Sobre las armas de fuego
Se ha dicho ya de todo respecto a la tenencia de armas de fuego en los Estados Unidos. El país norteamericano es quizás uno de los más permisivos a la hora de establecer los requisitos para poseer un arma. Un arma y cualquier otra cosa diría yo. En el país donde con dinero se consigue todo, todo se vende y todo se compra. El problema es que un arma de fuego sirve para probar tu puntería y para matar, ya sean animales o personas. No existe otra utilidad. Esto lo convierte en un objeto de lo más peligroso.
En Estados Unidos, las autoridades consideran que todos los ciudadanos son conscientes de sus actos, algo que es mucho presumir. Ningún país es perfecto ni está libre de desequilibrados. La fascinación por la violencia es producto en muchos casos de la falta de perspectivas de una sociedad con sobreabundancia de todo, donde lo prefabricado manda y lo que apetece es saltarse las normas, buscar emociones diferentes, cada vez más extremas.
Esta historia es la pescadilla que se muerde la cola. Los norteamericanos necesitan armas para defenderse de la gente que les amenaza con sus armas. Con este pensamiento se ha llegado a generar un sentimiento de pura desconfianza hacia el otro, hacia el Estado y su capacidad de defender a los ciudadanos. Y es la misma sociedad la que les ha inculcado el miedo desde niños y, por tanto, esa necesidad de defenderse. Tener un arma les hace sentirse más seguros y nada les convencerá de lo contrario.
En España y en el resto de la Unión Europea, la venta, transporte y tenencia de armas de fuego está fuertemente controlada y sólo permitida para los cuerpos de seguridad y vigilancia y para la caza y para el tiro deportivo, estableciendo un tipo de permiso y unas armas de características determinadas para cada caso. También se exige una revisión periódica. El resultado no es, como se podría pensar según el razonamiento norteamericano, de indefensión sino más bien todo lo contrario. Los incidentes masivos como el producido en la Universidad de Virginia son excepcionales (recuerdo uno en Alemania hace unos meses).
Para ilustrarse en este tema es conveniente ver el documental de Michael Moore ‘Bowling for Columbine’. Una película que, aunque tenga un corte un tanto sensacionalista, el razonamiento que se plantea es, a mi juicio, totalmente acertado.