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La bitácora personal de Ricardo Martín
Comentando cosas desde 2004
15 de septiembre de 2007

Las señales horarias

Seguro que todos habéis escuchado alguna vez los pitidos de las señales horarias que marcan las horas en punto en la radio. Ya nos hemos acostumbrado a ellos, pero no deja de ser una característica curiosa de todas las emisoras. Al menos en España consisten en varios pitidos, uno por cada hora que se quiera representar, siendo el último de mayor duración que el resto. Cada sonido corto dura 100 milisegundos y el largo 500. La separación entre uno y otro es de 900 milisegundos.

¿Y cual es el origen de tan peculiar forma de marcar las horas? Parece ser que todo fue idea del astrónomo británico Sir Frank Watson Dyson y del directivo de la BBC John Reith. La primera emisión de radio en la que se incluyeron los «pitidos» fue la del 5 de febrero de 1924 y estaban controlados por dos relojes mecánicos situados en el observatorio de Greenwich. Las señales se generaban mediante contactos eléctricos.

¿Y qué utilidad tienen? Evidentemente la principal es indicar el comienzo de una nueva hora para los oyentes las emisoras. Pero también tienen otra función, que es la de servir como modo de sincronización de diversos aparatos. Los relojes con sincronización por radio utilizan este sistema. Si tenéis uno, os fijaréis que sólo se sincroniza a las horas en punto. El motivo son precisamente estas señales horarias.

13 de septiembre de 2007

El sistema político suizo

El otro día, leyendo un artículo en la prensa sobre los partidos políticos en Suiza, me sorprendió ver que, en contra de lo que pensaba, los sistemas políticos democráticos de Europa no son tan homogéneos. El caso suizo es bastante especial. A pesar de ser un país no demasiado pequeño para nuestro continente, los ciudadanos participan muy activamente en casi todas las decisiones importantes que toma su gobierno.

El poder ejecutivo, o sea el Gobierno (denominado Consejo Federal), está formado por los llamados siete consejeros federales que representan todas las peculiaridades y lenguas (recordemos que Suiza tiene cuatro idiomas oficiales) de sus regiones. Los consejeros federales ostentan el cargo de jefes de sus Departamentos Federales (Ministerios). Los departamentos existentes son: Asuntos Extranjeros, Interior, Justicia y Policía, Finanzas, Defensa y Protección de la Población y Deportes, Medio Ambiente y Transportes y Energía y Comunicaciones, Economía).

Estos siete consejeros son elegidos cada cuatro años por el poder legislativo (o sea el Parlamento o Asamblea Federal en el caso de Suiza). A su vez, el Presidente de la Confederación (algo así como el Primer Ministro) es elegido por un año de entre los miembros del Consejo Federal y no puede repetirse, por lo que cada año se nombra un nuevo «presidente del Gobierno».

12 de septiembre de 2007

Charles Fort y ‘El Libro de los Condenados’

El tiempo que tiene uno a lo largo del día es limitado, así que no he podido más que echar una ojeada a un libro que me resulta bastante interesante. Es ‘El Libro de los Condenados’ de Charles Fort. Para todos aquellos que somos aficionados a los fenómenos extraños y a los misterios de la ciencia, Fort es un viejo conocido. En su libro, Fort desgrana los hechos más extraños de la naturaleza de los que tuvo conocimiento. Para ello mantenía un archivo de fichas, asignando una a cada fenómeno anómalo que leía en la prensa o en libros antiguos. Guardaba las fichas en humildes cajas de zapatos y parece ser que llegó a recopilar miles de ellas. Fruto de todo ese minucioso trabajo surgió este manual de los hechos extraordinarios, como perfectamente podría llamarse.

En principio Fort almacenaba aquellos eventos que estaban comprobados por testigos y por científicos, pero que no tenían una explicación convincente. Buena parte de su trabajo lo ocuparon las lluvias extrañas. Lluvias de gelatina, de peces, de arañas, de piedras, de hielo, de «hilos», de polvo amarillo, de bolas de metal, de trozos de carne, de sangre, lluvias negras y un largo etcétera. Cuando se publicó el libro en 1919, muchas de estas lluvias no tenían explicación. Hoy sí la tenemos para algunas, aunque no para la mayoría.

Más allá de una mera recopilación, ‘El Libro de los Condenados’ es también una dura crítica contra los estamentos científicos inmovilistas, incapaces de aceptar hechos inexplicables y condenándolos a no existir oficialmente. De ahí el apelativo de «condenados». La influencia de Fort hoy día es muy grande e incluso existe un organismo llamado Charles Fort Institute que se dedica a la investigación de este tipo de fenómenos. En definitiva, espero dedicarle a este libro el tiempo que sin duda se merece.

5 de septiembre de 2007

La última grabación de Lennon & McCartney

La portada del disco pirata con la sesión

Yo pensaba que lo último que grabaron juntos John Lennon y Paul McCartney eran las sesiones para su último álbum ‘Abbey Road’ en 1969. Pero parece que no. Me acabo de enterar a través del blog Soundtracktunes.com, que remite a su vez a la Wikipedia. Según se comenta, en marzo de 1974, cuatro años después de la disolución de los Beatles, los dos compositores y almas de la difunta banda de Liverpool se volvieron a reunir para una sesión «casual». Lennon pasaba por apuros familiares con Yoko Ono y estaba cayendo en una sequía musical, de la que no saldría hasta poco antes de su asesinato en 1980.

En esta sesión, una leyenda sin confirmación «oficial» hasta 1997, estaban también presentes Ringo, Keith Moon (batería los Who), Klaus Voorman (amigo de los Beatles desde los tiempos de Hamburgo), Stevie Wonder y otros amigos de la banda. Los resultados de la grabación pueden escucharse en el blog ‘Licorize Pizza’. No es nada del otro mundo ni hay ninguna canción que pueda considerarse nueva más allá de balbuceos. Recuerda a algunas tomas descartadas recogidas en los discos ‘Anthology’. A pesar de esto, desde que se publicó clandestinamente en 1992 con el título de ‘A Toot and a Snore in ’74’, se ha convertido en uno de los bootlegs más apreciados por los completistas y fanáticos de los Beatles (aunque esta grabación no sea estrictamente de ellos).

3 de septiembre de 2007

La filosofía de ‘Matrix’

Sin duda lo mejor que tiene la película ‘Matrix’ es que te hace pensar cuando sales del cine. ¿Quién no se ha planteado, aunque sea por un momento, qué es la realidad después de verla? Los filósofos también se lo han planteado. Desde Demócrito o Platón hasta Descartes, a lo largo de la historia de la filosofía, muchos son los que han elaborado teorías sobre qué es la realidad, como la percibimos o si ésta puede falsearse.

En el pasado siglo, el teórico norteamericano Hilary Putnam elaboró partiendo de las ideas de su colega Jonathan Dancy una teoría bastante controvertida. La hipótesis conocida como ‘Cerebro en una cubeta’ fue definida por Dancy en su obra ‘Introducción a la Epistemología Contemporánea’ (1985):

«Usted no sabe que no es un cerebro, suspendido en una cubeta llena de líquido en un laboratorio, y conectada a un computador que lo alimenta con sus experiencias actuales bajo el control de algún ingenioso científico técnico (benévolo o maligno, de acuerdo a su gusto). Puesto que, si usted fuera un cerebro así, asumiendo que el científico es exitoso, nada dentro de sus experiencias podría revelar que usted lo es; ya que sus experiencias son, según la hipótesis, idénticas con las de algo que no es un cerebro en la cubeta. Como usted sólo tiene sus propias experiencias para saberlo, y esas experiencias son las mismas en cualquier situación, nada podría mostrarle cuál de las dos situaciones es la real.»

Putnam la desarrolló y la convirtió en una teoría aún más siniestra y de pura ciencia-ficción en ‘Razón, Verdad e Historia’ (1988):

«En lugar de tener sólo un cerebro en la cubeta, podemos imaginar que todos los seres humanos (o todos los seres con sensaciones) son cerebros en la cubeta (o sistemas nerviosos en la cubeta en el caso en el que seres con sólo sistemas nerviosos cuenten como seres con sensaciones) ¿Por supuesto, el científico malvado tendría que estar afuera, o no? tal vez no haya ningún científico maligno, tal vez (aunque parezca absurdo) el universo consista solamente de maquinaria automática atendiendo una cubeta llena de cerebros y de sistemas nerviosos. Ahora supongamos que esta maquinaria automática esta programada para darnos a todos una alucinación colectiva en lugar de un cierto número de alucinaciones aisladas. Así cuando me parece que le hablo a usted, a usted le parece estar oyendo mis palabras… Ahora quiero hacer una pregunta que parecerá muy tonta y obvia (al menos para algunas personas, incluyendo algunos filósofos muy sofisticados), pero que nos llevará a verdaderas profundidades filosóficas con cierta rapidez. Supongamos que toda esta historia fuera realmente verdadera, ¿podríamos, si fuéramos cerebros en la cubeta de este modo, decir o pensar que lo somos?»

¿Realmente, como dicen Dancy y Putnam, no sabríamos distinguir entre realidad percibida y realidad inducida en una situación así? Yo soy muy escéptico al respecto. La tramposa teoría de lo «no comprobable» juega siempre con ventaja. «Ahí fuera» es un lugar donde la imaginación puede campar a sus anchas. Podremos imaginar el más fabuloso de los mundos, sabiendo de antemano que jamás lo comprobaremos ni tendremos indicios de su existencia. Aún así, como hipótesis es de lo más atractiva e inspiradora.

2 de septiembre de 2007

¡Sí, Ministro!

Imagen de la cabecera de la serie

No se puede decir que el género de la comedia política sea muy habitual. Mucho menos si la situamos en una teleserie. Sólo los británicos con su peculiar humor podían conseguirlo con resultados tan buenos como en ‘Sí, Ministro’ (‘Yes, Minister’). Ideada por Antony Jay y Jonathan Lynn, fue emitida por la BBC 2 entre las temporadas de 1980 y 1984. Por lo que he leído fue muy popular entonces y casi se convirtió en un fenómeno social que alcanzó incluso a la primera ministra, Margaret Tatcher, que no se la perdía nunca. No tengo noticia de que se haya emitido en España, pero los 21 capítulos pueden conseguirse en DVD.

‘Sí, Ministro’ es una típica comedia de situación británica que narra las desventuras de James Hacker, un funcionario con gran experiencia en el mundo de la gestión administrativa que es nombrado Ministro de Asuntos Administrativos (aquí sería algo así como el Ministro de Administraciones Públicas). A lo largo de todos los episodios luchará por dirigir su propio ministerio, enfrentándose a sus, en teoría, subordinados. Por un lado el maquiavélico y sibilino Secretario Permanente Sir Humphrey Appleby, un perro viejo que sabe mover los hilos para calmar las ansias reformistas de su superior y que todo siga como está y por otro Bernard Woolley, el Secretario Privado Principal del Ministro. El paralelismo con la vida política británica de la época es evidente, con multitud de guiños a la actualidad nacional de aquel tiempo. Algunos años después tuvo una continuación llamada ‘Sí, Primer Ministro’ (‘Yes, Prime Minister’).

El estilo no puede ser más inglés. Jerez en botellas de cristal tallado, chimeneas, despachos victorianos, funcionarios trajeados, taxis londinenses y la tan típica mezcla de vídeo para las escenas de interiores y cine para las exteriores. Eso sí, la serie sólo es recomendable para aficionados a la política y a los tejemanejes e interioridades de un Gobierno. El resto sólo verá diálogos aburridos y escenografía obsoleta.

28 de agosto de 2007

Recuperando a Louis de Funès

Fotograma de El Loco, Loco Mundo del Gendarme junto a Michel Galabru

Louis de Funès es sin duda uno de lo más grandes y más populares actores franceses de comedia. De origen español, traspasó fronteras con su peculiar humor y aquí fue muy célebre en los años sesenta y setenta. A lo largo de estas últimas semanas he estado viendo algunas de sus películas más clásicas. El papel que le llevó a la fama fue el del gendarme malhumorado Cruchot, que interpretó en inumerables ocasiones desde 1964 con ‘El Gendarme de Saint Tropez‘ hasta 1982, un año antes de su muerte, en ‘El Loco, Loco Mundo del Gendarme’. Pero su papel estelar se apoyaba también el otros personajes, como Michel Galabru, actor que interpretaba a su superior en toda la serie. Aparte también realizó otras comedias de éxito como ‘Fantomas’, que tuvo dos secuelas muy populares.

No se puede decir que las películas de De Funès fueran de trazo fino ni siempre acertadas, pero es imposible que no arrancaran una carcajada en algún momento. Puede entreverse una cierta parodia soterrada sobre el modo de vida de la Francia profunda, extrapolable a otros países como el nuestro. Quizás esa sea también la clave de su éxito aquí. Su humor estaba basado en los gestos, las repeticiones de situaciones y los contextos disparatados llegando al surrealismo en muchas ocasiones. A veces nos recuerda incluso al cine mudo cómico de Buster Keaton o de Charlot. Precisamente Louis de Funès recibió el calificativo, quizás excesivo, del «Charlie Chaplin francés».

La verdad es que me ha sorprendido que en internet no exista apenas información sobre él, tan sólo una página «oficial» con su biografía, filmografía y algunas fotos. Sin duda, De Funès es un valor a recuperar para las nuevas generaciones.



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