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La bitácora personal de Ricardo Martín desde 2004.
8 de Abril de 2014

‘El Francotirador Paciente’: Valiente pero fallida

Arturo Pérez-Reverte es uno de nuestros grandes novelistas. De eso no hay duda. Por calidad, cantidad y repercusión popular de sus obras. Por eso que el académico de la lengua se atreva a adentrarse en su última novela con el –a menudo– despreciado e infravalorado arte del grafiti es ya de por sí un punto a su favor. Algo a tener en cuenta. Por eso tenía mucha curiosidad por leer ‘El Francotirador Paciente’.

Pérez-Reverte nos cuenta la historia de una caza, la de Lex, una experta en arte urbano que recibe el encargo de encontrar a Sniper, un escurridizo y enigmático escritor de grafitis que es la sensación del momento. Su objetivo es convencerlo para que entre en el establishment del arte. Pero no será fácil. A través de Madrid, Lisboa, Verona y Nápoles, Lex vivirá diversas aventuras y profundizará en la personalidad de su presa.

No hace falta decir que la prosa de Pérez-Reverte es una de las mejores de nuestras letras, sin subterfugios. Es diáfana y precisa. Sin embargo, en ‘El Francotirador Paciente’ he tenido la impresión de que este estilo suena caduco en su mayor parte, como si –como efectivamente así es– se tratara de alguien muy alejado a este mundo. La sensación de que, aunque use palabras del gremio, lo cuenta desde fuera. Esto convierte a la obra en un relato de suspense, casi de espías, y sólo con apuntes al mundo del arte urbano. Cerré el libro con el mal sabor de boca de una decepción inesperada. Pensé que se había desaprovechado un tema amplísimo y con muchas posibilidades. Para colmo el final es tan atropellado e inesperado que uno no sabe que pensar…

12 de Marzo de 2014

‘El Cielo Ha Vuelto’

Cada vez tengo más claro que esto de los premios, ya sean literarios, cinematográficos o de la industria musical, son como mínimo discutibles. Mi última lectura ha sido precisamente la ganadora de uno de los premios literarios más importantes en lengua castellana. El Premio Planeta 2013, fallado hace unos meses, otorgó el galardón a la novela ‘El Cielo Ha Vuelto’ de la autora alcarreña Clara Sánchez. No es la primera obra suya que leo pero sí –en mi opinión– su trabajo más flojo. Otros libros de esta autora que he leído son ‘Un Millón de Luces’ (2004) o ‘Últimas Noticias del Paraíso’ (2000).

La novela cuenta la historia de Patricia, una modelo en los últimos años de su carrera profesional. Durante un accidentado vuelo de vuelta de la India conoce a Viviana, una extraña mujer iniciada en el ocultismo. A raíz de ese momento, a Patricia comenzarán a ocurrirle diferentes sucesos extraños, siempre orientados a dañarla o acabar con su vida. Con la ayuda de Viviana intentará discernir quién es esa persona que le está deseando tanto mal. Pronto se obsesionará con el tema, tanto que le llevará a cometer locuras.

El estilo cotidiano, llano e informal de Clara Sánchez se mantiene en ‘El Cielo Ha Vuelto’, pero quizás con menos brillo y poesía, con menos trasfondo que en otras novelas suyas. Algunos de los personajes –yo diría que muchos, incluso protagonistas– parecen solo bocetos y carecen de alma propia. Aunque se mantiene la tensión y el enigma durante buena parte del libro, en cierto momento comienza a dejar de tener interés, al menos para mí. Afortunadamente es sólo un bache que se supera con un desenlace interesante.

26 de Febrero de 2014

‘Rayuela’, un clásico difícil

Terminar de leer ‘Rayuela’ (1963) de Julio Cortázar supone todo un acontecimiento y un acto del que estoy orgulloso. Lo digo porque está considerado como un libro difícil. Efectivamente así es. En el momento de su publicación fue un choque, una ruptura con todo lo anterior. La novela latinoamericana estaba cambiando. Hoy podemos considerarla como una novela emblemática de una época en la que se ansiaba reformar las normas en el arte, y también en la política y en la forma de entender las relaciones personales.

Cortázar, el argentino más cosmopolita, reflejó en ‘Rayuela’ toda esa necesidad iconoclasta de dejar atrás todo lo establecido y, una vez conocidas las reglas, romperlas. Para ello se sirvió de una coartada en forma de personaje: Horacio Oliveira, un hombre de mediana edad extremadamente culto, arrastrado, descreído, algo pedante y esnob pero en el fondo muy vulnerable. La primera parte de libro narra sus andanzas en el París de los años cincuenta se reducen a formar parte del Club de la Serpiente, un círculo internacional de intelectuales amantes de la literatura y del jazz tanto como del alcohol y la juerga desmedida. Coprotagoniza la historia la Maga (o Lucía), una uruguaya con un hijo que parece vivir en un mundo bien diferente. Junto con el resto de los personajes, conforman un universo peculiar. Para mi gusto la mejor parte del libro con momentos de gran nivel (incluso humorístico) está en este primer bloque y es la historia de la concertista Berthe Trépat. La segunda parte se centra en la vuelta de Oliveira a Buenos Aires y su empleo en un circo de unos amigos primero y en un centro psiquiátrico después. De este bloque me gustó especialmente el pasaje de los tablones. Esa mezcla de absurdo y drama es insuperable. Por último, la tercera parte es sin duda la más prescindible. No aporta nada a la historia principal y puede llegar a irritar al lector más entregado. La componen recortes de noticias aparecidas en prensa, reflexiones sueltas, pensamientos sobre metaliteratura, relatos y algunos capítulos en los que aparece Oliveira, pero sin el brillo de páginas anteriores.

‘Rayuela’ es una novela (o “contranovela”) difícil, pensada más para abrir una ventana a un mundo que para contar una historia. El hecho de que los capítulos puedan leerse en cualquier orden, ignorando algunos incluso, muestra el afán que tenía Cortázar por crear un universo más que una narración, donde los personajes tienen vida propia al margen de los ojos del lector y donde los hechos flotan en el tiempo y pueden ser “pescados” en cualquier momento. La prosa de Julio Cortázar, especialmente en los primeros capítulos donde despliega una prosa poética espectacular, es un prodigio del lenguaje. Sólo por eso merece la pena acercarse –poco a poco– a este clásico de lectura tan difícil.

4 de Noviembre de 2013

‘Lovecraft: Fear of the Unknown’

Ya era hora de que alguien se dignara a recuperar la figura del escritor norteamericano Howard Phillips Lovecraft (1890-1937). Quizás desde hace una década más o menos viene reivindicándose su figura a raíz de la popularización de los relatos fantásticos de corte gótico. Se ha reeditado la obra de un autor que durante mucho tiempo ha sido despreciada por la crítica literaria. Por eso ha sido no hace mucho que se ha valorado en su justa medida la herencia y la influencia que ha tenido en creadores del género del terror y la ciencia-ficción. No en vano, hoy es considerado el padre de la ciencia-ficción moderna junto tal vez con Julio Verne o Ray Bradbury. Es creador, igual que algunos que vendrían después, de una mitología propia. Y es esta quizás su gran aportación. Luego vendría Tolkien con su Tierra Media…

El documental ‘Lovecraft: Fear of the Unknown’, realizado en 2008, desgrana su biografía, casi tan interesante como su obra, a lo largo de hora y media. Lo mejor tal vez sean los testimonios de directores de cine o escritores claramente influidos por el autor de Providence como Guillermo del Toro o John Carpenter. Se aportan muchas de las claves que fueron constantes en su vida y que son imprescindibles para entender completamente el por qué de sus temas favoritos: Los monstruos, el pasado, la mitología, el esoterismo o el caos. Su vida, repleta de miedos enfermizos, le impedía llevar una existencia normal y su feroz defensa de las tradiciones le llevó hacia una xenofobia que en sus últimos años se atenuó. Añoraba el pasado y hubiera deseado vivir un par de siglos atrás, tal vez en la Inglaterra de sus antepasados, y no en una provinciana ciudad de Nueva Inglaterra que ya comenzaba a notar los cambios que traía la modernidad.

En lo que a mi respecta, no he leído aún nada de Lovecraft, aunque es posible que después de ver este documental me ponga con su obra completa, no muy extensa. Por si os interesan, en este enlace hay algunos de los mejores: ‘El Horror de Dunwich‘, ‘Él’, ‘En la Cripta’, ‘En los Muros de Erix’, ‘La Poesía y los Dioses’, ‘Lo Innombrable’, ‘Los Otros Dioses’, ‘Azathoth’ y ‘Polaris’.

12 de Octubre de 2013

Zamora y la visión anglosajona del post-romanticismo

Cada mucho tiempo uno encuentra lejanas crónicas, en el tiempo y en el espacio, que hablan sobre Zamora. Ya sea en la biblioteca de la Universidad de Toronto o en la de California, muchos volúmenes escritos por anglosajones duermen allí desde hace decenas e incluso centenares de años. Sólo la tecnología los ha sacado del ostracismo para hacerlos accesibles a quienes nos pueden interesar. Viajeros de un romanticismo tardío que visitaron quién sabe si por azar, la ciudad del Duero. Tres autores, tres viajeros, turistas de su tiempo, Albert F. Calvert, Edgar T. A. Wigram y Edward Hutton llegaron a Zamora casi en fechas coincidentes. Sus tres libros de viajes por España son hoy día una curiosidad más al alcance del internauta.

A pesar de lo pedestre de mis traducciones, merece la pena dar a conocer estas pequeñas crónicas –reducidas por mí mucho más por cuestiones de espacio– aunque solo sea como mera curiosidad. El primero de ellos corresponde al volumen ‘Valladolid, Oviedo, Segovia, Zamora, Ávila & Zaragoza. An Historical & Descriptive Account.’ de Calvert, publicado en Londres en 1908:

Zamora sobre el Duero es una de las ciudades más pintorescas de España, y una de las más célebres de sus anales. No es bien conocida por los extranjeros, probablemente a causa de que su acceso sea tan complicado. Pocos lugares traen de vuelta tan vívidamente el pasado agitado de Castilla.
La ciudad está sobre el Duero, en una cresta rocosa. El castillo y la catedral ocupa su extremo occidental. El río está atravesado por un puente de diecisiete ojos, defendidos cerca de cada extremo por una puerta, una alta torre. Si la vista es ya de por sí pintoresca y medieval, la vista desde este punto es aún más. Hacia el atardecer, el espíritu de la Edad Media parece delatar a la ciudad –es sombrío y feroz, fuerte y venerable–. La comarca parece poco más que un desierto. Desde los muros, arriba, ojos parecen estar oteando el horizonte en busca del primer destello de las lanzas enemigas. Zamora pertenece a la época en que los pueblos, como los hombres, siempre llevaba armadura. Hoy está rota, gastada por la guerra y vieja; pero si la espada está oxidada y su escudo roto, bien puede presumir que fue por estar al servicio de España.
Tan pronto como atravesamos el viejo puente, sobre las represas del Duero, y subimos la empinada calle que conduce a la ciudad, no necesitamos consultar ningún archivo que nos diga que estamos aquí, en la vieja Castilla de los días de la caballería, en la que encontraremos pocos recuerdos de artistas y poetas, algunos de estadistas y de grandes gobernantes, pero muchos de los combatientes duros y sacerdotes santos.

El segundo texto es de Wigram y está extraído de su libro ‘Northern Spain’, también publicado en Londres, pero en 1906. El viajero parece encontrarse con unos gigantes en la procesión del Corpus:

En nuestra ignorancia protestante del tiempo y las estaciones no sabíamos que este día era la fiesta del Corpus Christi. En consecuencia, la aparición de un gigante de cartón de cinco metros tambaleándose sinuosamente por la calle principal nos ocasionó un leve desconcierto. Este ogro errante, sin embargo, tenía su razón de ser. Todas las ciudades españolas respetables poseen un equipo de gigantes como parte de su dotación municipal, y el día del Corpus es la gran ocasión para exhibirlos. El turista siempre debe organizarse para pasar ese festival en una buena y vieja ciudad, donde se conservan las tradiciones selectas.
Zamora es en sí lo suficientemente vieja para ello. Su bonita y antigua catedral románica fue construida por nada menos que el Obispo Don Jerónimo, “aquel hombre bueno con la coronilla rapada”, que tan hábilmente representó a la Iglesia militante entre los partidarios del Cid.

Por último, quizás el más poético de todos, Hutton y ‘The Cities of Spain’ (1906) nos ofrece una visión mucho más romántica y etérea:

En medio de un desierto que ha florecido, Zamora se encuentra sobre una colina. Sólo un grupo de dorados edificios románicos, decadentemente ruinosos, rodeado por el polvo infinito y por la luz. Y a su alrededor, la tierra sedienta ha generado fuentes de agua entre cañas y juncos. Llegué a ella por primera vez a la puesta del sol por el incierto camino solitario que pasa sobre el desierto de Salamanca. En la misteriosa soledad del¡ un día de verano todavía, de sed, cubierto de polvo, no había visto nada igual, ninguna. Solo al mediodía, en el silencio del desierto, había orado por encontrar un lugar como este. Ya por la tarde, Dios me llevó a sus hermosas torres doradas. Así que era como una ciudad donde refugiarse, tal vez por el calor y el silencio de la luz del sol, o puede que por la soledad de la noche, se me apareció al lado de las aguas en el medio del desierto.
El mundo se ha olvidado de Zamora. Para muchos una ciudad poco limpia, una visión poco encantadora; pero pocos descubrirán su ruina y su soledad. Dorada y desnuda se asienta sobre la colina, y solo el sol y el viento del desierto la han amado todos estos años. […]
Cuando se llega a Zamora, hoy a través de ese viejo y hermoso puente del siglo XIII sobre el Duero, se entra en la ciudad por un camino largo y fatigoso que va desde el valle a la colina, llegando por fin a la cresta de roca desde la que Zamora destaca. Esa misma calle estrecha y sinuosa pasa junto a la catedral de la ciudad que, casi como una fortaleza, se construyó en el último peñasco de la gran colina.

6 de Septiembre de 2013

‘Los Misterios de Madrid’ de Antonio Muñoz Molina

Entre agosto y septiembre de 1992, Antonio Muñoz Molina publicó en 27 entregas para el diario El País ‘Los Misterios de Madrid’. El por entonces recién galardonado premio Planeta con ‘El Jinete Polaco’ recupera uno de los personajes de ese universo tan personal que retrató magistralmente en su galardonada obra.

Lorencito Quesada es un cincuentón dependiente de un rancio local de tejidos de nombre ‘El Sistema Métrico’ en la localidad imaginaria de Mágina (Jaén). Quesada, amable, beato, ingenuo, anacrónico pero inteligente, tiene ínfulas de periodista, aunque sólo ha publicado algún artículo menor en el diario local ‘Singladura’. Quien haya leído ‘El Jinete Polaco’ ya lo sabrá. Pero en ‘Misterios de Madrid’ se embarcará en una aventura como poco rocambolesca, digna de un folletín decimonónico, repleto de momentos cómicos, disparatados e inverosímiles.

La acción se ambienta en el Madrid de la capitalidad cultural europea. El Santo Cristo de la Greña, una imagen señera de la Semana Santa de Mágina ha sido robada. En el delito está implicada una insigne celebridad de Mágina. La acción llevará a Lorencito Quesada a emprender una investigación en la Villa y Corte durante la cual se sucederán hechos increíbles en los más insospechados escenarios de la capital, desde la pensión de Santa María de la Cabeza hasta la Torre Picasso.

Esta obra, considerada menor dentro de todas las de Muñoz Molina, se disfruta a cada momento. Quizás sea por su formato original por entregas, pero en cada página existe un pequeño clímax o un giro de su alocado argumento. Mientras lo leía me acordaba de esas desternillantes obras del detective loco de Eduardo Mendoza (‘El Misterio de la Cripta Embrujada’, ‘El Laberinto de las Aceitunas’ o ‘La Aventura del Tocador de Señoras’), en los que las descripciones son más caricaturas que reflejo de la realidad. Sin embargo, hay algo que no acaba de encajar. Da la impresión de que Muñoz Molina no se encuentra del todo cómodo con este género, aunque sale razonablemente airoso del lance. La obra que sacará más de una sonrisa, especialmente a quienes, como yo, hayan leído más de una vez ‘El Jinete Polaco’ y lo tengan siempre a mano, casi como un libro de cabecera.

7 de Abril de 2013

‘Sólo para Gigantes’

Apenas sabíamos nada sobre Jordi Magraner cuando fue asesinado en Pakistán en agosto de 2002. Los periódicos recogieron la noticia apuntando a grandes rasgos su perfil: Francés de origen valenciano, zoólogo y aventurero y que se encontraba desde hace años en el Hindú Kush a la búsqueda del “barmanu”, la versión local del “yeti”. En 2011, el escritor y periodista Gabi Martínez culminó sus investigaciones sobre Magraner publicando en la editorial Alfaguara el libro ‘Sólo para Gigantes’, una novela de realidad ficcionada con algunas pequeñas licencias, pero que básicamente recoge sus vivencias desde su primera expedición a la zona en los ochenta hasta su fatídico final.

Pero este obra se centra sobre todo en descifrar la compleja personalidad de Jordi a través de quienes le conocieron: Su familia, sus amigos y la gente con la que trabajó en Francia y en Pakistán. De carácter aventurero, idealista, solitario, tozudo, supo conseguir todo lo que quiso. Pero su forma de ser a veces autoritaria y brusca puede que fuera la clave para que se enemistara con los talibán y sus simpatizantes en una época que comenzaba a ser delicada. Los musulmanes siempre habían vivido junto a los kalash en el valle de Chitral, la zona de acción de Magraner, pero la llegada de los radicales enrareció el clima de entendimiento y tolerancia que había reinado hasta la fecha.

‘Sólo para Gigantes’ me ha parecido una obra ejemplarmente bien escrita y que mezcla muy bien los avatares del propio investigador Gabi Martínez con la vida de Jordi Magraner en el pasado. Para terminar, por si a alguien le interesa, dejo los vídeos de la conferencia de presentación del libro:


  • admin: Hola María. Gracias a ti por pasarte por mi humilde blog. Respecto a lo que preguntas, he revisado muchas...
  • María G.: Ricardo, me ha encantado descubrir tu blog. Estoy terminando mi Grado en Publicidad y RR.PP. y estás...
  • Jaqueline Contreras: Pienso que el ser humano es la invension de un ser superior. Yo en lo personal le llamo y lo...
  • Ricardo: Gracias a ti por compartirlos con todos nosotros. Un saludo.
  • Pablo: El primer televisor que hubo en mi casa, comprado por mi padre, fue un Enodyne como el del anuncio; creo que...
  • Ricardo: No, se trata de la desaparecida puerta del Mercado. Hay que fijarse en la pequeña parte de muro de piedra...
  • moral3jo: La imagen de cabecera de la izquierda que es? el arco del obispo? Creo poder leer que dice que es la puerta...
  • Ricardo: Tienes razón. Acabo de cambiarlo. Gracias por tu atención.
  • Beep: El 2744 no es el coche registrado 2744 es el 2745, la primera de cada “serie” es la 0000




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