rmbit - La bitácora personal de Ricardo Martín
La bitácora personal de Ricardo Martín
Comentando cosas desde 2004
3 de agosto de 2008

‘Blue Gate Crossing’

El cine taiwanés se está convirtiendo, al igual que otros muchos aspectos, en el «cine libre» chino. La isla cuenta con una autonomía de hecho respecto al gigante asiático y goza de una libertad de la que no disfrutan los ciudadanos de la China continental. Esto está provocando que muchos realizadores traten aquí temas prohibidos por las autoridades. Es por ejemplo el caso de ‘Blue Gate Crossing’ (2002) dirigida por Chin-yen Yee.

La historia de ‘Blue Gate Crossing’ es la de dos amigas, Ker-rou y Yueh-chen, compañeras de instituto de 17 años. Cierto día, Yueh-chen le propone a Ker-rou que le presente a un chico que le gusta. Pero esta tarea, que en un principio puede parecer ingrata, le sirve a ésta para demostrar su amor por Yueh-chen. Con una lealtad férrea Ker-rou consigue que ambos se conozcan, a la vez que revela sus inclinaciones.

El tema de la homosexualidad femenina, muy poco tratado en el cine asiático, sale a relucir en una trama que destaca por su sutileza, por su franqueza en la exposición de un tema inicialmente tan polémico y por la búsqueda siempre de una lectura positiva. Chin-yen Yee consigue un extraño ambiente de inocencia a la vez que no renuncia a un fuerte contenido dramático. La puesta en escena es sencilla y poco o nada tiene que ver con otras producciones del extremo oriente. Se puede decir que su factura es perfectamente occidental, pero sin dejar de un lado un leve barniz poético y de cierta trascendencia que puede verse sobre todo al final de la película, cuando la protagonista se pregunta para sí misma antes del fundido a negro: «…después de 2 años, 5 años o quizás más tiempo ¿Qué tipo de adultos seremos?». En definitiva, una historia aparentemente naïf que encierra todo un mundo de complejidades y sentimientos encontrados.

2 de agosto de 2008

Generaciones

El diario gratuito 20 Minutos traía el otro día una noticia en la que se decía que los nacidos a partir de 1982 eran la generación menos productiva. Se aludía también a esa hornada como «Generación Y». La intención de este post no es entrar en el tema de si tal generación es menos productiva que tal otra. Quizás en otra ocasión.

De lo que quería hablar es de la cosa esta de las generaciones etiquetadas, con letra del final del abecedario si es posible. En 1994 se estrenó ‘Reality Bites’, una película de esas presuntamente «generacionales», en la que se retrataba a un conjunto de jóvenes sobradamente preparados (aquel rollo del JASP del anuncio del Renault Clio) que no encontraba su lugar en el mundo. Unos chicos y chicas que nos vendían como lo más cool del momento. Según la Wikipedia, la «Generación X» comprende a todos aquellos nacidos entre 1965 y 1982, una franja de tiempo demasiado amplia como para que los extremos tengan algo que ver entre ellos. Los elementos en común son más bien vagos: han crecido en un entorno cambiante, han visto el cambio tecnológico y se han adaptado bien a él, no entienden los rollos de post-guerra de sus padres y siempre han vivido en la abundancia.

Pero he aquí que surge otra generación, la «Generación Y». Por lógica aquí entran todos los nacidos entre 1982 y 1994. Siempre han vivido en un entorno tecnológico y son el próximo recambio generacional en el mundo laboral. Más allá de si son o no los más productivos en sus trabajos, son los siguientes de la cadena. No recuerdan lo que fue la Unión Soviética ni el muro de Berlín. Poco más tienen en común.

¿Qué será lo siguiente, la «Z»? ¿Y luego? Más allá de etiquetas y otras tonterías, agrupar en generaciones a la muchachada nunca me ha parecido una buena idea. Fomenta los clichés, por lo general negativos, que tenemos de una determinada gente, como si por haber nacido en una determinada franja de tiempo fueran a comportarse igual. De ahí lo chocante del artículo que comentaba al principio. En fin, habrá que asumir que vivimos en una época de etiquetas…

1 de agosto de 2008

Microsoft y el proyecto Midori

Hace un año escribí una entrada sobre el futuro de Windows y de Microsoft tras el rotundo fracaso de Windows Vista. Esta semana he leído un artículo sobre los planes para los próximos años de la compañía de Redmond. Lo que más me ha sorprendido de esta noticia es que Microsoft podría abandonar el parcheado sistema operativo Windows para partir de cero y escribir un nuevo sistema. El proyecto, llamado Midori, incluiría también una arquitectura muy distribuida e innovadora con internet como centro y donde el hardware no sea tan importante, ya que sería capaz de funcionar sobre cualquier máquina.

Esto supondría la apertura de una nueva generación de sistemas. Las especificaciones aún son muy vagas y habrá que esperar bastante tiempo hasta que vayamos conociendo más datos sobre este concepto de sistema operativo en el que trabaja Microsoft.

Desde luego, Microsoft tiene que mover ficha ya mismo si no quiere perder terreno y el prestigio ganado con el éxito de Windows XP. El mundo de la informática está inclinándose hacia otros terrenos, más allá de los clásicos ordenadores. Ahora triunfa la movilidad, los dispositivos pequeños y manejables, la rapidez y sencillez de uso, la máxima conectividad con internet y la compatibilidad con otros sistemas operativos. Ahora toca esperar a que pase un poco de tiempo y sepamos más cosas, pero lo que es claro es que se avecina una pequeña (o gran) revolución en el mundo de la informática, de la que ya atisbamos a ver los primeros pasos.



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