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La bitácora personal de Ricardo Martín
Comentando cosas desde 2004
24 de junio de 2008

La semana musical (II): Hidrogenesse no son de este mundo

Carlos Ballesteros y Genís Segarra (también el cincuenta por ciento de Astrud) son el dúo barcelonés Hidrogenesse, posiblemente una de las bandas más estrafalarias y a la vez inteligentes del panorama del pop nacional. Comenzaron su andadura allá por el año 1997. Desde entonces han venido puliendo disco a disco su peculiar forma de entender la música. Clasificarlos es imposible, porque Hidrogenesse son el post todo, están de vuelta de todo y se ríen de todo… Pero todo ello con mucho criterio y con un talento para letras y música que ya quisieran otros muchos que van de serios.

Yo reconozco que no los he seguido mucho. Había escuchado algunos temas sueltos como el romántico ‘Échame un kiki amor’ incluido en un recopilatorio que venía con la revista Factory hace ya bastantes años o el genial ‘Disfraz de tigre’, pero nada más. Ha sido hace poco, con la publicación de ‘Bestiola’ (Austrohúngaro, 2008), una especie de cara B gigante con versiones y descartes de ‘Animalitos’ (2007), su cumbre artística hasta la fecha. Pero antes ya habían publicado ‘Gimnàstica Passiva’ (2002), que fue su debut en largo, y más atrás dos EPs, ‘Así se Baila el Siglo XX’ (2000) y ‘Eres PC, Eres Mac’ (2001).

Nunca me gustaron los grupos «graciosetes», pero el caso de Hidrogenesse poco tiene que ver con este calificativo. Se les podría aplicar otros miles de ellos: estrambóticos, psicodélicos, iconoclastas, rompedores, locos, drogados, etc, etc… A mi me recuerdan a la faceta más bizarra de la movida, a bandas como Kaka de Lux o Derribos Arias.

El vídeo de ‘Disfraz de tigre’ (por cierto, como sospechaba, los fragmentos de película que aparecen como fondo son de la película ‘La Ley del Más Fuerte’ de Fassbinder):

23 de junio de 2008

La semana musical (I): El triunfo nada fácil de Duffy

NOTA: He tenido la idea de última hora de dedicar esta semana, o por lo menos parte de ella a escribir sólo sobre asuntos musicales. Espero que los que no os interesan mis gustos o no os interesa la música no os aburráis 🙂

Es bastante complicado hoy día poner de acuerdo crítica, ventas y radiofórmulas. Y mucho menos en España, donde la cultura de la música pop es casi inexistente. Por eso siempre es reconfortante encontrar sonando en los 40 Principales o en otras emisoras «comerciales» el sencillo ‘Mercy’ de la galesa Duffy. Supe por primera vez de ella en marzo, en un anuncio en la Rockdelux de ese mes. Decidí echarle un oído y me gustó. Si recordáis la incorporé en el post sobre mi particular banda sonora Cáceres-Zamora y elegía su primer sencillo ‘Rockferry’ para ilustrarlo. Hasta la Cadena SER utilizó el magnífico ‘Distant dreamer’ como fondo musical para su autopromoción de las audiencias del EGM

2008 se está revelando como el de la renovación del soul con sabor clásico (desafortunadamente llamado por algunos «neo soul»), con nuevas y jóvenes divas que escriben sus propios temas como Amy Winehouse o la propia Duffy y que despiertan halagos en las críticas. Al contrario que la Winehouse, Duffy tiene en la sencillez y la discrección algunas de sus principales virtudes. Su álbum de debut ‘Rockferry’ cuenta con la producción del ex-Suede Bernard Butler y ya es sin duda una de las sorpresas del 2008. O por lo menos es uno de mis discos favoritos de la temporada.

En definitiva, Duffy es quizás el último ejemplo de que si se quiere (o más bien si se ficha por una multi como Universal) pueden aunarse las buenas canciones con la comercialidad, y además sonar en todas las radios del país.

16 de junio de 2008

‘Can’t Go Back’

Sí, Primal Scream vuelven. Lo harán el 14 de julio con el primer sencillo de ‘Beautiful Future’ llamado ‘Can’t Go Back’. Buenísimo. Para mi gusto de lo mejor que han hecho desde los tiempos del ‘Xtrmntr’. Juzguen ustedes mismos:

Primal Scream – Can’t Go Back

11 de junio de 2008

The Silver Apples

Hasta hace no mucho tiempo pensaba que Kraftwerk eran los primeros en mezclar electrónica y música popular. Eso era hasta que descubrí a los Silver Apples. Inexplicablemente, y aunque había oído hablar de ellos, nunca me había puesto a escuchar ninguno de sus discos. El descubrimiento ha sido muy revelador, más que por lo musical, por el valor que tienen como pioneros. Se puede decir que The Silver Apples abrieron una nueva puerta que muchos otros cruzaron después.

Para hablar de los orígenes de la banda tenemos que remontarnos hasta finales de los años sesenta. La psicodelia, las drogas, la expansión mental, la sensación de entrar en una nueva etapa de la humanidad y el creciente poder cultural de los movimientos juveniles estaba en su momento álgido. Los Beatles habían sorprendido al mundo con experimentos como ‘Revolution 9’, incluido en el álbum blanco de 1968. En este tema explotaron las técnicas de «copiar y pegar» loops, sonidos repetitivos y distorsiones que se atisbaban en el vanguardista y asombroso tema ‘Tomorrow never knows’ incluido en ‘Revolver’ (1966). Esa sería en definitiva la filosofía de muchas otras bandas que vinieron después. Una de las que siguió esta senda y la llevó hasta sus últimas consecuencias fue The Silver Apples.

El grupo se formó en la misma Nueva York de 1967 que vio nacer a The Velvet Underground. Danny Taylor (percusión) y Simeon (todo lo demás) no eran, desde luego una banda al uso. Su fama de excéntricos y su absoluto caracter experimental hizo que no fueran muy apreciados en su tiempo. El alma era sin duda Simeon, un personaje muy especial que había creado un instrumento electrónico, llamado como él mismo, que sería la marca de la casa durante su breve historia artística. Consistía en un extraño artefacto compuesto por osciladores de sonido y ochenta y seis conmutadores manuales que producían los sonidos electrónicos más sorprendentes escuchados hasta el momento. El mecanismo era accionado con las manos, los pies e incluso con los codos y las rodillas. Salvando la distancias, podría considerarse el simeon como un primitivo sintetizador.

Sólo grabaron dos trabajos, su debut ‘Silver Apples’ (1968) y ‘Contact’ (1969), pero quizás sea la banda que, siendo más desconocida, ha influido a más artistas en todas las décadas siguientes. En los setenta al movimiento del krautrock alemán e indirectamente al embrión de lo que sería después Kraftwerk, en los últimos setenta y primeros ochenta a bandas como Joy Division y sus herederos, y en los noventa al indie de factura electrónica (Stereolab o Broadcast, por citar los ejemplos más «luminosos»). En la actual década son citados por Portishead como una influencia decisiva en su reciente trabajo ‘Third’ (2008).

2 de junio de 2008

El Roland TB-303

Hay veces en las que un aparato, un cacharro para hacer música trasciende lo puramente técnico para pasar a ser un objeto de culto. Ocurrió con en su día, por ejemplo, con las guitarras Fender en los años cincuenta y sesenta. Los últimos años ochenta estuvieron marcados por un procesador de bajos electrónicos fabricado por Roland, el TB-303. Muchos se preguntarán que tiene de particular este artefacto que no tenga otro. Pues básicamente porque producía un sonido único y extraño, que para nada era el que los fabricantes buscaban. Concebido inicialmente como un sintetizador de bajos, su sonido poco conseguido hizo que fuera un fracaso para la compañía Roland, quien lo comercializó a lo largo de poco más de un año, entre 1982 y 1983. Sólo se vendieron diez mil unidades.

Tendrían que pasar todavía unos años para que el TB-303 se conviertiera en un instrumento de culto. Tal y como se cuenta en un excepcional artículo publicado en la Dance De Lux del verano de 1998, Phuture fundarían, sin saberlo, el acid house al manipular uno de estos aparatos. El propio artífice del sonido acid, Spanky, contaba su descubrimiento:

«La descubrimos por pura casualidad. En aquella época intentábamos hacer algo lo suficientemente bueno como para que Ron Hardy lo pusiera en The Music Box, pero no éramos capaces: nuestras líneas de bajo no mantenían el ritmo. Hasta que una noche Pierre (la otra mitad de Phuture) me llevó a casa de un tío llamado Jasper que conseguía que las líneas de bajo se mantuvieran al mismo ritmo que la percusión usando una TB 303. Al día siguiente, después de llamar a medio Chicago encontré una en el otro extremo de la ciudad. Lo llamé acid porque me sonaba al viejo acid rock con un beat de fondo. […] Con ese sonido no podíamos llamarlo house porque no sonaba como el house, así que el estilo se quedó con lo de acid house».

El resultado fue ‘Acid Trax’, el primer tema acid house publicado en 1987 y a su vez el primer himno pastillero para discotecas, origen del famoso «verano del amor» (del que este año se cumple el veinte aniversario), del «bakalao» y de todo lo que ha venido después, para bien y para mal…

28 de mayo de 2008

‘Creep’ en versión «triunfita»

En Je Ne Sais Pop han puesto a parir esta versión que una tal Virginia de Operación Triunfo hace del ‘Creep’ de Radiohead. Decir que ‘Creep’ es sin duda mi tema favorito de los de Oxford y uno de mis diez de todos los tiempos. Musicalmente no le voy a poner casi ninguna pega, sólo que es una versión un poco light para lo que la canción requiere. En cuanto a lo extramusical, me da la sensación de que la susodicha Virginia no entiende para nada el espíritu del tema, un poco en la línea de otros «triunfitos» versioneando otros clásicos indies… Vamos, que queda desvirtuado por esa pátina de vulgaridad que este tipo de concursos aplica a todo lo que toca.

27 de mayo de 2008

El «Amen break»

Hace ya unos meses navegando por YouTube me encontré con un vídeo muy curioso que explicaba el origen un sonido llamado el «Amen break». En realidad no era un sonido, sino un fragmento de un tema musical que, con toda seguridad haya sido el más sampleado de la historia. Es posible que ya hayáis oído hablar de él, pero me sigue pareciendo curioso y digno de ser contado.

Todo comenzó en una pequeña discográfica, Downstairs Records, allá por 1986. Uno de sus empleados estaba trabajando en una compilación de breaks y beats para DJs. Reunió docenas de temas grabados entre 1966 y 1984 y que contenían abundante material rítmico para samplear y los agrupó en compilaciones a las que llamó ‘Ultimate Breaks and Beats’. Esta colección estaba compuesta de 25 vinilos que se usarían hasta la saciedad. Sólo esta compilación merece un post aparte.

Pues bien, uno de esos temas era ‘Amen, brother’, un tema funk discotequero instrumental grabado en 1969 por una banda llamada The Winstons. La fama de esta pieza viene por un fragmento de solamente cinco segundos en el que puede oírse un solo de batería. Hoy lo reconocemos de inmediato como el loop básico en movimientos como el breakbeat, el drum’n’bass o el jungle de principios de los noventa. Pero fue en los ochenta, justo después de la publicación de la compilación de la que hablé antes, cuando DJs de hip hop comenzaron a usarla ralentizada como base para el recitado de los MCs. Los avances de la tecnología hicieron que los loops se pudieran secuenciar y manipular a gusto del consumidor. Ya no se dependía, por tanto, de las limitadas cajas de ritmos. Esto significó una verdadera expansión de los ritmos pregrabados y en concreto del «amen break».

Y para que sepáis de qué os estoy hablando, he aquí el vídeo que desencadenó mi curiosidad:



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