Había puestos muchas esperanzas en que de verdad Público fuera un diario competente y competitivo. A lo largo de los primeros números lo parecía. Pensaba que por fin tendríamos un complemento, una segunda opinión alternativa a los grandes medios. Como digo, lo rozaron durante la primera semana. La información en general era tratada con seriedad pero aportando otros puntos de vista que hasta ahora se habían quedado en los márgenes del papel impreso.
Pero poco a poco las expectativas se han ido apagando y Público ha pasado de ser un medio más o menos alternativo a ser sensacionalista, con titulares poco serios, excesivamente tendenciosos y poco cuidados (al estilo de El Mundo o La Razón), un uso de las fotografías que subrayan el amarillismo y unos textos que han ido perdiendo calidad. La página web de Público, que supuestamente iba a ser el puntal, la base de la información, es de lo más triste, con muchos errores, sin publicidad y con secciones que no se actualizan.
Con estos mimbres, y como las cosas no cambien, el futuro de Público se me antoja bastante negro.
El acento en el nuevo logo del diario El País se ha convertido también en el símbolo de la renovación del periódico de PRISA. Pero el otro día cuando vi por primera vez la tilde que se había colocado no acabó de convencerme. Ese pequeño triangulito creo que rompe un poco la austeridad del logo, de un símbolo. He estado haciendo algunas pruebas recreándolo con su tipografía, la Clarendon LD Std Roman, incluyendo la tilde correspondiente del tipo. Es cierto que descuadra un poco todo el conjunto, pero me parece más coherente que colocar un añadido que rompe el estilo del logo.
Ayer se emitió la tercera entrega del exitoso programa ‘Tengo una Pregunta para Usted’ en La 1 de TVE con tres políticos invitados. Por una parte el coordinador general de Izquierda Unida Gaspar Llamazares, el diputado de Convergència i Unió Josep Antoni Durán i Lleida y, la que se reveló como la estrella del programa, Josep Lluís Carod-Rovira. El líder de ERC demostró tener tablas y saber moverse mejor en terrenos pantanosos que con las preguntas de quienes pudieran ser más afines políticamente.
Me refiero a las intervenciones de dos ciudadanos de Valladolid (estudiante y jubilada) que, personalmente, me causaron vergüenza ajena y unas repentinas ganas de que Castilla y León sean León y Castilla. Las primeras palabras de ambos ya demostraban un ánimo de provocación en toda regla al llamar a Carod «José Luis», cuando el resto de intervinientes lo habían hecho por sus apellidos. El líder independentista salió airoso apoyándose en argumentos suficientemente sólidos y también con alguna trampa. Y es que no se puede provocar a un provocador nato, porque se corre el riesgo de caer en el ridículo.
La verdad es que merece la pena ver la intervención al completo, aunque sólo sea por entender un poco el razonamiento y la voz de ERC de una forma sosegada y sin filtros ni intermediarios. Aquí dejo el vídeo de la parte de Carod-Rovira:
Cada vez con menos revuelo y menos aspavientos, la reaparición del llamado «Plan Ibarretxe» no ha sido más que una noticia más, de esas que hay que dejar pasar y no azuzar. Hoy el Lehendakari se ha reunido con Zapatero en un buen gesto, de esos que nunca han de faltar. Pero ambos saben lo que va a ocurrir y lo tienen muy claro.
Ibarretxe está ya en campaña electoral, primero para que el PNV logre aumentar su presencia en Madrid en marzo de 2008 y después, no lo olvidemos, para los comicios vascos de la primavera del 2009. La estrategia de los peneuvistas es tensar la cuerda, crear una falsa tensión con el Gobierno central para convertirse en el partido «panvasquista» por excelencia y canalizar los votos de los más radicales, para entonces quizás ilegalizados (ANV y PCTV sobre todo).
De esta forma se juega un doble partido, las dos caras de los nacionalistas. Por una parte los moderados (los llamados pactistas) y por otro los soberanistas. Ambos son conscientes de que la consulta popular no llegará nunca a celebrarse. Posiblemente se cargue desde las filas del PNV contra el Gobierno central, argumentando que se ha impedido que los vascos se expresen y etcétera etcétera… Puro electoralismo al fin y al cabo.
El problema comienza cuando desde el Partido Popular se utiliza este asunto como arma de ataque al Ejecutivo y a su presunta «debilidad». Un argumento que, por cierto, no se utilizó contra ellos cuando el 8 de julio de 2002, con el PP en el Gobierno, el Ejecutivo de Vitoria (PNV-EA–EB) con la abstención de la todavía legal Batasuna, acordó poner en marcha un proceso para alcanzar la soberanía en Euskadi. Nadie dijo entonces que España se rompía y que Aznar, con su debilidad, era el responsable del radicalismo de los nacionalistas. No se dijo ni una sola palabra en ese sentido.
Ya se puede decir que tenemos Proyecto de Ley de Memoria Histórica. O al menos está lista para ser debatida en sede parlamentaria. Hasta llegar a aquí, el texto que aspira a convertirse en norma ha pasado por todo tipo de obstáculos, zancadillas e insidias. Primero (y obvio) fue la negativa del Partido Popular de participar en su elaboración. Después, las discrepancias lógicas de los partidos de izquierdas. Y por último los escollos que planteaban los partidos nacionalistas, mayoritariamente democristianos, sobre las víctimas religiosas causadas por el bando republicano.
Finalmente el proyecto ha salido adelante y, si se aprueba con el articulado con que cuenta el texto actualmente, supondrá un reconocimiento oficial para las víctimas y los represaliados durante la guerra civil y la posguerra, ampliándose las prestaciones económicas que perciben. También se reconoce la labor de las Brigadas Internacionales, voluntariado extranjero que lucharon con los republicanos para restablecer la legalidad. Otro aspecto importante es la implicación de las Autoridades Administrativas en la investigación, localización y exhumación de las fosas comunes de los asesinados que aún permanecen en cunetas y campos de toda España.
Pero de lo que más se está hablando es del artículo 15. Se trata del párrafo que trata sobre los símbolos franquistas, otorgando poder a las diferentes Administraciones para retirar estos símbolos. Si estos elementos se encuentran en edificios de organismos privados, se les podrá retirar posible subvenciones. Ante esto sólo puedo decir: ¡ya era hora! Han tenido que pasar treinta años de las primeras elecciones democráticas después de la dictadura para que por fin se tome en serio el tema de borrar los vestigios franquistas y de reconocer oficialmente unas víctimas de la guerra que, por ser del bando de los vencidos, fueron silenciadas durante más de cuarenta años.
El otro día en el Foro Europa, Juan Luis Cebrián, el consejero delegado de PRISA dijo algunas cosas interesantes en lo que a Gobierno y comunicación respecta y con las que estoy totalmente de acuerdo. Hoy día, todo Gobierno occidental debe saber que tener una política de comunicación coherente, fuerte y bien pensada es algo básico. Lo que vende y lo que vemos los ciudadanos no es el trabajo interno del Consejo de Ministros, de los Secretarios de Estado o el Parlamento. Lo que vemos, o lo que ven la mayoría de ciudadanos (o sería mejor decir votantes y contribuyentes) sobre la actividad de un Gobierno es lo que aparece reflejado en los medios de comunicación. El resto no existe. Por desgracia es así de duro en la sociedad superficial en que vivimos.
El Gobierno de Zapatero ha flaqueado en pocas cosas, pero una de ellas es la comunicación. Un error imperdonable cuando existe una increíble maquinaria mediática que forman un frente más o menos homogéneo con la firme intención de tergiversar, descalificar y falsear cada movimiento del Ejecutivo, manipulando abiertamente y sin complejos la realidad. En alguna ocasión he tenido la sensación (y la he expresado aquí) de que la derecha tiene los medios informativos digitales. Medios informativos por llamarlos de alguna manera. Periodismo de dudosa calaña que aplica el maquiavelismo sin pestañear, algo que por cierto siempre ha hecho la derecha. Poco a poco, la influencia de internet es mayor, y ya hoy día se consigue crear estados de opinión que pueden alejarse mucho de la realidad y no atender a razones lógicas. El ejemplo más reciente lo tenemos en el 11-M.
Por tanto creo que el talón de Aquiles del Gobierno no es la política antiterrorista, ni la económica, ni la territorial, ni la social… sino la comunicativa, la «creación de una imagen», de un símbolo, un eslogan, un ideario comprensible por cualquier ciudadano. Parece que en La Moncloa se ha dado cuenta ahora de su error. Pero sólo quedan unos meses para las elecciones generales. ¿Demasiado tarde para que una política de comunicación cale en la opinión pública?.
Dentro de Europa, nuestro país es un estado grande. El más grande después de Alemania y Francia. Muchos kilómetros cuadrados y muchas diferencias de clima, orografía, idioma e idiosincrasia. Poco tiene que ver un habitante de Cádiz con uno de San Sebastián, o uno de Tarragona con uno de Pontevedra. O un canario con un valenciano. Lo cierto es que nos unen muy pocas cosas.
El viernes se celebra la llamada «fiesta nacional» del 12 de octubre o día de la Hispanidad, conmemorando la llegada de Cristobal Colón al nuevo mundo. Fue en 1492. También en 1492 terminó la reconquista. Los Reyes Católicos expulsaron a los musulmanes y a los judíos de nuestro territorio y, de paso, consiguieron a espadazos la unificación de todos los reinos cristianos de la península. Lo cierto es que, hasta el siglo XIX, con la llegada de los medios de transporte masivos, esta unificación no fue realmente efectiva. Y para entonces, los nacionalismos periféricos surgidos de la burguesía local estaban comenzando a cobrar fuerza.
La idea de España siempre ha sido polémica y una realidad mantenida a golpe de armas. Cada vez que se intuía un régimen obsequioso con ideas nacionalistas, el ruido de sables se volvía intenso. Casualmente uno de los momentos de mayor unión no impuesta en España ha sido la Transición, aunque en mi opinión fue el producto de un período de emergencia, de concentración de fuerzas focalizadas en superar la dictadura y acceder a una democracia real. Pero aquellos tiempos van quedando lejos. La prosperidad es cada vez mayor a la vez que las fronteras europeas se relajan. ¿Tiene sentido seguir manteniendo la idea de España más allá de un ente administrativo y simbólico?
Yo sólo quiero inducir a la reflexión desapasionada. Por mi parte soy agnóstico en temas de patria y nacionalismos. Creo que lo importante de una sociedad no es qué tamaño tiene nuestro territorio ni como se llame ni qué bandera tenga, sino que esté cohesionada y que funcione a todos los niveles. Mi tierra, mi país es el lugar donde he nacido, donde quiero vivir o al que quiero volver. Nada de entelequias. A fuerza de tiempo, la inercia, la educación y las leyes nos han dicho que Murcia, Barcelona, Sevilla o Madrid pertenecen a un mismo país que es el nuestro, aunque para mí Murcia o Barcelona esté más lejos de Lisboa y sean tan extranjeras como la capital de Portugal.
rmbit está bajo una licencia de Creative Commons.
Plantilla de diseño propio en constante evolución.
Página servida en 0,071 segundos.
Gestionado con WordPress