Quedan sólo cuatro días para que se celebre la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas. Estas elecciones, con una periodicidad de 5 años (antes de la reforma constitucional de 2000 era de 7 años), son tan o más importantes que las generales, puesto que en Francia el Presidente de la República tienen un notable poder. Me ha sorprendido que los candidatos dejan de un lado las siglas de su partido para dar un aire mucho más personalista a las elecciones. Por encima de los partidos está la persona, el candidato. Por eso en las páginas webs de los presidenciables apenas se hace referencia a la formación a la que pertenecen.
Y hablando de las páginas web, no hay duda de que en internet se está librando una silenciosa e importante batalla. Los candidatos se han volcado en el ciberespacio, unos más que otros. Por ejemplo, el candidato conservador Nicolas Sarkozy cuenta con una web espectacular (demasiado) con vídeos, mítines en directo y profusión de colores azules. La web del centrista François Bayrou es algo menos ambiciosa y con diseño menos elaborado, pero con mucha información y también muchos vídeos. Y la cenicienta de las webs de los candidatos presidenciables es la de Ségolène Royal. Una página algo cutre y desangelada.
Lo que está claro es que internet va cobrando fuerza a la hora de organizar y ejecutar las campañas electorales, en detrimento de la televisión y, aunque no será determinante a la hora de la verdad, sí forma parte ya de toda estrategia. El resultado lo veremos el domingo, o quizás en la segunda vuelta…
Se ha dicho ya de todo respecto a la tenencia de armas de fuego en los Estados Unidos. El país norteamericano es quizás uno de los más permisivos a la hora de establecer los requisitos para poseer un arma. Un arma y cualquier otra cosa diría yo. En el país donde con dinero se consigue todo, todo se vende y todo se compra. El problema es que un arma de fuego sirve para probar tu puntería y para matar, ya sean animales o personas. No existe otra utilidad. Esto lo convierte en un objeto de lo más peligroso.
En Estados Unidos, las autoridades consideran que todos los ciudadanos son conscientes de sus actos, algo que es mucho presumir. Ningún país es perfecto ni está libre de desequilibrados. La fascinación por la violencia es producto en muchos casos de la falta de perspectivas de una sociedad con sobreabundancia de todo, donde lo prefabricado manda y lo que apetece es saltarse las normas, buscar emociones diferentes, cada vez más extremas.
Esta historia es la pescadilla que se muerde la cola. Los norteamericanos necesitan armas para defenderse de la gente que les amenaza con sus armas. Con este pensamiento se ha llegado a generar un sentimiento de pura desconfianza hacia el otro, hacia el Estado y su capacidad de defender a los ciudadanos. Y es la misma sociedad la que les ha inculcado el miedo desde niños y, por tanto, esa necesidad de defenderse. Tener un arma les hace sentirse más seguros y nada les convencerá de lo contrario.
En España y en el resto de la Unión Europea, la venta, transporte y tenencia de armas de fuego está fuertemente controlada y sólo permitida para los cuerpos de seguridad y vigilancia y para la caza y para el tiro deportivo, estableciendo un tipo de permiso y unas armas de características determinadas para cada caso. También se exige una revisión periódica. El resultado no es, como se podría pensar según el razonamiento norteamericano, de indefensión sino más bien todo lo contrario. Los incidentes masivos como el producido en la Universidad de Virginia son excepcionales (recuerdo uno en Alemania hace unos meses).
Para ilustrarse en este tema es conveniente ver el documental de Michael Moore ‘Bowling for Columbine’. Una película que, aunque tenga un corte un tanto sensacionalista, el razonamiento que se plantea es, a mi juicio, totalmente acertado.
No es normal que hable aquí de las películas que me han defraudado. No suelen ser muchas porque escojo bien las que veo. He de reconocer que ‘Babel’ del realizador Alejandro González Iñárritu me resultaba a priori atractiva. Y quizás sobre el papel pudiera llegar a serlo, pero finalmente ha sido una de las grandes decepciones cinematográficas de entre todas las que he visto este año (si exceptuamos ‘Alatriste’). No sé si esperaba demasiado de ella, pero la cuestión es que no me esperaba algo así.
‘Babel’ cuenta tres historias enlazadas en tres lugares del mundo. Por un lado el ambiente fronterizo mexicano-estadounidense, por otro una aldea marroquí y finalmente el Japón más urbano. En todas ellas las relaciones humanas, el drama de la muerte y la vulnerabilidad son los temas reinantes. Una historia que pasa por verosímil se convierte en totalmente irreal, con tramas forzadas que quizás individualmente pudieran llegar a funcionar, pero vistas en su conjunto rozan el ridículo y el tremendismo fácil, un dramatismo artificioso sin pies ni cabeza.
Pretende ser una película global y termina cayendo en todos los tópicos localistas sin intentar dar una mirada realmente auténtica y sin perjuicios. Así se muestra una cultura de postal (mariachis en México, burros y casas de adobe en Marruecos y rascacielos y tecnología en Japón). A pesar de que González Iñárritu es mexicano, ‘Babel’ está cortada por patrones del cine de Hollywood y ofrece una visión demasiado estereotipada del mundo.
Tampoco quiero condenarla por entero al fuego eterno. Hay partes aprovechables, sobre todo la historia de la japonesa sordomuda. Una trama muy desaprovechada que podría convertirse en una película por derecho propio.
En definitiva, se trata de una película demasiado larga, con demasiadas pretensiones y que se queda en un quiero y no puedo. Una decepción.
To Rococo Rot es una banda extraña con nombre (palíndromo) extraño. Yo los conocí a través del inclasificable videoclip de ‘Cars’. Y es que a este grupo berlinés formado por los hermanos Robert y Ronald Lippok y Stefan Schneider siempre les ha gustado jugar con lo enigmático, lo esquemático y, por qué no decirlo, también con lo irónico. Su música tampoco es de fácil definición. Algunos lo colocarían en la cubeta del post-rock sin serlo exactamente, otros buscarían directamente en la música electrónica experimental, pero tampoco creo que sea una definición acertada. A pesar de ser crípticos, To Rococo Rot suenan accesibles. Y aunque sus clips sean extraños, tienen algo que enganchan.
Hasta la fecha, To Rococo Rot tienen publicados cinco álbumes y cuatro sencillos entre 1996 y 2004. Al ser alemanes y hacer música electrónica, han tenido que soportar el sanbenito del krautrock con las consabidas comparaciones con Neu! o Can, bandas excepcionales, pero con los que no tienen nada que ver.
Si dije que los conocí a través de los vídeos no es por casualidad. Es posible que a mucha otra gente le ocurra lo mismo. La tríada ‘Telema’ (1999), ‘Cars’ (1999) y ‘Pantone’ (2001) son muestras ejemplares que deberían estar en un museo y pasan por ser algunos de los mejores y más originales clips que he visto nunca. Mucha imaginación e historias donde no pasa nada, pero repletas de un encanto especial. Aquí os dejo estos tres vídeos.
‘Telema’: Una figura se metamorfosea al ritmo de la música.
‘Cars’: El protagonista se come una manzana en su coche después de recibir un regalo.
A lo largo de esta Semana Santa hemos visto como las cifras de muertos en las carreteras han ido aumentando paulatinamente hasta llegar a un nivel alarmante: 106 fallecidos. Son cuatro menos que el año pasado. Una diferencia mínima que nos hace reflexionar no ya sobre el permiso de conducir por puntos, sino sobre la utilidad de todas las medidas aplicadas hasta la fecha. Ninguna de las iniciativas adoptadas los últimos años por la DGT ha sido realmente efectiva. Quizás sobre el papel sean eficaces, pero llevarlas a la prácticas es complicado. Requieren mucho personal y por tanto dinero. Y claro, todo tiene un límite.
O casi todo. Parece que la imprudencia de los conductores no lo tiene. El 40% de los muertos en accidente durante la operación de Semana Santa no llevaba puesto el cinturón de seguridad. ¿Qué medida más se puede tomar ante este dato? También un gran porcentaje de accidentados circulaban a una velocidad superior a la permitida en esa vía. Las cifras son verdaderamente sorprendentes.
Desde algunas asociaciones de automovilistas se achaca parte de los siniestros al mal estado de algunas calzadas. Es cierto. Según la DGT, la mayoría de los accidentes se producen en carreteras secundarias, donde a menudo el firme está en mal estado, las curvas no tienen apenas visibilidad y la señalización es deficiente. Pero también es verdad que el conductor debe estar formado para conducir bajo cualquier condición. En la autoescuela nos enseñan que tenemos que adecuar nuestro modo de conducción al estado de la vía sin que, en caso de accidente, pueda sirva como excusa el mal estado de la carretera.
¿Arreglar las carreteras reduciría el número de muertes? Rotundamente sí, pero también lo haría un mayor sentido común de los conductores. ¿Qué es más fácil de conseguir? No creo que la respuesta sea sencilla.
De nuevo Los Planetas tienen un inminente nuevo disco. Aunque aún no se ha publicado (lo hará la próxima semana) ya puede escucharse en su web oficial. Han transcurrido tres años desde aquel ‘Contra la Ley de la Gravedad’ (BMG, 2004) que nos supo a poco y nos sonó a fórmula agotada. No es que el disco fuera decepcionante, pero se escuchaba a J y compañía algo cansados, repitiendose demasiado. De ahí a convertirse en caricaturas de sí mismos hay un paso.
Pero con el nuevo ‘La Leyenda del Espacio’ (BMG, 2007) han mirado hacia su tierra, donde han encontrado un filón en la música tradicional andaluza, sobre todo el flamenco. Pero que nadie se asuste, Los Planetas siguen siendo Los Planetas y siguen sonando inconfundibles, lo que ocurre es que han evolucionado. Han dado un paso más. Han conseguido encajar a las mil maravillas los palos más populares del flamenco en su imaginario sin abandonar la distorsión y los temas hipnóticos de largo desarrollo, que quizás han encontrado un nuevo sentido dando la mano a la tradición más pura.
Los Planetas se han sacado de la manga un disco brillantísimo que, al contrario de los anteriores, entra desde la primera escucha y que además gana con el tiempo. Las letras tienen un aire popular en el sentido más tradicional de la palabra a la vez que modernas. Con ‘La Leyenda del Espacio’, Los Planetas han vuelto a abrir las puertas de la conexión «flamenco-cósmica» que ya abrieron en su día sus paisanos Lagartija Nick.
En definitiva, para mi gusto es su mejor disco desde ‘Unidad de Desplazamiento’ (BMG, 2000) y siguen siendo la referencia indie más importante de la música española y por lo que parece, lo va a seguir siendo por mucho tiempo.
Lo que es cierto es que el primer sencillo de adelanto ‘Alegrías del incendio’ no hace justicia al contenido del disco. Me parece uno de los temas más flojos si lo comparamos con el resto. En el tracklist del disco aparece casi al final, en la pista 11 de un total de 13. El vídeo, dirigido por Luis Cerveró, sin embargo está más que curioso. Es éste:
El otro día, el IPCC, un organismo de la ONU dedicado a estudiar el cambio climático, presentó por fin el informe que plasma por fin con toda crudeza y con datos irrefutables la realidad del calentamiento global, un lento pero inexorable fenómeno provocado por la mano del ser humano a partir del siglo XIX. En él han participado más de 2.500 científicos y 130 países. Han sido seis años de trabajo y estudio para llegar a unas conclusiones mucho más pesimistas de lo que inicialmente se hubiera pensado. El informe es tan duro que los países que más han contribuído a este desastre (EEUU, China, Rusia o Arabia Saudí) tuvieron reticencias de última hora con las conclusiones y las recomendaciones.
Y es que nuestro sistema productivo, especialmente el de las grandes potencias industriales, está basado fundamentalmente en la destrucción y el consumo de materias no renovables. Puede parecer pueril decirlo, pero la mayoría de las materias primas naturales son finitas y han necesitado millones de años para ser creadas. El ser humano, en su depredación, las ha liquidado en poco más de dos siglos. Con estas materias primas y con su trasformación, la industria ha modificado irreversiblemente el planeta, algo que nos afectará a todos a través del clima. Se producirán grandes desajustes. Mientras unos sufrirán lluvias torrenciales, otros estarán condenados a una sequía permanente. Los habitantes de las costas tendrán que huir al interior por la crecida del nivel de los mares y océanos. Y ya sabemos con certeza que esto ocurrirá. No son especulaciones. Lo que aún está en nuestra mano es minimizar el impacto y la magnitud de estas catástrofes.
Desde los gobiernos y las poderosas industrias se ha intentado silenciar e incluso ridiculizar el cambio climático, considerándolo meras teorías sin fundamento. El escritor Michael Crichton, por ejemplo, lo ponía en duda en su libro ‘Estado de Miedo’. Y esa ha sido la tendencia mayoritaria en los noventa: mirar para otro lado. Yo sigo siendo escéptico sobre la concienciación de los gobiernos y de las empresas. No creo que realmente vayan a contribuir más que de cara a la galería a que sus negocios sean más sostenibles. A pesar de este informe de la ONU, las cosas seguirán más o menos como hasta ahora. Los culpables se aplicarán un ligero maquillaje de «ecologismo barato» que los convertirá aún en más hipócritas.
rmbit está bajo una licencia de Creative Commons.
Plantilla de diseño propio en constante evolución.
Página servida en 0,076 segundos.
Gestionado con WordPress