3 de octubre de 2008
Ser un realizador arriesgado tiene su peligro. Lo sabe bien Jaime Rosales, el director de ‘La Soledad’. Le han llovido críticas, desgraciadamente no todas cinematográficas, sobre su nueva película ‘Tiro en la cabeza’. Pero a Rosales no parece importarle mucho el qué dirán. Aunque aún no he visto la película, he leído mucho sobre ella y he visto fragmentos. El objetivo de este post no es hablar sobre el film en sí, sino sobre dos asuntos que me han interesado.
En primer lugar, ‘Tiro en la Cabeza’ va a poder verse a través de internet desde la web FilmIn con la colaboración de ADN Stream. A partir de hoy mismo, se harán cuatro pases diarios, a las 16:00, 18:00, 20:00 y 22:00. El precio será de 3,40 euros y el «aforo» está limitado a 100 conexiones por pase. La entrada se comprará mediante SMS. Es la primera vez, por lo menos en España, que una película comercial se estrena simultáneamente en cines y virtualmente. Me parece una idea innovadora y rompe con la industria del cine en sentido clásico tanto como Rosales ha roto las reglas convencionales de la narración cinematográfica.
Lo segundo es sobre lo que comentaba al principio de las críticas. Un artista, sea cual sea el campo en el que desarrolle su actividad, ha de ser juzgado por su obra y no por sus intencionalidades políticas. Un ejemplo claro es la obra de Serguéi Eisenstein, cineasta del régimen soviético, pero cuyas películas, especialmente ‘El Acorazado Potemkin‘ está considerada como pionera de la técnica narrativa. Lo mismo podríamos decir de D.W. Griffith y la apología del racismo y el totalitarismo de ‘El Nacimiento de una Nación’ o la filiación nazi de la documentalista Leni Riefenstahl. Así que juzguemos a los artistas por su obra y no por sus ideas.
2 de octubre de 2008
Acostumbrado a ver series de televisión extranjeras (principalmente británicas y nortemericanas), ponerse a visionar ‘Cuéntame cómo Pasó’ decepciona. Hace unas semanas empecé con la primera temporada de esta teleserie de éxito de Televisión Española y está claro que, aunque comenzó siendo un estreno estrella de la cadena en la temporada 2001-2002, los medios fueron algo limitados. Los resultados sorprendieron a todos y se convirtió en un fenómeno social. Durante las siguientes ocho temporadas su seguimiento fue decreciendo, aunque mantuvo unos buenos índices.
Las principales bazas de ‘Cuéntame…’ son, por un lado, la explotación de la nostalgia, para que los mayores se engancharan a la serie y por otro los actores. Muchos de ellos primeras estrellas del cine patrio como Imanol Arias, Juan Echanove, José Sancho, Quique San Francisco o Pere Ponce (para mí el mejor de la serie junto con Imanol). Respecto a la ambientación de la serie, tiene muchos fallos, errores de bulto, que no afectan al desarrollo de la serie pero que distraen. Por contra, los acontecimientos históricos están bastante bien encajados mezclando imágenes de archivo.
Hay varias cosas de ‘Cuéntame…’ que no soporto: las interpretaciones de los niños son pésimas (bueno, y la de algunos mayores también) que le dan a la serie un aire de teatrillo cutre. Los decorados a veces están conseguidos, pero otras parecen más de Barrio Sésamo que de una teleserie emitida en prime time. Los argumentos son, salvo excepciones, demasiado enrevesados y poco creíbles, con giros previsibles. Esto no quita que haya momentos brillantes y en general la habilidad de los guionistas para entrelazar todos los hilos argumentales es admirable. En definitiva, ‘Cuéntame…’ no pasa de ser un entretenimiento para nostálgicos o para televidentes no excesivamente exigentes.
1 de octubre de 2008

Seguro que muchas veces habéis escuchado aquello de que el ordenador que llevó el hombre a la Luna tenía una potencia no sé cuántas veces menos potente que nuestros teléfonos móviles, o que nuestra PDA, etc. Ayer mismo leí por ahí las características concretas de aquella máquina histórica que permitió realizar los cálculos de vuelo y llevar al módulo lunar hasta nuestro satélite. El ordenador, llamado AGC (Apollo Guidance Computer) acompañó a las misiones de la NASA entre 1969 y 1972. Su procesador tenía 1 Mhz de potencia de cálculo, 1 Kb de memoria RAM y 12 Kb de memoria ROM (de sólo lectura) que contenía almacenado el programa de control de vuelo Colossus 249.
El AGC fue desarrollado a principios de los años 60s por el Laboratorio de Instrumentación del MIT y se convirtió en el primer sistema informático interactivo, ya que el piloto introducía los parámetros e instrucciones necesarias y el AGC proporcionaba una respuesta inmediata. Hasta la fecha, la computación se realizaba por lotes. Es decir, la información se introducía toda en una fase y después de un tiempo se obtenían los resultados en un proceso en el que no se podía interactuar. Fue sin duda un gran logro para la informática y en general para la tecnología.
El interfaz del AGC era muy sencillo. Contaba con un pequeño teclado númerico, como el de una calculadora a través del que se introducían los números de las instrucciones. El teclado se completaba con una tecla de «enter», otra de «reset» y alguna más para facilitar la tarea de operar por el ordenador. La pantalla se componía de unos displays digitales donde se indican los códigos de las operaciones que se están realizando, los contenidos de los diferentes registros que guardaban los resultados de las operaciones. Junto a estos displays, unos leds marcaban el funcionamiento del ordenador, como por ejemplo los errores, la actividad del AGC, etc.
En internet hay un montón de información sobre el AGC. Por ejemplo podemos encontrar toda la documentación original sobre el tema en la web del CalTech. También he encontrado una iniciativa que pone a disposición de todo el mundo un emulador del AGC disponible para todas las plataformas.