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La bitácora personal de Ricardo Martín
Comentando cosas desde 2004
10 de septiembre de 2008

Mi iMac cumple un año

Parece que fue ayer cuando escribí aquel post con las primerísimas impresiones sobre mi nuevo ordenador iMac. Apenas habían pasado un par de horas desde que recibí el paquete, pero aquellas opiniones primerizas que dejé en aquel y en algún otro artículo posterior son básicamente las mismas que tengo hoy. Incluso, con el paso del tiempo, han mejorado y cada día que pasa me arrepiento menos del cambio. Antes de comprármelo tenía ciertos recelos acerca de la compatibilidad, del manejo del sistema operativo o de la robustez del hardware. Todo se fue diluyendo en los primeros días. A lo que más me costó acostumbrarme fue a ese ratón tan especial que es el Mighty Mouse. Otra cosa que me chocaba fue el no ver absolutamente ningun led, ni fijo ni parpadeante. Me desorientaba al principio.

Pero como digo, todos aquellos estúpidos inconvenientes fueron desapareciendo poco a poco y manejar mi nuevo ordenador se convirtió en un auténtico placer. Adiós a los ruidos, adiós a Windows (menos mal), adiós a los virus, troyanos, gusanos y demás fauna indeseable, adiós a los pantallazos azules, a los gráficos feos y a complicarse la vida a la hora de realizar cualquier tarea. Una de las cosas que cada vez me gusta más del iMac es Front Row, del que ya he hablado en alguna ocasión. Hace poco descubrí que con el mando a distancia también se puede apagar (poner en reposo) el ordenador. Eso por no hablar del increíble buen acabado del hardware. Nada de plástico malo ni carcasas huecas. Todo tiene su sitio y nada se deja al azar.

Antes de tenerlo me asaltó la duda de si conseguiría todo el software que necesitaba y que ya tenía en Windows, y si lo conseguiría con facilidad. Esta duda no tenía ningún fundamento. Todas las aplicaciones que usaba en mi PC tenían sustituto en Mac, bien utilizando la versión propia compilada para Mac OS X, bien a través de emulación o bien con otro programa que cumple sus mismas funciones. Al contrario que en Windows, el sistema operativo de Apple trae un montón de buenas aplicaciones muy útiles para hacer tareas como grabar un CD/DVD, editar un vídeo (nada que ver con Windows Movie Maker), catalogar, ordenar y retocar fotos, diseñar una web sencilla, leer y crear archivos PDF o componer un texto. Además existen multitud de aplicaciones libres compatibles con Mac, cada vez más, que hacen que apenas tengamos que usar programas externos de pago (salvo quizás Adobe Photoshop)…

Y para terminar con esta celebración, un inconveniente: la incompatibilidad de hardware. Que nadie se asuste, el Mac es compatible con cualquier impresora, cámara de fotos, de vídeo, disco duro externo, pendrive, ratón USB y demás. Pero NO con dispositivos un poco más complejos y especializados como sintonizadoras de televisión, capturadoras de vídeo. Si queremos uno tendremos que rascarnos más el bolsillo y comprarnos uno de, por ejemplo, Elgato, aunque compañías como Pinnacle están sacando ya sus primeros modelos compatibles con ordenadores Apple.

Ha pasado un año, y si tuviera que cambiar el ordenador (cosa que no ocurrirá porque cada día funciona mejor), me compraría un iMac todavía más grande… Bueno, ahora voy a ver si Steve Jobs me da la comisión por esta publicidad gratuita…

Aquí está la lista de artículos sobre las impresiones sobre mi iMac que he escrito a lo largo de este año:

30 de agosto de 2008

La «chica iPhone»

Muchas veces, el mundo tecnológico es cruel y despersonalizado, especialmente para aquellos que se dedican a su fabricación. Suelen ser trabajadores de países asiáticos: China, Tailandia, Indonesia, Taiwán… Poco sabemos de las plantas donde se ensamblan todos los componentes de nuestros reproductores mp3 favoritos, nuestros ordenadores portátiles o nuestros teléfonos móviles. Esta semana muchos medios digitales se han hecho eco de una noticia cuanto menos curiosa y que tiene un trasfondo social evidente.

Todo comenzó cuando un usuario del foro de Mac Rumours, markm49uk, comenzó un hilo el pasado día 20 de agosto relatando lo que se había encontrado al encender su recién comprado iPhone. Y lo que se encontró fueron unas fotografías hechas con el propio teléfono en las que se podía ver a una sonriente trabajadora china de la línea de montaje, inmortalizada por otra de sus compañeras en su puesto de trabajo. Leyendo el resto del hilo me entero de que no es la primera vez que se encuentran fotos dentro de los iPhones nuevos, pero en ellas nunca antes habían aparecido personas.

Desde aquel día, los principales medios geeks del mundo han contado la historia, con mil especulaciones sobre la ya famosa chica (la llaman «iPhone girl», y así se puede buscar un montón de información en Google). En apenas diez días se ha convertido en la musa geeky del momento y hasta se ha montado un blog donde se cuelgan todas las nuevas noticias sobre ella. De nuevo el aburrido, banal, saturado y sobrealimentado mundo rico busca nuevos iconos con los que pasar el rato, aunque sea a costa de las chicas que se dejan la juventud en una cadena de montaje por un salario miserable.

En España, ningún medio (blogs aparte) ha reflejado la noticia a excepción de Soitu.es. En él se escribió ayer un artículo llamado ‘Las otras chicas iPhone’, un retrato agridulce de las trabajadoras de la planta de Foxconn situada en la ciudad china de Shenzhen y que se dedican a ensamblar algunos aparatos de Apple y de otras compañías que consumimos en occidente. Muy recomendable su lectura.

13 de agosto de 2008

La batería del MacBook

Desde que tengo el MacBook, el ordenador me ha proporcionado más alegrías que tristezas. Más bien se puede decir que sólo le he encontrado una pega: la batería. Los que tengáis uno quizás lo habréis sufrido como yo. No es que no funcione, o dure poco, o se caliente mucho o tarde mucho en cargar. Nada de eso. Simplemente a veces se «vuelve loca». Ahora en vacaciones, que estoy haciendo uso intensivo del portátil, me estoy dando cuenta. Cuando digo que se vuelve loca es que literalmente es así. Sin motivo aparente aparece el indicador de batería estropeada (la fatídica «X» en el recuadro del indicador de carga). En el peor de los casos, el ordenador entra en suspensión de repente.

Dicen que el mal de muchos es el consuelo de los tontos. La verdad es que me he tranquilizado al encontrar, buscando por foros, que no soy ni mucho menos el único con este problema. Tras muchos experimentos he llegado a dos conclusiones provisionales: la primera es que la batería del MacBook es extremadamente sensible a las variaciones de tensión eléctrica mientras carga. Es la única explicación que tengo a que el cargador «le guste» o «no le guste» determinados enchufes de casa. En algunos la carga es defectuosa, alternando los colores rojo (cargando) con el verde (batería cargada) en el indicador sin razón aparente, cuando, mientras está en el proceso de cargado sólo debería iluminarse el led rojo. En otros, sin embargo, la carga sigue el proceso normal.

La segunda conclusión, también provisional, es que el software también cuenta. Cuando sufrí este problema en su máxima gravedad decidí reinstalar el Leopard. Sin descartar la casualidad, tras hacerlo la batería comenzó a funcionar perfectamente, como si nada hubiera ocurrido. En un principio achaqué al Onyx, una aplicación para el mantenimiento del sistema, todo el problema porque justo antes de que empezara a fallar había pasado a fondo el programa. Aunque no lo descarto, en principio no creo que exista una causa efecto.

Durante este tiempo, en más de una ocasión he tenido ya la mano en el teléfono para llamar al servicio técnico de Apple, aunque al final no ha hecho falta. Como he dicho, el problema con las baterías es un asunto conocido desde hace tiempo por la marca de la manzana y ante problemas siempre la cambian sin coste para el cliente. Todavía queda mucho tiempo para que mi MacBook cumpla un año, que es cuando termina la garantía, así que aún tengo margen para experimentar. Ahora mismo, el ordenador funciona a la perfección y la batería tiene ahora más capacidad que cuando lo compré… Veremos que ocurre en el futuro…

4 de agosto de 2008

Grano o no grano, esa es la cuestión

Ya hace unos meses me enteré de que los estudios de cine de Hollywood quieren eliminar el grano de las ediciones en blu-ray de sus producciones. Me explicaré un poco más: todos, cuando vamos (íbamos) al cine, nos fijamos en que la textura de la película no es totalmente lisa y homogénea, sino que tiene una especie de «rugosidad». Eso es lo que se llama el grano (en inglés film grain) de la emulsión química, y es debido a los pequeños cristales de sales de plata que forma parte de la superficie fotosensible de la película. Este grano depende de muchos factores: el tipo de película utilizado (cuanto más «rápida» sea la película, o sea, menos tiempo de exposición necesite, mayor será el grano) o las condiciones de filmación (a menos iluminación, más grano) entre otras.

Con la llegada de los equipos profesionales para la filmación de cine digital (en realidad vídeo de muy alta calidad que «emula» en cierto modo la textura de la película química y su forma de procesado), este grano comenzó a perderse. No tanto en las proyecciones convencionales de cine, para las que se convierte el original digital en celuloide, sino en las conversiones a los nuevos formatos de alta definición.

Hasta la fecha, debido a la baja definición de los formatos, el «problema» del grano de la película no existía, pero en el blu-ray ya comienza a apreciarse, y parece que a algunos no les gusta demasiado. El tema es más una cuestión de gustos que algo técnico. O mejor dicho, es una cuestión de fidelidad al original. O yo al menos lo veo así. ¿Queremos una conversión más perfecta pero menos fiel al original, menos auténtica o no? De momento parece que Hollywood lo tiene claro.

11 de julio de 2008

Un iPhone 3G por el precio de un MacBook

Según lo que voy leyendo, el lanzamiento del iPhone 3G en España de la mano de Movistar está siendo más que decepcionante, y en algunas ocasiones hasta cabreante. Aparte de la escasez de terminales suministrados y los problemas técnicos para activarlos, parece que nadie se ha dado cuenta de un pequeño detalle: seremos esclavos de Movistar durante los próximos 24 meses, o sea dos años.

En condiciones normales sería un abuso, pero teniendo en cuenta de que el terminal más barato, el iPhone de 8 Gb ya cuesta 299€, la cosa ya parece de broma. Para colmo, se han inventado una tarifa de datos de 15€ mensuales la queramos o no que hemos de sumar al consumo fijo de 9€. Vamos, que tenemos un gasto fijo mensual de 24€, siempre según la tarifa más económica. Con un sencillo cálculo se puede averiguar que los gastos a lo largo de dos años serían de 576€. A esto le sumamos los 299€ (o en el mejor caso, la portabilidad pagando «sólo» 269€) tenemos la bonita cifra de 875€ (o 845€ con portabilidad). Por 949€ tenemos un hermoso portátil MacBook. Y si queremos el iPhone de 16 Gb la cosa se dispara, porque los precios andan, en el mejor de los casos, en torno a los 900€. Un abuso.

Está claro que Movistar va a intentar sacar todo el dinero posible a los early adopters que quieran tener un terminal a toda costa y cuanto antes. Pagarán caro su osadía, porque casi con toda seguridad, Apple lanzará iPhones libres antes de fin de año a precios que seguro serán más económicos que la tomadura de pelo que se nos ofrece ahora. Así que nada, a esperar. Y si queremos un iPhone donde el teléfono y el GPS sea lo de menos, pero queramos tener la misma apariencia, la misma pantalla, el mismo sistema operativo, navegación WiFi, reproductor multimedia, mapas y demás, lo mejor serar comprarse un iPod Touch por 269€…

10 de junio de 2008

Fabbing, la «neoartesanía»

Desde hace unas semanas estoy siguiendo con interés las entradas que David de Ugarte dedica al fabbing. Tras este término está la técnica (si es que podemos definirla así) mediante la cual se pueden fabricar objetos de manera automatizada y personal. El concepto no es nuevo, porque yo ya he podido ver las llamadas «impresoras 3D» en acción en algunos vídeos. La forma de fabricación era mediante un polvo de resina sintética que se solidifica al contacto con un cabezal emisor de calor. Cada una de estas capas repite un patrón que corresponde con una «loncha» del modelo a reproducir. Lógicamente, una maquinaria así sólo esta al alcance de estudios de diseño, de arquitectura y otros que puedan permitirse el desembolso y el mantenimiento de una máquina así.

Pero hace no mucho tiempo comenzaron a surgir las primeras máquinas «personales», llamadas fabbers (abreviatura de digital fabricator), que permiten reproducir objetos sólidos a partir de un modelo tridimensional diseñado en un ordenador. Esta opción es infinitamente más económica. El sistema utilizado es algo diferente. Un brazo robotizado inyecta por capas una substancia que se solidifica, bien sea resina plástica o cerámica. La filosofía que subyace tras el fabbing es también muy diferente. Aquí lo que prima es la experimentación, la artesanía tecnológica y sobre todo el «hazlo tú mismo». El fabbing también está muy relacionado con el software libre y la independencia frente a los métodos tradicionales de producción de objetos en cadena.

Imaginemos por un momento que dentro de diez años se popularizan este tipo de máquinas que «imprimen» objetos. Y que estos artefactos están tan perfeccionados que nos permiten crear muchos tipos de objetos sin depender del mercado. Muchos auguran que este podría ser el comienzo de una nueva revolución, no ya industrial, sino de algo que podríamos denominar como «neoartesanal». Desde luego la idea me parece muy interesante.

Si queréis leer más sobre el tema, os remito al blog de David de Ugarte y a este wiki en inglés donde puedes saber cualquier cosa sobre el fabbing, incluso construir tu propia máquina.

2 de junio de 2008

El Roland TB-303

Hay veces en las que un aparato, un cacharro para hacer música trasciende lo puramente técnico para pasar a ser un objeto de culto. Ocurrió con en su día, por ejemplo, con las guitarras Fender en los años cincuenta y sesenta. Los últimos años ochenta estuvieron marcados por un procesador de bajos electrónicos fabricado por Roland, el TB-303. Muchos se preguntarán que tiene de particular este artefacto que no tenga otro. Pues básicamente porque producía un sonido único y extraño, que para nada era el que los fabricantes buscaban. Concebido inicialmente como un sintetizador de bajos, su sonido poco conseguido hizo que fuera un fracaso para la compañía Roland, quien lo comercializó a lo largo de poco más de un año, entre 1982 y 1983. Sólo se vendieron diez mil unidades.

Tendrían que pasar todavía unos años para que el TB-303 se conviertiera en un instrumento de culto. Tal y como se cuenta en un excepcional artículo publicado en la Dance De Lux del verano de 1998, Phuture fundarían, sin saberlo, el acid house al manipular uno de estos aparatos. El propio artífice del sonido acid, Spanky, contaba su descubrimiento:

«La descubrimos por pura casualidad. En aquella época intentábamos hacer algo lo suficientemente bueno como para que Ron Hardy lo pusiera en The Music Box, pero no éramos capaces: nuestras líneas de bajo no mantenían el ritmo. Hasta que una noche Pierre (la otra mitad de Phuture) me llevó a casa de un tío llamado Jasper que conseguía que las líneas de bajo se mantuvieran al mismo ritmo que la percusión usando una TB 303. Al día siguiente, después de llamar a medio Chicago encontré una en el otro extremo de la ciudad. Lo llamé acid porque me sonaba al viejo acid rock con un beat de fondo. […] Con ese sonido no podíamos llamarlo house porque no sonaba como el house, así que el estilo se quedó con lo de acid house».

El resultado fue ‘Acid Trax’, el primer tema acid house publicado en 1987 y a su vez el primer himno pastillero para discotecas, origen del famoso «verano del amor» (del que este año se cumple el veinte aniversario), del «bakalao» y de todo lo que ha venido después, para bien y para mal…



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