El diseño de la imagen institucional es algo que siempre me ha resultado de lo más curioso. Y ahora que tengo que manejarme entre documentos que tienen membretes oficiales me fijo mucho más. Hoy mismo se ha publicado en el BOE una resolución del Ministerio de Administraciones Públicas para crear la marca «Gobierno de España». Se trata de simplificar la forma en que los usuarios ajenos a la Administración perciben los organismos estatales. Hasta ahora, la marca utilizada de «Administración General del Estado» era vaga e inducía a confusión. Era chocante ver en la publicidad, por ejemplo, de la Copa Vela América, el logotipo de «Administración General del Estado».
De este modo, bajo el epígrafe de «Gobierno de España» se agruparán todas las acciones y proyectos de la Administración Pública. Se trata de una de las modificaciones más importantes del Manual de Imagen Institucional aprobado en 1999. De hecho en la web de información administrativa 060.es ya puede verse la nueva nomenclatura en su encabezado.
Hemos dado un paso más para que la red se convierta en una comunidad universal de fisgones. No en el sentido despectivo de la palabra (yo me considero el primer curioso), sino en el de ir más allá en el conocimiento del mundo que nos rodea. Internet ha empequeñecido el mundo, de eso no hay duda.
Desde hace algún tiempo se comercializar unas cámaras normalmente utilizadas en tareas de vigilancia que no necesitan de un sistema informático complejo para ser manejadas, simplemente se conectan a una red. De este modo un circuito cerrado de televisión sale notablemente más barato y su instalación es también más rápida. Cada cámara funciona como un ordenador dedicado a captar y transmitir el vídeo por la red. En otro lugar, un ordenador recibe la señal. Normalmente estas redes no son visibles desde fuera, pero hay ocasiones en las que, voluntaria o involuntariamente, quedan abiertas, de forma que tecleando su dirección IP podemos ver qué es lo que está captando su ojo electrónico. Algunos modelos permiten incluso manejarlas remotamente.
Hay unas cuantas webs dedicadas a recopilar direcciones de estas cámaras. Directorios como ‘IP Network Camera Directory’ cuenta con dos centenares de ellas y el interesante proyecto español ‘Fisgonia’ sitúa las cámaras geográficamente en Google Maps. Algunas permiten streaming en tiempo real y otras nos ofrecen fotogramas.
No es normal que hable aquí de las películas que me han defraudado. No suelen ser muchas porque escojo bien las que veo. He de reconocer que ‘Babel’ del realizador Alejandro González Iñárritu me resultaba a priori atractiva. Y quizás sobre el papel pudiera llegar a serlo, pero finalmente ha sido una de las grandes decepciones cinematográficas de entre todas las que he visto este año (si exceptuamos ‘Alatriste’). No sé si esperaba demasiado de ella, pero la cuestión es que no me esperaba algo así.
‘Babel’ cuenta tres historias enlazadas en tres lugares del mundo. Por un lado el ambiente fronterizo mexicano-estadounidense, por otro una aldea marroquí y finalmente el Japón más urbano. En todas ellas las relaciones humanas, el drama de la muerte y la vulnerabilidad son los temas reinantes. Una historia que pasa por verosímil se convierte en totalmente irreal, con tramas forzadas que quizás individualmente pudieran llegar a funcionar, pero vistas en su conjunto rozan el ridículo y el tremendismo fácil, un dramatismo artificioso sin pies ni cabeza.
Pretende ser una película global y termina cayendo en todos los tópicos localistas sin intentar dar una mirada realmente auténtica y sin perjuicios. Así se muestra una cultura de postal (mariachis en México, burros y casas de adobe en Marruecos y rascacielos y tecnología en Japón). A pesar de que González Iñárritu es mexicano, ‘Babel’ está cortada por patrones del cine de Hollywood y ofrece una visión demasiado estereotipada del mundo.
Tampoco quiero condenarla por entero al fuego eterno. Hay partes aprovechables, sobre todo la historia de la japonesa sordomuda. Una trama muy desaprovechada que podría convertirse en una película por derecho propio.
En definitiva, se trata de una película demasiado larga, con demasiadas pretensiones y que se queda en un quiero y no puedo. Una decepción.
To Rococo Rot es una banda extraña con nombre (palíndromo) extraño. Yo los conocí a través del inclasificable videoclip de ‘Cars’. Y es que a este grupo berlinés formado por los hermanos Robert y Ronald Lippok y Stefan Schneider siempre les ha gustado jugar con lo enigmático, lo esquemático y, por qué no decirlo, también con lo irónico. Su música tampoco es de fácil definición. Algunos lo colocarían en la cubeta del post-rock sin serlo exactamente, otros buscarían directamente en la música electrónica experimental, pero tampoco creo que sea una definición acertada. A pesar de ser crípticos, To Rococo Rot suenan accesibles. Y aunque sus clips sean extraños, tienen algo que enganchan.
Hasta la fecha, To Rococo Rot tienen publicados cinco álbumes y cuatro sencillos entre 1996 y 2004. Al ser alemanes y hacer música electrónica, han tenido que soportar el sanbenito del krautrock con las consabidas comparaciones con Neu! o Can, bandas excepcionales, pero con los que no tienen nada que ver.
Si dije que los conocí a través de los vídeos no es por casualidad. Es posible que a mucha otra gente le ocurra lo mismo. La tríada ‘Telema’ (1999), ‘Cars’ (1999) y ‘Pantone’ (2001) son muestras ejemplares que deberían estar en un museo y pasan por ser algunos de los mejores y más originales clips que he visto nunca. Mucha imaginación e historias donde no pasa nada, pero repletas de un encanto especial. Aquí os dejo estos tres vídeos.
‘Telema’: Una figura se metamorfosea al ritmo de la música.
‘Cars’: El protagonista se come una manzana en su coche después de recibir un regalo.
Como ya viene siendo habitual cada año, Miguel de Playclicks me informa de la celebración de una nueva feria para coleccionistas y aficionados a los clicks, playmobils, aquellos muñequitos con los que compartimos nuestra infancia y sobre los que ya he escrito en varias ocasiones. Este año, la 3ª Feria Nacional de Coleccionista de Playmobil se traslada hasta Madrid. Será del 20 al 22 de abril en la zona comercial de la estación de Chamartín. La entrada costará 2€ y los niños hasta 12 años entrarán gratis.
Como siempre, esta feria llevará aparejadas actividades entretenidas y divertidas como la exposición de dioramas, la personalización de los muñecos, piezas de coleccionista, tienda, intercambios y talleres para reparar y modificar nuestros playmobil. El resto de detalles, como horarios y otros datos podéis consultarlo en la web de Playclicks.com.
Francia es un país admirable y envidiable en muchos aspectos. Hace unas semanas, el CNES (la NASA francesa), a través del refundado Groupe d’Études et d’Informations sur les Phénomènes Aérospatiaux Non Identifiés (GEIPAN) ha creado una página web dedicada a poner a disposición de todo internauta que sepa francés los expedientes desclasificados de las investigaciones que este organismo ha realizado a lo largo de su historia. Una historia que no es precisamente corta. El GEPAN, antecesor del SEPRA (creado en 1988), posteriormente GEIPAN (creado en 2005), fue fundado en 1977 para investigar los fenómenos aéreos anómalos, a los que era complicado buscar una respuesta. Para ello dedicó grandes esfuerzos de personal (con una plantilla pluridisciplinar con científicos, físicos, sociólogos o aeronaúticos) y de dinero. A pesar de ellos, no todos los casos analizados tuvieron respuesta.
Este mismo mes de abril de 2007 se anunció que se «colgarían» en la red todos los expedientes. El éxito ha sido tal que nada más publicar la web fue colapsada por las ciento de miles de visitas que acudieron en los primeros momentos. Algunas semanas después, el GEIPAN ha lanzado una nueva página web donde se publicarán paulatinamente todos los informes. Actualmente ya pueden consultarse más de 350 expedientes. Estos expedientes están formados por documentos escritos, dibujos, fotografías e incluso filmaciones.
Tengo que reconocer que yo no me manejo muy bien con el francés, pero aún así no deja de ser interesante esta información. Los casos se han organizado de forma que su consulta es bastante sencilla e incluso pueden buscarse los expedientes por zona geográfica. Ojalá el Ministerio de Defensa publicara todos los informes que fueron desclasificados en 1992 y que, de momento, sólo pueden consultarse yendo a la biblioteca del Ejército del Aire en Madrid.
A lo largo de esta Semana Santa hemos visto como las cifras de muertos en las carreteras han ido aumentando paulatinamente hasta llegar a un nivel alarmante: 106 fallecidos. Son cuatro menos que el año pasado. Una diferencia mínima que nos hace reflexionar no ya sobre el permiso de conducir por puntos, sino sobre la utilidad de todas las medidas aplicadas hasta la fecha. Ninguna de las iniciativas adoptadas los últimos años por la DGT ha sido realmente efectiva. Quizás sobre el papel sean eficaces, pero llevarlas a la prácticas es complicado. Requieren mucho personal y por tanto dinero. Y claro, todo tiene un límite.
O casi todo. Parece que la imprudencia de los conductores no lo tiene. El 40% de los muertos en accidente durante la operación de Semana Santa no llevaba puesto el cinturón de seguridad. ¿Qué medida más se puede tomar ante este dato? También un gran porcentaje de accidentados circulaban a una velocidad superior a la permitida en esa vía. Las cifras son verdaderamente sorprendentes.
Desde algunas asociaciones de automovilistas se achaca parte de los siniestros al mal estado de algunas calzadas. Es cierto. Según la DGT, la mayoría de los accidentes se producen en carreteras secundarias, donde a menudo el firme está en mal estado, las curvas no tienen apenas visibilidad y la señalización es deficiente. Pero también es verdad que el conductor debe estar formado para conducir bajo cualquier condición. En la autoescuela nos enseñan que tenemos que adecuar nuestro modo de conducción al estado de la vía sin que, en caso de accidente, pueda sirva como excusa el mal estado de la carretera.
¿Arreglar las carreteras reduciría el número de muertes? Rotundamente sí, pero también lo haría un mayor sentido común de los conductores. ¿Qué es más fácil de conseguir? No creo que la respuesta sea sencilla.
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