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La bitácora personal de Ricardo Martín
Comentando cosas desde 2004
9 de octubre de 2007

Publicidad en Zamora a comienzos del siglo XX (I): tecnología

Una de las cosas más chocantes de mirar los periódicos zamoranos de primeros del siglo XX son sin duda los anuncios. Publicidad que, con profusión, invadían los diarios de la época. Píldoras y ungüentos milagrosos, viajes en barcos de vapor a Nueva York, Montevideo o Penambuco, bombillas, balnearios y casas de salud, cámaras fotográficas y un etcétera muy largo.

He decidido hacer una pequeña selección de los anuncios más curiosos, tanto por su tratamiento gráfico como por lo novedoso o lo humorístico (a nuestros ojos) de su propuesta. Lo he dividido en cuatro temáticas: tecnología, viajes, salud y varios. Hoy comenzamos con la tecnología.

Dentro del mundo de la tecnología tal y como hoy la conocemos, las bombillas y otro aparataje eléctrico fueron las pioneras a la hora de anunciarse. Marcas que todavía perduran como OSRAM o Philips ya se publicitaban en la prensa pueblerina de Zamora a comienzos del siglo XX.

Bombillas OSRAM (1909). Prometía un bajo consumo (1 vatio por bujía), blancura de su luz y una duración de 1.000 horas, muy poco para los parámetros actuales:

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EGMAR, la única bombilla irrompible (1912). La «moda» de las bombillas irrompibles comenzaba. Se vendían como su principal característica. Desconozco la fragilidad de las bombillas antiguas, pero a juzgar por el bombo que se le da a la dureza, no dudo que fue un gran logro:

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Lámpara Philips (1913). Un hombre musculoso con una maza se dispone a golpear la irrompible bombilla Philips. «Desconfiad de otras clases que sólo significan imitaciones inferiores», reza el eslogan:

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Aparatos y Discos «Gramophone» (1913). Bajo el logo muy conocido de His Master’s Voice, el Gran Bazar de Salvador Álvarez vendía la «mejor máquina parlante». Me pregunto si también vendían los discos de música:

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«ODEON», Máquinas Parlantes (1914). La última tecnología de 1914 para la reproducción de música en otra «máquina parlante». Por 100 pesetas incluía el aparato y 10 discos «grandes dobles». Se remarca que «todos los discos de esta casa son dobles». Daría lo que fuera por ver esa tienda y esos discos:

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Máquinas de escribir «Meteor» (1914). Si las «máquinas parlantes» era la última tecnología de la época, no lo era menos las máquinas de escribir. Hoy podríamos equipararlos a los ordenadores personales. De hecho no había ninguna tienda en Zamora que las vendiera. Se dice que tiene «todos los adelantos de las marcas caras dentro de un precio reducido», un «tipo hermoso de letra», «pesa 5 kilos y se entrega con elegante maleta». Nada que envidiar a los modernos ordenadores portátiles…:

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Kodak, el complemento de la vida en el campo o en la playa (1917). Las primeras cámaras fotográficas portátiles fueron las Kodak. Baratas y populares, eran ideales para que los aficionados hicieran sus primeros pinitos en este arte. Se dice que «su manejo es tan sencillo que se domina en media hora» y que las fotografías se «revelan a la luz del día», algo que no acabo de entender:

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Calculadoras y sumadoras (1920). Las predecesoras de las calculadoras electrónicas de bolsillo eran estas máquinas que ayudaban al sufrido tendero a hacer sus cálculos:

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7 de octubre de 2007

El primer vehículo a motor de Zamora

Un coche como el que recibió la primera matricula en Zamora

No sé si algún día conseguiré averiguar cuándo circuló por las calles de Zamora el primer vehículo autopropulsado mediante motor. A pesar de haberme dejado los ojos en las hemerotecas digitales visualizando uno por uno los periódicos de finales del siglo XIX y comienzos del XX, no he dado con el dato exacto. Supongo que aquel raro evento no pasó de ser una anécdota más en unos tiempos que estaban cambiando con muchos inventos que revolucionarían la vida de la gente. En los albores del pasado siglo, la red de carreteras estaba sin asfaltar y compuestas de tierra y piedras. Por supuesto no estaba pensada para los nuevos vehículos.

De lo que sí he encontrado el dato, a través de un artículo en La Opinión De Zamora, es de la fecha de la primera matriculación. Ocurrió el 3 de enero de 1907. Sí, casualmente este año se cumplen cien del evento. En la época no existía legislación sobre vehículos a motor, por lo que fue un ingeniero quien certificó que aquel Dion et Bouton podría circular por nuestras calles y plazas. El afortunado pionero dueño del ZA-1 fue Justo Sánchez, de quien no he podido averiguar nada, aunque supongo que sería un ricachón de la época y un hombre con espíritu aventurero.

Este hecho fue absolutamente aislado. El carro de tracción animal seguiría siendo el rey de la carretera en Zamora hasta bien entrados los años cincuenta. Por entonces, el parque automovilístico provincial era de poco más de mil vehículos.

5 de octubre de 2007

Un zamorano en los micros de la SER

En la madrugada del jueves pasado falleció Carlos Llamas, la voz inconfundible de Hora 25, el programa informativo nocturno de la Cadena SER. Lo dirigía desde 1992 y venía a suceder a Manuel Campo Vidal en esas tareas. De aquellos primeros años no tengo recuerdos, puesto que yo no escuchaba la radio a esas horas. Fue más o menos a partir de 1999 cuando me aficioné al programa y sobre todo a sus tertulias, que siempre se me hacían cortas. Me acuerdo de los programas de la noche del 11 de septiembre de 2001, que fue un día para la historia (también de la radio), y por supuesto, de los tensos días entre el 11 y el 14 de marzo de 2004. Pero bueno, la vida es así y todo tiene un final, a veces tan precipitado (y no del todo esperado) como este.

He estado revisando lo que la prensa local de Zamora dice de la muerte de Carlos Llamas y he visto una foto del multitudinario pregón que el periodista sanabrés dio en 1994 en la Plaza Mayor. Uno no puede dejar de pensar que ya no hay pregones como los de antes. Carlos siempre estuvo muy ligado a su tierra y, siempre que podía, dejaba caer su origen en las tertulias. Ayer y hoy en la Cadena SER se ha oído el nombre de Zamora y de Muelas de los Caballeros, su pueblo natal, mucho más de lo que posiblemente lo hará nunca. Ahora sólo nos queda un zamorano en los micros de la radio, Julio César Iglesias en RNE, amigo, por cierto, de Carlos Llamas.

12 de agosto de 2007

El redescubrimiento de la ermita de la Vega

Imagen de los restos de la iglesia de Santa María de la Vega

En Zamora suele ser habitual que tras un viejo muro de piedra de una casa centenaria se encuentren vestigios de templos que ya estaban olvidados. En la mayoría de los casos los descubrimientos son menores o ya estaban documentados por los cronistas de otros tiempos. Lo sorprendente es encontrarse con restos en los que las noticias de su existencia eran muy vagas, cuando no nulas.

Este es el caso de la ermita de la Vega o de Santa María de la Vega, que quedó al descubierto tras derribar unas casas bajas en la zona de la calle de la Vega, frente al parque de San Martín. Afortunadamente las obras de los nuevos bloques de viviendas se reformaron para integrar los restos dentro del complejo. Lo cierto es que sobre esta iglesia no he encontrado apenas información.

Tras consultar sin resultado los tres o cuatro libros de historia de Zamora que tengo por casa, en la web de Románico Zamorano he encontrado una referencia a este monumento olvidado. Según esta fuente, el edificio fue construido probablemente en el siglo XII para cumplir la función de ermita de un asentamiento gremial fuera de la muralla. Cientos de años después fue reformada para servir como cárcel y en el siglo XVIII se perdió la pista de su existencia.

Hoy día para los profanos en la materia (como yo) apenas pueden distinguirse algunos detalles de la construcción. Lo que más me ha llamado la atención es la inscripción que rodea el arco de la puerta principal y que me ha sido imposible descifrar. Según parece son de temática funeraria.

11 de agosto de 2007

La llegada del cine a Zamora (y II)

Hacia finales de 1899, las sesiones del cinematógrafo Lumière eran cada vez más frecuentes, aunque todavía no eran más que una mera curiosidad. Y para curiosidad, la llamada de atención que desde la prensa conservadora (representada por el Heraldo de Zamora) se realizaba. Se tachaba literalmente de pornográfica las proyecciones y por tanto no apta para mujeres. Hoy desconocemos cual era el contenido de esas películas:

Reflejando las impresiones que oimos y en honor a la verdad, la compañía rusa que en combinación con el aparato Wargraph hizo su presentación anoche en este teatro, no fue del agrado del público, que por cierto era numerosísimo. El Cinematógrafo con gran oscilación y ruido, es de lo peorcito que hemos visto, y será bueno advertir por si se repitiera la exhibición de vistas, que deben deshecharse todas aquellas que como alguna de las de anoche, tienen un marcado tinte pornográfico no muy apropósito para exhibir en un teatro donde ocupan localidad señoras y señoritas. Esperamos que no volverán a presentarse cuadros semejantes.

El cinematógrafo Wargraph fue el nombre comercial del kinetoscopio que inventara Edison. Se trataba de la competencia directa al aparato de los hermanos Lumière. Durante un tiempo convivieron en las diferentes barracas que había por la ciudad. El Wargraph fue muy popular durante los años de la guerra hispano-estadounidense.

Durante las navidades de 1899, se instaló un cinematógrafo en el Teatro Principal de Zamora, denominado aquí «coliseo»:

El 19 de diciembre de 1899 se decía en el Heraldo de Zamora:

Tenemos entendido que en las próximas fiestas de Pascuas, funcionará en nuestro coliseo un magnífico Cinematógrafo Lumière, recientemente adquirido por unos amigos nuestros de esta capital. Celebramos el acuerdo, y nos alegraremos que alcancen en corto plazo la remuneración que merece todo aquel que trabaja y arriesga capital e iniciativas.

Y el 22 de diciembre:

Anoche tuvimos el gusto de asistir a los ensayos que se practican en el Teatro principal, con el magnífico Cinematógrafo Lumiere, que la empresa de nuestro Coliseo ha adquirido recientemente en Lyon (Francia), y que se propone exponer desde mañana al público zamorano. El aparato es sin duda alguna el modelo más perfeccionado hasta el día, y contiene una multitud de fotografías animadas, de las más notables y artísticas que figuran en el Catálogo de la Casa.

A partir de aquí, los barracones con cinematógrafos se hicieron muy populares, repartiéndose por las zonas más céntricas de la ciudad. Aún faltaban algunas décadas para que el cine pasara de ser una mera curiosidad de feria para convertirse en lo que hoy conocemos. Pero eso, claro está, es otra historia.

9 de agosto de 2007

La llegada del cine a Zamora (I)

En un principio pensé que escribir una entrada sobre los primeros pasos del cine en Zamora sería mucho más fácil. Pronto me di cuenta de que esto no iba a ser así. Tras buscar información por internet sin éxito tuve que pasarme por la biblioteca pública a la caza de los datos necesarios para comenzar a bucear en la base de datos de Prensa Histórica. Estos datos estaban en un par de libros escritos con motivo del centenario del cine. Otra dificultad añadida es que, a finales del siglo XIX salvo excepciones, no se solía referenciar estos hechos por considerarlos menores y contrarios a la moralidad de la época que muchos de estos periódicos decían conservar.

Es por esto que la fecha de la primera proyección del cinematógrafo de Lumière no figura en ninguna fuente de las que he consultado. Esta fecha hay que situarla en el lejano año 1897. Fue el día 11 de septiembre en el Teatro Principal de Zamora. Por entonces eran las compañías itinerantes de teatro quienes traían estas proyecciones de imágenes en movimiento más como curiosidad que complementaba a las funciones que como un espectáculo en sí mismo.

La primera cita escrita que encuentro en la prensa de la época data del 28 de enero de 1898, cuando la compañía de teatro Imperial Japonesa trae un cinematógrafo. En la nota no se cita en ningún momento este detalle:

Hoy ha llegado a nuestra capital la notable compañía japonesa que ha de actuar desde mañana en nuestro Teatro.

El 28 de febrero de 1898 el empresario Augusto Márquez instala el primer cinematógrafo Lumière de Zamora en un pequeño teatrillo de madera. Entre otras atracciones incluye tomas de la ciudad de Zamora. Puede considerarse como la primera sala de proyección de la historia en nuestra ciudad.

Anoche abrió sus puertas al público por primera vez en esta capital el Teatro establecido en la plaza del Hospital. En él se exhibió por secciones el célebre Cinematógrafo Lumiere o sea la fotografía animada; el público que tuvo el gusto de visitarlo salió complacido del perfeccionamiento del aparato. Dada la diversidad de vistas que representa y el precio tan económico de la entrada, no dudamos que tendrá durante la feria completísimos llenos.

El 7 de marzo del mismo año se decía:

El dueño del célebre Cinematógrafo Lumiere, sacó en la tarde de ayer, durante la corrida, una fotografía del despejo de la cuadrilla de Dominguín, que se exhibirá dentro de breves días en el Teatro principal.

Continuará…

6 de agosto de 2007

Caminando entre obras

No sé si será una percepción personal o no, pero esta mañana al intentar caminar sobre los restos de lo que fue la calle de San Torcuato fue como caminar entre un caos absoluto. Los peatones circulábamos por las zonas que a nuestro criterio considerábamos más estables mientras pequeñas máquinas perforadoras sobre ruedas de oruga daba marcha atrás sobre una montaña de adoquines. Detrás un ciudadano se apresuraba por cruzar una de las pasarelas metálicas emulando a Indiana Jones antes de que llegara la máquina. Los obreros se mezclaban con el resto de viandantes taladrando, excavando y realizando otras tareas.

Los más ancianos se detenían desesperados ante la vorágine buscando una vía para escapar acorde con su agilidad. Harto difícil, porque los desniveles y los obstáculos bien en forma de agujero o de adoquín suelto son la norma.

Es verdad que las obras suponen una molestia, pero también que debe organizarse y canalizarse a los peatones de manera clara para minimizar este impacto en nuestra vida diaria. No tengo noticia de que se haya producido algún incidente, algo que me extraña visto lo visto. La remodelación de San Torcuato llevan más de dos meses y aún no están muy avanzadas, así que la cosa parece que va para rato. No critico esta duración, sino la incapacidad de organizar la obra para que el transcurrir normal de la vida se vea poco afectada. Aunque quizás sea mucho pedir.



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