27 de agosto de 2013

La rehabilitación, restauración o recuperación de viejas edificaciones no sólo es un deber con la historia de nuestras ciudades, sino también puede ser un gran activo de cara al turismo. En España lo sabemos muy bien y por eso nos lamentamos de las malas políticas que durante décadas se ha seguido demoliendo edificios históricos de incalculable valor en nombre del progreso. Es cierto que aún se conservan gran cantidad de templos y estructuras defensivas, pero es una mínima parte de todo el patrimonio que en un momento dado existió.
Uno de los ejemplos más curiosos de conservación de edificios históricos está en el Reino Unido. Posiblemente se trata de uno de los países del mundo que más ha respetado su historia, tanto a nivel documental como patrimonial. Hasta niveles insospechados. En Manchester existen un par de viejos edificios de vetusta apariencia situados frente a la catedral. Se trata del Old Wellington Inn y del Sinclair’s Oyster Bar, dos inmuebles construidos en los siglos XVI y XVII respectivamente y conocidos como The Shambles o The Old Shambles (o más recientemente Shambles Square).
Su historia es increíblemente azarosa pues se trata de los dos únicos edificios anteriores a 1800 que se conservan en la ciudad mancuniana. Sobrevivieron a los planes en ensanchamiento de calles de finales del siglo XIX, a los brutales bombardeos nazis de 1940, a la construcción de un complejo comercial en 1974 y a un atentado del IRA en 1996.
Precisamente en 1974 se llevó a cabo la operación de rescate más espectacular. En un primer momento se pensó en derribar los históricos edificios, que por entonces estaban situados en una zona de solares bastante degradada de la ciudad, para construir una plaza de modernos edificios, pero finalmente se decidió poner en marcha un plan ambicioso para salvarlos. Para ello se elevó su nivel construyendo bajo ellos unos pilares de hormigón que los situaría a la altura de la nueva plaza. El resultado fue algo extraño, como un trozo de otro tiempo en medio de la vorágine contemporánea. Pero fue esto lo que los salvó de ser destruidos durante el atentado del IRA. Las paredes de hormigón que los rodeaban sirvieron de parapeto y sólo sufrió daños mínimos. En 1999 ambos edificios fueron desmontados y trasladados hasta su ubicación actual, a unos 100 metros del lugar original y frente a la catedral de Manchester. Parece que este nuevo viaje será el último, al menos por mucho tiempo. La conservación parece que está asegurada.
Esta historia me ha llevado a una reflexión. Me refiero al edificio y su contexto. ¿Verdaderamente tiene sentido un lugar que ha perdido su significado histórico al carecer de correspondencia en su entorno? Cierto que su ubicación actual está en la almendra de los viejos edificios de Manchester, pero no es su lugar original. Una posible solución (aunque muy cara) pudo haber sido reconstruir la zona con edificios similares a los existentes antes de 1940, recreando al menos las fachadas y conservando el trazado antiguo de las calles. Pero se optó por el hormigón. Quizás hoy se hubiera hecho de otra manera…
22 de agosto de 2013

La moda del género policiaco nórdico pasa de la novela a la televisión. La serie ‘Bron/Broen’ (‘El Puente’ en sueco y danés) supuso un pequeño hito en el mundillo de las series. Aunque no es muy conocida, sí lo es su versión norteamericana ‘The Bridge’, de reciente producción. Hace unas semanas dediqué un tiempo a ver los diez episodios de que consta, al principio sin mucha fe y con bastante curiosidad y lo cierto es que ha conseguido engancharme, también movido por la curiosidad de ver una serie para televisión nórdica.
La historia comienza cuando aparece el cadáver de una mujer en medio del puente de Oresund, que une Malmö en Suecia con Copenhague en Dinamarca. El cuerpo se haya literalmente en medio de línea fronteriza que delimita cada uno de los países. Por tanto, la competencia es de ambos. Martin y Saga formarán una extraña pareja de policías cuya relación dará mucho juego. Ella, sueca y metódica, maniática y solitaria. Él, danés, vividor, casi mediterráneo, con formas poco ortodoxas y algo chapucero, pero con mucho que decir sobre el caso. A lo largo de las entregas veremos como el inteligente asesino va aportando pistas de su enfermizo plan…
Quizás nosotros, españoles, no seamos capaces de apreciar las sutiles diferencias entre los países nórdicos, ni sus chistes, ni siquiera sus idiomas (ciertamente sueco y danés son bastante parecidos), pero eso no significa que no se pueda disfrutar plenamente. Los actores realizan un muy buen trabajo y el guión, tan bien planteado, va desgranando poco a poco la historia aumentando la tensión a la vez que ata cabos. El final –cosa que es sorprendente en estos casos– está bastante bien resuelto. En definitiva, una buena serie sobre todo si eres amante de la novela negra (y su adaptación a la pantalla).
18 de agosto de 2013



Por fin, y tras varios contratiempos –entre ellos la rotura definitiva del disco duro de mi iMac— aquí están las fotografías seleccionadas de entre más de 1.500 que he subido finalmente a mi web fotográfica Cromavista. 329 imágenes con –eso al menos es lo que he intentado– un toque diferente a las que puede hacer cualquier turista, o quizás las que hace un turista normal y alguna menos corriente. Como siempre intento acercarme a los detalles, aquello que casi nadie ve, principalmente en edificios o lugares muy famosos en su conjunto pero apenas contemplados en sus partes.
He dividido las fotografías en 14 galerías que van desde la Torre Eiffel hasta el Palacio de Versalles pasando por la Basílica de Saint-Denis o la catedral de Notre-Dame. En definitiva, un recorrido que creo bastante completo por la capital francesa y que espero que sea de vuestro interés.
10 de agosto de 2013
Si como yo, vosotros pensábais que los duelos era un asunto del pasado lejano o, como mucho, de la época romántica en el que el gusto por la muerte y los sentimientos exacerbados estaba a la orden del día, os equivocáis. Fue nuestro guía el segundo día que estuvimos en París quien nos contó la curiosa y desconocida historia –por lo menos fuera de Francia– del último duelo a espada que tuvo lugar en la capital francesa. Ocurrió en ¡1967!. Los mismos años sesenta turbulentos que vieron las protestas de los estudiantes y los graves incidentes del espinoso asunto de la independencia argelina.
Taisez-vous abruti! (¡Cállate, imbécil!)
Esas fueron las desafortunadas palabras que desencadenaron todos los acontecimientos. Las pronunció en sede parlamentaria el diputado gaullista por Val d’Oise René Ribière contra el socialista, alcalde de Marsella entre 1953 y 1986 y Ministro del Interior con Mitterrand Gaston Defferre. Era el 20 de abril de 1967. Ribière no retiró en ningún momento el insulto a pesar de la insistencia de su adversario político.
Ce sera l’épée! (¡Será la espada!)
Ribière retó al duelo a Defferre de esta manera. Como dije antes, París era en aquel tiempo uno de los centros mediáticos del mundo. Los medios de comunicación se hicieron eco de inmediato de la afrenta que se iba a dirimir en duelo con espada. El extravagante y anacrónico acontecimiento tendría lugar al día siguiente, el 21 de abril en un lugar neutral en Neuilly-sur-Seine, en la zona noroeste de la capital. Quizás todo esto se inició con cierta ironía, al presidente De Gaulle no le hizo ninguna gracia e intentó detener el duelo sin éxito.
Sobre la preparación de los contendientes, Defferre había sido varias veces campeón de esgrima en su juventud, mientras que Ribière era prácticamente un novato. Como árbitro se eligió al diputado gaullista de izquierdas Jean Lipkowski. El duelo duró cuatro minutos y fue filmado por los noticiarios de la época. Se conserva en los archivos del INA. Pero ¿Quién ganó? ¿Hubo muertos o heridos?. Afortunadamente el duelo no era a muerte. Un sólo toque sería suficiente para ganar. Finalmente la experiencia supuso un punto a favor respecto a la juventud y Defferre «tocó» con su espada a Ribière una primera vez. Éste pidió la reanudación del combate, pero ante una segunda herida, Defferre pidió al árbitro detener definitivamente el duelo. Lipkowski lo hizo poniendo fin al evento y con él a la historia de los duelos.
El vídeo:
7 de agosto de 2013

Los zombis están de moda. Decenas de variantes de estos regresados de la muerte invaden las pantallas, las grandes y las pequeñas, desde hace unos años. En televisión este boom empezó con la norteamericana ‘The Walking Dead’, basada en el cómic de Robert Kirkman y Tony Moore. Después llegaron algunas más. En el Reino Unido, por ejemplo, vimos ‘In The Flesh’. Pero un poquito antes de esta última (en 2012) llegaba a los televisores franceses ‘Les Revenants’ de la mano de Canal+. Hace unos días he terminado de ver los ocho capítulos de que consta.
La acción se desarrolla en un pueblo de nueva construcción en medio de las montañas y con un embalse a sus pies. Precisamente el viejo pueblo, hoy bajo las aguas, esconde un secreto detrás de la catástrofe que lo arrasó 35 años atrás. Todo comienza cuando tras un accidente de autobús escolar, una de las chicas fallecidas regresa cuatro años después de su muerte sin recordar nada de lo ocurrido ni siendo consciente del tiempo transcurrido. Su contrariada familia intentará buscar sentido a su retorno. Con el tiempo comprobará que no es la única, existen otros muchos fallecidos en otros tiempos que están volviendo a la vida…
‘Les Revenants’ es una serie de buena factura, muy entretenida y con un guión inteligente, que no deja cabos sueltos. Los acontecimientos se van produciendo con precisión tan milimétrica como lógica e implacable. Más que una serie de terror, como lo serían por ejemplo ‘The Walking Dead’, puede considerarse de suspense, o como mucho, de terror psicológico. Lo que en un inicio puede suponer una alegría, dista mucho de serlo y se convierte en fuente de conflictos, descuadrando vidas ya reconstruidas, abriendo viejas heridas o recordando rencillas olvidadas. Respecto a la puesta en escena, a veces me ha recordado a ‘Twin Peaks’, quizás por esas montañas, esas relaciones entre los personajes o el ambiente enrarecido en el pueblo que es transmitido a la perfección por el realizador. La banda sonora, elaborada por el grupo escocés de post-rock Mogwai encaja como un guante en el argumento y se funde con los paisajes y las escenas más perturbadoras.
En definitiva, una serie sorprendente que gustará a aquellos que buscan algo distinto a lo que estamos acostumbrados a ver…
4 de agosto de 2013

Los gallegos de Triángulo de Amor Bizarro se han convertido con tan sólo tres discos en una de las bandas más respetadas del mundo independiente. Ya su debut fue muy sonado, allá por 2007. Reconozco que en un principio no me llamó excesivamente la atención y ha sido el tiempo quien ha demostrado que los chicos tienen discurso, talento y actitud.
En este tercer trabajo recién publicado, de título ‘Victoria Mísica’, se puede apreciar un sonido menos árido y ruidista, más cercano al pop y a las melodías que interpreta muy bien Isabel, que ha ganado peso en el aspecto vocal (canta en seis de los nueve cortes). Esto no significa que su ADN haya sido alterado. Siguen siendo los mismos de siempre, con la misma pegada y la misma visceralidad, pero a lo largo de estos nuevos temas se respira un ambiente algo diferente.
Dos de esos temas ya los conocíamos (‘Ellas se burlaron de mi magia’ y ‘Estrellas místicas’). Ciertamente encajan perfectamente con el resto del repertorio. Se abre con ‘Robo tu tiempo’, con homenaje incluido a Esplendor Geométrico (ese «acero del partido» les delata) y a partir de aquí el sonido imponente, canciones rápidas y sin concesiones, con letras a veces ininteligibles, pero con ese nuevo toque que antes comentaba. La prueba la encontramos en ‘Un rayo de sol’, que tiene un innegable aire «planetario».
Es complicado afirmar si se trata de su mejor trabajo. Probablemente aún les quede mucho recorrido por delante, pero esta evolución es siempre una señal de inteligencia y de que desean explorar nuevos caminos sin perder su personalidad. Y eso es bueno. Un gran disco que gustará mucho a sus seguidores y quizás enganche a otros muchos nuevos.
2 de agosto de 2013
Muchas veces me he quejado en este blog sobre las restricciones que determinadas instituciones aplican a museos, templos religiosos y otros lugares que los viajeros suelen visitar. Ahora que ya conozco tres grandes países europeos además de España (Reino Unido, Alemania y Francia) se puede hacer una pequeña evaluación sobre la permisividad con los que llevamos cámaras. Sin lugar a dudas, es precisamente en nuestro país donde se aplican más restricciones o al menos se cumplen de forma más tajante, tengan o no sentido. Le seguiría Reino Unido y a cierta distancia Alemania.
Pero el caso de Francia, o al menos de París, es muy distinto. Las restricciones en los museos, iglesias, catedrales u otros recintos visitables eran inexistentes, y si existían a menudo se hacía la vista gorda. Sólo encontramos una restricción en el museo d’Orsay, donde sólo se puede fotografía desde los balcones interiores (por cierto, bonitas vistas de la antigua estación ferroviaria remodelada), los exteriores (buenas vistas del sena y Montmartre) o las zonas de cafetería y restaurante.
En el resto de lugares que visitamos tuvimos total libertad para fotografiar absolutamente todo lo que quisiéramos. Nos resultó extraño que en reliquias de la historia como el palacio de Versalles, la basílica de Saint-Denis, la Sainte-Chapelle o la catedral de Notre-Dame se pudieran realizar fotografias con flash, aun a riesgo de dañar los frescos medievales que se conservan en sus paredes. Lo mismo podría decirse del museo del Louvre. No es difícil encontrarse con ráfagas de flash sobre cuadros de primer orden como La Gioconda o vidrieras que tienen ochocientos años.
Por otra parte, París tiene miles de rincones fotogénicos dignos de ser fotografiados, especialmente al atardecer y por la noche. Aunque nosotros hemos ido en pleno mes de julio, estoy convencido de que en cualquier otra estación del año las vistas son diferentes aunque igualmente increíbles.
Si algo he aprendido durante estos viajes es que tiene que existir algún tipo de restricción a la fotografía, no una prohibición radical y absoluta. Nos gustó mucho la idea del palacio de Charlottenbourg de Berlín de pagar un suplemento de tres euros a quienes quisiéramos hacer fotografías. De este modo solo los verdaderos aficionados (por lo general respetuosos con el resto del público y con el objeto fotografiado) podríamos disfrutar de nuestra afición/vicio.