rmbit - La bitácora personal de Ricardo Martín
La bitácora personal de Ricardo Martín desde 2004.
28 de mayo de 2017

‘El Péndulo de Foucault’

Tras varios meses de lectura, por fin he podido terminar ‘El Péndulo de Foucault‘, una de las novelas más exitosas de Umberto Eco. Fue publicada en 1988 después de ocho años de conseguir saltar a la fama literaria con la excelente ‘El Nombre de la Rosa’, con la que poco o nada tiene que ver. Ni el estilo de escritura, ni la trama ni el contexto se ve reflejada en ‘El Péndulo de Foucault‘. Aun así, como he comentado, fue un tremendo “best seller”.

Casaubon –el narrador de la historia–, junto con sus colegas Belbo y Diotallevi, trabajan para una editorial esotérica. Allí recibirán la visita de Ardenti, con una historia rocambolesca que desea publicar sobre sociedades secretas y Templarios que preparan un Plan. La cosa quedaría así si no fuera porque aquel extraño personaje desaparecería al día siguiente sin dejar rastro. A partir de aquí, la sucesión de situaciones, disquisiciones esotéricas, conciliábulos crípticos se irán sucediendo. Los tres intelectuales conseguirán tejer una historia ficticia con datos históricos comprobables que pronto se les irá de las manos.

Eco despliega sin complejos su sabiduría sin límites sobre el mundo de la Cábala, de los cultos masónicos y, sobre todo, de su trayectoria a lo largo de los siglos. Esto más que una ventaja, es un inconveniente a la hora de enfrentarse con esta obra extensa y densa. Y dudo si todo lo que se cuenta es necesario como “documentación de apoyo” a una trama ya de por sí interesante o si la lastra innecesariamente. Sea cual sea la respuesta y a pesar de sus defectos (esos absurdos programas informáticos en BASIC o la referencia constante a files en vez de archivos pueden llegar a ser exasperantes), ‘El Péndulo de Foucault‘ es una novela influyente, quizás de las más destacadas del último cuarto del siglo XX y a mí me han vuelto las ganas de ir a París a visitar el Musée des Arts et Métiers… 8/10.

20 de mayo de 2016

‘El Reino’, de Emmanuel Carrère

La literaura francesa vive años, ya décadas, muy fructíferas. A los ya archiconocidos Amélie Nothomb o el polémico Michel Houellebecq hemos de unir talentos de su misma generación como Emmanuel Carrère. Para ser sincero, no lo conocía en su faceta de novelista, sino en la de guionista. Fue el artífice de la inquietante serie de televisión ‘Les Revenants’. Puede que haber empezado la casa por el tejado, leyendo a Carrère por el final, por su última obra, haga que me pierda algunos detalles. Esta última novela se llama ‘El Reino’ (‘Le Royaume’ en francés) y fue publicado el año pasado, convirtiéndose de inmediato en una de las mejores obras de ficción publicadas en 2015.

Pero… ¿novela? ¿ficción? El género en el que encasillar a ‘El Reino’ no está claro. Carrère, hábilmente, establece una relación curiosa con el lector. Tiene mucho de autobiografía –toda la primera parte– y es quien nos desgrana todo el argumento e hipótesis en primera persona, de ensayo bastante sesudo, donde llena con su imaginación lo que la historiografía no le proporciona, corrige lo que no le gusta y rectifica sobre la marcha.

El argumento de ‘El Reino’ no puede estar más demodé para una novela actual: La historia de Saúl de Tarso, más conocido como San Pablo, uno de los primeros padres de la Iglesia Católica y la de Lucas, el evangelista que fue su seguidor y testigo de sus andanzas por las costas del Mediterráneo oriental predicando como un fanático a veces y como un proscrito otras. Carrère se sitúa en el germen mismo del cristianismo primitivo, años después de la crucifixión de Jesús, cuando sus seguidores –algunos que incluso le llegaron a conocer– formaron grupúsculos aislados entre sí al oriente del Imperio Romano. Sus pugnas no solo con el poder dominante, sino con el mundo judío, marcará estos tiempos convulsos.

La aridez del tema y la minuciosidad de sus descripciones, con profusión de datos, se mitiga con toques de humor (a veces irreverente), guiños al mundo actual, un lenguaje llano y entretenidos apuntes de la biografía del autor (Carrère se convirtió efímeramente al cristianismo en un momento crítico de su vida). Todo el conjunto forma una amalgama curiosa que lo hace atractivo al lector, aunque reconozco que la segunda parte se hace algo larga. Pero no hay duda de que es una obra tan magna como compleja en todos los sentidos y que Emmanuel Carrère ha sido todo un descubrimiento como novelista. Interesante. 7,5/10.

18 de enero de 2016

‘El Sha o la Desmesura del Poder’ de Ryszard Kapuściński

Ryszard Kapuściński, escritor y periodista polaco, está considerado como uno de los más prominentes narradores de la realidad del siglo XX. Viajero impenitente, muchas de sus obras tratan sobre sus viajes, los países que visitó y, sobre todo, de la idiosincrasia de su población. Un retrato psicológico de un pueblo que también consigue en ‘El Sha o la Desmesura del Poder’ (Anagrama, 1987).

A partir de diverso material recopilado durante su estancia en los convulsos momentos de la Revolución Islámica de 1979, Kapuściński disecciona la historia reciente de Irán, desde finales del siglo XIX hasta la fecha, del por qué del régimen de terror de los diversos monarcas persas. Se centra especialmente en Mohammad Reza Pahleví, el último Sha, y en cómo, con la aquiescencia de las potencias occidentales, ejercía un “neodespotismo ilustrado” sobre una población mayoritariamente rural que era sistemáticamente despreciado. En la segunda parte se narra también los hechos de la propia Revolución, desde las arengas clandestinas del Ayatolá Jomeini en el exilio hasta el desencanto de las –escasas– clases medias formadas y laicas ante el avance del fundamentalismo chiíta.

Kapuściński es fiel a un estilo de escritura directo, basado en los hechos y siempre apegado a la historia y a la realidad. Pasa por ser un testigo lúcido de todo lo ocurrido desde un hotel desierto de Teherán. Esto consigue una obra entretenida, instructiva y muy reveladora sobre la forma de ser del pueblo iraní. Interesante. 7,5/10.

29 de diciembre de 2015

‘Número Cero’ de Umberto Eco

Hace más de veinte años leí la más exitosa novela de Umberto Eco, ‘El Nombre de la Rosa’. Aquel fue mi primer y hasta ahora único contacto con el autor italiano. Siempre ha tenido fama de difícil y de una erudición que plasmaba en sus libros gratuitamente. Quizás para quitarse ese sambenito o a saber por qué, publica ‘Número Cero’. Es una novela que poco o nada tiene que ver con ese tópico.

Corre 1992 y un magnate de las comunicaciones encarga a un equipo de periodistas de poca monta un proyecto de diario que será un arma de chantaje para determinados poderes económicos y sociales. Usando técnicas sutiles se propondrá destruir, desacreditar, poner bajo sospecha, a determinados personajes e instituciones. Uno de ellos –algo paranoico– comienza una investigación comprometida que descubre una conspiración orquestada por elementos del estado italiano con la intención desestabilizar el país y crear un nuevo orden político con la ayuda de los servicios secretos norteamericanos.

La historia que desarrolla Eco en esta obra, aunque transcurra en 1992, es de actualidad. Es el poder de los medios para deformar y transformar la realidad a su antojo, guiados por intereses a menudo poco confesables. ‘Número Cero’ es una fábula, una parábola sobre la verdad, la ética periodística y la sutil manipulación que sufrimos a diario para crear un estado de opinión. Una buena lectura. 7/10

14 de diciembre de 2015

‘Principiantes’ de Colin MacInnes

Hace nada he terminado de leer ‘Principiantes’ (‘Absolute Beginners’) de Colin MacInnes, una novela que hacía años que quería conseguir sin éxito. Pero ha sido por fin ahora cuando he podido hacerlo. Escrita por un entonces chico de la clase alta londinense aficionado a perderse por los bajos fondos de la capital del Támesis a finales de los cincuenta, la novela de 1958 supuso la revelación al mundo de toda una generación de adolescentes británicos que comenzaban a tener cierto poder adquisitivo después de las estrecheces de la posguerra y no se sentían identificados con los jóvenes “mainstream” de la época, los teddy boys. Jugaban a ser sofisticados, cosmopolitas, amantes de la ropa italiana y del jazz moderno. Cultos y defensores de la multiculturalidad.

La generación de los “principiantes absolutos” fue el embrión de lo que en la década posterior fue una de las piedras angulares (en mi opinión la más sólida y menos frívola) de los movimientos culturales juveniles: el movimiento mod. En ‘Principiantes’ encontraremos ya esa obsesión por la música y por la ropa y, no sabemos si accidentalmente, aparece ya la vespa, otro símbolo imperecedero…

La novela nos cuenta la historia de un chico de suburbio, desarraigado, pero que consigue salir adelante gracias a sus trabajos como fotógrafo. La relación con su familia, especialmente con su madre y su hermano, es mala. Se refugia en una troupe de amigos y amantes a cada cual más pintoresco de los bajos fondos. Se mezcla en los tugurios de jazz con negros (a los que siempre defenderá cuando las cosas se ponen feas), con prostitutas, travestis y demás fauna sin la más mínima maldad y con una candidez sorprendente.

La influencia que ‘Principiantes’ ha tenido en la cultura popular ha sido enorme. Hasta el punto de que posiblemente el imaginario de la juventud de los años sesenta no sería el mismo si este libro no hubiera sido escrito. En 1986, Julien Temple, dirigió una polémica adaptación cinematográfica más cercana al videoclip que a un reflejo fiel de la obra escrita. Contó, tanto en la banda sonora como delante de las cámaras con gente como David Bowie o Sade. También la banda Los Flechazos dedicó en 1991 una canción a la protagonista femenina, Suzette en un tema homónimo:

8 de agosto de 2015

‘El Diccionario de Lemprière’

El final del siglo XVIII en Europa fue un periodo convulso. No en vano, supone el fin de la era absolutista, de la superstición religiosa y el comienzo del humanismo, la revolución industrial y la democracia parlamentaria tal y como la conocemos hoy. En las principales ciudades del viejo continente se vivían revueltas, no sólo políticas sino también puramente laborales. Las máquinas estaban quitando el trabajo, por primera vez en la historia, al ser humano. Es también el momento de la reacción, la búsqueda del esoterismo, el surgimiento de la nueva masonería, la masonería moderna, y los conciliábulos conspiracionistas estaban a la orden del día. Este sería, a grandes rasgos, el contexto histórico en el que se desarrolla ‘El Diccionario de Lemprière, una novela escrita por Lawrence Norfolk en 1991 –y publicada en España en 1994–.

En 1788, un lexicógrafo y erudito inglés procedente de la isla de Jersey, publicó un diccionario sobre mitología clásica. Un compendio de conocimiento acerca de los mitos de las culturas del pasado. Hasta ahí los hechos reales. El John Lemprière de la novela es un personaje joven, inseguro, lo que hoy llamaríamos un “friki” de lo clásico, un ratón de biblioteca hasta sus últimas consecuencias que proviene de una antigua familia de comerciantes marítimos venida a menos. Tras la extraña muerte de su padre, el descubrimiento de determinados documentos le llevan a Londres. Comienza a desenvolverse en un entorno un tanto extraño. Mientras busca las razones de la muerte de su padre, intereses ocultos –y muy poderosos– intentarán que su misión fracase.

Puede que leyendo esta introducción a la novela uno se lleve una impresión equivocada de lo que es ‘El Diccionario de Lemprière‘. No es una obra fácil ni corta. Sus setecientas páginas repletas de referencias mitológicas detallistas hasta lo enfermizo, sus descripciones barrocas y a veces surrealistas –pero siempre originales e imaginativas– y su despliegue sin fin de conocimientos de vocablos navales pueden descolocar y desanimar a más de uno. Y no les culparía. Entiendo que Norfolk buscaba en cierto modo un armazón enrevesado y hasta alocado para su historia, y cubrirlo además de un barniz de erudición un poco gratuita –o un mucho, depende de las opiniones–. Pero a pesar de todo, si uno tiene paciencia, una base cultural mínima, puede disfrutar de muchos de los pasajes del libro, aunque siempre existen momentos áridos.

‘El Diccionario de Lemprière’ a pesar de la madurez de su escritura, de su forma y fondo, fue escrito cuando su autor tan sólo contaba con 28 años. Para muchos, Norfolk es algo así como el Umberto Eco de las islas, con sus virtudes y sus defectos. 6,5/10

15 de abril de 2015

‘Indies, Hipsters y Gafapastas’

Han pasado ya más de cinco meses desde que se publicara ‘Indies, Hipsters y Gafapastas. Crónica de una Dominación Cultural’ de Víctor Lenore. Tenía muchas ganas de leerlo, pero hasta ahora no he podido hacerme con un ejemplar. A su publicación le sucedió una ola de reacciones de todo pelaje. Básicamente, Lenore ajusta cuentas con su pasado como redactor de revistas como Rockdelux, dejándose llevar por la modernidad y las tendencias hasta que un día dijo basta y decidió escribir sobre ello.

El resultado es un ensayo no muy prolijo y de fácil lectura en el que el argumento troncal, tal y como reza el subtítulo del libro, es una supuesta dominación cultural de los llamados “hipsters”, tanto en las artes (cine y música principalmente) como en la economía. Estos “nuevos modernos” son falsamente comprometidos políticamente, elitistas, excluyentes y huyen de todo aquello que suene a “vulgar”. El capitalismo actual los habría puesto de moda en suplementos culturales o en anuncios de televisión.

Esta premisa inicial que parece provocadora, interesante y con la que puedo estar de acuerdo, ha sido lo que me ha llevado a echarle un vistazo. Lo que me he encontrado poco tiene que ver con lo que esperaba. Como ya he leído por ahí en alguna crítica, Lenore cae en todos los pecados del converso que cree haber visto la luz verdadera y los defiende con la forma y el fondo de aquellos a quienes dice criticar: esto es, con citas a intelectuales crípticos y hace tabula rasa para generalizar la actitud de muchos movimientos culturales. Desde luego los que él llama “hipsters” no son un bloque monolítico. Hay muy pocos matices en un campo en el que el matiz puede cambiar por completo el sentido. A esto hemos de unir que hay argumentos encajados penosamente basándose en declaraciones cogidas con pinzas y a menudo sacadas de contexto.

Pero como digo, sí existe una idea subyacente que, a pesar de estar salpicada de argumentos cuestionables, comparto con él. Los nuevos barrios molones donde antes sólo había miseria y delincuencia (o sea lo que se llama la gentrificación) o la apropiación de la cultura popular por parte de la industria y los medios dominantes, son dos ejemplos muy claros. Pero sería un trabajo demasiado minucioso desbrozar todos los aspectos con los que estoy de acuerdo y con los que no, y además no viene a cuento. Que cada uno lo lea y saque sus propias conclusiones. Por cierto, lo mejor de todo el prólogo introductorio de Nacho Vegas.

  • admin: Hola María. Gracias a ti por pasarte por mi humilde blog. Respecto a lo que preguntas, he revisado muchas...
  • María G.: Ricardo, me ha encantado descubrir tu blog. Estoy terminando mi Grado en Publicidad y RR.PP. y estás...
  • Jaqueline Contreras: Pienso que el ser humano es la invension de un ser superior. Yo en lo personal le llamo y lo...
  • Ricardo: Gracias a ti por compartirlos con todos nosotros. Un saludo.
  • Pablo: El primer televisor que hubo en mi casa, comprado por mi padre, fue un Enodyne como el del anuncio; creo que...
  • Ricardo: No, se trata de la desaparecida puerta del Mercado. Hay que fijarse en la pequeña parte de muro de piedra...
  • moral3jo: La imagen de cabecera de la izquierda que es? el arco del obispo? Creo poder leer que dice que es la puerta...
  • Ricardo: Tienes razón. Acabo de cambiarlo. Gracias por tu atención.
  • Beep: El 2744 no es el coche registrado 2744 es el 2745, la primera de cada “serie” es la 0000




  • Licencia de Creative Commons

    rmbit está bajo una licencia de Creative Commons.
    Plantilla de diseño propio en constante evolución.
    Página servida en 0,403 segundos.
    Gestionado con WordPress