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La bitácora personal de Ricardo Martín
Comentando cosas desde 2004
24 de octubre de 2012

Las nuevas sintonías de la Cadena SER

Ocurrió el pasado 3 de septiembre, y me había dado cuenta de que nos había comentado los cambios radicales que se han producido en la Cadena SER. Más allá de los cambios de programación, me han interesado especialmente las sus sintonías. Todas –o al menos las de sus programas señeros– son nuevas. El artífice de estos cambios tan delicados es Ricard Aymerich.

El resultado, desde mi punto de vista, es muy bueno en casi todos los casos. La que menos me ha gustado es la del boletín informativo horario, que me resulta demasiado «orquestal» para un boletín ágil de 4 o 5 minutos como mucho. Y mi favorita sin duda es la de Hora 25. Todas mantienen como leitmotiv la famosa y clásica ‘Sinfonía Azul’, compuesta en los años 40 por Federico Mompou.

Os dejo con un vídeo de la propia Cadena SER en donde el propio autor comenta estas sintonías nuevas:

23 de octubre de 2012

‘Elena’

El cine ruso actual, a pesar de ser muy desconocido para el gran público, es una mina de hallazgos. Si ya nos sorprendimos con el cine puro de Tarkovski y de su principal discípulo Sokurov, el tercero en discordia es Andrei Zvyagintsev. De Zvyagintsev ya vimos por aquí ‘El Regreso’ (2003) y ‘El Destierro’ (2007) y lo cierto es que, aunque ‘Elena’ (2011) tiene el sabor críptico y enigmático de sus predecesoras, el camino que el realizador ha tomado es mucho más personal. Se aleja por tanto cada vez más de su mentor y maestro, apostando por un cine neutro y naturalista, pero a la vez comprometido política y socialmente.

Elena es una mujer mayor casado en segundas nupcias con un médico acaudalado. Su relación, aunque correcta, parece bastante fría. Ella proviene de una familia de clase baja y con una familia en situación económica complicada. Los acontecimientos se precipitan cuando el hombre sufre un infarto. Elena no desaprovechará la oportunidad de hacer lo mejor para los suyos.

Zvyagintsev convierte al espectador en testigo de las andanzas y las maniobras de Elena. Los largos planos secuencia recogen con un realismo y una eficacia apabullante la distante relación del matrimonio y también las relaciones que tanto ella con su hijo como él con su hija mantienen. De hecho, estas dos relaciones paralelas se puede considerar el eje de la trama y el verdadero sentido de la película. ¿Qué haría un padre o una madre por sus hijos? ¿Y al contrario? Como siempre ocurre en este tipo de cine, el magnífico guión se sostiene en unos actores excelentes. En principio cine difícil para el neófito, aunque mucho más asequible que el de Tarkovski o Sokurov.

22 de octubre de 2012

Berlín en Cromavista

Como siempre que hago un gran viaje, me gusta compartir con vosotros en Cromavista algunas de las fotografías de lo que vi. Sobre Berlín he seleccionado 213 imágenes que, y esto será norma de aquí en adelante, he dividido en diferentes galerías. Concretamente diecinueve. Son las siguientes:

¡Espero que las disfrutéis!

21 de octubre de 2012

‘El Cielo Sobre Berlín’ y ‘Tan Lejos, Tan Cerca’

Aunque ya había visto hace años ‘El Cielo Sobre Berlín’ (‘Der Himmel über Berlin’) (1987), quizás la obra más destacable de Wim Wenders junto con ‘Paris, Texas’, no había escrito sobre ella ni sobre su secuela ‘¡Tan Lejos, Tan Cerca!’ (‘In weiter Ferne, so nah!’) (1993). Las he vuelto a ver para buscar referencias cinéfilas antes de marchar a la capital alemana. La primera ganó varios premios en su momento en Alemania y fuera, como el galardón a la mejor dirección en el Festival de Cine de Cannes de 1987. Quizás ‘El Cielo Sobre Berlín’ fue mucho más valorada en el momento de su estreno que actualmente, pero eso no significa que no siga siendo un referente a la hora de hablar de cine y Berlín.

La película cuenta la historia de dos ángeles –interpretados magistralmente por Bruno Ganz (que años después interpretaría a Hitler en ‘El Hundimiento’) y Solveig Dommartin— que velan por la humanidad, aunque no pueden intervenir en sus vidas, si pueden influir sobre sus pensamientos y su estado de ánimo. Uno de ellos, decide cambiar su inmortalidad por sentir la vida como un ser humano. Wenders dota a estos entes de una gran capacidad humana. En definitiva, se trata una apuesta por la humanidad y por su bondad intrínseca. Quizás en su fondo peque de ingenuidad y en las formas de una solemnidad y una pretenciosidad que a algunos espectadores puede resultar impostada. En la segunda parte, ‘¡Tan Lejos, Tan Cerca!’, este ambiente críptico y poético se diluye en favor de un argumento y una puesta en escena mucho más convencional que nada tiene que ver con su predecesora. Wenders tiró de celebridades (aparecen Willem Dafoe o Nastassja Kinski) para un argumento algo burdo, pero que supone el fin de la inocencia para los antiguos ángeles. Conocerán el mal, la soledad y el desamparo.

Pero en este segundo visionado lo que más me interesaba eran los puntos de la ciudad que aparecían. Por supuesto, el ángel de la Columna de la Victoria, la iglesia memorial del Kaiser Guillermo, los restos de la estación Anhalter, la Potsdamer Platz como estaba en tiempos del muro, el Europa Center, el famoso edificio con la estrella de Mercedes dando vueltas. En ‘Tan Lejos, Tan Cerca’ vemos también lugares del otro lado del muro, como la Alexanderplatz o la cuádriga de la Puerta de Brandeburgo.

20 de octubre de 2012

Un trozo de La Alhambra en Berlín

En nuestro periplo museístico berlinés nos llevamos muchas sorpresas, pero posiblemente la mayor de ellas fue encontrarnos cara a cara con varias piezas de origen español en el Museo de Arte Islámico de Berlín. Este museo, incluido dentro del Museo de Pérgamo, cuenta con objetos muy preciados, como la famosa Habitación de Aleppo (Siria), hoy tristemente famosa por la guerra civil. Pero como digo, la mayor sorpresa fue toparnos con trozos de nuestra historia en un lugar tan remoto como es Berlín. Por suerte no estamos acostumbrados a encontrarnos este tipo de piezas en museos extranjeros (mientras no vayamos a los Estados Unidos, claro) y choca e indigna a partes iguales.

La pieza más grande de las que se exponen en este museo es el techo, un artesonado de madera, de la Torre de las Damas del Palacio del Partal de La Alhambra en Granada. La historia de cómo fue a parar aquí es la siguiente. Arthur Von Gwinner fue un banquero alemán muy poderoso a finales del siglo XIX. Por aquella época el patrimonio artístico español debía ser un auténtico desastre y nada se hacía para conservarlo. El Palacio del Partal, perteneciente al complejo de La Alhambra, no era más que un caserón de propiedad privada, casi en ruinas, que apenas conservaba la apariencia de su pasado original. Aquellos dominios parece ser que no eran de especial protección por parte del Estado. Von Gwinner compró en 1886 el palacio y unas tierras aledañas.

En 1891 lo cedió al Estado Español con la condición de quedarse con el techo de la Torre de las Damas que haría trasladar hasta su residencia particular en Berlín. En su defensa también hay que decir que Von Gwinner cedió en 1921 a las autoridades españolas el resto de las adquisiciones realizadas en nuestro territorio a excepción de esta pieza. Parece ser que estaba entre sus favoritas.

Hoy día se encuentra en una sala especial sobre el Islam en la Península Ibérica junto a un capitel de Medina Azahara, una ventana de madera proveniente de Córdoba, diversa cerámica islámica del sur de España y alguna que otra pieza…

19 de octubre de 2012

Curiosidades y pensamientos sobre Berlín

Han pasado ya unos cuantos días desde que volví de Berlín. En total han sido seis días rondando por la capital alemana, visitando monumentos, museos y fijándonos en los más peregrinos aspectos de la ciudad del Spree. Precisamente sobre esos aspectos, la mayoría poco percibidos por los turistas, quería hablar en este post. Para ello, recupero las notas que fui haciendo en mi Moleskine

¡Cerveza!

Todo el mundo sabe que Alemania es uno de los paraísos para los cerveceros. Pero nunca pensé que estuviera tan incorporado a la vida de los berlineses. En cualquier supermercado se puede comprar, por ejemplo, una Berliner Kindl por poco más de 40 céntimos de euro. Pero no estamos hablando de las clásicas latas de 33 centilitros, sino de botellines de vidrio de medio litro. Ese es el tamaño y formato estándar por aquellas tierras. Los transeúntes la beben por la calle o en el metro, pero rara vez las abandonan vacías. El secreto: son retornables. Existen en los supermercados máquinas que permiten recuperar unos céntimos al entregar la botella vacía. Algo que por aquí nos suena a ciencia ficción. En muchos locales, incluso la cerveza es más barata que el agua o que otros refrescos.

Peatones y ciclistas

Es cierto que los alemanes son, al menos en apariencia, más cívicos que nosotros, pero nos sorprendió comprobar que los berlineses cruzan las calles por cualquier parte. De hecho, hay muchos cruces donde no hay ningún tipo de señalización. A pesar de todo, ciclistas, peatones, automóviles y tranvías conviven en una extraña armonía que puede parecer caótica (en las inmediaciones de Alexanderplatz es una locura) pero que funciona. Incluso con semáforos en rojo se puede cruzar sin problemas; los coches respetan al peatón y al ciclista sobre todas las cosas.

La bicicleta es precisamente uno de los elementos que más sorprende al visitante español. Casi todas las calles cuentan con su carril propio, bien en el asfalto o bien integrado en la acera de los peatones. Pueden verse bicis de todos los tamaños y formas, tándems, cuadriciclos, carritos y otros artilugios más raros todavía. Ayuda que Berlín es una ciudad bastante llana y de calles amplias.

U-Bahn y S-Bahn

Debe ser que los berlineses son gente honrada, pero al foráneo nos resulta extraño entrar en una estación del U-Bahn o del S-Bahn y no pasar por ningún control de acceso. Casi siempre absolutamente diáfanas, las estaciones sólo cuenta con una máquina expendedora de billetes y un poste validador que estampa el nombre de la estación de partida y la hora. Y no hay más. Se supone que hay revisores que controlan a los que lo pagan, pero en nuestros seis días no nos pidieron jamás los billetes. Al final es increíblemente cómodo, práctico y rápido. Siempre y cuando todo el mundo cumpla, claro.

Tanto la red S como U mantienen su independencia hasta tal punto que los transbordos entre uno y otro sencillamente no existen. Hay que salir de una estación y entrar en la otra. A veces la separación entre ellas es de cientos de metros. Esto, unido a la poca afición de los berlineses por las escaleras mecánicas o las rampas, hacen que cambiar del S al U o viceversa sea agotador.

Ricos y pobres

Seguro que hay gente que piensa que en Alemania atan los perros con longanizas. En el resto no lo sé. Desde luego en Berlín no es así. El lema que acuñó el alcalde socialdemócrata Klaus Wowereit, «Berlin ist arm, aber sexy» («Berlín es pobre pero sexy»), tiene mucho de cierto. Rascando un poco más allá de las zonas céntricas y turísticas, la ciudad muestra aún muchas cicatrices de guerra del pasado. Los bombardeos aliados de la segunda guerra mundial, el aislamiento a causa del muro, y la política urbanística dudosa de la época comunista, hacen de Berlín una ciudad complicada y con grandes diferencias que, a pesar de las grandes inversiones realizadas desde que es la capital federal (hay muchas estaciones de S-Bahn nuevas o restauradas y centros comerciales enormes), son muy visibles.

Allí también encontramos a los clásicos limpiadores de parabrisas de los semáforos, a los gitanos rumanos pidiendo en las zonas más turísticas, y los típicos indigentes durmiendo donde pueden. Y también cosas que aquí serían chocantes, como trabajadores de cuarenta o cincuenta años, con aspecto alemán, preparando hamburguesas en un Burger King.

A pesar de todo, Berlín sigue siendo una ciudad muy segura. Nosotros al menos nos sentimos así. Y nos dimos cuenta de que las apariencias engañan. Durante la noche, las calles fuera de Mitte (el barrio céntrico y turístico) no están muy iluminadas. En algunas casi no se ve donde se pisa. Eso nos ocurrió en el barrio de Kreuzberg. Las enormes zonas con vegetación, los bloques de pisos un poco destartalados y los descampados, unidos a la oscuridad, hizo que nos inquietáramos. Sin embargo por allí pasaban niños en bici, madres con hijos, etc. Prueba evidente de que rara vez pasa algo.

3 de septiembre de 2012

Las islas españolas del Pacífico

Acercarse al mundo de las islas e islotes del Océano Pacífico es perderse. Allá donde las fronteras son difusas y las políticas coloniales de otros tiempos hicieron estragos, hoy se situan países prácticamente desconocidos como los Estados Federados de Micronesia, Palau, Guam, Nauru y otros muchos. Naciones extrañas y exóticas con unas pocas decenas de miles de habitantes y para nosotros sinónimos de agua azulísima y palmeras gigantescas. Algunos cuentan todavía con dependencia de sus antiguas metrópolis y otras son independientes desde hace poco tiempo.

Curiosamente toda esa zona fue durante siglos posesión española. Hasta hace bien poco. Podemos irnos al ejemplo más claro de todos: Las Filipinas, españolas hasta 1898. Pero hubo otras. Poca gente sabe que las Islas Marianas, las Islas Carolinas (ambas integradas en Micronesia) y Palaos (hoy Palau) fueron españolas hasta que no se firmó el Tratado Germano-Español en 1899. Mediante este acuerdo España cedía la soberanía de todas esas islas y atolones a Alemania.

Pero la curiosidad (y casi la perplejidad) me asalta cuando descubro que aún existen cuatro islas (conocidas como la «Micronesia Española» o la «Oceanía Española»), Kapingamarangi, Mapia, Matador y Coroa, que existe la posibilidad de que sean aún españolas, si bien no de hecho, quizás sí de derecho. No resulta muy sencillo adentrarse en los documentos que detallan los avatares de estos islotes a lo largo de la historia. Los nombres cambian, desaparecen, vuelven a surgir, los tratados son ambiguos y, para colmo, hubo desidia y desinterés por parte de España por tomar posesión efectiva de esos territorios a lo largo del siglo XX.

Por todos los excelentes artículos que he leído (para enmarcar son las dos partes del texto del blog de Francisco Polo «¿Cuatro islas perdidas en el Pacífico?»), llego a la conclusión de que, aunque fueron españolas, ya no lo son por no haber ejercido efectivamente la soberanía sobre ellas. Actualmente son parte integrante desde 1990 de un estado soberano como son los Estados Federados de Micronesia. A pesar de todo, haciendo una búsqueda por internet, se pueden encontrar algunas páginas que defienden que estos cuatro territorios aún son españoles e incluso en la Wikipedia se borró en 2008 un artículo dedicado a la «Oceanía Española».



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