Hace no mucho tiempo que hablé sobre la legendaria serie de la BBC‘Doctor Who’ y sobre lo que me habían parecido algunos de los primeros episodios de la «segunda época» estrenados en 2005. En verano de 2008 se emitió el último episodio de la cuarta temporada de esta nueva etapa con David Tennant como décimo doctor.
Anteriormente habían sido Señores del Tiempo Christopher Ecclestone (2005), Paul McGann (1996), Sylvester McCoy (1987-1996), Colin Baker (1984-1986), Peter Davison (1982-1984), Tom Baker (1974-1981), John Pertwee (1970-1974), Patrick Troughton (1966-1969) y William Hartnell (1963-1966). ¿No notáis algo raro? Pues sí, todos son hombres. La estirpe alienígena de los Señores del Tiempo parece ser algo machista.
Leo en el Daily Telegraph la noticia de que el próximo Doctor Who debe ser una doctora. La nueva temporada de la serie que se está preparando para su emisión en 2010 ya no contará con David Tennant y se está buscando un nuevo protagonista. La idea ha provenido ni más ni menos de una institución científica del Reino Unido, la UK Resource Centre for Women in Science, Engineering and Technology. Y no les falta razón. Aunque sólo fuera por cambiar las tornas, no estaría mal ver a una doctora y a un acompañante masculino. Incluso han creado un grupo en Facebook donde se recogen las adhesiones a esta causa. Es posible que la BBC termine por hacer caso de estas reivindicaciones.
Tenía muchas ganas de ver algunos episodios del ‘Monty Python Flying Circus’, el programa de la BBC que dio a conocer a los Monty Python, uno de los más geniales y disparatados grupos de humoristas que ha dado la historia. Su mérito, aparte de colarse en una cadena pública con fama «seria» y revolucionar de paso el lenguaje televisivo, consiste en que fueron capaces de reinventar el humor del absurdo y llevarlo hasta el límite. Muchos de vosotros habréis visto sus legendarias películas. Yo las he visto varias veces y nunca me canso.
‘Monty Python Flying Circus’ comenzó a emitirse en la televisión británica en 1969 y finalizó en 1974. El programa consistía en un conjunto de sketches independientes, aunque cada capítulo recibía un nombre, normalmente disparatado y que poco tenía que ver con su contenido. Ningún tema se salvaba de su humor surrealista y sin duda fue un terreno para la experimentación de lo que después serían sus películas.
La influencia de esta serie ha sido enorme. Aquí en España puede verse claramente en humoristas como Faemino y Cansado. Pero lo que me ha parecido más curiosa es la relación entre los Monty Python y los actuales frikis. Dos ejemplos: el lenguaje de programación Python les debe su nombre y la palabra «spam», maldita para muchos, se popularizó gracias a uno de sus gags en el que los personajes repetían «spam» (carne de cerdo enlatada) hasta el absurdo… Por último decir que hace unos días, los Monty Python abrieron su propio canal en YouTube con muchos de los pasajes del ‘Flying Circus’.
Me parece admirable, por no decir increíble, que un espacio de televisión se mantenga en antena durante 45 años seguidos. Esto sólo puede ocurrir en los países anglosajones, donde aún se respeta y se cuida la televisión. El caso británico es especialmente revelador. En este 2008 se cumplen cuatro décadas y media de aquel 23 de noviembre de 1963. En la BBC 1 se emitía por primera vez ‘Doctor Who’, una teleserie de ciencia-ficción que rompió esquemas y que fascinó a millones de jóvenes.
La serie trata sobre un viajero del tiempo que lucha contra extraterrestres que pretenden destruir la Tierra. Así a simple vista parece un argumento muy básico, pero ‘Doctor Who’ sabe sacar todo el provecho al clásico terrestres vs aliens con ironía, mucha acción e imaginación (la máquina del tiempo, la TARDIS, es una cabina de emergencias) a la vez que una puesta en escena de serie B, con efectos especiales de segunda división y pensada como un entretenimiento intrascendente y para el consumo inmediato. Tanto es así que muchos de los episodios de los años sesenta y setenta se perdieron porque se borraron las cintas para ser reutilizadas o directamente se destruyeron.
Como os podéis imaginar, a lo largo de todo este tiempo, la serie se ha convertido en toda una institución británica, con múltiples estudiosos y exégetas. No tenéis más que visitar la entrada en inglés que la Wikipedia dedica a ‘Doctor Who’ o la cantidad de información y enlaces que arroja Google al hacer una búsqueda. Al igual que con otros seriales como James Bond, el Doctor Who ha sido encarnado por hasta diez actores diferentes en estos 45 años. Incluso hasta el popular Rowan Atkinson (Mr. Bean) ha sido uno de ellos en 1999.
Desconozco si se ha emitido ‘Doctor Who’ en España. Quizás en La 2 durante los años ochenta se emitió alguna temporada, porque tengo vagos recuerdos de una serie británica de ciencia-ficción… En cualquier caso, en nuestro país nunca ha sido una serie popular. La prueba de ello es que, a pesar del auge de las series de televisión de los últimos años, sólo TV3 se ha interesado por los derechos de la nueva etapa que comenzó en 2005. Aquí se ha lanzado directamente al DVD. Ni siquiera en internet pueden encontrarse episodios antiguos (anteriores a 2005), ni en versión original subtitulada ni doblados… Una pena.
Acostumbrado a ver series de televisión extranjeras (principalmente británicas y nortemericanas), ponerse a visionar ‘Cuéntame cómo Pasó’ decepciona. Hace unas semanas empecé con la primera temporada de esta teleserie de éxito de Televisión Española y está claro que, aunque comenzó siendo un estreno estrella de la cadena en la temporada 2001-2002, los medios fueron algo limitados. Los resultados sorprendieron a todos y se convirtió en un fenómeno social. Durante las siguientes ocho temporadas su seguimiento fue decreciendo, aunque mantuvo unos buenos índices.
Las principales bazas de ‘Cuéntame…’ son, por un lado, la explotación de la nostalgia, para que los mayores se engancharan a la serie y por otro los actores. Muchos de ellos primeras estrellas del cine patrio como Imanol Arias, Juan Echanove, José Sancho, Quique San Francisco o Pere Ponce (para mí el mejor de la serie junto con Imanol). Respecto a la ambientación de la serie, tiene muchos fallos, errores de bulto, que no afectan al desarrollo de la serie pero que distraen. Por contra, los acontecimientos históricos están bastante bien encajados mezclando imágenes de archivo.
Hay varias cosas de ‘Cuéntame…’ que no soporto: las interpretaciones de los niños son pésimas (bueno, y la de algunos mayores también) que le dan a la serie un aire de teatrillo cutre. Los decorados a veces están conseguidos, pero otras parecen más de Barrio Sésamo que de una teleserie emitida en prime time. Los argumentos son, salvo excepciones, demasiado enrevesados y poco creíbles, con giros previsibles. Esto no quita que haya momentos brillantes y en general la habilidad de los guionistas para entrelazar todos los hilos argumentales es admirable. En definitiva, ‘Cuéntame…’ no pasa de ser un entretenimiento para nostálgicos o para televidentes no excesivamente exigentes.
Los que pensamos que ‘Acción Mutante’ es la mejor película de Álex de la Iglesia estamos de enhorabuena. Anoche se estrenó en La 2 de TVE una nueva teleserie llamada ‘Plutón BRB Nero’, una sitcom cañí-interestelar dirigida por el realizador bilbaíno. Acabo de ver el primer episodio y es innegable que esta producción televisiva tiene muchas similitudes con la ópera prima de De la Iglesia.
La primera impresión dicen que es la que cuenta y en mi caso me ha generado sensaciones contradictorias. Por una parte bien por el atrevimiento de hacer una serie de ciencia-ficción, friki y estrafalaria y que Televisión Española haya apostado por ello, pero por otro lado tengo la impresión de que, al menos en este primer capítulo, el resultado está conseguido sólo en parte. Pero es una impresión muy temprana. Habrá que esperar a que nos familiaricemos con los personajes.
El elenco cuenta con una baza importante, el «chanante» Carlos Areces (para mi gusto el mejor) en el papel del Teniente Querejeta. El personaje le queda que ni pintado. Junto a él, el Capitán Valladares (Antonio Gil), un poco soso en su papel. El resto de la estrafalaria tripulación del BRB tampoco tiene desperdicio, especialmente el androide Wollensky (Manuel Tallafé) y Roswell, un marciano encontrado en el desierto de Texas en el siglo XX, vive congelado y al que toda la tripulación teme por su ferocidad. Todos juntos (y revueltos) intentarán cumplir su misión de encontrar un planeta habitable a donde pueda trasladarse la humanidad tras haber destruido la Tierra.
Está claro que TVE quiere que ‘Plutón BRB Nero’ sea una serie de culto, con seguidores al estilo de otros éxitos de «humor alternativo» de La 2 como ‘Muchachada Nui’. Para ello han montado una web muy completa donde podrán verse todos los capítulos, fotos, información detallada de los personajes, foros, el blog de Álex de la Iglesia y descargas varias. Aún es pronto para saber si este esfuerzo se convertirá en un nuevo campanazo de la segunda cadena o se quedará en un intento más que interesante.
Aunque tan sólo he visto los dos primeros episodios de la primera temporada de ‘Little Britain’, esta comedia a base de sketches me ha parecido genial. Lo es por el enfoque, creo que novedoso, nada sutil y bastante esperpéntica de la sociedad británica. Y digo británica con todas las consecuencias. Aquí no se salva nadie, ni escoceses, ni galeses, ni por supuesto ingleses. Detrás de ‘Little Britain’ están tres genios: Matt Lucas, David Walliams y Andy Riley. Heredan toda la tradición humorística de las islas, especialmente en los Monty Python y en su humor absurdo y excesivo, justo al límite de la grosería. Ellos escriben los guiones, dirigen la serie e interpretan a los personajes principales.
Como he dicho, cada episodio consta de varios sketches en los que aparecen personajes fijos, a cada cual más esperpéntico: Daffyd Thomas, y sus aventuras como el único gay de un pueblo galés, Ray McCooney, un excéntrico y medio loco escocés, propietario de una casa rural y obsesionado con los duendes, el ambiente victoriano y poseedor del flautín más irritante de toda Gran Bretaña o Vicky Pollard, madre soltera y adolescente, barriobajera, siempre con chándal y expresándose en una jerga casi indescifrable para los no ingleses…
Si algo tienen los ingleses es la admirable capacidad para reírse cruelmente de sí mismos y de su cultura, algo que hacen sin límite Matt Lucas y compañía. Viéndola me ha recordado lejanamente a Joaquín Reyes y a su muchachada. Salvando las distancias, tienen algo en común que los une y que no sabría definir. Quizás el tipo de humor absurdo y fresco o su gusto por los personajes cutres. De hecho el artífice de ‘La Hora Chanante’ es un admirador declarado de ‘Little Britain’.
La serie, que comenzó a emitirse inicialmente por la minoritaria BBC Three en 2003, se ha repetido en otros canales de la BBC dado su enorme éxito. En España, si no me falla la memoria, está siendo emitida con subtítulos (imposible traducirla) por Canal+. Muy recomendable para anglófilos, anglófonos y fans de los Monty Python y de ‘Muchachada Nui’.
Ahora que estoy a punto de finalizar el visionado de las seis temporadas de ‘Doctor en Alaska’ me parece un buen momento para escribir sobre una de las mejores (o quizás la mejor) serie de televisión que he visto hasta la fecha. Aunque hace unos meses ya había hablado sobre ella, aquellas impresiones primerizas se quedan muy cortas. El mundo de Cicely muta, parece que todo sigue igual, pero sin embargo todo está cambiando constantemente poco a poco y capítulo a capítulo.
Son muchas las webs que los aficionados dedicar a ‘Doctor en Alaska’. Es una lástima que muchas de ellas estén ya abandonadas, sin actualizar y alguna hasta ya no existe. Tiene su mérito que una serie dirigida a un público minoritario y que dejó de emitirse en España hacia 1997, todavía concite la atención y sea objeto de culto por parte de muchas personas.
A lo largo de las diferentes temporadas mi idea sobre la serie ha ido madurando. Me comenzó pareciendo una serie «rara» y «poco convencional» en la primera entrega. Pero a medida que se iban quemando las nuevas etapas, comenzó a conformarse todo un universo propio con múltiples tentáculos que enraizan en los orígenes de la cultura norteamericana, tanto indígena como anglosajona, en las preguntas elementales del ser humano, en el particular humor casi indescifrable para el no iniciado o en la política.
Uno de los aspectos que a mi modo de ver hacen interesante a ‘Doctor en Alaska’ es el uso de un peculiar realismo mágico «made in» Alaska, donde se mezclan animales que parecen humanos, espíritus indígenas que vienen del más allá para aconsejar a los de su tribu sobre los asuntos más peregrinos (inolvidables las apariciones de El Que Espera, el anciano espectro que ayuda a Ed) o materializaciones de duendes. Esta faceta casi folklórica se mezcla con un extraño cosmopolitismo con continuos guiños al cine (sobre todo a Woody Allen y a Ingmar Bergman), a la televisión (por ejemplo con alusiones a ‘Seinfeld’, en las parodias a ‘Twin Peaks’ o en el episodio en el que Shelley se engancha a la televisión por satélite), a la cocina de alto nivel (mi personaje favorito de la serie es el paranoico, malhumorado y taciturno chef Adam), a la religión (sobre todo a la judía).
Sin lugar a dudas, por encima de todo esto, la verdadera columna vertebral de la serie es la relación de amor/odio entre los dos principales protagonistas, el maniático y cascarrabias doctor Joel Fleischman y la tan guapa como borde Maggie O’Connell. En torno a ellos giran todas las demás situaciones, sobre todo en las primeras temporadas. Después la serie se volverá mucho más coral y para mi gusto algo más aburrida.
Como dije antes, existen multitud de webs de fans de ‘Doctor en Alaska’. Ahí va una lista con algunas de las mejores:
‘Cicely Online’. Sin duda el mejor sitio en castellano, con un montón de curiosidades sobre la serie, fotos, guía de episodios, índice de personajes, fragmentos de audio… Para pasar un buen rato curioseando.
La comida juega un papel importantísimo en la serie. Para conocer todo sobre la gastronomía de Doctor en Alaska aquí está la web ‘La Cocina de Doctor en Alaska’.
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