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La bitácora personal de Ricardo Martín
Comentando cosas desde 2004
11 de julio de 2009

Los Elegantes

La historia del pop-rock es casi siempre injusta y olvidadiza. Muchos de los grandes grupos que la forman han pasado sin pena ni gloria por la prensa musical y por nuestras cadenas de alta fidelidad. Sin saber exactamente por qué me he acordado de Los Elegantes, la banda madrileña de pop-rock, soul y r’n’b que desarrolló la mayor parte de su carrera en los ochenta. Eclipsados por otros grupos de mayor entidad y más promocionados por sus discográficas, Los Elegantes nunca cosecharon gran éxito comercial, pero nos dejaron un buen puñado de buenos temas que nunca es tarde para recuperar. Muchos los conocerán por ‘La calle del ritmo’, su gran hit y uno de los himnos segundones de la Movida, pero está claro que detrás de este tema hay muchos otros. He intentado conseguir toda la discografía, pero me ha sido imposible. Aún me faltan un par de ellos… Pero vamos con ello.

Los Elegantes nacieron en 1980 como una banda de inspiración sixtie y mod. De hecho fue uno de los principales representantes del movimiento junto con otras viejas glorias como Brighton 64, aunque siempre fueron mucho más permeables a otros estilos. Su primer trabajo en LP fue ‘Ponte Ya a Bailar’ (1984), un compendio de canciones pop (a veces power-pop), toques «rockistas» y algo de soul. Aparte de la ya mencionada ‘La calle del ritmo’, el disco tiene otros temas memorables como ‘Lo intento’ o ‘No importa dónde’. En 1985 lanzan su segundo trabajo, ‘Paso a Paso’, donde siguen la estela de su debut e incluyen un par de versiones. Mi favorita es ‘Soy tremendo’, versión del éxito de 1968 de Rocky Roberts ‘Sono tremendo’ y que desde años llevo en mi iPod. La otra versión es ‘Luisa se va’, reinterpretación del tema de los cincuenta de Richard Berry ‘Louie Louie’. ‘Los Gatos de mi Barrio’ (1987) y ‘Perder o Ganar’ (1989) serían sus siguientes trabajos, dos discos que no he podido conseguir… Saltando a 1990 y coincidiendo con su décimo aniversario, la banda publica un doble disco en directo llamado ‘En el Corazón de la Resaca’, donde sorprende escuchar a Julio Ruiz de ‘Disco Grande’ haciendo de maestro de ceremonias. Y así llegamos a lo que, hoy por hoy, es su último álbum de estudio con material original. Se trata de ‘A Fuego Lento’ (1991), un disco del que tengo algunos recuerdos de la época. Me acuerdo de haber escuchado en los Cuarenta Principales ‘Adiós al verano’ o ‘No soy tan duro’ (el mejor tema del disco para mí) y que sería su último sencillo.

Veintinueve años después de su formación, la influyencia de Los Elegantes quizás no sea evidente en los grupos pop de hoy día, pero no cabe duda de que formaciones de finales de los ochenta como Los Flechazos, recibieron (y posteriormente dulcificaron) buena parte de su herencia melódica como correligionarios del movimiento mod. La verdad es que la producción de sus discos, vista a día de hoy, nos parece bastante vieja por haber estado sometida a los vaivenes de las modas de cada época. Aún así siguen teniendo un buen puñado de canciones muy interesantes que nunca está de más rescatar.

10 de julio de 2009

Barbara Steele, una belleza «horrorosa»

El submundo del cine fantástico y de terror tiene sus propios mitos, como todos los submundos. Si hablamos de cine de serie B mucho más. A lo largo de los últimos días he visto algunas películas de este género que tienen un sólo denominador común: Barbara Steele. Esta actriz británica nacida en 1938 fue la «horripilante» musa de muchos directores que trabajaban el género del «fanta-terror». Tuve conocimiento de su existencia por primera vez al ver ‘Un Ángel para Satán’ (1966), una produccion italiana de ambientación gótica y romántica dirigida por Camillo Mastrocinque. Sus peculiares rasgos físicos, a medio camino entre chica inocente, enferma mental, muerta viviente y vampiresa y su cuerpo curvilíneo la convirtieron a lo largo de más de una década en una de las actrices imprescindibles del terror europeo de bajo presupuesto. Podríamos compararla (aunque claro, las comparaciones siempre son odiosas) con otras musas como la propia Vampira, lanzada a la fama por Ed Wood.

Comenzó su carrera en 1960 interpretando el papel protagonista en la película de Mario Bava ‘La Máscara del Demonio’. Pero fue al año siguiente cuando, de la mano de Roger Corman, coprotagonizó ‘El Pozo y el Péndulo’, una película basada en el célebre relato de Edgar Allan Poe. En un intento de no quedar encasillada en este tipo de personajes, Barbara Steele consiguió un pequeño papel en la obra ‘8 1/2’ (1963) de Fellini, aunque finalmente volvió al cine fantástico con cintas como ‘El Espectro’ (1964), ‘Voces Blancas’ (1964), ‘El Castillo Sangriento’ (1964), ‘El Largo Cabello de la Muerte’ (1965) o ‘La Maldición del Altar Rojo’ (1968) («terror-yeyé» en estado puro, una película no muy buena pero recomendable). Después de los años sesenta, Steele fue espaciando sus trabajos, seguramente por la falta de oferta. Los locos años de la década prodigiosa habían terminado y ese tipo de cine también. Sólo participó en películas menores alejadas del terror gótico que la hizo popular, incluyendo un pequeño papel en ‘Piraña’ (1978).

A día de hoy, Barbara Steele tiene un montón de seguidores a través de internet que comentan sus películas y analizan sus personajes. Lo cierto es que con ella comenzó esa mezcla, tan manida y tan mal copiada después, de terror y erotismo y que nadie ha podido igualar nunca. Por cierto, sus seguidores y admiradores no se circunscriben sólo al mundo del internet. Ya en los años sesenta, el poeta y crítico R. H. W. Dillard dedicó en 1966 su primer libro de poemas a la actriz. La obra en cuestión se titulaba ‘The Day I Stopped Dreaming About Barbara Steele’ (‘El Día en que Dejé de Soñar con Barbara Steele‘). En 1982 la banda alemana Boom Boom Chuck & the Psychedelic Berrys cantaba a sus ojos en ‘The Eyes of Barbara Steele’. He aquí el vídeo:

Y para terminar, un pequeño reportaje sobre la actriz:

9 de julio de 2009

¿Será Chrome OS el primer gran fracaso de Google?

Hace dos días se anunció en el blog oficial de Google que estaban trabajando en un nuevo sistema operativo al que han llamado Chrome OS. La noticia no por esperada ha sido menos soprendente. La repercusión que ha tenido en los medios no tiene precedentes. En estos momentos en las noticias de Google había referenciados más de quinientos artículos en la prensa digital con las palabras «Chrome OS». Incluso la prensa tradicional lo ha recibido con un eco desproporcionado. Sin ir más lejos, en la edición de papel de El País venía como la noticia más importante de hoy con el titular «Google asalta el imperio Microsoft con su propio sistema operativo».

Chrome OS estará basado en un núcleo linux, lo que nos asegura dos cosas: estará libre de virus (al menos por el momento) y será gratuito. También se ha anunciado que su interfaz será muy elemental y que estará orientado principalmente para trabajar sobre la web, supongo que sin llegar al extremo de EyeOS (¿Tendrán algún acuerdo?). Al igual que éste, las aplicaciones de usuario no estarán instaladas en el sistema operativo, sino que serán aplicaciones web alojadas en los servidores de Google. Es decir, la compañía tendrá control total sobre los programas que se ejecutarán y los que no y, por lo tanto, dependeremos totalmente del ancho de banda de la red y de los sistemas de la omnipresente empresa del logo colorido.

Ya se han alzado las primeras voces críticas. Google va camino de convertirse en la nueva Microsoft, el nuevo monopolio de los sistemas de la información. Su imagen de empresa «enrrollada», juvenil, desenfadada y moderna no hace más que aumentar la inquietud. Google quiere ser nuestro amigo… y lo cierto es que seguramente pasemos con él mucho más tiempo que con nuestros allegados y puede que hasta nos conozcan mejor. Controla más de tres cuartas partes de todas nuestras búsquedas a través de su motor (el comienzo del imperio), unas búsquedas que quedan registradas bajo nuestra cuenta personal, almacena nuestros correos electrónicos en Gmail y ha fotografiado buena parte de las calles de nuestras ciudades (algo que me encanta como ya he dicho aquí muchas veces). No sé si exageradamente (porque la expresión se usa demasiado), Google se considera ya como el nuevo «Gran Hermano» de nuestros tiempos, sustituyendo a la compañía de Bill Gates.

Pero no adelantemos acontecimientos. Chrome OS no podrá verse por lo menos hasta la segunda mitad de 2010 e irá inicialmente destinado a los netbooks, los ultraportátiles destinados a trabajar bajo internet. La compañía tiene previsto extender el sistema al resto de equipos más adelante. No hace falta decir que el objetivo de Google es quitarle usuarios a Windows, un sistema operativo que atraviesa horas bajas tras sus últimos fracasos. En mi opinión, en el mejor de los casos, Chrome OS arrebará un pedazo de la tarta, aunque quizás no demasiado grande. Sólo aquellos usuarios poco exigentes con su equipo, no profesionales, que usen sobre todo la red para comunicarse caerán en sus garras, pero todos aquellos que utilizan aplicaciones de edición fotográfica, de vídeo, CAD y otros similares o bien los jugones empedernidos, les será muy difícil encontrar en Chrome OS un sistema operativo que cumpla con sus expectativas. Eso, como digo, en el mejor de los casos porque, sinceramente, no termino de ver claro esta nueva aventura en la que se ha embarcado Google y que podría ser su primer gran batacazo.

8 de julio de 2009

‘Último Grito’: vanguardia televisiva en tiempos de Franco

No es la primera vez que reviso venerables programas televisivos de TVE, pero siempre llego a la misma conclusión: hoy serían irrepetibles a pesar de contar con más medios, más conocimientos y más libertad. Esta lamentable conclusión nos lleva a pensar si un medio con tantas posibilidades como es la televisión, no se estará actualmente desaprovechando en favor de formatos más estandarizados y por tanto más conservadores. La televisión pública, teóricamente sin ataduras ni obligaciones económicas, ha de ser la vanguardia audiovisual. Si lo fue durante el final del franquismo, ¿por qué no lo puede ser ahora?

Todas estas ideas me vienen a la cabeza al revisar toda la información que he ido recopilando para escribir esta entrada sobre el espacio músico-experimental de Televisión Española ‘Último Grito’. Este programa fue emitido por el segundo canal (el llamado UHF) de la cadena pública entre mayo de 1968 y enero de 1970. Su director era un joven donostiarra de 24 años llamado Iván Zulueta, que vendría a poner patas arriba la todavía pacata televisión del régimen. Su presentador era José María Íñigo, que a partir de entonces sería una referencia indiscutible en la televisión juvenil primero y generalista después. En las formas, ‘Último Grito’ ya era rompedor: se trataba de programas filmados en blanco y negro y 16 mm con una duración de 20 minutos. La estructura de la emisión estaba dividida en cuatro secciones con entrevistas a músicos y bandas de la época, reportajes sobre cultura pop, un apartado dedicado al cine, bien a comentar películas o bien a emitir cortos a menudo paródicos. En la última sección el equipo del programa comentaba las novedades discográficas y emitía videoclips de producción propia que son realmente las joyas del programa.

Gracias a internet, he podido exhumar algunos de estos fragmentos del programa, los más legendarios. En YouTube pueden encontrarse algunos, aunque mucho menos de lo que me gustaría. No sería mala idea que TVE lanzara en DVD todos los programas, o si no se conservan todos en su archivo, al menos todo el material salvable. Seguro que sería una buena fuente de inspiración para las nuevas generaciones de realizadores televisivos. Y ahora, algunos de estos vídeos con los que me he topado:

Fragmento de ‘La Imagen de tu Vida’ con algunas secuencias del programa:

Videoclip, con presentación de Íñigo incluida, del clásico de Zager and Evans ‘In the year 2525’:

Y para terminar, la interpretación audiovisual del ‘Get back’ de los Beatles que hizo Zulueta:

7 de julio de 2009

La polémica del Hombre de Orce

La historia de la evolución humana aún está llena de incógnitas, lagunas y espacios oscuros. Y la propia historia de las gentes y los descubrimientos también. La antropología está repleta de hallazgos polémicos desde su mismo origen como ciencia, máxime cuando esta disciplina ha de navegar en un mar incierto de hipótesis y suposiciones. Uno de los casos más recientes que ilustra perfectamente lo que quiero decir es el asunto del llamado Hombre de Orce, una historia apasionante que comenzó hace veintisiete años.

El 11 de junio de 1983, tres antropólogos catalanes liderados por Josep Gibert convocan una rueda de prensa para hacer un anuncio sorprendente: durante sus trabajos de excavación en el yacimiento de Venta Micena, en el término municipal de Orce (Granada), se habían hallado restos de un cráneo datados en ni más ni menos que entre 900.000 y 1.600.000 años. Con esta escalofriante datación, el Hombre de Orce sería el homínido más antiguo encontrado hasta la fecha en España y en Europa. Todos los medios de la época se hicieron eco de este hecho. Así lo reflejan los diarios La Vanguardia («Tres paleontólogos catalanes descubren el hombre más antiguo de Europa y Asia») y El País («El hallazgo del hombre de Orce, puede suponer una revolución en el estudio de la especie humana») en sendos artículos publicados el 12 y el 14 de junio de 1983 respectivamente.

Pero el descubrimiento que causó sensación en la comunidad científica pronto se pondría en cuestión. No había pasado ni un año desde aquella rueda de prensa cuando, en mayo de 1984, se anunció el aplazamiento de un simposio internacional sobre antropología que se iba a celebrar en Granada. La razón no era otra que las discrepancias que entre los científicos comenzaba a producir el hallazgo del fragmento de cráneo (bautizado como VM-0). Estas discrepancias sobre el origen humanoide del resto fósil se acrecentaron cuando, durante el proceso de limpieza, se halló bajo una capa de caliza, una pequeña cresta «muy poco humana». Uno de los primeros en expresar sus dudas fue el descubridor de Atapuerca, Emiliano Aguirre. Se realizaron nuevas investigaciones y se concluyó que el trozo de cráneo podría ser de un asno de unos pocos meses de edad. Esta conclusión dio al traste con todas las ilusiones y los grandes titulares se volvieron pesimistas. Titulaba el diario El País el 12 de mayo de 1984 que «Serias sospechas de que el ‘hombre de Orce’ no es un hombre, sino que podría ser un asno de dos a cuatro meses de edad».

Todo el asunto quedó enterrado bajo el silencio, descalificado por la comunidad científica… hasta enero de 2007. Casi veintitrés años después de que Gibert recibiera aquel jarro de agua fría, el descubrimiento del cráneo de una niña de la época romana en Tarragona devolvió a la actualidad el caso del Hombre de Orce. ¿Por qué? El cráneo tarraconense, de unos 2.000 años de antigüedad, presenta una cresta anómala igual que la del VM-0. Esto demostraba que esa protuberancia craneal no excluía la posibilidad de que fuera humano. De nuevo El País titulaba: «Un hallazgo avala que el ‘hombre de Orce’ fue el primer homínido europeo». Incluso Aguirre, uno de los más críticos con el descubrimiento, tuvo que reconocer que se equivocó. Gibert falleció en octubre de aquel año, pero al menos pudo tener parte del reconocimiento que se merecía…

Las últimas informaciones sobre el Hombre de Orce hemos de buscarlas en abril de este año, en los que se denuncian las condiciones de abandono en las que se encuentran los yacimientos que quizás pudieron ser, por lo menos, tan importantes como los de Atapuerca. Y es que, a pesar de que poco a poco los antropólogos van reconociendo al Hombre de Orce, aún sigue cubierto por un cierto velo de silencio o de duda cada vez menos justificable. Veremos si por fin el Hombre de Orce se añade a otros «ilustres» peninsulares como el Homo Antecessor (ligeramente «más joven» que Orce).

6 de julio de 2009

‘La Desconocida’

Siempre es un gusto ver una nueva obra de Giuseppe Tornatore. A pesar de su juventud (nació en 1956), Tornatore se ha convertido ya en uno de los nuevos clásicos del cine italiano. Y como clásico, ha dirigido alguno de los grandes clásicos del cine contemporáneo como ‘Cinema Paradiso’ (que realizó con poco más de treinta años) y en general ha mantenido una carrera bastante coherente. Una de sus últimas películas es ‘La Desconocida’ (2006), una cinta con ambición de superproducción donde deja de un lado el melodrama para adentrarse en las siempre inciertas aguas del thriller. Un thriller que huye de las temáticas habituales de este género. Tornatore construye una obra de suspense con unas materias primas muy poco habituales.

‘La Desconocida’ cuenta la historia de Irina, una joven ucraniana con un pasado tortuoso vinculado a las oscuras mafias de la prostitución que la llevaron hasta Italia. Una vez alejada de ese traumático entorno, decide iniciar una nueva vida en su país de adopción. Pero antes deberá ajustar cuentas con su pasado y con sus verdugos. No puedo detallar el argumento más allá aquí sin desvelar datos cruciales. Sólo decir que tras un comienzo desconcertante, poco a poco todo (o casi todo) va encajando como piezas de un puzzle. En este sentido el guión es un mecanismo perfecto. La cruz de esto es que todo queda tan definido que en el momento en el que algún elemento no encaja, su resolución da lugar a momentos algo forzados y poco creíbles (por ejemplo el hombre del periódico y su falsa muerte entre otros).

La película es suspense al noventa por ciento. Sólo al final de la cinta ese suspense, tras el desenlace, se vuelve drama (o melodrama) y desemboca en un bonito final. Estética y visualmente, el film obedece por completo a los cánones del género con escenas fotográficamente impresionantes. La banda sonora del maestro Ennio Morricone enfatiza esta estética de manera genial (uno de los grandes aciertos de la película) y la viste de un ambiente inquietante. En definitiva, una buena película de factura clásica que no decepcionará si no somos demasiado puntillosos.

3 de julio de 2009

Paréntesis vacacional

Por si alguien todavía no lo sabía, llevo unos días de vacaciones. Y eso se está notando en la frecuencia de actualización del blog. Apenas toco el ordenador en todo el día, y si lo hago es para mirar el correo y poco más. El lunes (si la inspiración lo permite) volveremos a la carga con nuevos temas. Hasta entonces nunca está de más echar una ojeada a lo mucho que ya he escrito.



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