¿Puede ser realista una serie basada en una novela gráfica sobre zombis? Esta pregunta me la he hecho nada más ver el primer episodio de ‘The Walking Dead’. Esta producción de la AMC ha sido una de las teleseries más aclamadas por público y crítica en la pasada temporada. La respuesta no la tengo muy clara, ya que partir de un escenario ya elaborado puede ser muy tramposo. El planteamiento inicial de un mundo infectado de muertos vivientes que campan a sus anchas por ciudades y campos de todo el planeta es totalmente inverosímil, pero claro, es un cómic. Sin embargo, el desarrollo es absolutamente realista y llevando los detalles (sobre todo de anatomía humana) hasta sus últimos extremos.
Los zombis de ‘The Walking Dead’ son de manual. Muertos en diferentes grados de putrefacción y desmembración, movimientos torpes y mecánicos y gruñidos por toda conversación. No pueden conducir vehículos, disparar armas u organizarse más allá que lo que le dictan sus instintos antropófagos. ¡Si ni siquiera pueden subir escaleras! Además la forma de contacto es necesariamente mediante mordiscos (como Drácula) o arañazos. Con todos estos datos, el hecho de que el mundo prácticamente se haya convertido en un planeta zombi se me hace un poco complicado de creer.
Tal vez por eso me parece absurdo que el grupo de supervivientes (nunca mejor dicho) protagonistas de la serie estén huyendo continuamente de los pobres zombis y montando campamentos en montes boscosos de poca visibilidad en vez de en campos amplios o en islas (los muertos vivientes tampoco saben nadar ni manejar barcos). Incongruencias aparte, ‘The Walking Dead’ está repleta de tópicos, uno detrás de otro. Los mismos tópicos de que adolecen la mayoría de los mediocres productos de ficción norteamericanos. En definitiva, si aún no la habéis visto y después de leer esto queréis verla, con visionar el primer capítulo y el último es suficiente. Los cuatro de enmedio os los podéis ahorrar e invertir vuestro precioso tiempo en otra cosa.
No son muchos los blogueros comprometidos con su bitácora hasta el punto de escribir al menos una entrada diaria. Yo, que hasta hace poco cumplía con esta sagrada regla, apenas puedo hacerlo ahora, no por aburrimiento ni por dejadez, sino por falta de tiempo. Quizás por eso —me he enterado a través del diario El País de hoy— que la gente de WordPress pusieron el pasado día 30 de diciembre una iniciativa que instaba a todos aquellos que tenían un blog alojado en sus servidores bien a postear todos los días (Post A Day 2011) o, para los menos entrenados, una vez a la semana (Post A Week 2011).
Según estudios de la propia WordPress, en 2008 menos de un 6% de los blogs que alojaba escribían a diario. Presupongo que con el auge de Facebook y Twitter este porcentaje es aún menor. Así que para ayudar a quienes quieran seguirla ofrecen un blog donde proponen ideas, temas de inspiración y técnicas para conseguirlo. Animan a que los que no la tengan se hagan una cuenta en este servicio y que los que la tengan se comprometan con su página incluyendo en sus tags la clave PostADay2011 o PostAWeek2011.
Me hubiera gustado unirme a esta iniciativa, pero ya es un poco tarde para empezar y, además, puedo presumir de haber escrito más de 350 entradas anuales durante varios años, cosa que no todos los blogueros pueden decir. Pero esos tiempos creo que ya han pasado y, como dije antes, las obligaciones terminan mandando sobre las aficiones, y muchas veces el tiempo es nuestro peor enemigo. Mucho más que la pereza.
Se ha convertido ya en una tradición el hacer la comparación de mis listas de lo mejor del año (musicalmente hablando) con las de la prensa de referencia. En mi caso siempre hice este ejercicio con la revista Rockdelux, aunque con la llegada de internet los medios se multiplicaron. Mi web musical de cabecera, Je Ne Sais Pop, y Mondo Sonoro también han publicado sus listas con sus favoritos de 2010. Y una vez consultadas todas ellas puedo llegar a algunas conclusiones.
La primera de ellas es que, a nivel nacional las cosas han estado bastante claras. El Guincho y ‘Pop Negro’ ha sido el mejor disco nacional para Rockdelux y Mondo Sonoro y también para mí. También en todas ellas están mi disco favorito de 2010, ‘Tierra, Trágalos’ de Klaus & Kinski (4º en Rockdelux, 12º en Je Ne Sais Pop y 8º en Mondo Sonoro) y el vaporoso ‘Subiza’ de Delorean (3º para mí, 8º en Rockdelux, 9º en Je Ne Sais Pop y 2º en Mondo Sonoro). A partir de aquí pocas coincidencias. ‘Por Amor y Jerarquía’ de Los Directivos no aparece en ninguna otra lista y el quinto en discordia de mi lista, ‘Cuando el Destino nos Alcance’ de Lori Meyers, es 20º en Mondo Sonoro. En el resto no aparece. Fuera de mi lista quedan ‘Año Santo’ de Triángulo de Amor Bizarro (6º), siendo 5º en Rockdelux, 6º para Mondo Sonoro y 1º en Je Ne Sais Pop, o ‘Una Ópera Egipcia’ de Los Planetas (7º para mí, 2º para Rockdelux, 10º para Mondo Sonoro y 34º para Je Ne Sais Pop).
A nivel internacional las cosas divergen mucho más. Es lógico dada la gran cantidad de discos diferentes que pueden llegar a escucharse. Aún así, parece que algunos trabajos son constantes en todos ellos. El caso más claro es de el ‘Teen Dream’ de Beach House, que a mí me ha decepcionado bastante después de su primer disco. La prensa especializada parece que no opina lo mismo (2º en Rockdelux, 1º en Mondo Sonoro y 2º en Je Ne Sais Pop). MGMT y su ‘Congratulations’, mi disco internacional favorito de 2010 sólo aparece en Rockdelux en la posición 30º, igual que ‘Write About Love’ de Belle & Sebastian (4º para mí y sin rastro en el resto). Por el contrario los otros tres discos que completan el «quinteto de la gloria» sí aparecen en todas ellas. A saber: ‘Contra’ de Vampire Weekend, ‘The Suburbs’ de Arcade Fire y ‘Have One on Me’ de Joanna Newsom.
A pesar de todas las diferencias, parece que existe cierta coincidencia, o al menos una tendencia común, que nos hace pensar que dentro del pop independiente elegir los mejores discos de la temporada no sea un asunto tan subjetivo como parece. De momento, año tras año, seguiré haciendo mis humildes comparaciones.
Curiosamente, mi web de fotografías Cromavista ha sido una de las que más visitas ha recibido a lo largo de los ocho años y medio que lleva colgada y la que menos rediseños ha sufrido. Surgió en julio de 2002 como una web experimental y ha ido transformándose poco a poco en un sitio donde mostrar todas aquellas imágenes de viajes o eventos que han captado mis cámaras. Desde julio de 2005 no se había modificado su diseño, sólo se habían ido añadiendo más y más galerías. Sin embargo, el planteamiento para la nueva Cromavista era ir un poco más allá que el de darle un mero lavado de cara. Era el momento de redefinir toda la web a la vez que se renovaban sus contenidos.
En esta tercera versión de Cromavista se han eliminado todas aquellas fotografías anteriores a 2007 y junto con ella la mayoría de las imágenes experimentales para dar paso a un contenido más convencional. El tamaño de las imágenes pasa de 1024 píxeles de ancho a 2000, el mismo que en mi otra web de fotos, Zamora en Imágenes. También la calidad de imagen experimenta una mejora, con menos compresión de los JPGs. Finalmente, tras un proceso de selección y procesado de las imágenes que ha durado algo más de un mes, han quedado 493 fotografías a tres tamaños (2000, 600 y 150 píxeles de ancho respectivamente), repartidas en 39 galerías, en su mayoría sobre lugares y algunas sobre eventos. El peso total de la nueva web es de casi 380 MB de espacio. Ese es el punto de partida de Cromavista 3.0.
En cuanto a la parte más técnica, la web lleva bastante más tiempo de programación que su predecesora, de la que conserva muy pocos elementos. Ha sido necesario un poco de código extra para tratar y controlar las imágenes verticales que por primera vez entran en una de mis webs de fotos. Por el contrario, la parte de diseño es mucho más sencilla, pero también más clara, más robusta y también muy probada en todos los navegadores y sistemas operativos que he podido. Otro de los puntos interesantes de la nueva Cromavista es el uso de direcciones URL amigables a través de reglas de servidor htaccess, de forma que las direcciones a las páginas creadas dinámicamente para cada fotografía puedan ser indexadas por los buscadores y accesibles más fácilmente para aquellos que busquen este tipo de recursos en la web.
Así que espero que la web os guste y que sea interesante para vosotros.
La forma de hacer series de televisión a un lado y al otro del atlántico es considerablemente diferente. Me cuesta no comparar la miniserie que acabo de ver, ‘Sherlock’, con otras del estilo de ‘CSI’ o similares. ‘Sherlock’, como bien indica su nombre, es una serie basada en el personaje de Sherlock Holmes, pero trasladado a nuestro tiempo, al Londres de 2010. Esta producción de la BBC ha merecido todos los elogios de la crítica y está casi unánimemente considerada como una de las mejores de la pasada temporada. En mi opinión con razón. Mientras en norteamérica la tecnología y el alarde de ella forma parte central de los episodios, aquí es la lógica pura y dura y el talento por la deducción de Holmes. Se ayudan, evidentemente, de los medios actuales, pero sólo como herramienta secundaria. De hecho, ambos llevan sus respectivas páginas personales que tienen su réplica en el mundo real (‘The Science of Deduction’, la web de Sherlock Holmes, y ‘The Personal Blog of Dr. John H. Watson’, el blog-terapia personal de John Watson).
Quizás lo más interesante de ‘Sherlock’ sea la reconstrucción que los guionistas Mark Gatiss y Steven Moffat (escritor también de muchos episodios de ‘Doctor Who’) hacen de los inmortales personajes. Holmes, un treintañero presuntuoso, superdotado, enigmático y desordenado pero también noble, y Watson, un médico militar cuarentón recién regresado de Afganistán y que huye de sus propios demonios, forman una peculiar pareja que conserva perfectamente el espíritu de los relatos de Conan Doyle. Juntos viven situaciones de lo más estrambóticas, como el inicio del segundo episodio, en el que mientras Watson lucha por que una lechuga pase por el lector óptico de un supermercado, Holmes lucha también, pero con un miembro de una mafia oriental, catana en mano, en su propia casa. El humor, y sobre todo la ironía, es parte fundamental de todas las tramas.
El formato elegido para la serie es un tanto extraño: temporadas de tres episodios de hora y media cada uno. Tras la buena acogida de esta primera tanda ya se prepara la segunda para el otoño de 2011. De nuevo serán tres de 90 minutos cada uno… Aunque yo la he visto subtitulada, en España la ha emitido doblada en el canal temático TNT. Recomendable para anglófilos contemporáneos con gusto por el suspense detectivesco.
Nadie dudamos de que la ley hay que cumplirla, independientemente de si nos parece justa o injusta. La moda de declararse insumiso ante determinada legislación porque «no nos gusta» o la han aprobado los adversarios políticos crece cada día y no deja de ser alarmante. La recientemente aprobada «ley anti-tabaco» es el último ejemplo. Pero más allá de las leyes, lo que subyace es una falta manifiesta de civismo y de deber para con los demás. No deberían dudar (y supongo que no lo dudan) que fumar en un lugar público puede perjudicar no sólo la salud propia, sino que también puede molestar a los demás.
Pienso que si actitudes como, por ejemplo, levantar la voz o hacer ruidos en determinados lugares está mal –y todos lo sabemos– y no hay que delimitarlos ni normalizarlos, el asunto del tabaco también debería serlo. Pero muchas veces la nefasta herencia cultural de la sociedad pueden más que el sentido común, el mismo sentido que nos dice que fumar en un lugar cerrado (o abierto si está cerca) es desagradable para aquellos que no son (somos) fumadores y tienen que respirar el humo. Finalmente, como ocurre casi siempre, una actitud poco cívica desemboca en la obligación de legislar para proteger a los perjudicados por ese incivismo.
Quizás lo más polémico de la ley es la posibilidad de denunciar anónimamente ante las autoridades aquellos lugares en los que la norma no se cumpla. Muchos lo presentan como un atentado contra la libertad y una incitación a la persecución (uno de ellos ya sabemos quién es), pero como sabemos, la libertad propia termina donde comienza la de los demás y –otra de las frases que más repito– la libertad conlleva una responsabilidad. O lo que es lo mismo, ante la libertad de poder fumar está la responsabilidad de hacerlo en un lugar donde no suponga una molestia para los demás.
Cerramos este miniciclo de cine para Navidad (que no navideño) con una coproducción bastante exótica. ‘Smutek Paní Šnajderové’ (que puede traducirse al castellano como ‘La Pena de la Señora Snajdr‘) es una producción de Grecia, Albania y República Checa dirigida en 2008 por los realizadores albaneses Piro y Eno Milkani, que son padre e hijo. De hecho, la película está ligeramente inspirada en la experiencia de Piro durante su estancia en la Checoslovaquia comunista de los años sesenta.
La acción transcurre en 1961. Dos estudiantes de cine checos y uno albanés (Leka, el protagonista de la cinta) llegan a la ciudad de Český Šternberk para rodar un documental sobre la fábrica de motocicletas Eso. Será su proyecto fin de carrera. Paralelamente a la realización de su trabajo vivirán una serie de experiencias, sufridas siempre por Leka, que pondrán de manifiesto el convulso contexto histórico de la época y las contradicciones en las relaciones entre los países del otro lado del telón de acero. Coincidirá con un relajamiento de las costumbres comunistas en Checoslovaquia (donde incluso a los condes se les permite vivir en el castillo familiar) y, ante esto, la reacción de países más radicales como la Albania de Enver Hoxha, cerrando aún más su país. Por supuesto, Leka sufrirá las consecuencias.
‘Smutek Paní Šnajderové’ es una buena manera de conocer una historia cercana sobre la que los europeos occidentales no tenemos ni idea. Una de esas cintas interesantes en todas sus lecturas, tanto en la más evidente –el relato de tres chicos y sus aventuras y desventuras en Praga y en Český Šternberk–, el de las carencias y peculiaridades de la Checoslovaquia comunista de los sesenta y la más de fondo, el que tiene Leka en la cabeza, o sea, las relaciones de su país de adopción con Albania. Se trata, por tanto, de un film complejo vestido con una apariencia de sencillez y que es perfectamente accesible para cualquier persona «no iniciada» en el cine del este europeo. Quizás por esto la película fue enviada por Albania como candidata a los Oscars de Hollywood en la categoría de mejor película de habla no inglesa en 2009.
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