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La bitácora personal de Ricardo Martín
Comentando cosas desde 2004
15 de diciembre de 2011

Mis favoritos internacionales de 2011

Como es tradición desde tiempos inmemoriales ha llegado el momento de hacer balance musical del año 2011. Una temporada que ha pasado con una rapidez increíble y donde las cosas estaban básicamente cantadas desde el primer trimestre. A nivel internacional, que es lo que nos ocupa hoy, los dos mejores discos del año llegaron muy pronto. Esos dos puestos de privilegio lo ocupan en primer lugar el debut de Cat’s Eyes, que es el proyecto paralelo del vocalista de The Horrors, el británico Faris Badwan y la soprano y multiinstrumentista canadiense Rachel Zeffira. Su disco homónimo se alza sin lugar a dudas como merecedor del oro por su mezcla de instrumentación clásica y rock, dando lugar a algunos de los momentos más intensos de la música de los últimos tiempos. Su tema ‘I knew it was over’ también se alza con el primer puesto de canciones internacionales. Su clip filmado en el Vaticano es imprescindible.

Descendiendo un escalón, en el segundo puesto encontramos a The Go! Team y ‘Rolling Blackouts’, unos veteranos en esto de las listas de lo mejor del año. Los británicos reyes del mash-up entregan un disco más melódico y reposado (que no pausado), ganando muchos enteros respecto a sus trabajos predecesores sin perder su identidad (cuarto mejor tema de 2011 con ‘Ready to go steady’). Para completar el podio, el tercero en discordia lo ocupa el proyecto del ex-Oasis Liam Gallagher Beady Eye con un trabajo notable y claramente superior al de su hermano Liam. El resto de los cinco magníficos son el tercer trabajo de los californianos Girls, algo irregular pero con un puñado de temas memorables (no en vano, ‘Vomit’ es mi segunda canción favorita de 2011 y el videoclip también es de lo mejorcito) y otros clásicos de mis listas, Explosions in the Sky, con su post-rock de siempre, tan conmovedor como cargado de fuerza instrumental.

Si nos vamos a la lista de canciones nos encontraremos a la ex de The Fiery Furnaces, Eleanor Friedberger, con un tema de su interesante trabajo personal. El corte, de título ‘The inn of seventh ray’, es una auténtica maravilla que no conviene perderse. Bajando un poco más está Ladytron, otros clásicos, y ‘White elephant’, un tema resultón en la línea del sonido de discos anteriores. Completan la selecta lista el supuesto último hype de los «modernillos» Lana del Rey con su estimable ‘Blue jeans’. Falta por ver en qué queda la carrera de esta chica… The Pipettes, tras el resbalón de su último disco vuelven a los orígenes publicando un sólo sencillo de impacto seguro, la nostálgica y pegadiza ‘Boo shuffle’. Y si hablamos de nostalgia, ¿A qué os suena ‘The beat goes on’ además de a la antigua banda de Liam Gallagher? Pues eso. Thurston Moore deja el ruido eléctrico de un lado para concentrarse en su carrera personal. De ese afortunado disco surge como un diamante ‘Circulation’, un tema que tiene algo indefinible que hace que sea difícil olvidarse de él. Y cerrando la lista Battles. Lo que se ha llamado math-rock vuelve cantando en español. Los neoyorkinos retornan y se sueltan la melena con un disco más digerible y un tema, ‘Ice cream’, que merece la pena tanto como su videoclip. Si hubiera lista de los mejores clips del año estaría en primera posición.

Y como siempre, para terminar, los clips de lo mejor del año en sentido inverso:

13 de diciembre de 2011

The Suicide of Western Culture y Lasers mano a mano

La web musical ornitorrincos.es se caracteriza por albergar una amplia colección de directos de bandas emergentes del indie nacional. De todos ellos hay uno que me gusta especialmente. Se trata del tema ‘This is the last face’ que interpretaron juntos las bandas barcelonesas The Suicide of Western Culture y Lasers. La mezcla nos aporta el aire dance-rock de los primeros y el ambient, synth-pop y casi post-rock de los segundos (ya pasó por aquí con el tema ‘Interstellar battle’). Simplemente impresionante.

12 de diciembre de 2011

Londres para fotógrafos aficionados

La semana pasada hemos estado en Londres. Era mi primera visita a la capital británica y he vuelto encantado. Es posible que muchos de vosotros también queráis visitarla, así que me he decidido a dedicar una serie de artículos temáticos con información mezclada con mi opinión personal sobre diversos aspectos de la capital, tales como transporte, lugares que visitar, cómo comer ultrabarato, curiosidades, etc. No se trata de sentar cátedra ni de dar consejos, sino tan solo de expresar lo que es estrictamente una opinión personal.

Antes de ir procuré documentarme bien acerca de informaciones prácticas para el día a día en la ciudad del Támesis y conseguir aprovechar el tiempo al máximo. La realidad que uno se encuentra siempre es algo diferente a lo que se espera, pero esa también es parte de la emoción de viajar. Este primer artículo quería dedicarlo a aquellos que visiten Londres con una cámara de fotos dispuestos a retratar cada rincón, especialmente aquellos aficionados como yo que tengan una réflex.

La luz

Lo que sorprende de viajar a Londres en diciembre son las pocas horas de luz y lo peculiar de ésta. Para un fotógrafo esto es un arma de doble filo. Por un lado se trata de una luz prácticamente de atardecer permanente que baña todo de una luz lateral un poco anaranjada que alarga enormemente todas las sombras, produciendo zonas de penumbra intensa. Si sabemos jugar con ella puede dar resultados espectaculares. El riesgo, como siempre, es dar con un día nublado. Por suerte nosotros no tuvimos más que uno. En cualquier caso, también se le puede sacar partido si sabemos manejar bien nuestra cámara.

Cuando llega la noche se abre un nuevo filón. A pesar de que Londres no es una ciudad excesivamente iluminada y muchos de sus monumentos no tienen luz, podemos conseguir grandes fotos si nos acercamos hasta el Támesis y tomamos imágenes de larga exposición apoyándonos, por ejemplo, en la barandilla de un puente (que suelen ser muy anchas). Se pueden conseguir muy buenos resultados.

¿Desde dónde y qué fotografiar?

Londres es, sin duda, una de las ciudades más fotogénicas de las que he estado (si no la que más). Todo es cuestión de gustos, eso está claro, pero si queréis sacar estampas inolvidables daos una vuelta por Hyde Park, por el entorno del Big Ben (mi encuadre favorito es desde la parte de abajo de las escaleras que conducen al embarcadero y desde el puente de Westminster), desde el London Eye (la noria), The Mall (entre el palacio de Buckingham y Trafalgar Square) o fotografiar Whitehall con el Big Ben al fondo desde lo alto de los escalones que conducen a la National Gallery. Para obtener buenas panorámicas de Canary Wharf y la City acercaos hasta el monte del Observatorio de Greenwich. Hay un mirador con algunas de las mejores vistas de la ciudad.

Otro de los aspectos interesantes de Londres es el poder hacer fotografías en los museos (excepto en los de pintura). Tanto el British Museum como los Museos de Historia Natural y de Ciencia lo permiten. Os recomiendo el uso del macro o a intentar composiciones arriesgadas con detalles de las grandes obras de las principales civilizaciones de la humanidad, de las curiosidades del mundo animal o científico o simplemente observar la reacción de los visitantes. Yo os aseguro que me pasaría días fotografiando en ellos. Son una fuente inagotable de buenas fotos.

En todas las calles del centro hay detalles que normalmente pasan desapercibidos y que pueden ser motivo de una buena fotografía. Tal es el caso de placas en las fachadas o en el pavimento, nombres de calles, a la puerta de las casas, en los callejones o en los legendarios autobuses de dos pisos. Mirad bien a todas partes, sobre todo si pasáis por los barrios más antiguos como Covent Garden o la City. Os llevaréis muchas sorpresas y veréis cosas que la mayoría no ve.

Conclusión

Ah, lo último. Si tenéis un gran angular potente no os lo dejéis en casa como me pasó a mí. En zonas como la City se hace casi imprescindible para fotografiar determinados monumentos por que están encajonados entre bloques de oficinas gigantescas (es el caso, por ejemplo, del Monument). Espero que esta miniguía os haya servido de ayuda a la hora de planificar vuestras excursiones fotográficas londinenses.

30 de noviembre de 2011

‘Por Tierras de Zamora’, el documental pionero de Heptener

De vez en cuando buceando por internet uno se encuentra pequeñas joyas como esta. Se trata de un documental filmado por Fernando López Heptener en 1933 llamado ‘Por Tierras de Zamora’ y que ha sido colgado en YouTube para disfrute de todos. Tal y como se dice en la entrada que se le dedica en la Wikipedia, el film de unos diez minutos de duración, fue estrenado en el cine Capitol de Madrid y está considerado en muchos aspectos, como un pionero. Lo es, por ejemplo, el uso del sonido, siendo uno de las primeras filmaciones con sonido de la historia del cine español. Recordemos que apenas un lustro antes se estrenó la primera película sonora.

El documento está dividido en varias partes, las dos primeras sobre la capital zamorana, su historia y su semana santa, y la última sobre algunos aspectos de la provincia. Espero que disfrutéis viéndolo tanto como yo. La copia que puede verse no es de muy buena calidad y parece extraída de una grabación en VHS. De todos modos gracias al usuario cannislupro por colgarlo.

28 de noviembre de 2011

‘The Loneliness of the Long Distance Runner’

He de reconocer que siempre he dejado un poco de lado la vertiente británica de lo que se llamó «nouvelle vague», la renovación del lenguaje y la temática cinematográficos que explotó en la Francia de finales de los años cincuenta. Este movimiento en el Reino Unido se conoció como «free cinema» y el realizador Tony Richardson es probablemente su mayor exponente. Hace unos años comenté aquí su magnífica película ‘A Taste of Honey’ (1961), una obra de argumento sórdido e inédito para la época pero manejada con extraordinaria delicadeza y sensibilidad. Richardson realizó al año siguiente ‘The Loneliness of the Long Distance Runner’ (en castellano se tradujo como ‘La Soledad del Corredor de Fondo’). Posiblemente este sea su título más conocido y emblemático de todo el movimiento. Igual que en su predecesora, encontramos un retrato condescendiente pero duro de las clases trabajadoras más desfavorecidas de la Inglaterra industrial de la época.

Colin es un muchacho que malvive en un barracón familiar del extrarradio de una ciudad industrial inglesa. Su único entretenimiento son el gamberrismo y los pequeños hurtos. Cuando es detenido es enviado a un reformatorio junto a otros chicos de su edad. El deporte, y concretamente el atletismo será su vía de escape, pero también de protesta y de reflexión sobre su vida y su futuro.

Es evidente que, tras el argumento obvio y visible por todos, Richardson nos ofrece una metáfora sobre las injusticias sociales, la lucha de clases, la superación y, sobre todo, el cuestionamiento del poder establecido. Memorable la escena en la que los chicos miran la televisión y se burlan del discurso del Primer Ministro. Es el reflejo claro de la fractura entre la realidad de la calle y la de las élites.

El sólido guión de Alan Sillitoe está basado en un relato corto suyo y crea el perfecto armazón en el que se intercalarán sabiamente las secuencias del presente de Colin en el reformatorio con los flashbacks de su vida callejera. El trabajo de los actores es prácticamente perfecto, con un Tom Courtenay impactante en el papel de Colin y un Michael Redgrave en el del falsamente paternalista director del reformatorio. Pero como dije antes, el «free cinema» además de abrir el abanico de las temáticas, también lo abre a nivel estético. El primitivo lenguaje televisivo se cuela en ‘The Loneliness of the Long Distance Runner’ en forma de anuncios publicitarios o cortinillas. También sorprende el uso de la cámara en mano y la cámara rápida. En cualquier caso, y aunque algunos de estos recursos quizás esté de más, no deja de ser una obra imprescindible de la historia del cine.

23 de noviembre de 2011

‘8 Horas en Asturias’

Lo malo de querer fotografías y vídeo durante un viaje es que al final uno de los dos sale perdiendo en calidad o en cantidad de material donde elegir. Esto último es lo que ha ocurrido al grabar el vídeo de ‘8 Horas en Asturias’. De hecho me ha costado mucho elegir un título que defina correctamente las secuencias que incluyo en él. La razón es que los clips de vídeo con que me encontré al descargarlas de la cámara eran insuficientes para montar un vídeo de cada lugar. Decidí que sería una buena idea agruparlas bajo la denominación de «destinos asturianos», teniendo en cuenta también lo fugaz del paso por la comunidad asturiana.

Estas disquisiciones que probablemente no interesen a nadie sirven para presentaros este nuevo clip de unos dos minutos de duración donde se condensan esas aproximadamente ocho horas. Los destinos que aparecen son Oviedo, los templos prerrománicos de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo –a las afueras de la capital asturiana–, Cudillero, el pintoresco pueblo pesquero ya cerca de Galicia, y la famosa Playa del Silencio, con sus impresionantes vistas. Espero que os guste.

22 de noviembre de 2011

El pionero de la telegrafía eléctrica

En nuestra historia hay muchos personajes olvidados que merece la pena recuperar. Algunos de ellos son sorprendentes por la magnitud de su obra o de su capacidad de anticiparse al futuro. Para hablar de Francesc Salvà i Campillo tenemos que remontarnos hasta el siglo XVIII y XIX, a la época que se ha denominado como la Ilustración Catalana. Aunque este barcelonés fue médico de profesión, su interés por otros campos de la ciencia le llevó a experimentar con la electricidad, la aerostática, el periodismo, la ingeniería industrial o la meteorología. No en vano fue uno de los primeros meteorólogos españoles en realizar previsiones y recoger series temporales de temperaturas y pluviometría.

Pero quizás el campo por el que pasó a la historia es por establecer los rudimentos de la telegrafía eléctrica a finales del siglo XVIII, casi medio siglo antes que su inventor «oficial» Samuel Morse. A finales de 1795, Salvà publicaba en Barcelona su ensayo ‘La Electricidad Aplicada a la Telegrafía’. El estudio incluía información detallada sobre los fundamentos físicos y técnicos de la transmisión de pulsos eléctricos a través de un hilo conductor, así como sobre la construcción de los aparatos emisores y receptores. Realizó su primera prueba en público al año siguiente, en 1796, en la corte de Carlos IV y planificó la conexión telegráfica entre Alicante y las Islas Baleares, proyecto que nunca se llevó a cabo. Si se hubiera realizado sería el primer país del mundo en tener una línea de comunicaciones eléctrica. Pero como suele ocurrir, la desidia y la ignorancia de los que regían los destinos de España en aquellos tiempos olvidó tanto el proyecto como a su artífice. Para darnos cuenta de la magnitud de su influencia en posteriores inventores, Marconi reconoció a Salvà en 1901 como una de sus inspiraciones.

Hoy día puede resultar muy sencillo hablar de cables, de hilos conductores y demás, pero hemos de pensar con la mentalidad de finales del siglo XVIII. De hecho, en su ensayo, denomina los cables como «cuerdas» de metal conductor de la electricidad unidas entre sí mediante «papel impregnado en resina». Se trata de la primera descripción de un cable que existe. En el Deutsches Museum de Múnich existe un pequeño recordatorio a Salvà i Campillo y a su cable. Así lo resumió en 1876 el telegrafista Suárez Saavedra:

En 1747 los ingleses Watson, Bevis y otros, demostraron que la descarga de la botella de Leyden se hacía en un instante al través de alambres de más de doce millas inglesas[…] Si desde esta ciudad a la de Mataró —continúa Salvà— corriese un alambre, y otro desde Mataró a Barcelona, y hubiese allá un hombre que con sus manos agarrase los cabos de los alambres, con una botella de Leyden podría dársele conmoción y avisarle así sobre un asunto convenido […] Con 22 letras y aun con 18, pueden formarse todas las palabras que se requieren para ello, y así, con 44 alambres desde Mataró á Barcelona, habiendo en el primer punto 22 hombres que tuviese cada uno dos extremos o cabos, y en Barcelona 22 botellas de Leyden cargadas, podría hablarse con aquella ciudad, bastando que cada hombre representase una letra y avisase al sentir la conmoción: supongamos la reciban los que presentan las letras P, E, D, R, O; se habrá transmitido la palabra «Pedro». Esto cabe dentro de la posibilidad, pero veamos si puede simplificarse, dice Salvà. […]

Parecerá poco menos que imposible el tender tantos alambres para hacer hablar a la electricidad, pues aún en apoyos muy altos o travesaños los muchachos los desbaratarían; pero no es necesario que los alambres vayan separados, puesto que pueden montarse juntos formando una cuerda fuerte, resistente, que podría colocarse bien alta, sin que la electricidad que vaya por un hilo se pase a los otros. En las primeras pruebas —añade Salvà— que hice con un pequeño telégrafo medio armado, vestí los alambres con papel, después los arrollé, y siempre dirigí la electricidad por los que quise; siendo mejor aún el papel barnizado con pez o con materia idioeléctrica. Además de que, dando estos resultados prácticos, la cuerda de alambre podría colocarse en caños subterráneos, revistiéndola para mayor precaución con una o dos capas de alguna resina propia para aislar.

Aquellos que quieran ampliar la información, existe una biografía [PDF] que puede descargarse gratuitamente desde la web de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, organismo dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación.



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