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La bitácora personal de Ricardo Martín
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11 de diciembre de 2012

Monumento conmemorativo a Karl Liebknecht

«Von dieser Stelle rief Karl Liebknecht am 1. Mai 1916 zum Kampf gegen den Imperialistischen Krieg und für den Frieden auf»

Esta es la inscripción que figura grabada en un curioso y humilde monolito de piedra ennegrecida en medio de la novísima Potsdamer Platz de Berlín. Nos dimos cuenta de su existencia la mañana que estuvimos esperando a la visita guiada. Por supuesto nuestra curiosidad hizo que nos pusieramos casi inmediatamente a investigar. Para empezar, la traducción de esa inscripción en castellano viene a decir lo siguiente:

«Desde este punto Karl Liebknecht llamó el 1 de mayo de 1916 a la lucha contra la guerra imperialista y por la paz»

Nuestra siguiente inquietud era averiguar quién fue Karl Liebknecht. Nacido en 1871, fue hijo de un militante socialdemócrata y pronto se dedicó también a la política. Sus ideas contra el militarismo chocaban frontalmente con el mundo que le rodeaba. Prusia a finales del siglo XIX y comienzos del XX era una potencia bélica de primer orden, y sus recios militares tenían fama de inflexibles. Pero la idea del mundo que Liebknecht tenía era bien diferente. Sus encontronazos con el sistema establecido fue casi constante, incluso con gobiernos de la izquierda socialdemócrata de la que formaba parte. Fue elegido como parlamentario en el Reichstag y se opuso a la entrada de Alemania en la primera guerra mundial. El 1 de mayo de 1916 fue detenido junto a Rosa Luxemburg durante una manifestación pacifista. En 1918 fue liberado y ambos fundaron el Partido Comunista de Alemania. Pero su vida estaba cercana a su fin. En enero de 1919 fueron detenidos y asesinados por las fuerzas paramilitares de los veteranos de guerra (los Freikorps y la Liga Antibolchevique).

Aunque sin concluir –sólo se colocó la base del memorial–, el monumento fue inaugurado en agosto de 1951 y allí ha permanecido desde entonces. Hay que tener en cuenta que la Potsdamer Platz fue uno de los puntos calientes en la época del muro de Berlín. Desde 1961 hasta 1989 quedó en medio de la «franja de la muerte» o zona de seguridad del muro. La plaza se convirtió en un enorme descampado repleto de ruinas y basura. En 1995 el monumento se trasladó para acometer las obras de la Potsdamer Platz. Volvió a su emplazamiento original una vez finalizadas, en 2002, que es justo donde nosotros nos lo encontramos.

Os recomiendo echar un vistazo detenido a las fotografías que acompañan a este post para conocer los avatares de este monumento inacabado:

23 de noviembre de 2012

Las «pesetas extranjeras»

Este año se cumplen diez del momento en el que abandonamos la peseta. 2002 fue un año histórico para los que nos gusta el mundo de la numismática y la notafilia. Ese cambio radical permitió que muchos como yo nos quedáramos con docenas (centenares diría yo) de monedas de poco valor. Fue por entonces cuando me decidí a clasificar las antiguas monedas de peseta (las «rubias» de Franco y de Juan Carlos I) por año de acuñación. En aquel momento no tenía ni idea de que muchas de ellas –pesetas y duros de 1978– no estaban fabricadas en España por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, sino en lugares como Chile, Inglaterra, Alemania o Canadá. Las más conocidas de todas son posiblemente las «pesetas chilenas».

Pero, ¿cuál era la razón por la que se acuñaron en otros países? Según la propia FNMT, tras la coronación de Juan Carlos I como Jefe del Estado, se hacía urgente una renovación y ampliación del parque de monedas de pequeño valor (pesetas y duros), que eran la base del cambio que se usaba a diario. Debido a la inflación, las monedas de menor valor, especialmente los 50 céntimos, había pasado prácticamente a la historia. La cantidad de monedas de peseta que circulaban en España se había quedado pequeño para las nuevas necesidades. Además, muchos ciudadanos, ante el rumor de que se iban a retirar las monedas con la efigie de Franco, guardaron para la «posteridad» las viejas piezas. ¿Quién no se ha encontrado alguna vez en una caja perdida alguna «rubia» de Franco?

La FNMT acordó que para 1978 necesitaría acuñar gran cantidad de monedas de una peseta, pero la capacidad de su fábrica no era suficiente. Por eso se llegó a un acuerdo con la Casa de la Moneda Chilena y la Royal Mint británica para que acuñaran parte de esa tirada. En total se acuñaron en 1978 la friolera de 600 millones de monedas de una peseta, de las que 140 millones provenían de Chile y 80 millones del Reino Unido. Varios cargueros dejaron en Santander y Valencia la mercancía, que sería distribuida por toda España.

Lo más interesante para los que somos aficionados a la numismática es que esas pesetas «extranjeras» son levemente diferentes a las acuñadas en España, por lo que es posible identificarlas. Así que si tenéis por casa «rubias» de 1978 id a por una lupa. La primera diferencia en la que nos tenemos que fijar es en la estrella donde figura el año de acuñación, que encontraremos al lado de la «A» de «ESPAÑA». Si el 7 y el 8 está visiblemente separado, la peseta es chilena. Si están muy juntos es española y si están algo separados existe la posibilidad de que sea británica. Otra característica es la tilde de la «Ñ» de «ESPAÑA». Existen dos variantes, con tilde larga, en cuyo caso es acuñación española, o tilde corta, casi como un punto sobre una N, es foránea (Reino Unido o Chile). Un último detalle advertido por el numismático Marcos Olivares en su ‘Estudio sobre las Monedas de 1 Peseta del Reinado de Juan Carlos I de España’ [PDF] hace referencia a un defecto en el cuño de las monedas fabricadas en España y en Chile. Esta característica consiste en un pequeño punto situado en la «N» de «JUAN».

Con estos tres elementos combinados podemos más o menos diferenciar la procedencia de nuestras pesetas de 1978. Hace unas semanas me puse con ello e intenté identificar mis varias docenas de «rubias» de aquel año. Tras un pequeño trabajo no demasiado sencillo, la gran mayoría de monedas eran de la FNMT, pero identifiqué como chilenas seis de ellas, y como británicas a tres.

Más información en: Hilo sobre las pesetas chilenas en el Foro Numismático, Hilo en el foro Imperio Numismático.

12 de noviembre de 2012

La Peña Mora de Villaseco del Pan

Hace unos meses publiqué un artículo acerca del descubrimiento de unas tumbas en lo que hoy es el Parque de León Felipe y el edificio de Servicios Múltiples de Zamora. La noticia fue extraída de un libro curioso, llamado ‘Memorias Históricas de Zamora’ de Cesáreo Fernández Duro. En ese volumen también encontré otro texto que me llamó mucho la atención. Decía lo siguiente:

Peña Mora y su cueva están dentro de la formación granítica, en el término de Villaseco, y en el punto en que el arroyo Carrascal desemboca en el Duero.
Tres altos prismas de granito constituyen esta altura. El del centro presenta una pila perfectamente circular y de medio metro de diámetro, caso curioso de descomposición.
EN la ladera NO. se abre la sima de la Mora, ancho boquete, que se estrecha a poco, siguiendo la dirección EO., para torcer rápidamente en dirección al río, con el cual, sin duda, comunica. […]
La tradición ha transmitido la fábula de que la altura de Peña Mora se vio un día desde las llanuras contiguas sembrada de alhajas y piedras preciosas, que el brillo del sol hacía relucir con hermosos fulgores. Atraídas las gentes por el espectáculo de aquella riqueza hasta lo alto de las peñas, vieron de repente desaparecer el tesoro y perderse en la oscuridad de la sima y en el laberinto de sus subterráneas galerías, como conducido por invisible mano. […]

Con esos datos de localización me puse a investigar un poco sobre los mapas. Me situé sobre la zona y pronto descubrí un lugar llamado Peña Mora, justo a la ribera del Duero y poco antes de la desembocadura del río Esla, a unos veinte kilómetros al oeste de Zamora y a kilómetro y medio de Villaseco del Pan. A falta de poder acercarme hasta ese punto, buscando por internet encontré algunas fotografías. que pertenecen a la web de la casa rural «El Ciruelo Rojo» de la localidad de Villaseco. Lo que puede verse es una especie de «torreón» granítico de aspecto artificial, aunque evidentemente es natural. Por lo que he podido ver en su interior existe una cueva, donde los paisanos de la leyenda piensan que se escondieron las riquezas.

Si finalmente visito el lugar escribiré una segunda entrega con mis impresiones sobre el terreno. ¿Tendrá la leyenda algunas trazas de realidad?

24 de octubre de 2012

Las nuevas sintonías de la Cadena SER

Ocurrió el pasado 3 de septiembre, y me había dado cuenta de que nos había comentado los cambios radicales que se han producido en la Cadena SER. Más allá de los cambios de programación, me han interesado especialmente las sus sintonías. Todas –o al menos las de sus programas señeros– son nuevas. El artífice de estos cambios tan delicados es Ricard Aymerich.

El resultado, desde mi punto de vista, es muy bueno en casi todos los casos. La que menos me ha gustado es la del boletín informativo horario, que me resulta demasiado «orquestal» para un boletín ágil de 4 o 5 minutos como mucho. Y mi favorita sin duda es la de Hora 25. Todas mantienen como leitmotiv la famosa y clásica ‘Sinfonía Azul’, compuesta en los años 40 por Federico Mompou.

Os dejo con un vídeo de la propia Cadena SER en donde el propio autor comenta estas sintonías nuevas:

20 de octubre de 2012

Un trozo de La Alhambra en Berlín

En nuestro periplo museístico berlinés nos llevamos muchas sorpresas, pero posiblemente la mayor de ellas fue encontrarnos cara a cara con varias piezas de origen español en el Museo de Arte Islámico de Berlín. Este museo, incluido dentro del Museo de Pérgamo, cuenta con objetos muy preciados, como la famosa Habitación de Aleppo (Siria), hoy tristemente famosa por la guerra civil. Pero como digo, la mayor sorpresa fue toparnos con trozos de nuestra historia en un lugar tan remoto como es Berlín. Por suerte no estamos acostumbrados a encontrarnos este tipo de piezas en museos extranjeros (mientras no vayamos a los Estados Unidos, claro) y choca e indigna a partes iguales.

La pieza más grande de las que se exponen en este museo es el techo, un artesonado de madera, de la Torre de las Damas del Palacio del Partal de La Alhambra en Granada. La historia de cómo fue a parar aquí es la siguiente. Arthur Von Gwinner fue un banquero alemán muy poderoso a finales del siglo XIX. Por aquella época el patrimonio artístico español debía ser un auténtico desastre y nada se hacía para conservarlo. El Palacio del Partal, perteneciente al complejo de La Alhambra, no era más que un caserón de propiedad privada, casi en ruinas, que apenas conservaba la apariencia de su pasado original. Aquellos dominios parece ser que no eran de especial protección por parte del Estado. Von Gwinner compró en 1886 el palacio y unas tierras aledañas.

En 1891 lo cedió al Estado Español con la condición de quedarse con el techo de la Torre de las Damas que haría trasladar hasta su residencia particular en Berlín. En su defensa también hay que decir que Von Gwinner cedió en 1921 a las autoridades españolas el resto de las adquisiciones realizadas en nuestro territorio a excepción de esta pieza. Parece ser que estaba entre sus favoritas.

Hoy día se encuentra en una sala especial sobre el Islam en la Península Ibérica junto a un capitel de Medina Azahara, una ventana de madera proveniente de Córdoba, diversa cerámica islámica del sur de España y alguna que otra pieza…

19 de octubre de 2012

Curiosidades y pensamientos sobre Berlín

Han pasado ya unos cuantos días desde que volví de Berlín. En total han sido seis días rondando por la capital alemana, visitando monumentos, museos y fijándonos en los más peregrinos aspectos de la ciudad del Spree. Precisamente sobre esos aspectos, la mayoría poco percibidos por los turistas, quería hablar en este post. Para ello, recupero las notas que fui haciendo en mi Moleskine

¡Cerveza!

Todo el mundo sabe que Alemania es uno de los paraísos para los cerveceros. Pero nunca pensé que estuviera tan incorporado a la vida de los berlineses. En cualquier supermercado se puede comprar, por ejemplo, una Berliner Kindl por poco más de 40 céntimos de euro. Pero no estamos hablando de las clásicas latas de 33 centilitros, sino de botellines de vidrio de medio litro. Ese es el tamaño y formato estándar por aquellas tierras. Los transeúntes la beben por la calle o en el metro, pero rara vez las abandonan vacías. El secreto: son retornables. Existen en los supermercados máquinas que permiten recuperar unos céntimos al entregar la botella vacía. Algo que por aquí nos suena a ciencia ficción. En muchos locales, incluso la cerveza es más barata que el agua o que otros refrescos.

Peatones y ciclistas

Es cierto que los alemanes son, al menos en apariencia, más cívicos que nosotros, pero nos sorprendió comprobar que los berlineses cruzan las calles por cualquier parte. De hecho, hay muchos cruces donde no hay ningún tipo de señalización. A pesar de todo, ciclistas, peatones, automóviles y tranvías conviven en una extraña armonía que puede parecer caótica (en las inmediaciones de Alexanderplatz es una locura) pero que funciona. Incluso con semáforos en rojo se puede cruzar sin problemas; los coches respetan al peatón y al ciclista sobre todas las cosas.

La bicicleta es precisamente uno de los elementos que más sorprende al visitante español. Casi todas las calles cuentan con su carril propio, bien en el asfalto o bien integrado en la acera de los peatones. Pueden verse bicis de todos los tamaños y formas, tándems, cuadriciclos, carritos y otros artilugios más raros todavía. Ayuda que Berlín es una ciudad bastante llana y de calles amplias.

U-Bahn y S-Bahn

Debe ser que los berlineses son gente honrada, pero al foráneo nos resulta extraño entrar en una estación del U-Bahn o del S-Bahn y no pasar por ningún control de acceso. Casi siempre absolutamente diáfanas, las estaciones sólo cuenta con una máquina expendedora de billetes y un poste validador que estampa el nombre de la estación de partida y la hora. Y no hay más. Se supone que hay revisores que controlan a los que lo pagan, pero en nuestros seis días no nos pidieron jamás los billetes. Al final es increíblemente cómodo, práctico y rápido. Siempre y cuando todo el mundo cumpla, claro.

Tanto la red S como U mantienen su independencia hasta tal punto que los transbordos entre uno y otro sencillamente no existen. Hay que salir de una estación y entrar en la otra. A veces la separación entre ellas es de cientos de metros. Esto, unido a la poca afición de los berlineses por las escaleras mecánicas o las rampas, hacen que cambiar del S al U o viceversa sea agotador.

Ricos y pobres

Seguro que hay gente que piensa que en Alemania atan los perros con longanizas. En el resto no lo sé. Desde luego en Berlín no es así. El lema que acuñó el alcalde socialdemócrata Klaus Wowereit, «Berlin ist arm, aber sexy» («Berlín es pobre pero sexy»), tiene mucho de cierto. Rascando un poco más allá de las zonas céntricas y turísticas, la ciudad muestra aún muchas cicatrices de guerra del pasado. Los bombardeos aliados de la segunda guerra mundial, el aislamiento a causa del muro, y la política urbanística dudosa de la época comunista, hacen de Berlín una ciudad complicada y con grandes diferencias que, a pesar de las grandes inversiones realizadas desde que es la capital federal (hay muchas estaciones de S-Bahn nuevas o restauradas y centros comerciales enormes), son muy visibles.

Allí también encontramos a los clásicos limpiadores de parabrisas de los semáforos, a los gitanos rumanos pidiendo en las zonas más turísticas, y los típicos indigentes durmiendo donde pueden. Y también cosas que aquí serían chocantes, como trabajadores de cuarenta o cincuenta años, con aspecto alemán, preparando hamburguesas en un Burger King.

A pesar de todo, Berlín sigue siendo una ciudad muy segura. Nosotros al menos nos sentimos así. Y nos dimos cuenta de que las apariencias engañan. Durante la noche, las calles fuera de Mitte (el barrio céntrico y turístico) no están muy iluminadas. En algunas casi no se ve donde se pisa. Eso nos ocurrió en el barrio de Kreuzberg. Las enormes zonas con vegetación, los bloques de pisos un poco destartalados y los descampados, unidos a la oscuridad, hizo que nos inquietáramos. Sin embargo por allí pasaban niños en bici, madres con hijos, etc. Prueba evidente de que rara vez pasa algo.

3 de septiembre de 2012

Las islas españolas del Pacífico

Acercarse al mundo de las islas e islotes del Océano Pacífico es perderse. Allá donde las fronteras son difusas y las políticas coloniales de otros tiempos hicieron estragos, hoy se situan países prácticamente desconocidos como los Estados Federados de Micronesia, Palau, Guam, Nauru y otros muchos. Naciones extrañas y exóticas con unas pocas decenas de miles de habitantes y para nosotros sinónimos de agua azulísima y palmeras gigantescas. Algunos cuentan todavía con dependencia de sus antiguas metrópolis y otras son independientes desde hace poco tiempo.

Curiosamente toda esa zona fue durante siglos posesión española. Hasta hace bien poco. Podemos irnos al ejemplo más claro de todos: Las Filipinas, españolas hasta 1898. Pero hubo otras. Poca gente sabe que las Islas Marianas, las Islas Carolinas (ambas integradas en Micronesia) y Palaos (hoy Palau) fueron españolas hasta que no se firmó el Tratado Germano-Español en 1899. Mediante este acuerdo España cedía la soberanía de todas esas islas y atolones a Alemania.

Pero la curiosidad (y casi la perplejidad) me asalta cuando descubro que aún existen cuatro islas (conocidas como la «Micronesia Española» o la «Oceanía Española»), Kapingamarangi, Mapia, Matador y Coroa, que existe la posibilidad de que sean aún españolas, si bien no de hecho, quizás sí de derecho. No resulta muy sencillo adentrarse en los documentos que detallan los avatares de estos islotes a lo largo de la historia. Los nombres cambian, desaparecen, vuelven a surgir, los tratados son ambiguos y, para colmo, hubo desidia y desinterés por parte de España por tomar posesión efectiva de esos territorios a lo largo del siglo XX.

Por todos los excelentes artículos que he leído (para enmarcar son las dos partes del texto del blog de Francisco Polo «¿Cuatro islas perdidas en el Pacífico?»), llego a la conclusión de que, aunque fueron españolas, ya no lo son por no haber ejercido efectivamente la soberanía sobre ellas. Actualmente son parte integrante desde 1990 de un estado soberano como son los Estados Federados de Micronesia. A pesar de todo, haciendo una búsqueda por internet, se pueden encontrar algunas páginas que defienden que estos cuatro territorios aún son españoles e incluso en la Wikipedia se borró en 2008 un artículo dedicado a la «Oceanía Española».



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