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La bitácora personal de Ricardo Martín
Comentando cosas desde 2004
21 de junio de 2010

Máquinas del Tiempo No Identificadas

Los asiduos de este blog ya sabrán de mi interés por el fenómeno OVNI y por intentar buscar por todos los medios una explicación racional a aquellos casos que van sucediéndose. Por eso no tengo una teoría alternativa a la racional (vamos, prototipos militares o fenómenos meteorológicos). Me es muy poco verosímil pensar en otra opción. La hipótesis extraterrestre, tan extendida que prácticamente OVNI y extraterrestre se consideran sinónimos, creo que hace aguas por todas partes. ¿Por qué nunca dan la cara y se muestran en público? ¿Por qué la casuística es tan diferente de un caso a otro? ¿Y sobre el aspecto de los propios aliens, por qué hay tantas supuestas «razas»? Y por último, por qué ese interés hasta el punto de que miles de ellos acuden a nuestro planeta? Nadie me podrá dar respuestas convincentes a estas preguntas.

La otra opción es la folklorista, promovida por gente como Jacques Valée o John Keel. Considera que los visitantes no provienen de fuera, sino que son seres apegados de algún modo al terreno, a nuestra historia como seres humanos y, quizás a dimensiones paralelas. Nada de esto me convence… De hecho ninguna teoría, ni siquiera la que os voy a contar, me convence. Demasiado «fantasiosa». Ya conocéis el principio filosófico de la navaja de Occam, que dice que la solución más sencilla suele ser siempre la acertada. Pero, puestos ya a imaginar, en cierto modo es una hipótesis coherente y sólida.

Me estoy refiriendo a considerar a los tripulantes de los OVNIs como viajeros del tiempo. En una explicación interesante y muy poco divulgada –tan poco que no he encontrado apenas información por mucho que he buscado–, a la vez que tan inverosímil como las demás, pero cuenta con un parámetro que juega a favor del fenómeno: el tiempo. Hoy día sabemos que los viajes en el tiempo son imposibles. La física no lo permite. La ciencia dice que tampoco en el futuro será posible. Pero, ¿y si descubriéramos otras reglas físicas basadas en cuestiones ni siquiera imaginadas?

Entre otras cosas, explicaría la variedad de formas de las «naves» y sus tripulantes, que corresponderían a diferentes estadíos en nuestra propia evolución futura, pasando de los seres más parecidos a nosotros hasta los llamados «greys», esos bichos de piel gris, cabezones y bajitos. También explicaría lo escurridizo de sus visitas, intentando no interferir, o hacerlo lo menos posible, en nuestra vida. También resulta curioso que las oleadas más importantes ocurren siempre en años clave. En nuestra historia, el fenómeno se multiplicó en los años de la transición, entre 1973 y 1979. A nivel internacional recordemos la oleada de 1989 por los países del este (ahí tenemos a Voronezh)…

En fin, solamente estoy divagando, pensando a la vez que escribo. Así que tampoco me hagáis mucho caso, pero tenía ganas de tratar esta hipótesis no muy conocida.

19 de junio de 2010

San Lesmes: La carabela perdida

La mayoría tendemos a pensar que las expediciones de los conquistadores y exploradores españoles del siglo XVI sólo se dirigieron hacia el Nuevo Mundo, hacia América. Conocemos una excepción: La expedición que dio la primera vuelta al mundo, comenzada por el portugués Fernando de Magallanes y finalizada por el vasco Juan Sebastián Elcano (marino que precisamente murió en la expedición que nos ocupa). Pero no fue la única incursión de los españoles por tierras y mares inhóspitos y alejados del Océano Atlántico. Os voy a contar la desconocida historia de la carabela San Lesmes.

Esta nave formaba parte de una expedición bastante ambiciosa compuesta por 450 marinos y 7 carabelas que zarparon del puerto de Coruña el 24 de julio de 1525 y que estaba liderada por García Jofre de Loaísa. Su misión era llegar hasta las islas Molucas (hoy parte del archipiélago Indonesio) para tomar posesión de ellas y así hacerse con el poder del lucrativo comercio de especias. Los barcos atravesaron el Atlántico, navegaron por las costas de Sudamérica, cruzaron el Estrecho de Magallanes y el Océano Pacífico. Tras sufrir centenares de bajas humanas llegaron a su objetivo. No voy a entrar en detalles sobre la expedición, pero sólo comentaré que sólo llegaron al puerto de Lisboa 24 tripulantes a bordo de la única nao que sobrevivió. ¡Era 1536!. Os recomiendo que leáis la increíble entrada de la Wikipedia sobre este tema.

Pero vamos a lo nuestro. ¿Por qué la desaparición de la carabela de San Lesmes es diferente a la de las otras cinco compañeras que naufragaron en la expedición? ¿Por qué es la única de ellas que tiene entrada propia en la Wikipedia? Sencillamente porque desapareció sin dejar rastro. Aún hoy los historiadores e investigadores de estos temas no se ponen de acuerdo sobre hasta dónde pudo llegar la San Lesmes o si consiguió arribar a tierra firme en lo que hoy es Australia o Nueva Zelanda, muy lejos de la ruta original.

El principal investigador que recuperó esta historia fue el australiano Roberto Langdon (no, no es ese). Catedrático de Historia de la Navegación en el Océano Pacífico de la Universidad de Canberra, Langdon averiguó que autoridades locales habían realizado varios descubrimientos de cañones supuestamente españoles y del siglo XVI en el arrecife de Amanu –pleno Océano Pacífico– en 1929 y 1969. Según su teoría serían de la San Lesmes y fueron arrojados intencionadamente para aliviar peso en la nave tras encallar en este atolón. Continuaría su accidentado viaje hasta otro islote, Anaa y posteriormente a Raiatea (en lo que hoy es la Polinesia Francesa). De aquí, y tras varias reparaciones, partirían hasta las costas de Nueva Zelanda, donde ya se establecerían definitivamente.

La teoría de Langdon es muy discutida entre los estudiosos. Lo más controvertido (y también lo más fascinante) es que buena parte de su tesis se sustenta sobre estudios genéticos, de costumbres y de tradición oral. Según él, existen pruebas en todos estos atolones perdidos en medio del Pacífico de que por allí pasaron los españoles, dejando sus genes y sus costumbres. Plasmó sus investigaciones en dos libros, ‘The Lost Caravel’ (1975) y ‘The Lost Caravel Re-explored’ (1988). La Wikipedia a este respecto dice:

Langdon afirma que los náufragos y sus descendientes ocuparon una posición preeminente en las islas donde se establecieron. La influencia genética explicaría por qué los primeros exploradores europeos (Pedro Fernández de Quirós 80 años después, y James Cook 240 años más tarde) encontraron mezclados con los indígenas unos individuos de piel clara, ojos claros y pelirrojos o rubios. La influencia espiritual se notaría a partir de la religión que surgió en Raiatea alrededor del dios Oro. Explicaría las similitudes de la creación del mundo con el Génesis y la existencia del concepto de la Santísima Trinidad. Otra influencia sería la construcción de la piragua doble con vela latina y la construcción de unas barcas con casco. La influencia cultural explicaría por qué, en algunas islas, se saludaban levantando las manos o por qué en el siglo XVI comienzan a aparecer en Nueva Zelanda unas construcciones similares a los hórreos, los graneros gallegos.

18 de junio de 2010

Bloomsday

MAJESTUOSO, el orondo Buck Mulligan llegó por el hueco de la escalera, portando un cuenco lleno de espuma sobre el que un espejo y una navaja de afeitar se cruzaban. Un batín amarillo, desatado, se ondulaba delicadamente a su espalda en el aire apacible de la mañana.

Así comienza el ‘Ulises’ de James Joyce, una de las novelas más destacadas, para bien y para mal, más polémicas y, sin lugar a dudas, capitales para entender la historia de la literatura en lengua inglesa. También es uno de los libros que eternamente intento empezar. Siempre he leído que se trata de una obra farragosa, difícil y sin un orden aparente. Vamos, un libro de esos complicados. Para colmo no es una novela precisamente corta. Consta de entre 800 y 1000 páginas dependiendo de la edición. Y todo ello para contar un día –el 16 de junio de 1904– en las vidas de Leopold Bloom –de ahí lo de Bloomsday— y de Stephen Dedalus.

En contra de lo que pudiéramos pensar, ‘Ulises’ tiene muchísimos aficionados, gente que lee y relee una y otra vez su obra favorita, discute sobre sus diferentes pasajes o se reune en los lugares de Dublín que aparecen en ella. Es esa gente la que celebra cada 16 de junio el Bloomsday, coincidiendo con la fecha en la que transcurre toda la historia. Este evento se lleva realizando desde 1954, año en el que se celebró el cincuenta aniversario. Desde entonces, y siempre con ese espíritu anárquico, irreverente e irónico de la novela, los fanáticos de Joyce se lanzan a las calles de la capital irlandesa a emular a los protagonistas del ‘Ulises’.

Para que lo entendáis mejor, aquí os dejo un reportaje del programa de Televisión Española ‘Página 2’ sobre el Bloomsday:

15 de junio de 2010

La moda de los flashmobs

¿Quién no ha visto en YouTube o en cualquier otro portal de vídeos esas coreografías de baile multitudinario de gente normal, que a veces roza lo estrafalario? ¿Y esas batallas de almohadas así sin ningún motivo ni organizador aparente? La Wikipedia define flashmob como:

Una acción organizada en la que un gran grupo de personas se reúne de repente en un lugar público, realiza algo inusual y luego se dispersa rápidamente. Suelen convocarse a través de los medios telemáticos (móviles e Internet) y en la mayor parte de los casos, no tienen ningún fin más que el entretenimiento, pero pueden convocarse también con fines políticos o reinvidicativos.

Un pariente primitivo de estos eventos convocados pueden ser las convocatorias por SMS. Ya las vimos en las tristes jornadas posteriores al 11-M en 2004 y que David de Ugarte analizó con tanto acierto en algunos reportajes de televisión y en su libro ‘El Poder de las Redes’. Pero, por lo que he podido leer, sus orígenes hay que buscarlos un par de años antes, cuando el estudioso de las nuevas tecnologías de la comunicación y de su influencia en las costumbres sociales Howard Rheingold escribió ‘Smart Mobs: The Next Social Revolution’. Aunque lo cierto es que más allá del fenómeno de los smart mobs (multitudes inteligentes), las convocatorias espontáneas por medios de comunicación de nueva generación tuvieron desde un primer momento un fin puramente lúdico.

El origen de estas convocatorias hay que buscarlas en la ciudad de Nueva York en junio del año 2003. Fue allí donde se desarrollaron estas iniciativas que nadie entendía ni de dónde provenían ni sus fines. Con gran rapidez se extendieron por todas las grandes ciudades del mundo. Aquí en España fue en Barcelona donde tuvo lugar el primer flashmob. Ocurrió en octubre de 2003. La cosa evolucionó también muy rápido y hoy día la mayor parte de estas convocatorias espontáneas tienen fines musicales. Mucha gente ha descubierto el fenómeno a partir de esas coreografías multitudinarias que pueden verse por YouTube y que incluso, para mí con gran acierto, ha formado parte de la última edición del Festival de Eurovision, dándole un toque más participativo a un acontecimiento inicialmente pensado sólo para ser visto.

Es el signo de los tiempos. Eventos de masas convocados a través de medios tecnológicos solo por el puro placer, por la pura diversión, o quizás por el afán de protagonismo en los medios. Esto no significa que no sea un fenómeno social curioso y digno de un estudio en profundidad.

14 de junio de 2010

¿Es exportable el modelo económico noruego?

Ya sé que con este titular algunos pensarán que bastante tenemos con solucionar lo nuestro. De acuerdo. Pero el otro día leí un reportaje en El País sobre la economía noruega. Como sabréis, el país nórdico es el estado con el IDH más alto del mundo. Un país cuya economía está muy diversificada y donde el sector público tiene un peso claramente determinante y se encuentra presente en todos los aspectos de la vida de los noruegos y de sus empresas. Puede parecer contradictorio que, mientras el país tiene una de las reservas de gas y petróleo más cuantiosas de Europa, también sea puntero en nuevas formas de producción de energía (especialmente la eólica y la hidráulica) y produzcan toda su energía a través de estos métodos. Ya lo vimos con el caso de la central de energía osmótica, promovida por la empresa estatal de electricidad Statkraft.

Socialmente, Noruega es un país incontestable. Cuenta con todas las ayudas por parte del Estado imaginables y algunas inimaginables. Por ejemplo, a los estudiantes universitarios se les asigna una paga de unos 600 euros mensuales durante el tiempo que dure su carrera. Esa cifra aumenta si tiene que desplazarse a otro lugar del país. La inmensa mayoría de los servicios son públicos (incluso las tiendas que venden alcohol de alta graduación o Vinmonopolet son propiedad del Estado). Y por cierto, las empresas también tienen sus obligaciones para con sus empleados, como reservar el puesto de trabajo durante el tiempo necesario (a veces incluso años) a la madre que acaba de tener un hijo. Es evidente que el dinero para pagar todo eso no sale de la nada. Los noruegos tienen una presión fiscal que va del 20% para las rentas más bajas, al 50% para las más altas. Pero, y esto es una de las claves, se confía en el sistema. Tanto el Estado en los ciudadanos como viceversa.

A pesar de los muchos cambios de los diferentes gobiernos, tanto la mayoría de izquierdas (Partido Laborista e Izquierda Socialista) que ha gobernado el país la mayor parte de estos años (de hecho lo hace ahora mismo) como de derechas (Partido Conservador) han mantenido intactas todas estas políticas indiscutiblemente progresistas y sociales. Apenas ha habido cambios desde el fin de la segunda guerra mundial.

Pero, ¿Es exportable este modelo tan idílico? Evidentemente tal cual no. En el caso de España tenemos muchas cosas que los noruegos envidiarían. Más de las que nos imaginamos. La calidad de vida, nuestro particular –y desgraciadamente cada vez más precario– estado del bienestar (especialmente la sanidad), ha sido la envidia de algún que otro país. Pero también es cierto que nuestro carácter, nuestra idiosincrasia y nuestra forma de ver la vida poco o nada tiene que ver con las de aquellas latitudes. Asuntos como la corrupción, la economía sumergida, la picaresca que trata por todos los medios de engañar al Estado (porque creemos en base a falsas percepciones que éste nos engaña a nosotros), la poca cultura empresarial y, en general, la falta de criterio en muchos temas, hacen que sea muy complicado tomar iniciativas al estilo nórdico.

El Gobierno del PSOE ha intentado a lo largo de estos seis años aprobar leyes que nos acerquen a los logros sociales no ya nórdicos, sino del otro lado de los Pirineos. Los resultados han sido dispares. Leyes que fomenten la igualdad entre hombres y mujeres, matrimonio homosexual, reforma de la ley del aborto, la ley de dependencia o la de libertad religiosa son solo algunos ejemplos que han tenido sonada contestación en los sectores conservadores, muchos de ellos lastrados por un catolicismo que tiene mucha culpa de nuestro retraso social. Al hilo de esto, Noruega es uno de los países con menos apego a la religión del mundo, situándose en el cuarto lugar por detrás de Suecia, Vietnam y Dinamarca (apenas un 10% asiste regularmente a oficios religiosos) y las celebraciones de esta índole son eminentemente privadas.

Es posible que dentro de treinta, cuarenta o cincuenta años estemos preparados para adoptar medidas que realmente vayan en beneficio de la libertad de todos, del bienestar de ciudadanos y trabajadores y donde el sentido de comunidad y de solidaridad hagan de este un país algo mejor. ¿Una Utopía digna de Tomás Moro? Quizás, pero sin duda es la dirección que tenemos que seguir. Al menos mis ideales van por ahí.

12 de junio de 2010

El Principado de Seborga

Como aficionado a los países imaginarios, micronaciones y demás hierbas, siempre he seguido las andanzas de esos territorios, bien físicos o bien ideales, que proliferan en internet. Hay una categoría dentro de este submundo que me parece especialmente curioso. Se trata de las micronaciones o microestados. Se trata de países con territorio real ubicado en un determinado lugar del planeta que han proclamado su independencia de facto aunque sin el reconocimiento de la comunidad internacional y, probablemente, de algunos de sus conciudadanos.

El caso del Principado de Seborga es uno de los más particulares, ya que cuenta con una larguísima historia que avala sus pretensiones de independencia. Seborga es un pueblecito italiano situado en la región de Liguria, en la costa mediterránea, muy cerca de la frontera francesa y de otro principado (exitoso en este caso) como es el de Mónaco. Tiene una población de algo más de 300 habitantes y un territorio cercano a los cuatro kilómetros cuadrados. Los antecedentes de Seborga no son muy diferentes de otros microestados como San Marino, el micropaís independiente en el interior de la península italiana.

La historia dice que las primeras referencias a Seborga datan del 954, fecha de su fundación, tras ceder el terreno hasta entonces pertenenciente al condado de Ventimiglia, a unos monjes que allí fundaron un monasterio. El abad convirtió el lugar en principado independiente (estado feudal) en 1079. El estado continua hasta 1729, cuando el principado es vendido al Reino de Piamonte-Cerdeña. Los actuales responsables de Seborga aducen que no existe ningún documento que avale esta transacción, con lo que no puede asegurarse que se realizó la venta. La situación es, acorde con el derecho internacional, curiosa y puede calificarse casi de vacío legal. Tampoco en el acta de unificación del Reino de Italia en 1861 se hace mención al Principado de Seborga.

La reivindicación moderna de la soberanía de este territorio data de los años 60, cuando Giorgio Carbone, un empresario local, tras investigar la historia de Seborga decide proclamar unilateralmente la independencia del principado. En 1963 se proclama el Principado de Seborga y sube al «trono» como Giorgio I, quien estuvo gobernando hasta su muerte en 2009. Le sucedió un regente, Alberto Romano, hasta que Marcello I fue coronado el 25 de abril de este mismo año. En contra de lo que pudiera parecer, los seborgianos se han tomado muy en serio su estatus. La prueba fue el referendo popular que tuvo lugar en 1995. 305 de sus habitantes votaron a favor de la independencia de Italia y sólo 4 en contra. Tienen sus propias matrículas en los vehículos (aparte de la italiana oficial, claro), su propia moneda, el luigino (aunque el euro es el de curso legal), sus sellos y su cadena de televisión. Pero esto no es obstáculo para que Seborga cumpla con las leyes italianas igual que cualquier otro municipio. Tiene la misma organización local que otros lugares y, más allá de sus peculiaridades, pagan los mismos impuestos y participan en las elecciones regionales y nacionales.

La presencia del Principado de Seborga en internet es bastante extensa e interesante. Aparte de las entradas en la Wikipedia (recomendable la entrada en inglés, mucho más completa que en castellano), el principado cuenta con varias webs. La del «Ministerio de Asuntos Exteriores» tiene bastante información. Seborga Times es un blog con algunas de las noticias más importantes que suceden en el lugar y también otra web del departamento de turismo de la localidad.

Para terminar, un pequeño reportaje sobre Seborga realizado en 2007, antes de la muerte del príncipe Giorgio I:


First Prince of SeborgaThe funniest bloopers are right here

7 de mayo de 2010

La Opinión de Zamora lleva a los OVNIs a sus páginas

Ya sé que en las últimas semanas estoy dedicando demasiadas entradas al tema de los OVNIs y similares. No quisiera tampoco que este blog se convirtiera en Milenio 3, pero de vez en cuando surgen noticias que no puedo evitar comentar. Y si esta información proviene de Zamora, una cosa bastante extraña por otra parte, escribir sobre ello es obligatorio. El caso es que el otro día me comentan que en el periódico local La Opinión de Zamora había una noticia que se salía de lo normal. Su titular era «Están aquí» y en él se informa sobre el avistamiento OVNI que un joven de Morales de Toro –Fernando Domínguez– pudo contemplar y grabar con su teléfono móvil.

El tratamiento que el rotativo hace del hecho no es quizás el más adecuado. Además del título «Están aquí», algo (mucho) amarillista, lo vemos claramente en el subtítulo de la noticia «Un joven de Morales de Toro graba con su móvil un probable ovni conocido entre los expertos como «cigarro», y cuyo avistamiento es muy habitual». ¿Un probable OVNI? ¿Expertos? ¿Avistamiento habitual?. El solo hecho de que un periódico se haga eco de algo así ya es sospechoso… No digo que el pobre muchacho no haya visto y grabado lo que dice, pero ¿Tiene tanta relevancia?

Viendo el vídeo mi conclusión es clara y rotunda: se trata del reflejo del sol en una estela dejada por uno de los numerosos aviones que cruzan por los cielos de la zona. Esta zona de la provincia de Zamora es uno de los puntos más transitados por las rutas aéreas nacionales e internacionales. Sin ir más lejos cerca de Coreses, a unos treinta kilómetros de Morales, existe un pequeño centro de control aéreo. Os recomiendo que veáis vosotros mismos el vídeo incluido en el artículo de prensa en la web de La Opinión… (Gracias a Alberto de Ultimatum a la Tierra por la información)



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