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La bitácora personal de Ricardo Martín
Comentando cosas desde 2004
28 de mayo de 2009

Coches que hablan (o hablaban)

No me preguntéis cómo demonios llegué hace unas semanas a un artículo en el que un tipo desmontaba el sistema de avisos por voz (Voice Warning Box) de un coche viejo. Concretamente era un Datsun 810 de 1982, comercializado también fuera de Estados Unidos y de Japón con el nombre de Nissan Maxima. Vamos, electrónica «vintage» sobre ruedas.

Y tan «vintage» como que el susodicho sistema estaba compuesto por un pequeño gramófono y (atención indie kids) un disco de vinilo de color blanco de 3 pulgadas con seis pistas paralelas, una para cada aviso: «La puerta derecha está abierta», «La puerta izquierda está abierta», «El freno de mano está puesto», «El nivel de combustible es bajo», «La llave está en el contacto» y «Las luces están encendidas». Todo el sistema estaba metido en una caja. Curioso.

Esto me ha recordado aquel Renault 25, que también tenía avisos por voz, aunque si no me equivoco, el sistema que utilizaba era muy distinto. Eran dieciséis mensajes, mucho más concretos y útiles que los del Datsun/Nissan. Y, aunque por mucho que he buscado, no he encontrado información demasiado detallada sobre la circuitería que llevaba, aunque imagino que no era un disco de vinilo. Recuerdo que de pequeño me llamaba mucho la atención eso de que un coche hablara como si fuera KITT, el coche fantástico, aunque claro, mucho más limitado…

23 de mayo de 2009

Una nueva aproximación a los orígenes de la fotografía digital

No es la primera vez que echo la vista atrás para comentar los orígenes de algún invento tecnológico que ahora es de lo más habitual. La fotografía digital es sin duda una de ellas, y una de las más populares. Ya dediqué hace tiempo un artículo a los orígenes de esta tecnología, pero ahora me ha parecido una buena idea recuperar el tema y combinarlo con recortes de prensa de la hemeroteca histórica de La Vanguardia.

Hace casi diez años, el 6 de octubre de 1999, La Vanguardia dedicada un pequeño reportaje a un nuevo mercado que se abría por entonces con posibilidades de tener mucho éxito. Sonimag Foto ’99 fue el punto de inflexión para la popularización en España y Europa de las primeras cámaras fotográficas digitales. A partir de aquel momento, el aumento de las prestaciones y los precios cada vez menores fue imparable hasta llegar al día de hoy, donde la fotografía analógica es prácticamente historia. En ese artículo, «Fotografía digital, la nueva revolución» se dicen cosas como éstas:

Los obsoletos medios utilizados en las últimas décadas pueden quedar arrinconados para el consumo especializado o de coleccionistas. Al menos esta es una de las conclusiones a la que llegan los usuarios, después de ver como marcas tan conocidas como Agfa, Fuji, Canon y Kodak están introduciendo revolucionarias cámaras digitales, que han conmovido el mundo de la fotografía. Estos cambios en los mercados han hecho que los profesionales adquieran este tipo de cámaras de una forma vertiginosa, de manera que en unos años sóo utilicen cámaras digitales.

Visto hoy, las características de aquellas primeras camaras que tuvieron éxito en España son ridículas: 1,3 megapíxeles (en el mejor de los casos), visores LCD de 1,8 pulgadas y velocidades de un disparo por segundo.

Pero vayamos mucho más atrás, donde encontraremos artículos muchos más interesantes. El 15 de diciembre de 1981 se publica un reportaje titulado «La fotografía electrónica, camino de imponerse» y con el subtítulo «Tiene ventajas de rapidez, versatilidad, economía y manejo, pese a la inferior definición de imagen». En realidad, leyendo el texto, lo que encontramos es una crónica de la lucha encarnizada entre los formatos de vídeo que comenzaban ya a comercializarse y las primeras videocámaras que prometían arrinconar al super 8 y sobre fotografía digital como tal, más bien poco. Esto tiene una explicación. En los inicios, la fotografía digital era concebida como «fotografía de vídeo» o «instantáneas de vídeo». Tanto la foto como el vídeo compartían formatos. La razón es clara. La electrónica aún no estaba lo suficientemente avanzada como para que pudiera almacenarse una imagen tal y como ahora la conocemos sin recurrir a la tecnología del vídeo, que por entonces comenzaba a popularizarse:

Además de proporcionar series de 50 fotografías en un pequeño disco magnético, que pesa ocho gramos, la «Mavica» puede usarse como una cámara manejable de magnetoscopio en color, si se conecta a una grabadora de vídeo portátil o de otra clase. Cámara que no es mayor que una réflex convencional de una sola lente cambiable. Las imágenes fijas que obtiene pueden verse inmediatamente en el televisor doméstico a través de un aparato de reproducción y se espera que puedan obtenerse copias en papel mediante una positivadora que Sony está desarrollando. […] Por otra parte, las señales de imagen pueden transmitirse a cualquier sitio a través de un hilo telefónico o ser transferidas a una cinta de vídeo para que el interesado tenga posibilidad de confeccionar sus propios álbumes en cassette.

Para terminar, un vídeo que ilustra muy bien cómo han cambiado las cosas en apenas diez años. En él podemos ver una Sony Mavica FD7 comercializada en 1997 y que hoy nos parece pura arqueología tecnológica.

22 de mayo de 2009

Las apariciones de Garabandal

Uno de los temas dentro del llamado «mundo del misterio» que más me interesan es el de las apariciones marianas. Quizás porque tienen un gran componente sociológico y donde, en contra de lo que pudiera parecer, la religión no tiene tanta importancia. En España, las apariciones en la aldea de San Sebastián de Garabandal (Cantabria) ocurridas entre 1961 y 1965, son sin duda las más importantes. Curiosamente, aquí no son demasiado conocidas. Han tenido mucho más predicamento al otro lado del Atlántico, donde algunas de las cuatro niñas videntes (Loli, Mari Cruz, Jacinta y Conchita) han montado un emporio que da grandes beneficios económicos. El otro día, en el programa de la Cadena SER Milenio 3 se trató ampliamente el tema con motivo del fallecimiento de una de las cuatro.

La historia es casi idéntica que en otros eventos de esta misma fenomenología como Lourdes (Francia) o Fátima (Portugal): Una aldea apartada del mundo en medio de la nada, paisajes montañosos y niños (bueno, casi siempre niñas) que viven en un entorno fuertemente religioso y de nivel económico y cultural bajo. Es muy revelador el hecho de que nunca una aparición mariana haya ocurrido en una gran ciudad ni a personas de alto nivel cultural o desprovisto de religiosidad. Otra de las señas de identidad que se cumple a rajatabla es de los mensajes de la Virgen, a menudo profecías apocalípticas o amenazas. Recordemos el revuelo de los tres mensajes de Fátima.

La parte más oscura de todo este asunto es la trama económica montada, curiosamente, en países anglosajones mayoritariamente protestantes. Conchita reside desde hace décadas en Nueva York y preside el Garabandal Center, una organización que gestiona tanto los derechos de imagen del evento como la venta de toda clase de artículos relacionados. En el libro ‘El Negocio de la Virgen’ de Moisés Garrido Vázquez se narran este y otros casos similares de lucro a costa de supuestas apariciones de la Virgen.

Por suerte todos estos fenómenos son cada vez menos frecuentes o se achacan a otras causas quizás más naturales. Además ¿Quién no tiene hoy día un móvil para fotografíar o grabar la aparición? Si Garabandal ocurriera hoy día, al menos alguna de las más de dos mil supuestas apariciones de la Virgen, habrían quedado registradas… Y eso que los hechos de Garabandal han sido de los más filmados de la historia. Se grabaron a las niñas en presunto trance y todo el fenómeno social que generaba a su alrededor, pero en ningún momento se rodaron apariciones. De todos modos os recomiendo que busquéis las imágenes porque tienen una gran fuerza estética y visual.

15 de mayo de 2009

La familia Vicho

Desde hace varios días, uno de los temas más comentados por Cáceres es el de la suerte de la familia Vicho. Se dice que esta humilde familia de Valencia de Alcántara (ahora mismo sus habitantes más famosos con permiso de la eurovisiva Soraya) ha ganado cientos de miles de euros en metálico y en especie (coches como un Mini, un BMW o un Porsche Cayenne) a lo largo de un año y medio en los teleconcursos de SMS (también conocidos como «timoconcursos», la plaga que está acabando con la televisión de verdad). Unos dicen que es suerte, otros que tienen un «método secreto» y otros son escépticos sobre su propia existencia. La cosa es que la curiosidad me ha podido y me he puesto a buscar información por internet. Pero como era de esperar, las noticias se repiten de unos medios a otros.

La primera referencia que he encontrado está fechada el día 9 de mayo pasado y es un artículo de El Mundo. El punto de partida desde luego no es bueno, lo que me ha hecho dudar de su veracidad dada la tendencia sensacionalista del diario. Bajo el título de «El negocio de los Vicho» se relatan con detalle todas las hazañas de la familia, incluidos los gastos de varias decenas de miles de euros mensuales en teléfono. En la noticia se mencionan un par de veces los concursos de la compañía de telefonía móvil Vodafone. Pero desde luego la información no es concluyente…

Buscando más referencias que aporten algo a mi investigación me encuentro con un artículo en la web de la Cadena SER donde sí se da voz a quienes piensan que es un truco, un montaje, haciendo alusión a las quejas que otros usuarios de estos «timoconcursos» han dejado patentes en sitios como quejasydenuncias.com. Y es que, si dejamos este caso aparte, estos concursos por SMS suelen ser bastante opacos y se echa de menos una regulación más estricta. Cuando uno intenta sacar algo en claro de toda esta maraña, lo único que consigue es confundirse aún más.

Ahora volvamos a mis pesquisas. Mi siguiente hallazgo sobre el tema es un blog creado en Blogger que lleva el título de «Revelamos el secreto de El METODO VICHO para ganar millones en sorteos por sms.». Tiene dos posts, uno donde prometen revelar su secreto y en realidad no cuentan nada que no se hubiera publicado antes y otro en el que se reproduce íntegra la entrevista del diario El Mundo. Desconozco si esta página es de verdad obra de la familia Vicho o si alguien se ha apropiado de su nombre. Sigo igual que al principio. Ninguna prueba concluyente.

Hasta la fecha, lo último que he encontrado es una entrevista en El Periódico de Extremadura bastante desmitificadora y que deshincha en parte la supuesta suerte de los Vicho:

A pesar de que así lo hacían público los dos hace unos días, ayer, el propio Manuel aseguraba que sus declaraciones «se han exagerado mucho; yo no he ganado todo eso y no tengo ninguno de los coches que dicen», manifestaba mientras permanecía en el interior de su casa receloso de atender a ningún periodista después de que en las últimas horas haya sido el hombre más reclamado por distintos medios de comunicación interesados en conversar con el extremeño.

[…] sus únicos premios han sido 50.000 euros para él y una cantidad similar que también ganó su mujer, todo en el 2008. «De los 50.000 euros cada uno hemos tenido que pagar el 46 por ciento a Hacienda», señala.

Todos estos datos me llevan a pensar que alguna compañía, ya sea telefónica o gestora de estos concursos, ha «contratado» a esta humilde familia para crear una original campaña publicitaria que posiblemente tenga algo de cierto y que después de ha magnificado mucho a través del amarillismo de algunos medios. Un negocio redondo. Por un lado algunos medios publican estas noticias que siempre interesan por lo inusual y por otra las compañías del sector fomentan el envío de mensajes «premium» (sí, los de 1,39 euros más IVA).

13 de mayo de 2009

Las palabras también mueren

Que los idiomas son entidades vivas que van mutando con el tiempo es algo evidente. Esa evidencia se hace patente cuando consultamos el diccionario de la RAE. Las palabras que lo forman también cambian. Unas se incorporan, otras modifican su significado y otras desaparecen. Esas desapariciones apenas las notamos, porque rara vez las buscamos. El otro día leí un artículo sobre las palabras en peligro de extinción. Son vocablos que, en algunos casos, hace siglos que no se utilizan y que finalmente son retiradas del diccionario de la RAE. Muchas pasan al diccionario histórico para que no se pierdan y estén accesibles para los estudiosos y los lingüistas.

En la última actualización del diccionario (la 22ª edición) publicada en 2001 se retiraron ni más ni menos que 6008 palabras. Por contra, se incorporaron 11425 nuevas entradas, así que el saldo neto es positivo (5417 palabras). Así que no hay peligro de que el idioma «adelgace» demasiado. Ejemplos de palabras eliminadas son «depós» (sinónimo de «después» que jamás había oído), «tesaurero» (sinónimo de «tesorero») o «fallazgo» (sí, aún estaba este arcaísmo de «hallazgo»). Voces como «retrónica» o «abés» están ya propuestas para su eliminación en la próxima edición prevista para el año que viene.

Como se puede ver, las palabras que ya no aparecerán en las nuevas ediciones del diccionario se dejaron de usar hace mucho tiempo y algunas incluso sorprende que no se hayan eliminado antes. Pero hay otros vocablos que, aunque no estén en peligro de extinción en las páginas escritas, sí lo pueden estar en el hablar del día a día. Hace un par de años con motivo del Día del Libro se lanzó una iniciativa para «apadrinar» una palabra poco utilizada. Esta idea tan original tuvo bastante repercusión en los medios e incluso políticos de primera línea como el presidente Zapatero «apadrinaron» su palabra favorita…

12 de mayo de 2009

Las marcas son relativas

El coche es, para bien o para mal, uno de los iconos culturales de nuestro tiempo. Y como tal es objeto de culto, de coleccionismo y también de curiosidades. Estos días, buscando información sobre el mercado del automóvil a lo largo del mundo confirmé algo que, en realidad, ya sabía: que los grandes conglomerados de la industria de la automoción utiliza indistintamente sus marcas dependiendo del país o del continente. Para ser más concretos: la imagen (o el concepto) que tenemos aquí de, por ejemplo, Chevrolet no es la misma que la que se puede tener en América Latina. Y Opel, aquí una marca de sobrada confianza y calidad, no existe como tal en Norteamérica o en Oceanía. General Motors es, por la cantidad de marcas que reúne, la que más variedad y más variaciones curiosas y chocantes produce, pero no la única.

Este tema no nos es del todo ajeno. Recordamos como durante muchos años, la marca italiana Fiat comercializaba en España sus coches bajo el emblema de Seat. A su vez, hasta hace muy poco tiempo, los modelos de Seat de la penúltima hornada se vendían en Centroamérica y Sudamérica como Volkswagen. Y quién no ha visto un Opel británico que no es Opel, sino Vauxhall. En el mundo de la economía global las marcas es algo relativo. Veamos algunos ejemplos.

General Motors vende automóviles en los cinco continentes y lo forman dieciséis marcas (Buick, Cadillac, Chevrolet, Daewoo, DuPont, EV-1, GMC, Holden, Hummer, Isuzu, Oldsmobile, Opel, Pontiac, Saab, Saturn, Suzuki y Vauxhall). Escojamos un modelo emblemático de la marca Opel en España: el Opel Astra. En el resto del mundo, el Astra se comercializa bajo cinco marcas diferentes. La denominación que se usa en España es la misma para el resto de Europa, Asia y África. En América Latina este modelo es conocido como Chevrolet Vectra (sí, Vectra), En Estados Unidos y Canadá como Saturn Astra, Holden Astra en Australia y Nueva Zelanda y, por supuesto, Vauxhall Astra en Reino Unido. Saliendo del gigante GM, Renault comercializa en India el Dacia Logan bajo la marca matriz (Renault Logan). En Estados Unidos el Volkswagen Golf no es Golf, sino Rabbit. Las versiones más deportivas del modelo se llaman GTI y GLI sin más. Así podríamos estar casi hasta el infinito, porque las variaciones posibles son múltiples y algunas muy chocantes, como el pickup deportivo que se vende en Australia sobre la base del viejo Opel Astra y que allí llaman Holden Ute. Curioso, ¿no?

8 de mayo de 2009

Robo en Fort Detrick

El submundo de la conspiranoia tiene la virtud de ser indestructible, de permanecer latente y de resucitar cuando los acontecimientos del «mundo real» lo requieren. Leo una nota de agencia fechada en el pasado 23 de abril y que lleva como titular: «Desaparecen tres frascos de un virus peligroso». La noticia habla de que la sustracción de ese material biológico tuvo lugar en las instalaciones de Fort Detrick. Para quien no lo sepa, Fort Detrick es un centro de investigación biológica de carácter militar fundada en 1931 en la ciudad de Frederick, en el estado de Maryland y en la que trabajan unas 7900 personas. Es obvio que se trata de unas de las instalaciones más seguras del mundo porque en él se conservan, fabrican y almacenan armas biológicas y se investiga con nuevos virus.

Concretamente, el material desaparecido corresponde a muestras de Encefalitis Equina Venezolana (EEV) y que provoca una enfermedad mortal en caballos y otros équidos. El virus puede transmitirse al ser humano mediante picaduras de mosquito. Mientras el índice de mortalidad en animales es de entre el 50 y el 80 por ciento, en humanos es del 1 por ciento. El último brote de esta enfermedad tuvo lugar en 1971 y desde entonces no se han dado contagios de importancia.

Algunos conspiranoicos ya hablan de la sospechosa proximidad de este evento con el brote de la gripe H1N1, tanto en el tiempo como en el espacio y han tejido un sinfín de teorías a lo largo y ancho de internet. Muchos no se creen que ese muchacho mexicano que corretea por su aldea del centro del país y que nos han mostrado hasta la saciedad en las noticias de televisión fuera el «caso cero». Piensan que tiene mucho más que ver con ese misterioso robo. Según ellos, esta posible pandemia se habría generado artificialmente como cortina de humo, para desviar la atención sobre la crisis. Si esto fuera así, es evidente que no lo han conseguido, porque a día de hoy ya se habla muy poco de la famosa gripe y la todavía más famosa crisis económica ha vuelto al primer plano de la información.

En cualquier caso que cada uno piense lo que quiera. Yo desde luego no creo que tenga nada que ver, pero el miedo es libre y además es muy creativo…



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