4 de octubre de 2007
Hoy se cumplen 50 años de un icono del siglo XX. Una bola de aluminio de 83 kilogramos con antenas en forma de estela de cometa. Por supuesto, estoy hablando del Sputnik 1. A las siete y doce minutos de la tarde del 4 de octubre de 1957, un cohete R-7 despegaba por primera vez de la lanzadera del cosmódromo de Baikonur. Durante tres meses estuvo orbitando la tierra con el «bip, bip» que emitían sus emisores de radio. El resto del mundo pudo escuchar la señal de que los nuevos tiempos habían llegado.
Era el comienzo de la loca carrera espacial, que tantos miles de millones de dólares (y rublos) gastó y malgastó. Como se dice en algunos artículos, no había nada de altruismo ni de limpia investigación científica. Lo cierto es que sin la amenaza nuclear norteamericana y el recelo mutuo, la carrera espacial no hubiera existido. El Sputnik era un símbolo, un importante signo del cambio de los tiempos y también una forma muy publicitada de probar sus cohetes R-7, la verdadera joya de la corona soviética y que podría lanzar armamento nuclear a 8.000 kilómetros de distancia.
Prueba de ellos es que los Estados Unidos agilizaron su programa Júpiter para competir con la «amenaza roja». El primer resultado pudo verse el 31 de enero de 1958 con el lanzamiento del Explorer 1. A partir de aquí las cosas ya no serían las mismas y el mundo miraría más que nunca al cielo.
Con motivo de este 50 aniversario, la prensa ha publicado varios artículos interesantes sobre el Sputnik. Aquí dejo unos cuantos:
3 de octubre de 2007

El kinoautomat (algo así como «cine automático») es uno de esos inventos típicamente de los años sesenta que tenían un trasfondo de ciencia y técnica sesuda y pensada para el puro entretenimiento. El kinoautomat es el producto de un tiempo y de un lugar. El tiempo, como ya he dicho, es el de finales de los años sesenta y el lugar, la Checoslovaquia comunista que a esas alturas era la avanzadilla del mundo occidental dentro del telón de acero. Junto con Polonia, Checoslovaquia es quizás el país más fértil en cuanto a cinematografía dentro de la órbita soviétiva, así que no es de extrañar que el kinoautomat venga de aquí.
¿Y en qué consistía? El kinoautomat es uno de los primeros intentos de crear un mecanismo de cine interactivo. Su creador fue Raduz Cincera y fue presentado con motivo de la Expo de Praga en 1967. Según la definición de Cincera, el kinoautomat era «el primer mecanismo mediante el cual los espectadores cambian el curso de una película a través de un sistema de votaciones por pulsación de botones en las butacas. Existen varios momentos clave en los que se solicita la participación del público. La alternativa más votada será la que se proyecte.»
El kinoautomat, a pesar de ser muy desconocido, se paseó por diferentes ferias mundiales, como la de Montreal de 1967. El sistema se siguió utilizado en Checoslovaquia durante cuatro años, hasta 1971. En esa fecha, las autoridades comunistas lo prohibieron porque los cineastas implicados en el proyecto eran «políticamente no afines». La película ‘Un Hombre en su Casa’, que se proyectaba mediante este sistema, fue confiscada.
Y nada más hasta hoy. Cuarenta años después de su presentación, el kinoautomat ha sido rescatado del olvido para organizar nuevas (y exitosas) proyecciones, aunque teniendo en cuenta los medios digitales actuales, el kinoautomat se recordará como una extravagancia más del otro lado del muro de Berlín. Precisamente para aprovechar la técnica analógica de antaño y la digital de hoy, se ha editado un DVD con la película y todas sus alternativas para que quien quiera pueda tener su kinoautomat en casa. Para más información se puede consultar su web oficial o este artículo.
2 de octubre de 2007

Existe un tipo de humor que no tiene sentido fuera de su contexto histórico. No digo que esto ocurra con el semanario satírico Hermano Lobo, pero ciertamente ayuda a comprenderlo en toda su magnitud. Hermano Lobo nació en un momento crítico del final del franquismo. En aquellos primeros años setenta, el régimen dictatorial había comenzado una involución después de la «excesiva apertura» de los años sesenta. Una huida hacia adelante que dejaba atrás muchos huecos.
Uno de estos huecos de libertad lo aprovecharon un grupo de jóvenes humoristas con Chumy Chúmez a la cabeza. Según se comenta, se publicó casi a escondidas, sin publicidad, y con la firme intención de ser la heredera natural de La Codorniz, cuyo humor, sin dejar de ser genial, ya no conectaba tanto con las nuevas generaciones. El primer número salió el 11 de mayo de 1972 al precio de 15 pesetas. En tan sólo 16 páginas confluyeron gran cantida de talentos emergentes. En Hermano Lobo colaboraron Peridis, Forges, Perich o Manuel Summers y con textos de Manuel Vázquez Montalbán entre otros.
No hace falta decir que la revista tuvo sus problemas con la censura, a pesar de que en la mayoría de las ocasiones fue esquivada con habilidad e ingenio. Números secuestrados (por ejemplo el 153 por «menosprecio a la Justicia»), artículos que provocaron la apertura de expedientes. Hermano Lobo fue, por tanto, una ventana abierta más hacia otra forma de ver la vida lejos de la dictadura. Y con el fin de la dictadura, la revista dejó de tener el sentido para el que fue concebida. El 6 de junio de 1976 salió el último número.
Y así hasta hoy. Muchos de los que nacimos durante la transición no conocimos estas publicaciones. Ahora, gracias a internet y a un proyecto de colaboración entre la Universidad de Salamanca, José Ángel Ezcurra Carrillo y Ediciones Pléyades S.A., Hermano Lobo está digitalizado para la posteridad en internet, a una resolución bastante buena y lo que es más importante, totalmente gratis. Esta iniciativa viene a unirse a las del semanario Triunfo y la revista Tiempo de Historia. Sin duda unas fuentes inestimables para conocer la sociedad española de los años setenta.
28 de septiembre de 2007

A través del blog ‘Así se fundó Carnaby Street‘ (¿Homenaje a Leopoldo María Panero?) recupero la idea de ver o al menos intentar ver las películas experimentales de Warhol. En la Biblioteca Pública creo que tenían alguna, pero al final no las cogí. Todo viene a raíz de un artículo en ese blog dedicado a Edie Sedgwick, una de las actrices del extraño star-system underground que el artista pop creo para sus obras cinematográficas. El caso es que hace unos pocos días tuve la ocasión de ver algunas de ellas y que no recomiendo más que a los incondicionales de Warhol o a los que tengan curiosidad extrema por verlas.
En concreto vi ‘Vinyl’, ‘Poor Little Rich Girl’ y ‘Beauty #2’, las tres realizadas en 1965. La primera no es más que una interminable performance de algo más de una hora ante una cámara fija con varios personajes. ‘Poor Little Rich Girl’ tiene a Edie Sedgwick como absoluta protagonista. La película fue filmada en su apartamento de Nueva York y esta compuesto únicamente de planos suyos en ropa interior. Lástima que los primeros veinte minutos estén fastiodiosamente borrosos. ¿Es Sedgwick en ‘Poor Little Rich Girl’ la imagen de la primera belleza postmoderna, la primera punk? A mi me lo ha parecido. Por último he visto ‘Beauty #2’ en la que Warhol vuelve de nuevo a colocar la cámara fija durante más de una hora para que sus personajes desarrollen la acción, esta vez sobre una cama deshecha.
Segdwick tuvo una carrera fulgurante que apenas se extendió más allá del mundo de la desquiciada troupe de Warhol y su submundo, ya que murió en 1971. Hacía cinco años que había realizado su última película con Andy y durante ese tiempo se le atribuyó un romance con Bob Dylan en 1966. En 1967 su vida comenzaba a declinar por culpa de las drogas. La locura se apoderó de ella y tuvo que ser internada en varios centros psiquiátricos hasta que le sobrevino la muerte. Poco después, en 1972, se estrenaba la primera película que protagonizaba fuera del círculo de Warhol ‘Ciao! Manhattan’.
19 de septiembre de 2007

El pasado sábado estuve de viaje en Portugal y más que en los monumentos y en otras historias, me fijé en los carteles de las autopistas y en las marcas del pavimento. Pensaba que la normativa en este tema era más homogénea en los estados de nuestro entorno, o al menos en países en teoría tan parecidos como España y Portugal. Pero lo cierto es que son bastante diferentes y existen algunos detalles y algunas señales viales que nosotros no tenemos. Me parecieron especialmente curiosas unas marcas amarillas con forma de «V» invertida a lo largo del carril de la autopista. Hasta que no vi un cartel no supe que se trataba de algo relacionado con la distancia de seguridad que se ha de guardar con el vehículo precedente.
Me picó la curiosidad y me he puesto a buscar por internet información sobre señales viales y cartelería varia en autopistas de todo el mundo. Sorprendentemente no he encontrado gran cosa. Ha sido una decepción porque pensé que encontraría algo más más allá de las highways norteamericanas. Aún así, algo hay. A nivel de América Latina existen un hilo dentro de un foro dentro de la web de urbanismo Skycrapercity exclusivamente dedicado a la señalización de las autopistas con especial atención a las de Argentina, Chile y México. Como curiosidad indicar que muchas de las de Chile me parecieron muy similares o iguales a las españolas, especialmente la tipografía y la forma de los paneles elevados. Otra gran fuente de información es el apartado Roads and Highways/Signs and Signals del directorio de Google.
16 de septiembre de 2007
El otro día estaba leyendo una revista norteamericana de informática y veo un extraño anuncio que poco tenía que ver, en principio, con la informática. En la página se mostraba un enorme transatlántico y unos cuantos paisajes paradisíacos. A la vez, unos venerables hombres y mujeres mayores se mostraban frente a sus ordenadores portátiles en una especie de aula. En la parte superior, un título desvelaba el misterio: ‘Geek Cruises’. Algo así como «Cruceros para Geeks«, es decir, para aficionados o fanáticos de la informática. Esta idea de hacer cruceros que mezclen la informática con el placer sólo podía provenir de los Estados Unidos.
El artífice es Neil Bauman, empresario de Palo Alto, California. Es dueño de la empresa International Technology Conferences, que intuyo que se dedica a organizar conferencias sobre todos los aspectos de la tecnología. InSight Cruises, organizadora de los ‘Geek Cruises’, se creó en 1999. Entre su oferta de viajes hay para todos los gustos. Los nombres de sus cruceros no tienen desperdicio: ‘MacMania VII’, que tendrá lugar en el canal de Panamá en noviembre, ‘Photoshop Fling’ en el Caribe, ‘Aperture Aura’ en el Mediterráneo o ‘Venice Vision’, un taller de fotografía digital en Venecia.
Así que si veis en las costas españolas a un enorme barco del que bajan felices guiris más bien mayores (aunque también los hay jóvenes) con un portátil bajo el brazo no os asustéis, son los geeks más viajeros y aventureros del mundo. La verdad es que por las fotos que se pueden ver en su web, todo tiene un aspecto un tanto hortera. Algo así como mezclar la informática con ‘Vacaciones en el Mar’ y ‘Las Chicas de Oro’. Aunque claro, a los yanquis seguro que les gusta.