Hace unos días se conmemoró el vigésimo quinto aniversario del comienzo de la guerra de las Malvinas que enfrentó a Gran Bretaña y a Argentina por culpa de la disputa territorial de las islas del mismo nombre situadas en el Atlántico sur.
Esta guerra es también una muestra de cómo dos regímenes políticos con pocos escrúpulos mandó a morir a sus soldados a un conflicto absurdo. Por un lado Margaret Tatcher, la «dama de hierro», líder del gobierno conservador británico que, entre otras cosas, apoyó al régimen de Pinochet. Por el otro, la ya hundida dictadura militar argentina con Leopoldo Galtieri como presidente ocasional. Y en medio un pedazo de tierra en el océano.
Las islas Malvinas ha sido siempre un territorio disputado. Inicialmente fueron españolas, después francesas, más tarde argentinas y en 1833 los británicos las tomaron por la fuerza. Desde entonces Argentina las ha reclamado. Esta reclamación se hizo patente el 1 de abril de 1982, cuando fuerzas argentinas desembarcan en las islas. Si bien durante los primeros días de la guerra, Argentina consiguió conquistar las islas, a los pocos días los británicos y su abrumadora superioridad tumba cualquier posibilidad de que la invasión prospere.
Finalmente, y tras unos meses de escaramuza, el Reino Unido recupera el territorio. Como siempre ocurre en las guerras, la guerra de las Malvinas no sirvió más que para causar muertes y mostrar al mundo lo que la intransigencia de dos países puede arruinar y complicar las vidas de cientos o miles de personas.
Muchas veces hemos sido injustos con la religión católica y toda su parfernalia. Y no sin razón. O si no ¿qué os viene a la mente al pensar en el catolicismo? A mi desde luego enormes iglesias, el Papa, obispos, curas, el Vaticano, tradicionalismo y, en España, unos (ahora incómodos) guiños cómplices con la dictadura franquista.
Digo que hemos sido injustos porque existe otra Iglesia, representada por la llamada Teología de la Liberación que floreció en América Latina y por los «curas rojos» en la España de los años setenta. Ambos movimientos intentaron acercar otra visión del catolicismo más cercano a los problemas de los más desfavorecidos. Y ambos intentaron ser aniquilados por la jerarquía eclesiástica. Con el primero prácticamente lo consiguieron y con el segundo llevan camino de conseguirlo.
El Arzobispado de Madrid ha ordenado el cierre de la parroquia de San Carlos Borromeo en el barrio madrileño de Vallecas. Conocida como la «iglesia roja», sus tres párrocos, con el célebre Enrique de Castro a la cabeza, lidiaban a diario con los problemas del barrio. Hoy principalmente ayudan a inmigrantes. En otros tiempos ayudaron a drogadictos y delincuentes… Fueron los mismos curas que lucharon contra la dictadura e incluso muchos se afiliaron a partidos políticos y sindicatos cercanos al comunismo. Y quizás sean de los pocos que siguieron el verdadero y primitivo espíritu del cristianismo que a la vez es la postura más moderna y la única que puede salvar la credibilidad de las religiones en el mundo desarrollado.
El otro día, caminando sin mucho rumbo por las afueras de Cáceres, pasé por un recinto vallado, una especie de pequeño parque o jardín descuidado. Me encontraba en plena zona de ampliación de la ciudad, donde abundan los descampados y las torres de pisos de nueva construcción. La curiosidad me ganó y di la vuelta a todo el perímetro. Desde uno de los laterales pude ver lo que parecía una cueva cerrada con una verja. Bajé un poco más y encontré la entrada a este lugar. Un enorme letrero rezaba: «Cueva de Maltravieso«. Mi ignorancia no le dio demasiada importancia, pero a veces este desconocimiento suele suplirse con las ganas de saber.
Así que cuando llegué a casa me puse a buscar información por internet. Descubrí que se trataba de una cueva con restos y pinturas prehistóricas, principalmente del Paleolítico y de la Edad del Bronce. Entre estas manifestaciones de arte primitivo se encontraban más de sesenta representaciones de manos humanas. Se trataba de impresiones en negativo resultado de aplicar pigmento rojo sobre la zona mientras otro primitivo habitante del lugar colocaba su mano. De esta forma se obtenía una silueta perfecta. Recuerdo haber visto en libros de prehistoria algunas fotos de estas manos que parece que nos saludan desde la lejanía del tiempo. Más recientemente se han descubierto también otras pinturas mucho menos visibles que representan animales.
Tal y como se dice en la Wikipedia, la cueva fue descubierta por un paisano en 1951, al resquebrajarse una enorme piedra tras una voladura. En 1956, un historiador local, Carlos Callejo, dió carta de naturaleza y certificó oficialmente el descubrimiento. Maltravieso puede considerarse como el Altamira del interior de la península. Es una rareza, ya que normalmente las pinturas rupestres suelen encontrarse en cavidades cercanas a las costas. Cuando tenga un poco de tiempo y ganas haré una visita más detenida al lugar.
Si el movimiento musical llamado britpop tuvo alguna vez una cumbre, esta quizás fue ‘(What’s the Story) Morning Glory?’ de Oasis. Publicado el 2 de octubre de 1995 se trata del segundo larga duración de la banda de Manchester. Hacía poco más de un año que habían debutado con ‘Definitely Maybe’ causando la sensación del público y de la prensa musical de las islas británicas. Todos coinciden en que realmente no inventaron nada, pero es indiscutible la facilidad y el talento que los hermanos Gallagher tenían para fabricar melodías atemporales, muchas de ellas convertidas en himnos de una generación. Justo lo que buscaban.
Los Gallagher crecieron escuchando a las grandes bandas británicas de los sesenta y setenta. Los Rolling Stones, David Bowie, Slade, The Who, The Jam y, por supuesto, los Beatles. Su obsesión por los de Liverpool llegó a extremos enfermizos y en muchas de sus canciones y vídeos musicales se refleja esta afición.
‘(What’s the Story) Morning Glory?’ es un disco pletórico. Cualquiera de sus temas era un potencial sencillo. De hecho se publicaron seis. A saber: ‘Some Might Say’ (un primer adelanto muy temprano de lo que sería el álbum), ‘Roll with It’ (lanzado el 14 de agosto de 1995, el mismo día que ‘Country House’ de Blur en plena rivalidad entre los dos grupos), ‘Wonderwall’ (qué podemos decir a estas alturas), ‘Don’t Look Back in Anger’ (mi favorita del disco), ‘Morning Glory’ y ‘Champagne Supernova’. Algunos de estos sencillos contaban con caras B de auténtico lujo como ‘The Masterplan’, supuesto descarte del álbum.
Si hasta este momento la carrera de Oasis había ido hacia arriba, después de la publicación de ‘(What’s the Story) Morning Glory?’ las cosas no fueron tan bien. El tándem Liam/Noel se resquebrajaba y ya no funcionaba tan bien como antes. Dos años después llegaría la relativa decepción de ‘Be Here Now’, con algún tema reseñable, pero en general un disco espeso y un poco cargante. A partir de aquí caída en picado. La brillantez de que un día hicieron gala se fue con sus excesos, cada día más seguidas por los tabloides británicos. Tres discos más ‘Standing on the Shoulder of Giants’ (2000), ‘Heathen Chemistry’ (2002) y ‘Don’t Belive the Truth’ (2005) no harían más que confirmar el declive. Así que lo mejor será quedarnos con los mejores recuerdos.
Es curioso comprobar cómo nuestro país ha sido visto desde el exterior y la evolución que ese concepto de España ha sufrido en los últimos años. Hemos visto explotar hasta la saciedad el tópico en teleseries como ‘McGiver’ o ‘El Equipo A’ que nos mostraban como gitanos viviendo en cabañas o con toreros, y mujeres vestidas con trajes de faralaes por todas partes. Este cliché atávico sobre nuestro país viene de lejos. No hay que olvidar las hirientes caricaturas que algunos rotativos estadounidenses de finales del XIX dedicaban a los españoles de la época con motivo del conflicto cubano. Éramos poco más que simiescos e ignorantes bandoleros con trabucos a los que los hijos del Tío Sam daban patadas en el culo.
Afortunadamente, a partir sobre todo de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992, España comenzó a estar en los medios mundiales, especialmente en los anglosajones (que son al fin y al cabo los que imponen los tópicos en el mundo). La imagen de modernidad y de competencia que se ofreció fue inmejorable e hizo subir enteros a la imagen que dábamos en el exterior.
Es por esto que ante películas tan aberrantes como ‘Borat’, donde se ofrece una imagen denigrante de Kazajstán, a uno no le queda más remedio que solidarizarse con sus sufridos ciudadanos. Nosotros también hemos pasado por eso. La ignorancia sobre las costumbres de un país están en la raíz de los tópicos, muchos de ellos hirientes.
En otras ocasiones un tópico sustituye a otro. hasta hace no mucho tiempo, al nombrar Rumanía nos venía a la mente el conde Drácula (un topicazo). Ahora pensamos en la inmigración gitana. Esta inmigración es la que nos hace pensar que Rumanía es un país de gitanos, cuando sólo suponen el 1,5% de su población. Rumano es ahora un adjetivo casi despectivo, mucho peor que gitano.
Para terminar, un ejemplo práctico: episodio de ‘McGiver’ ambientado en un «poblado» vasco donde mantienen secuestrada a una ciudadana americana. Delirante.
Esta mañana he leído en El País un interesante artículo sobre todos aquellos internautas, ciudadanos anónimos, cuya afición es quizás extraña: rebatir a golpe de tecla las teorías de la conspiración sobre la autoría del atentado del 11 de marzo de 2004. En concreto, el reportaje se centraba en Pere Escobar, un castellonense autor de ‘Peón Gris’.
Hace unos meses ya escribí un artículo sobre los blogs que se dedicaban a desmontar teorías infundadas sobre el 11-M, pero se me olvidó citar ‘Peón Gris’. Ahora que la vista se está celebrando y está arrojando la luz necesaria sobre los últimos detalles a los que se aferraban Luis del Pino y compañía para mantener sus tesis, el trabajo de estas webs esté prácticamente cumplido. Es posible que El Mundo aún lleve a sus famosas portadas a cinco columnas alguna chorrada más sobre el asunto, pero la conspiración del 11-M está prácticamente agotada ya.
Toda esta gente anónima que desde sus casas ha aportado datos y razonamientos contra la irracionalidad de argumentos enrrevesados e insostenibles tienen el mérito de haber informado y de hacer digerible el a menudo farragoso lenguaje jurídico del sumario y los cientos de pruebas y episodios de que constan.
Televisión Española junto con Radio Nacional de España tiene previsto estrenar el próximo martes día 27 de marzo a las 21.30 horas un nuevo espacio de los servicios informativos en el que 100 ciudadanos elegidos demoscópicamente por Sofres formularán preguntas a un personaje de relevancia durante 90 minutos. El primero en pasar por ‘Tengo una Pregunta para Usted’ será el Presidente del Gobierno.
El formato de este espacio está inspirado en ‘J’ai une Question à Vous Poser’ de la TF1. En él los ciudadanos de la calle han lanzado sus preguntas a Nicolas Sarkozy o a Ségolene Royal, despertando gran expectación. Expectación que ha caído en sucesivas emisiones.
El programa ideado por TVE contará con un escenario circular y gradas donde se sentarán los participantes. En el centro el presentador (Lorenzo Milá) y el protagonista. Si el boicot del Partido Popular no se extiende a la cadena pública, está previsto que Mariano Rajoy acuda el 16 de abril. De momento no se conocen más datos.
En principio la idea tiene gancho y a buen seguro que logrará buenos índices de audiencia. En cuanto a la utilidad real del programa, soy más escéptico y no creo que sirva más que para convencer a los ya convencidos. Los líderes políticos caerán en la retórica y en las promesas electorales clásicas. Sólo tendrá verdadero interés si las preguntas formuladas son realmente interesantes. Eso está por ver en una sociedad donde los matices no existen y el simplismo es la norma. Ojalá nos sorprendan.
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