La banda granadina Lagartija Nick son, gusten o no, un referente de lo que debe ser un grupo de música pop-rock. La mente inquieta de Antonio Arias ha tenido claro el camino que en cada momento ha querido seguir. Y lo ha conseguido. Partieron en 1990 con un punk-rock de tintes postmodernos y apocalípticos (magnífico su tema de 1992 ‘Nuevo Harlem’) para pasar al rock con ‘Su’ (1995), un gran disco. La colaboración con el cantaor Enrique Morente hizo que la banda diera un giro completo para dar una visión del flamenco nunca vista antes. ‘Omega’ (1996) es posiblemente uno de los mejores discos de la historia de la música popular española. En una búsqueda de su propia identidad y de sus raíces dieron con Val del Omar, un desconocido artista pre-multimedia granadino al que dedicaron su trabajo ‘Val del Omar’ (1998), repleto de letras crípticas (adaptaciones de poemas del propio Val del Omar) y sonidos electrónicos. Después de estos apabullantes discos llegaron, para mi gusto, a un momento valle, en la carrera de la banda. Sus siguientes tres discos me parecen olvidables, sobre todo para una banda del nivel de Lagartija Nick.
Pero los de Granada nunca dejan de sorprender. Hace unas pocas semanas me encuentro con que ‘El Shock de Leia’ (2007) es su nuevo disco, publicado el 14 de mayo. Detrás de este título homenaje a ‘Star Wars’ se esconde un álbum luminoso, repleto de melodías y canciones de dos o tres minutos que rozan a veces el pop clásico (el primer sencillo ‘Carmen Celeste’ es prueba de ello). La lucidez recobrada de Antonio Arias se nota en cada uno de los temas, en cada una de las letras, que recuerdan a los mejores cortes de ‘Su’ (de hecho ‘El signo de los tiempos’ es un tema compuesto en aquella época). Lagartija Nick vuelven a emocionar y a entusiasmar como si se tratara de su primer disco.
El músico Serge Gainsbourg ha pasado a la historia casi como un sátiro pervertidor de niñas inocentes. Entre sus «garras» cayeron jovencitas como Jane Birkin o France Gall. Con la primera mantuvo un tórrido romance, tanto en su vida privada como en las canciones que él compuso para cantarlas a duo con ella. Todos recordamos su punto culminante con ‘Je t’aime moi non plus’.
Gainsbourg escribió temas para la gloria francesa de la canción juvenil France Gall. Algunos con un éxito apabullante, como ‘Poupée de cire, poupée de son’, ganadora del festival de Eurovisión en 1965, ‘Attends ou va-t’en’, ‘Laisse tomber les filles’ o la polémica ‘Les sucettes’, literalmente traducida como ‘Los pirulís’ sobre una chica a la que le gustan estos «caramelos». Ya os podéis imaginar por donde van los derroteros.
Tal y como se cuenta en un artículo del blog ‘El Predicador Malvado’, sucette es la palabra francesa para las golosinas de palo al estilo de los pirulís castizos. Se cuenta una anécdota según la cual este tema de Gainsbourg de 1966 está pensado para darle un doble sentido. Según parece la inocente de France Gall no se dio cuenta de la jugada. El asunto se puso en evidencia en una entrevista de ambos.
Traducción:
Gainsbourg (intentando reprimir una sonrisa malvada): Bueno… explíqueme el texto de ‘Les sucettes’. France (con un tono algo escolar): Es una niña… que le gustan mucho los pirulís… que los compra en la tienda por pocos céntimos… (sonrisa buscando la aprobación) ¿eh? y, bueno… eso es todo ¿no? (silencio tenso, France Gall parece preguntarse «¿me habré equivocado?») Gainsbourg : De acuerdo. (sonrisa de alivio de France) Gainsbourg: No es todo.
Estos comentarios provocaron el cabreo de France y el consiguiente regocijo malicioso de Gainsbourg.
La verdad es que buscando información sobre los californianos Papercuts no he encontrado gran cosa. No tienen web oficial. Sólo he podido entresacar algunos datos de su página en MySpace y del sello de San Francisco Gnomonsong Recordings que publica sus discos. El primero de ellos fue ‘Mockingbird’ (2004) y parece ser que obtuvo muy buenas críticas entre la prensa musical británica. Su segundo trabajo ‘Can’t Go Back’ fue publicado originalmente en abril del año pasado. A pesar de esto y como los caminos de la distribución de los sellos independientes son inexcrutables, no ha llegado al gran público hasta hace poquito tiempo.
El avance de ‘Can’t Go Back’ era la excepcional ‘John Brown’, un adelanto que hacía presagiar un, al menos, buen disco. Hace sólo unos pocos días que lo llevo escuchando, tiempo suficiente para apreciar su calidad. Su música cabalga entre el folk y el pop, los sonidos que mezclaron los Byrds por primera vez hace cuarenta años. Quizás no sean el grupo más original del mundo, pero no defraudan al oyente que busca melodías equilibradas y variada ornamentación instrumental (hablar de los Beach Boys o de The Mama’s and the Papa’s sería caer en los tópicos).
En definitiva, un agradable descubrimiento como lo fueron en su día otras bandas «discretas» como The Essex Green.
Cáceres tiene posiblemente uno de los festivales de música del mundo más importantes de Europa. Desde su primera edición en 1992, por el WOMAD han pasado personalidades tan importantes como Peter Gabriel o Bob Geldorf. Este año el cartel es un poco más discreto. Mi principal interés era escuchar el sitar de Sheema Mukherjee, que ha participado en giras junto a Cornershop, pero al comprobar que su actuación sería en el Gran Teatro (de pago) cambié de opinión y me tuve que conformar con dar una vuelta.
Los tres escenarios al aire libre están repartidos por toda la ciudad monumental y por lo que he visto, repleto de gente de todo pelaje a cualquier hora del día. Las litronas y las rastas convivían sin complejos con las terrazas y los polos de Lacoste. Y es que el WOMAD es un festival para todos, incluídos los paisanos más mayores que se paseaban por la ciudad con un programa de la mano. Una de las zonas más nutridas de público cuando no hay actuaciones son los varios mercadillos (uno en la Plaza Mayor y otro en el paseo de Cánovas). Mercadillos auténticos con todo tipo de productos ecológicos, artesanía y ropa.
Han sido cuatro días en los que en toda la ciudad se ha notado la fuerte presencia de turistas, curiosos y extranjeros. Un acontecimiento que ha dado colorido y vitalidad a una ciudad pequeña como Cáceres donde casi nunca ocurre nada.
La televisión pública finlandesa (YLE) ya tiene todo listo para que el próximo sábado se celebre en Helsinki la 52º edición del festival de la canción más popular del mundo. Por supuesto estoy hablando de Eurovisión. Los que sigáis este blog desde hace tiempo sabréis de mi extraña afición por este evento que miro con atención desde pequeño.
Este año, la fase final la compondrán 24 participantes. De los intérpretes españoles casi mejor no hablar. Más o menos siguen en la misma línea de «calidad» de los últimos años. Son un grupito que se hacen llamar D’Nash y que no sé si habrán salido mucho por televisión, pero en los últimos tiempos tengo sobredosis de radiofórmulas y la canción participante no ha sonado ni una sola vez. ¿Cuándo mandaremos a alguien «indecente» estilo Lordi?
Por falta de tiempo no he podido ver ni escuchar a todos los que ya han pasado a la fase final, es decir, los 10 mejores del año pasado y los cuatro «grandes» (Francia, España, Reino Unido sin Morrisey, y Alemania) que participan siempre. A falta estamos de conocer los 10 mejor clasificados de la semifinal.
Una de las principales pegas de los últimos años es el cambio de sistema para las votaciones. El televoto no me parece la mejor opción, porque al final la canción pasa a un segundo plano y lo que realmente cuenta son las simpatías entre vecinos. Por tanto los países que estén relativamente aislados (islas o estados con poca inmigración) tienen todas las de perder. En cambio lugares como las repúblicas ex-soviéticas o los países balcánicos, que cuentan con fuertes lazos culturales y sociales son los que se llevarán los primeros puestos. Con saber un poco de geopolítica se pueden adivinar las votaciones de la mayoría de los países.
La banda asturiana Mus han publicado hace unas semanas su nuevo trabajo ‘La Vida’ (Green Ufos, 2007). Con motivo de este lanzamiento llevaba tiempo queriendo escribir un pequeño artículo sin repetirme, porque ya escribí en su día una referencia sobre Mus cuando publicaron ‘Divina Lluz’.
Precisamente hoy en Babelia, el suplemento cultural de El País, viene un artículo con una pequeña entrevista informal a los asturianos. En ella explican el llamativo, aunque moderado, cambio de forma y de fondo. Menos folk y más pop. Sus letras por primera vez no están basadas en el acervo cultural asturiano y en la música se cuelan sintetizadores y cajas de ritmos. Pero que los seguidores de Mus no se asusten, este cambio no vulgariza ni banaliza, sino que más bien enriquece la propuesta que Fran y Mónica vienen ofreciendo desde hace una década. Parece que las nubes oscuras que adornaban e inspiraran los temas de sus anteriores trabajos se han esfumado para dar paso a un sol que calienta e ilumina. Una de las señas de identidad de la banda, defender la lengua asturiana cantando en bable, sigue intacta. Como curiosidad, la vocalista Mónica Vacas revela en el artículo para Babelia sus orígenes zamoranos, algo de lo que no tenía ni idea.
Hoy muchos temas destacables, pero algunos como ‘Cantares de ciegu’ o ‘Una sábana al vientu’ valen por todo el disco. Para mi gusto, su mejor trabajo hasta el momento. En la otra ocasión en que hablé de Mus cerré diciendo que es una banda que nunca me ha defraudado. Desde luego esta máxima sigue vigente.
La Habitación Roja entran a degüello. Lo que se intuía en su anterior trabajo ‘Nuevos Tiempos’ (Mushroom Pillow, 2005) se vuelve crítica explícita. Ya comenté por aquí que el grupo valenciano había dedicado una de las canciones de aquel álbum a nuestro querido ex presidente y a sus amiguitos de las Azores. Una letra encubierta en una presunta historia de desamor.
Ahora quizás con menos acierto y más obviedad abundan en esa crítica. ‘Tened piedad del ex presidente’ es uno de los once temas de ‘Cuando Ya No Quede Nada’ (Mushroom Pillow, 2007). Para mi gusto, el conjunto no brilla tanto como su antecesor. Es como si el afán por acercarse a letras más comprometidas se hayan dejado la sensibilidad, la ensoñación y la sutileza por el camino. No hay melodías inolvidables como en ‘4’ o en ‘Nuevos Tiempo’ y tampoco hay un puñado de temas estrella.
A favor tienen la claridad y la contundencia de las letras (aunque más facilonas que de costumbre) y de la música. Más guitarras, más distorsión (Steve Albini en la producción se nota) y menos temas lentos. El primer sencillo extraído es ‘La vida moderna’, un tema con mucha pegada pero con una letra tan obvia que lo echa por tierra. El videoclip es igual de poco original.
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