‘Dark’ es posiblemente una de las series europeas de la plataforma Netflix con más aceptación y popularidad. Esta producción alemana, cuya primera temporada se estrenó en 2017 ha congregado a muchos aficionados a los viajes en el tiempo y en general a la ciencia ficción. Comencé a ver la primera temporada con mucho interés. De hecho me gustó bastante la idea y hasta me pareció original el tema de la cueva, las desapariciones misteriosas y la ambientación. Quizá todo debió quedar ahí, con una entrega de diez episodios. El grave error del creador de la serie Jantje Friese es alargarla más allá de lo comprensible, con una segunda temporada aún digerible y con buenos momentos, pero con una tercera que ya resulta insoportable, por más que ponga de mi parte. La complejidad se vuelve tal que el guión va mutando en una especie de cosa pseudometafísica, por no decir mística, que personalmente no compro y me parece un truco barato para resolver la trama.
Lo que nos cuenta ‘Dark’ es la historia de los habitantes de una población cercana a una central nuclear, en medio de un bosque típicamente alemán. La mayoría de ellos trabajan allí directa o indirectamente. A raíz de la desaparición de un niño en una extraña cueva, la policía y sus familiares (o mejor dicho los espectadores) comenzarán a descubrir todo lo que se ha ocultado durante décadas y que casi todos conocían.
El trabajo de los actores no es para tirar cohetes, simplemente salen del paso como pueden en medio de tópicos y situaciones mil veces vistas en series y películas. Estas actuaciones bastante planas contrastan (o no) con una ambientación perfecta, donde se ha cuidado hasta el último detalle. El guión es bueno al principio (un auténtico rompecabezas) hasta que se vuelve incomprensible a fuerza de añadir más y más paradojas temporales y los protagonistas no dejan de viajar. En conclusión, no puedo decir que sea una serie mala, ni tampoco excelente. Original hasta que el afán por estirarla la ha estropeado. 6/10.
La francesa es una de las industrias audiovisuales (tanto de televisión como de cine) más potentes del mundo. Por eso, en el campo de las series sus producciones son muchas, aunque no tantas salen de sus fronteras. Por aquí hemos visto ‘Lupin’, por ejemplo. ‘Dérapages’ (aquí traducido malamente como ‘Recursos Inhumanos’) es un ejemplo bastante paradigmático. Se trata de una miniserie de seis episodios con un inusual protagonista, el exfutbolista Eric Cantona que se revela como un actor bastante potable, creíble en su papel de padre de familia agobiado por la falta de trabajo y de esperanzas en conseguir uno.
‘Dérapages’ cuenta la historia de Alain Delambre, un trabajador de éxito al que despiden. Para continuar pagando la hipoteca y las facturas acepta todo tipo de trabajos, algunos poco cualificados. Hasta el día que se presenta la oportunidad de presentarse a una peculiar selección de personal que pondrá a prueba los conocimientos y las técnicas de resistencia de sus candidatos. En el fondo, nada es lo que parece y Delambre se guardará una última carta.
Ziad Doueiri, ya veterano director galo de origen libanés (que ya se puso detrás de la cámara en algunos capítulos de ‘Baron Noir’) dirige con soltura y solvencia una historia compleja, enrevesada y con un guión no siempre claro y verosímil, con trampas, trucos y giros variados. En general mantiene el pulso y la tensión llevando al espectador en cada capítulo hacia donde quiere, alimentando ese amor-odio por el personaje protagonista según le conviene. Tal vez sea eso lo mejor de la serie, ese dilema entre lo justo, lo moral y lo legal. En conclusión, una producción bastante aceptable que gustará a un público generalista cansado de producciones norteamericanas estandarizadas. 7/10.
Lo que tienen las miniseries es que permite ver gran variedad de producciones sin invertir mucho tiempo. Esto tiene sus contras, y es a hora de escribir estas pequeñas reseñas. Por eso este post es un «dos en uno». Dos series que no tienen nada que ver entre sí más allá de estar distribuidas en España por Netflix y ser producciones de enredo, casi de todo bodevilesco.
‘Pera Palas’ta Gece Yarısı’ (aquí traducida como ‘Medianoche en el Pera Palace’) es una producción turca muy reciente –estrenada apenas hace un mes– en la que una periodista visita para hacer una entrevista el famoso hotel de Estambul Pera Palace, pero pronto se verá inmersa en una serie de fenómenos que la llevará al pasado donde conocerá al mismísimo Atatürk. Está bien producida y tiene una factura moderna. Quizá falla el guión en muchas ocasiones con paradojas e inconsistencias que empañan la historia. Tengo la impresión de que los actores están siempre al borde de la sobreactuación, algo que me pone un poco nervioso. Una curiosidad. 6/10.
‘Incastrati’ (aquí bajo el título aparatoso de ‘¡Menuda Encerrona! Misterioso Asesinato en Sicilia’) es la clásica obra italiana de comedia donde el gusto por la gesticulación, el enredo argumental clásico y los personajes estrambóticos se convierte en sublime arte y harán las delicias de aquellos que nos gustan mucho estas movidas. Los protagonistas, Salvatore Ficarra y Valentino Picone (algo así como los Martes y Trece o los Cruz y Raya italianos) también dirigen este artefacto pensado para entretener sin pretensiones. Pero, al menos para los no italianos, nos deja ver las costuras de un microcosmos, el del sur del país, con su picaresca, su tráfico de influencias y su mafia (el gran protagonista). Todo ello tratado con ligereza pero sin evitar la crítica. Disfrutable, especialmente para italófilos. 7/10.
Si yo digo que acabo de ver una serie de ciencia-ficción distópica brasileña, quizá los que buceáis a menudo por el catálogo de Netflix sabéis de qué os hablo. ‘3%’ es, más que nada, una curiosidad que no he podido evitar ver. Al parece, según explica la Wikipedia, está basada en una web serie publicada en 2011 en YouTube. Su creador, Pedro Aguilera, está también detrás de esta, la primera producción de Brasil para la plataforma. Resulta curioso que, al menos la primera temporada (son cuatro en total), recuerda mucho a ‘El Juego del Calamar’. Evidentemente, ‘3%’ se adelantó casi una década a la idea original.
La serie cuenta la historia de un futuro cercano en el que la población común malvive en ciudades infectas, inseguras y pobres. A todos sus habitantes se les ofrece la posibilidad una vez en la vida –al cumplir los veinte años– de participar en «el proceso». Se trata de una serie de pruebas físicas y de ingenio que sirven para seleccionar al 3% que conseguirá pasar al «otro lado», un paraíso donde nunca más tendrán que preocuparse por las necesidades mundanas. Al contrario que en ‘El Juego del Calamar’, los perdedores no son asesinados, sino que regresan humillados al mundo del que habían salido.
Siendo sinceros, la serie consiguió engancharme la primera temporada. La cosa cambia mucho en la segunda, convirtiéndose más en un culebrón que en otra cosa. Por lo menos a mí dejó de interesarme. Desconozco si se reconduce en siguientes episodios y temporadas, pero creo que no lo comprobaré nunca. En cualquier caso, si sólo nos centramos en esa primera entrega, ‘3%’ ofrece una visión alternativa de la ciencia-ficción que desconocíamos por este lado del mundo. Es evidente que, a lo largo de la trama, los personajes reflejan la riqueza cultural y étnica de un país tan enorme como es Brasil. Es por ello que condensa la idiosincrasia del país sudamericano y puede considerarse una fábula, una metáfora de su situación social. 6,5/10.
Cuando uno habla de «marcianadas» nunca se espera que la expresión sea tomada de forma tan literal como aquí. En el poderoso panorama audiovisual francés cabe de todo, y por supuesto series del tipo de ‘OVNI(s)’. Se trata de una producción de 2021 emitida por el Canal+ galo compuesta por doce episodios de treinta minutos cada uno. Está vagamente inspirada en hechos reales, los del organismo GEPAN, encargado de investigar los fenómenos aéreos anómalos en el país vecino y que fue fundado en los años setenta como una división del CNES (la NASA francesa).
Concretamente, la serie transcurre en el año 1978 y se centra en la vida de Didier Mathure, un hombre de mediana edad recién divorciado, quien se encargará de dirigir «como castigo» el GEPAN tras un fracaso en el lanzamiento de un satélite. La oficina, un nido de frikis de los OVNIs a cada cual más estrambótico, han comenzado a investigar unos hechos bastante extraños que les llevará a vivir sorprendentes experiencias.
La vis cómica de los actores (excelentes todos ellos) es notable, sobre todo cuando el peso del humor se carga sobre las situaciones rocambolescas y absurdas que se van presentando. Cabe destacar la humanidad y el respeto con que se trata a todos los personajes, más allá de su posible locura u obsesión. El gusto por la estética (muy cuidada), lo retro y la nostalgia se hacen patentes desde el primer momento. Desde los modelos de vehículos hasta la música (sí, suena hasta Jean Michel Jarre), y pasando por la informática primitiva. En definitiva, ‘OVNI(s)’ es una serie extraña y muy disfrutable para los que les gustó por ejemplo ‘Au Service de la France’ con la que tiene algunas semejanzas y que buscan algo diferente y entretenido. 8/10.
A pesar de que el cine polaco es uno de los más reputados en Europa, en las últimas décadas, las de las plataformas audiovisuales y las series, Polonia no ha mantenido esa presencia y esa calidad. De vez en cuando encontramos rarezas como esta ‘1983’, la primera serie del país eslavo para Netflix. Inusitadamente, se trata de una producción con argumento distópico y situado en un futuro-pasado hipotético. La estética es claramente deudora por una parte de ‘Blade Runner’ (esos puestos de comida vietnamita) y por otro ‘1984’ a la que el título hace guiños.
Kajetan es un héroe nacional, un símbolo, hijo superviviente de los atentados ocurridos en las tres grandes ciudades polacas en 1983. En 2003, veinte años después, Polonia mantiene un férreo régimen comunista autárquico con conflictivas relaciones con el resto de países a excepción de los aliados vietnamitas. Kajetan se mueve en los ámbitos del poder más alto, pero por otra parte, piensa que hay algo que no encaja en la historia de su vida y en la de su país. Establece contactos con la resistencia que pretende instaurar un sistema occidental democrático. Pero por el camino se encontrará muchos obstáculos, alguno de ellos mortal.
Hay algo en ‘1983’ de hierático, de hermético. Algo oscuro que se sale de los cánones de las series de Netflix. El trabajo de los actores siguen una tradición de cierta frialdad –es verdad que la temática no ayuda–. También intentar desentrañar junto al protagonista esa tupida maraña de influencias y acontecimientos ocultados es uno de sus principales atractivos. Pero dicho esto, también es justo decir que no es para cualquier público, para un espectador no habituado a dinámicas que escapen de la órbita occidental.7/10
La historia de Alemania tras la segunda guerra mundial y el dilema de los ciudadanos que formaban parte de la maquinaria nazi y que tuvieron que reinventar sus vidas siempre me ha parecido un asunto interesante y perturbador. Una sociedad y una situación complejas a la que hay que unir la tutela de los aliados –ganadores de la guerra– y de la Unión Soviética comunista. Un puzzle nada sencillo en el que se desarrolla ‘Unsere Wunderbaren Jahre’ (‘Nuestros Maravillosos Años’ en castellano). Se trata de una producción germana de 2020 compuesta de 6 episodios. Y no es la única que se ha acercado en los últimos años a esa época de guerra y postguerra. Por aquí vimos, por ejemplo, la magnífica ‘Unsere Mütter, Unsere Väter’ (llamada aquí libremente como ‘Hijos del Tercer Reich’).
La familia Wolf, propietarios de una fábrica de productos metálicos en Altena, una pequeña localidad de Westfalia, trata de salir adelante tras la derrota de la Alemania nazi. Pero, como suele suceder, el pasado les va a perseguir hasta el final mientras se va abriendo paso la nueva Alemania. Al mismo tiempo, las viejas rencillas de la guerra salen a relucir.
Más allá del trasfondo histórico –que se diluye bastante entre las tramas un tanto inverosímiles– el desarrollo de la serie me ha resultado algo simplón y poco pulido. No he leído la novela homónima de Peter Prange en la que se basa, pero estoy seguro de que muchas situaciones que se narran en el libro y que podrían haber dado mucho más de sí se pasa sobre ellas de refilón sin darles la profundidad que quizá necesiten. Lo mismo el guión, que consigue remontar gracias a actores de reconocida solvencia (estupendos Ludwig Trepte y Anna Maria Mühe en sus papeles). El producto final es interesante, pero se queda muy lejos de las posibilidades que brinda la historia. 6,5/10.
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