6 de febrero de 2007
Hay muchos otros ejemplos, pero el asunto que me ha llevado a esta reflexión es el revuelo que entre algunos ha provocado el anteproyecto de la ‘Ley de Medidas Sanitarias para la Protección de la Salud y la Prevención del Alcoholismo entre los Jóvenes’ (mal llamada «ley antibotellón»). En este anteproyecto se limitará y restringirá la publicidad y la venta de alcohol entre los jóvenes. Algo que es desde luego muy loable.
Como digo hay muchos otros casos similares que me hacen pensar en por qué el Estado intenta «reeducar» a unos jóvenes que no han sido educados por sus propios padres. Creo que ese es el principal problema. El bombardeo de mensajes de uno y otro lado que reciben los más pequeños por televisión, internet y otros medios enseña modos de vida contra toda lógica y realidad. Lo peor de todo es que sus padres también se han contagiado de ese aura de infantilismo permanente, de falta de responsabilidad y de búsqueda de la comodidad frente a las obligaciones que le son naturales. Moderación, justicia, equilibrio, respeto y esfuerzo son conceptos fundamentales y no son precisamente los que los niños y jóvenes aprenden con sus familias.
La obligación de todo Estado occidental y de corte social es preocuparse por sus ciudadanos y por tanto, legislar en consecuencia. La cuestión es que jamás van a poder suplir con normas lo que es función de los padres ausentes, así que me temo que, a pesar de la buena fe con que se idean, toda ley en este sentido será en vano. La culpa no es de los jóvenes, es de una sociedad donde la falta de madurez es lo normal.
4 de febrero de 2007
He pasado un buen rato riéndome con los cinco artículos que cinco de los colaboradores de ‘El Manifestómetro’ han escrito sobre la manifestación de ayer contra el Gobierno español. Para quien no conozca la mecánica de esta web, su cometido es «infiltrarse» en la concentración para hacer fotografías, vídeos y contar sus impresiones sobre cómo ha ido la marcha. Esto suele provocar algunos momentos de «humor intenso» y pone en evidencia lo que todos ya sabemos.
Yo no dudo de la imparcialidad de ‘El Manifestómetro’. No se cortan en sus mediciones de manifestantes, otorgando en torno a 100.000 personas para la manifestación contra ETA de hace dos semanas y entre 115.000 y 154.000 en la de ayer. Estimaciones incluso inferiores a las ofrecidas por la Delegación del Gobierno en Madrid (181.000) y diarios como El País (210.000).
Cifras aparte, lo que más me gusta es leer estos artículos y ver las fotos. Hablan por sí mismas y dejar muy a las claras que el asunto del terrorismo no es más que una excusa como cualquier otra para ejercer una presión a todas luces injustificada sobre el Ejecutivo. Presión que, por lo que arrojan las encuestas, no desgasta al Gobierno. Llama la atención la afluencia de colectivos marginales (y demenciales), como un extraño partido comunista llamado Unificación Comunista de España o los ya clásicos partidos de ultraderecha como Democracia Nacional. Todo ello aderezado con banderas españolas (unas cuantas de ellas no precisamente constitucionales), alguna republicana (¿?) y unas pocas comunistas. Juntos en una ensalada imposible y surrealista. Lo raro es que no se produjeran altercados entre los propios manifestantes, aunque según se cuenta poco faltó.
3 de febrero de 2007

Para cualquier aficionado a los Beatles, elegir un sólo disco es una tarea poco menos que imposible. Pero si hay un momento que supone un punto de inflexión entre las dos principales etapa de los de Liverpool, ese momento es el año 1965. A lo largo de ese período publican dos álbumes: ‘Help!’ y ‘Rubber Soul’. El primero de ellos es quizás la apoteosis de la «beatlemanía clásica» y contiene alguno de los temas más emblemáticos de la banda como la titular o ‘Yesterday’. Pero los Beatles dieron un salto de gigante con su siguiente álbum. ‘Rubber Soul’, publicado el 3 de diciembre de 1965, es un giro notable en su carrera y para mí, el comienzo de su mejor etapa. Este cambio está influido por las drogas psicotrópicas y el comienzo de todos los movimientos contraculturales que cambiarían la forma de concebir el mundo a lo largo de los años siguientes.
Temas como ‘Drive my Car’, ‘Norwegian Wood’ (con George Harrison tocando el sitar), ‘Michelle’ o ‘In My Life’ eran composiciones que quizás un año antes serían impensables. La complejidad iba en aumento. Comenzaba una nueva etapa para la música pop y para el mundo. Sus dos álbumes posteriores (‘Revolver’ en 1966 y ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band’ en 1967) lo confirmarían.
30 de enero de 2007

Los videojuegos son a menudo la antítesis de la inteligencia y la sagacidad. Se suele premiar la habilidad manual y los reflejos del jugador. Pero por suerte siempre hay excepciones y, aunque no estamos precisamente en la edad dorada de las aventuras gráficas, se siguen publicando algunas bastante dignas.
Una de las últimas es ‘In Memoriam 2. The Last Ritual’ (Lexis Numérique, 2006), una mezcla entre aventura gráfica, juego de puzzles y enigmas. La misión es ir resolviendo cada uno de los acertijos que un asesino en serie nos va mostrando. Ayudamos a un departamento policial a encontrar además al desconocido criminal. Para conseguir avanzar es prácticamente imprescindible utilizar el correo electrónico, donde recibiremos pistas e información valiosa, y nuestro navegador. Google es una herramienta más del juego. El videojuego incluye también algunas páginas web donde se muestran datos adicionales, aunque no imprescindibles, para la resolución del caso.
Necesitamos ser lo suficientemente inteligentes y sagaces para resolver los acertijos que, a modo de enorme rompecabezas, van configurando la trama a la que nos enfrentamos. Hay templarios, sociedades secretas y todos los ingredientes necesarios para engancharnos. Quizás uno de los mayores escollos sea la dificultad de alguna de las pruebas. Hace falta ser muy tenaz para tener éxito.
Uno de los aspectos que sorprende del videojuego es su buena adaptación al castellano. ‘In Memoriam 2. The Last Ritual’ ha recibido el premio a la creación artística en el festival internacional Into The Pixel Expo en 2006. Se trata de una obra arriesgada y muy original que desde luego no deja indiferente.
22 de enero de 2007

Acabo de ver por primera vez ‘Super Size Me’, uno de los documentales más populares de los últimos años. Lo podemos colocar en la misma estantería que ‘Bowling For Columbine’, es decir, documentos efectistas en los que el continente deslumbra (o incluso desvirtúa) al contenido o cómo utilizar un tema interesante para realizar un documental-espectáculo que a veces roza el sensacionalismo.
Morgan Spurlock es un joven que decide realizar un experimento con su propio cuerpo comiendo durante un mes sólo en restaurantes McDonald’s. A lo largo de la experiencia, médicos y dietistas controlarán la evolución de su organismo. Morgan recorrerá los Estados Unidos comiendo en restaurantes de la «M» de varios estados. Los resultados son, como era de esperar, desoladores. Entre advertencias de los médicos sobre los riesgos de continuar con el experimento, el protagonista comenzaba a «transformarse» en un ser cansado, insomne y malhumorado. No digo que comer en McDonald’s un mes entero sea bueno para la salud, pero creo que se han exagerado los efectos y lo peor de todo es que casi se nota. Yo personalmente no creo que un mes de comida basura provoque efectos tan perjudiciales. El afán exhibicionista de Morgan me hacen sospechar.
Paralelamente al experimento se intercalan otros datos e imágenes mucho más interesantes que el propio tema central. Se expone cómo las grandes multinacionales de la alimentación elaboran estrategias para introducirse, por ejemplo, en los comedores escolares para que los pequeños se vuelvan adictos a sus productos. El documental también ofrece una visión muy crítica de la conformista e infantiloide sociedad norteamericana.
20 de enero de 2007

Es bastante raro que una telecomedia de esas que se llaman «de situación» o sitcom llegue a engancharme. En general, las series de televisión no me atraen demasiado, sobre todo vistas en televisión. Una de las ventajas de internet es que muchas veces se descubren series que en su día no viste por falta de tiempo o de interés.
Algo así me ha pasado con ‘Seinfeld’, una telecomedia de manual que en España emitió Canal+ durante la segunda mitad de los noventa, aunque originalmente la serie se extendió desde 1989 hasta 1998. Su último episodio fue un acontecimiento nacional en Estados Unidos y fue portada del Time por ese motivo (ver foto). Alberto, que es un fanático de la serie, me la recomendó, así que ahora estoy bajándome las nueve temporadas de que consta.
Si hacemos un poco de historia, el origen de ‘Seinfeld’ hay que buscarlo en el humorista Jerry Seinfeld, quien tuvo la idea de llevar a la pequeña pantalla los hechos cotidianos de un grupo de amigos treintañeros, a cada cual más peculiar. Precisamente el retratar hechos cotidianos tratados con humor es su principal virtud. En más de una de esas situaciones nos hemos visto alguna vez. En ‘Seinfeld’ ese retrato llega a la categoría de arte. La acción de cada episodio está salpicado por fragmentos de monólogos de Jerry.
‘Seinfeld’ ha obtenido todos los premios que puede obtener un programa de televisión en los Estados Unidos y es considerado como una referencia en sitcoms. Para muchos críticos televisivos es la mejor y más influyente telecomedia de la historia.
19 de enero de 2007

Hace una semana se presentó en la keynote del Macworld 2007 el nuevo «invento» de Apple. El iPhone era un secreto a voces desde hacía meses en los círculos de aficionados a la compañía de la manzana. El público que asistió a la keynote con el maestro de ceremonias Steve Jobs enloqueció al ver las virtudes del aparato. Pero no sé por qué, el iPhone no me sorprendió tanto como se suponía.
Indudablemente, el diseño del iPhone es uno de sus puntos fuertes, pero siendo Apple esperaba algo diferente, más ingenioso. La pantalla táctil multipunto está bien, pero me resisto a creer que en un teléfono sea tan práctico como se dice. En cuanto al tamaño, creo que es correcto, aunque si se busca diferenciarse con el resto de smart phones que hay en el mercado, las dimensiones (junto con el peso) es uno de los parámetros más importantes si queremos llevarlo a todas partes. Por último, la superficie que cubre la pantalla tiene aspecto de rayarse sólo con mirarla, mucho más cuando tenemos que tocarla constantemente.
Me parece increíble que un teléfono de alta gama de hoy día no tenga 3G. El iPhone no lo tiene. En cambio sí tiene capacidad wifi, cosa que no tienen muchos teléfonos. La cámara fotográfica que incorpora es de 2 Mpx, algo escaso (la de mi móvil tiene 2 Mpx y no es nada del otro mundo). No tengo datos sobre la duración de la batería, pero por las fotos que he visto no parece muy sencillo retirarla.
El interfaz del iPhone es realmente espectacular. Viniendo de Apple, esto no es nada sorprendente. Es algo que se da por hecho. La función iPod puede ser muy útil, aunque no pienso lo mismo del llamado ‘Internet Communicator’, un Safari especial para navegar por internet y que en la demostración en la keynote no me pareció demasiado práctico. La incorporación de Google Maps no me parece más que un añadido anecdótico. Útil, pero un añadido. Se echa de menos un pequeño Office al estilo del que lleva Windows Mobile en las PDA.
No tengo ni idea de cómo se puede comportar el mercado con el iPhone, aunque supongo que no será un bombazo al estilo del iPod. Mucho más pensando que se trata de un aparato que en Europa costará en torno a los 400 o 500 euros. De lo que sí estoy seguro es que será un punto de partida para una nueva generación de aparatos de comunicación integral. El iPhone servirá para «inspirar» a otras compañías, tomarán buena nota y corregirán sus fallos.