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La bitácora personal de Ricardo Martín
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3 de octubre de 2011

Los vídeos de Muestra Musical 91

Quizás este sea el mejor Muestra Musical de lo que llevamos de año. Si en un principio parecía que las grandes novedades musicales de la temporada se iban a concentrar en los primeros meses, una avalancha de discos interesantes nos ha llegado de improviso a finales de agosto y septiembre. Ganan por goleada los grupos de chicas: Vivian Girls, Ladytron, Dum Dum Girls, Veronica Falls, I Break Horses, Sleep Over, Lana del Rey o el gran descubrimiento de Eleanor Friedberger. A esto hay que unirle Los Pilotos, el proyecto electrónico e instrumental de Banin y compañía de Los Planetas, Gepe, como representante del nuevo pop chileno, el debut del otro hermano Gallagher con su banda High Flying Birds, Copiloto o la que es una de las canciones del año, ‘Vomit’ de Girls, confirmando que su primer disco no fue sólo un espejismo.

Es agradable encontrarse con todas estas sorpresas cuando uno piensa que a estas alturas del año ya no hay nada (o casi nada) que pueda interesarme. En mi sitio personal rmweb ya he colgado la página de Muestra Musical 91. Espero que sea de vuestro gusto.

14 de septiembre de 2011

Visita fallida a las Cuevas de Hércules de Toledo

Uno de los problemas de no ir bien informado a un viaje es que nos podemos dejar lugares interesantes por visitar. Algo así ocurrió en nuestra reciente visita a Toledo. Mi intención era ver aquellos lugares más típicos. A saber, la Catedral, el Alcázar, la Casa del Greco, la sinagoga de El Tránsito y un larguísimo etcétera. Como era un viaje relámpago de un solo día, era materialmente imposible verlo todo, así que dedicamos las tres últimas horas a vagar por esas callejuelas menos típicas del casco antiguo, donde no hay turistas y el silencio es casi total.

En cada una de esas calles encontramos algo curioso o al menos digno de ser recordado. Caminamos entre edificios ruinosos, en obras, con ropa tendida bajo las ventanas y las puertas de las casas abiertas de par en par. También bonitos patios absolutamente ocultos y supongo que casi vírgenes para los objetivos de las cámaras fotográficas. Recordé que existe una leyenda (¡hay tantas!) en Toledo acerca de las Cuevas de Hércules. Aunque con casi toda seguridad se trate precisamente de eso, de una leyenda, pensé que merecería la pena acercarse hasta el entorno de la calle de San Ginés, en pleno corazón del montículo sobre el que sitúa la Ciudad Imperial.

Dicha leyenda se entronca con lo más antiguo de la historia de España. Un relato en el que se mezclan cristianos, moros, romanos, visigodos, arqueología bíbllica, tesoros ocultos y maldiciones entre otros ingredientes. Según la entrada que dedica la Wikipedia:

Según la leyenda, Hércules edificó un palacio encantado cerca de Toledo, construido con jade y mármol, y ocultó en su interior las desgracias que amenazaban a España. Puso un candado en la puerta y ordenó que cada nuevo rey añadiera uno, ya que las amenazas se cumplirían el día en que uno de ellos fuera curioso y entrara. Según la leyenda, Don Rodrigo fue ese rey, y del palacio sólo queda la actual cueva que ocultaría maravillosos tesoros, entre ellos la famosa Mesa de Salomón.
En los últimos años, buscadores de tesoros investigan por las cuevas y subterráneos de Toledo, dando por hecho que el verdadero tesoro de los reyes visigodos nunca fue encontrado ni abandonó la capital.

Pero lo cierto es que se desconoce qué parte de realidad contiene dicho relato e, incluso, su ubicación real. Aunque la tradición lo sitúa en el subsuelo del ya citado callejón de San Ginés, nada hace suponer que las cuevas rehabilitadas en 2009 lo sean. Lo único cierto es que el lugar fue habitado desde al menos los tiempos romanos, que construyeron allí un depósito de agua. Con posterioridad, en época visigoda se construyó un templo cristiano, que sirvió de base para erigir otras iglesias en los siglos sucesivos. En 1841 fue demolida debido a su estado de ruina.

Tras pasar por San Ginés y no encontrar rastro de la cueva, comenzamos a caminar por los alrededores, visitamos unas termas romanas en la cercana plaza de Amador de los Ríos y a la salida dimos con la entrada a las cuevas, en el callejón de San Ginés número 3, pero por desgracia ya estaba cerrado. Habíamos pasado cerquísima y no dimos con su ubicación…

Y para terminar, una crónica publicada en el Semanario Pintoresco Español en 1840 sobre las Cuevas de Hércules. Recordemos que hasta el año siguiente no se derribaron los restos de la iglesia de San Ginés. El artículo, firmado por M. Magán, cuenta entre otras cosas lo siguiente:

[…] Su existencia es segura e indubitable. Tiene su entrada y principio en la iglesia parroquial de san Ginés, situada casi en lo más alto de la ciudad. El arco o puerta por donde se entra está en una bóveda de la misma iglesia, que llena de escombros y cadáveres, le encubre casi todo, advirtiéndose tan solo la estremidad de la clave, y un poco del muro o tabique que cierra la entrada.

Camina esta cueva, según dicen los que hablan de ella, por bajo de tierra hasta el espacio de tres leguas, y aunque en su principio no fuese tan grande, los usos para que en lo antiguo la aplicasen, serían causa de su engrandecimiento y latitud. Su fábrica y adorno interior aseguran que es raro, por la compostura de arcos, pilares y labradas piedras de que está adornada, y para prueba de la longitud de la cueva refieren que un muchacho despaborido, huyendo del justo castigo que le iba a imponer su amo, se entró sin reparar por ella adentro, y andubo tanto espacio, que vino a salir a tres leguas de la ciudad, camino de Añover de Tajo.

3 de septiembre de 2011

‘Werckmeister Harmóniák’

Enfrentarse a la obra de Béla Tarr es adentrarse en un mundo de excesos formales y algunos convencionalismos excesivamente ingenuos y tópicos en un cine «de autor». Con fama de difícil, el realizador húngaro ha sido –en mi opinión justamente– criticado por un uso gratuito de largas secuencias en sus películas que le restan dinamismo a la par que no aportan nada a cambio. Uno de sus trabajos más destacados es ‘Werckmeister Harmóniák’ (2000).

Fotografiada en riguroso blanco y negro, la película está plagada, como hemos comentado, de largas secuencias, a veces planos fijos o a veces con prodigiosos movimientos de cámara. Se nota un afán de Tarr por el movimiento de los actores, observar como se desenvuelven por la escena. En ocasiones la cámara parece querer leer los pensamientos de los personajes a los que enfoca con certeza y sin piedad, siempre de manera bastante neutral. Quizás precisamente el trabajo de los actores sea lo más destacable del film, sobre todo de su protagonista, Lars Rudolph en el papel de János Valushka.

Sobre el etéreo y esquemático argumento de ‘Werckmeister Harmóniák’ poco se puede decir. Un enigmático feriante llega a un pueblo de la estepa húngara hacia los años sesenta o setenta para mostrar una enorme ballena disecada y un hombrecillo deforme al que llama «El Príncipe». Sus discursos parecen encender a las masas e inducirlas a la destrucción y la revuelta. János es un muchacho sin muchas luces, pero servicial y sincero. Se dedicará a informar a algunos miembros de su familia del estado de la situación. Paralelamente no podrá ocultar su fascinación por la ballena…

Pero la película hace aguas sobre todo en un aspecto: las manidas metáforas. Aquí son casi mostradas con torpeza (no sabemos si pretendida o no), que hacen de esta una cinta modelo que recopila todos los peores vicios del cine de autor de la Europa del este y da argumentos a aquellos espectadores convencionales para arremeter contra cualquier cine que no sea el de Hollywood o el de los estándares de cualquier industria masiva alejada del auténtico arte. A los que nos gusta el cine que se sale de los moldes nos parece que este tipo de películas se aprovecha de la credulidad más esnobista del espectador entregado a cualquier cosa que llegue del este. ¿Estafa? El tiempo lo dirá.

31 de agosto de 2011

Los descifradores del manuscrito Voynich

Aprovechando que estos días se está reponiendo en La 2 el documental ‘El códice Voynich. El manuscrito más misterioso del mundo.’ y que nunca he hablado de este enigmático libro hasta la fecha, voy a dedicar este post al ya mencionado manuscrito Voynich. No voy a entrar en la historia interesantísima del documento, ni a su polémica autoría. He preferido centrarme en los esfuerzos que muchos estudiosos, investigadores, criptógrafos y bibliófilos en general han realizado para descodificar un libro que está escrito en un idioma desconocido. O al menos con unos caracteres nunca antes vistos. De ahí su fama.

Existen dos principales estudiosos que, a lo largo del siglo XX, han realizado investigaciones sobre el tema (aparte del propio descubridor, Wilfrid Voynich). Son William Newbold y Robert Brumbaugh. Aunque vivieron en diferentes épocas, ambos defendieron la teoría de que el manuscrito fue ideado por Roger Bacon, monje británico del siglo XIII, siguiendo un sistema de cifrado más o menos complejo. Newbold publicó en 1922 un ensayo titulado ‘The Cipher of Roger Bacon’ donde propuso un método que se basaba en la transcripción de pares de símbolos. Creó una tabla con todas esas posibles combinaciones y les asignó una equivalencia en el alfabeto latino. Por su parte, Brumbaugh expuso en su ‘The Voynich Roger Bacon Cipher Manuscript’ (1976) un método basado en criptografía avanzada. Todo demasiado complejo…

Quizás pensando en el principio de la navaja de Occam, Edith Sherwood presentó su teoría ante el gran público en 2009. Se trataba de un método de descodificación extraordinariamente sencillo. La clave es que, mientras sus colegas siempre pensaron en la autoría de Roger Bacon, un británico que tal vez escribió en latín o en inglés medieval, ella apuesta por un origen italiano, en mi opinión mucho más acertado. Sherwood apuesta por que cada palabra no es más que un anagrama de un vocablo del italiano antiguo. Como no tenía ni idea del idioma de Dante, se las ingenió para hacerse con un buen número de manuscritos italianos de la época para comparar palabras y conceptos con las que aparecen en el Voynich, principalmente tratados medievales de botánica.

Y lo cierto es que, en su exposición, resulta convincente. Primero se convierte el alfabeto (según la teoría latino, aunque estilizado, del manuscrito) en caracteres más legibles y posteriormente se reordenan las letras para formar una palabra coherente con el contexto. Bien es cierto que aún no ha conseguido descifrar todo el texto, pero al menos ha proporcionado más respuestas y más coherentes que todos los que la precedieron. En su página web explica con detalle y sencillez el sistema que ha seguido.

Para terminar, os dejo con el documental que volvió a despertar mi curiosidad por este documento:

26 de agosto de 2011

Nuevos billetes de pesetas, un ejercicio de diseño

Como muchos sabréis, soy muy aficionado al diseño de papel moneda. En varias ocasiones he dedicado posts a este tema, normalmente coincidiendo con lanzamientos de nuevas series de billetes o con concursos de diseño de diferentes bancos centrales. Incluso me atreví a contar la historia de Yugoslavia a través de billetes, en una serie de cinco capítulos. Pero en esta ocasión me apetecía quedarme en casa, en nuestro Banco de España, para hacer un ejercicio de economía ficción. Se me ha ocurrido la peregrina idea de diseñar una nueva serie de billetes de nuestras queridas y añoradas pesetas. ¡Quién sabe si alguna vez nos toca volver a ella!

Lo primero que me planteé son los valores. Tradicionalmente, en las dos últimas series, la de 1979 y la de 1992, se han emitido billetes siguiendo la famosa regla 1-2-5 (es decir, 1000, 2000, 5000, 10000 pesetas) con algunas excepciones en el primer caso, como el inusual billete de 200 pesetas o el de 500. Se supone que un retorno a la moneda nacional supondría una devaluación, con lo que quizás el valor de 1000 pesetas (6 euros) sobraría y podría plantearse la incorporación a la familia de uno de 20000 (120 euros). Finalmente opté por no variar los clásicos 1000, 2000, 5000, 10000.

El segundo aspecto consistía en elegir la temática de la serie. Como sabéis, la de 1979 se dedicó a literatos (Leopoldo Alas «Clarín», Rosalía de Castro, Benito Pérez Galdós y Juan Ramón Jiménez) y la de 1992 a personajes relacionados con el descubrimiento de América (Francisco Pizarro, Hernán Cortés, José Celestino Mutis, Cristóbal Colón y Jorge Juan). En un principio barajé la idea de usar pintores españoles del siglo XX (Picasso, Dalí, Miró y Tàpies concretamente), pero finalmente pensé que sería una buena idea recuperar a aquellos científicos, ingenieros e inventores que, no siendo excesivamente conocidos, marcaron un antes y un después en la historia de la técnica y la ciencia de España. A la vez también se pretende fomentar la imagen de España como un país de innovación, de grandes personajes que contribuyeron a nivel mundial a crear el mundo tal y como ahora lo conocemos.

Las efigies que finalmente aparecen en los billetes son:

  • 1000 pesetas. Juanelo Turriano. Aunque italiano de nacimiento, Turriano ideó una gran cantidad de ingenios, desde autómatas (el Hombre de Palo), relojes y, sobre todo, un artefacto que permitía elevar el agua desde el Tajo hasta la ciudad de Toledo.
  • 2000 pesetas. Miguel Servet. Político, teólogo y científico aragonés, ha pasado a la historia por sus descubrimientos en torno a la circulación de la sangre.
  • 5000 pesetas. Leonardo Torres Quevedo. Uno de nuestros ingenieros más injustamente olvidados. Artífice del control remoto por radiofrecuencia (el telekino), la calculadora eletromecánica o el transbordador aéreo que cruza las cataratas del Niágara y que aún permanece en funcionamiento.
  • 10000 pesetas. Severo Ochoa. Junto con Santiago Ramón y Cajal, el científico español más importante del siglo XX y premio Nobel por su descubrimiento sobre la síntesis del ARN.

Algunos datos técnicos. Los diseños han sido realizados con Adobe Photoshop e Illustrator y he tomado como inspiración algunos diseños de billetes verticales como los suizos. Sobre las medidas de seguridad que todo billete ha de llevar hoy día no han sido contemplados, ya que sólo es un prototipo, un diseño conceptual, aunque la idea es incorporar un holograma en la zona blanca. Además, el material en el que estarían fabricados sería plástico polímero en vez de papel, lo que proporciona más versatilidad a la hora de incluir elementos diferenciadores, como relieves para invidentes o transparencias, muy difíciles de falsificar.

23 de agosto de 2011

Una reforma constitucional equivocada

El anuncio del Presidente del Gobierno acerca de la posibilidad de que el techo de gasto público pueda incorporarse a la Constitución y el buen recibimiento que esta propuesta ha tenido en el principal partido de la oposición no deja de ser algo insólito. Ya el hecho de plantear una modificación de nuestra Ley Fundamental es algo raro. No en vano, sólo ha sido enmendada una vez, con motivo de la aprobación del Tratado de Maastricht, en 1992.

De inmediato, los medios –especialmente en la red– han comenzado a especular y discutir sobre la idoneidad de esta medida. Yo también voy a dar mi opinión, muy crítica, al margen de cualquier movimiento o influencia externa. Por tanto, este parecer es a título exclusivamente particular. He aquí mis razones para rechazar la reforma constitucional:

  • Primero. La Constitución Española es nuestra ley básica, la que regula la organización del Estado, la forma de gobierno y los mecanismos básicos de su funcionamiento. Es, por tanto, una norma general que en ningún caso entra en los detalles. A menos que el texto diga algo así como «una ley regulará el límite de endeudamiento público…», la inclusión de datos como porcentajes del PIB (modo habitual de medir el déficit) me parece como mínimo una temeridad.
  • Segundo. Compromete la política social y el estado del bienestar. ¿La razón? Buena parte del gasto público social (quizás todo) no tiene retorno directo en forma de ingresos. No es, por tanto, una inversión desde el punto de vista estrictamente monetarista. Los estados han de tener la capacidad suficiente de endeudarse porque existen situaciones en las que esta posibilidad es imprescindible si se quieren mantener los servicios sociales actuales.
  • Tercero. Más impuestos. En el caso de que se mantenga el gasto público al ritmo actual, el único modo de no aumentar el déficit sería incrementar los ingresos vía impuestos. Esto no sería un problema si se hiciera con justicia (los más ricos pagan más, impuestos ecológicos, etc), pero hasta ahora no ha sido así. Y no hay nada que indique que a partir de ahora lo vaya a ser. Finalmente el déficit lo pagaremos caro, bien en recortes sociales o bien en aumento injusto de impuestos. Un país como España, con un estado del bienestar todavía no muy desarrollado y con una economía de potencia media, necesita endeudarse para acometer todas esas medidas destinadas directamente al ciudadano. Si no ¿Si el Estado no sirve para ayudar al ciudadano, ¿Para qué sirve?
  • Cuarto. Las formas. La soberanía reside en el Pueblo. Al menos eso es lo que los han dicho. Si nadie lo remedia, la reforma no se someterá a referéndum de los ciudadanos, porque requiere la iniciativa de un 10% de los diputados (35). La consulta es vinculante. Si sale negativo, la reforma se paralizaría. La cuestión es que PP y PSOE suman más del 90%, con lo que no hay margen para ello.
  • Y quinto. Al final los mercados financieros han ganado. Cualquier cosa con tal de conseguir un equilibrio presupuestario ad perpetuam y que los que tienen ojos con el símbolo del dólar queden contentos y no nos «ataquen» más. El corsé de la eurozona terminará por estrangularnos. Viviremos mucho peor pero tendremos un euro fuerte. ¿Para qué? Seguimos adelante en la creación de un estado anticiudadano.
21 de agosto de 2011

Coches eléctricos en el siglo XIX

Se suele decir que ya está todo inventado. Este refrán, a veces tan manido, nunca pensé que podría aplicarse al mundo de la tecnología. Pero lo cierto es que, revisando unos números de ‘La Ilustración Española y Americana’ me topo con un artículo dedicado ni más ni menos que a unos coches eléctricos que funcionarían en la Exposición Universal de París de 1900. La sorprendente historia viene con varias fotografías de rudimentarios automóviles (apenas hacía diez años que el invento había visto la luz). El cronista de la época lo contaba así:

De aquí a dos o tres semanas, la Compañía de coches que con tanto acierto preside Mr. Bixio, cuyo nombre es popularísimo en el mundo comercial, pondrá al servicio público un centenar de coches movidos por la fuerza eléctrica y destinados a servir de experimento, de ensayo práctico, si así puede decirse. De los resultados de esta tentativa audaz depende que los visitantes de la Exposición de 1900 encuentren un servicio cómodo, rápido, elegante y barato para visitar París recorriéndolo en todas direcciones sin los inconvenientes de la tracción animal y sin el touf touf desagradable del motor de petróleo.

La velocidad máxima de estos artilugios era, según el texto de 15 km/h. Esta limitación no era precisamente por la tecnología, sino que es una autorregulación para evitar atropellos a los transeúntes, acostumbrados a los vehículos de caballos fácilmente esquivables incluso si el peatón circulaba por el medio de la calle. Muchos de vosotros pensaréis que esto del coche eléctrico fue algo minoritario, pero la verdad es que fue la tecnología que predominó hasta los años 20. Al comenzar a escribir este post no tenía ni idea, pero el dato es cierto. Sólo a partir del final de la primera guerra mundial, el petróleo comenzó a distribuirse masivamente y su precio descendió. Al mismo tiempo, la técnica hizo los motores de combustión más silenciosos y fiables. Los coches eléctricos entraron entonces en declive.

Pero no deja de ser sorprendente que, algo que ahora estamos redescubriendo, fuera algo habitual en los automóviles de hace más de un siglo…



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