentos más tarde y a medida que avanzaba la sombra sobre el sol, cubrióse la atmósfera de espesos nubarrones grises con cambiantes blancos, que hicieron imposible la observación del eclipse en su fase máxima.

El tiempo de mayor obscuridad durante el eclipse ha sido desde las doce y 34 minutos hasta la una y diez de la tarde.

Durante este tiempo se ha observado una poderosa transformación en la luz solar, produciendo sus tintas sobre los objetos coloración extraña que reflejaba honda tristeza en el ánimo.

Hemos visto huir despavoridas y buscar refugio las aves domésticas, esconderse los perros y ocultarse los pájaros como dominados por un temor invencible que desapareció paulatinamente a medida que disminuía la obscuridad.

No obstante ser esta muy intensa en los indicados instantes no llegamos a ver en la bóveda celeste ni una sola estrella, aunque con el auxilio de poderosas lentes las buscamos en el firmamento.

A las dos y media en punto de la tarde, hora de los relojes de esta capital, desaparecía completamente la sombra que durante tres horas aproximadamente había sido objeto de observación mediante los consabidos cristales ahumados por infinidad de personas que en la Glorieta, San Martín, Plaza del Castillo, las Tres Cruces y explanada de la Plaza de Toros, contemplaban el espectáculo celeste que, a decir verdad, no ha resultado con toda su grandeza ni tan admirable como el de 28 de mayo de 1900, debido a los nubarrones que cubrieron el espacio, ocultando el astro rey en los momentos en que la sombra alcanzaba mayor zona superficial.»

Por último, en el ejemplar del 31 de agosto de 1905, el periodista del Heraldo contaba su experiencia vivida en Astorga:

«Era una hermosa mañana del mes de agosto, con un amanecer que parecía indicio seguro de un día esplendoroso, cuando más de ciento cincuenta zamoranos, deseosos de contemplar en todas sus manifestaciones el gran espectáculo que nos había de proporcionar el eclipse, nos dirigimos a la estación del ferrocarril.

Llegada la hora marcada por el itinerario, vimos entrar en agujas el tren de Salamanca. Arrastraba la locomotora el máximum de unidades, por el gran número de viajeros que venían de la ciudad del Tormes.

En un momento fueron asaltados todos los coches, y después de haberse colocado cada cual como pudo, el tren se puso en marcha. […]

Ligeras nubes que cruzaban con dirección de este a oeste comenzaron a encapotar el azul del cielo. Los semblantes de los viajeros, momentos antes alegres, trocáronse de repente en rostros tristes que dirigían al cielo miradas escudriñadoras y recelosas… […]

El sol se deja ver entre dos nubes que parecían entreabrirse como dos cortinas para poder contemplar el espectáculo… y !oh felicidad!, un viento favorable despeja la atmósfera y ya puede decirse que no hemos hecho el viaje en balde…

El astro del día se nos presenta claro, aunque no en toda su magnitud, figura y forma, sino como una mordedura o parte menos, oculta a nuestra vista por el cono de sombra que proyecta la luna.

Las 12 horas, 48 minutos y 30 segundos, hora señalada para el principio de la totalidad se acerca: ¡un momento de expectación!

La totalidad del eclipse empezó en Astorga. El disco negro se coloca frente a frente del disco solar…; pero en el cielo, siempre soberbio, siempre hermoso, el sol parece como que quiere consolar al hombre, lanzando alrededor del disco negro una aureola azulada; unos penachos carmíneos que se extienden por el espacio, como si dijéramos, para anunciar a los mortales que aún vive, que todavía palpita y que seguirá siendo el iris de esperanza para la Tierra.

Al llegar este momento supremo, el entusiasmo es indescriptible: todo el mundo abandona los medios o auxiliares, para contemplar el sol cara a cara; precisamente cuando no podía observarlo…; queríamos verlo directamente; deseábamos enterarnos de los más insignificantes detalles, y parecía que nos inspiraba mayor confianza nuestra vista sola que con el auxilio de aparatos. […]»



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