Aún a riesgo de ser pesado, voy a hablar de nuevo sobre la asignatura de Educación para la Ciudadanía a cuento de la sentencia de la sección de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo que ha resuelto que no cabe la objección de conciencia. Por 22 votos favorables y solamente 7 en contra, el tribunal, compuesto en su mayoría por magistrados de corte conservador, ha fallado de manera rotunda. Los objetores ya han anunciado recursos ante el Constitucional y ante el Europeo de Derechos Humanos, aunque es raro que se pronuncien de manera contraria.
Algunos sectores políticos, sociales y religiosos se han empeñado en utilizar esta asignatura como arma ideológica contra el Gobierno. El caso más llamativo es la decisión de la Comunitat Valenciana de dar la asignatura en inglés, que ha cosechado un fracaso tan rotundo que se ha dado finalmente marcha atrás, con el consecuente gasto inútil de tiempo y de dinero. Como ya dije hace tiempo, en el contenido de la materia no hay doctrina, sino inculcación de valores, derechos y deberes que han de ser de conocimiento universal, básicos para la convivencia y el civismo, la tolerancia y el respeto a los demás. Y no sólo es compatible con la orientación religiosa de los alumnos, sino que lo complementa.
Preocupado por el nivel creciente de apatía política y cívica, por la falta de confianza en las instituciones democráticas y por el aumento de los casos de corrupción, racismo, xenofobia, nacionalismo agresivo, intolerancia con las minorías, discriminación y exclusión social, que constituyen graves amenazas para la seguridad, la estabilidad y el desarrollo de las sociedades democráticas. Deseoso de proteger los derechos de los ciudadanos, sensibilizarlos con respecto a sus responsabilidades y reforzar la sociedad democrática. Consciente de la responsabilidad de las generaciones presentes y futuras para mantener y salvaguardar las sociedades democráticas, y del papel de la educación para promover la participación activa de todas las personas en la vida política, cívica, social y cultural.
Así que espero que esta sentencia del Tribunal Supremo ojalá sirva para remover de una vez por todas los obstáculos para poder educar a unas nuevas generaciones en valores más respetuosos y tolerantes. Mucho más que lo somos nosotros o lo fueron nuestros antepasados.
Llevo unos cuantos días «jugando» con la nueva (y monstruosa) suite de Adobe, el Adobe Creative Suite 4 Master Collection. Lo de monstruosa lo digo porque incluye prácticamente todas las aplicaciones de Adobe para Mac (InDesign, Photoshop, Illustrator, Acrobat, Flash, Dreamweaver, Fireworks, Contribute, After Effects, Premiere Pro, Soundbooth, OnLocation, Encore, Bridge, Device Central y Version Cue). He empezado a probarlos por orden alfabético. Saltándome el Adobe Acrobat que ya lo tengo muy visto, me he metido con Adobe After Effects.
Es la típica aplicación que en otros tiempos me hubiera vuelto loco. Se trata de una herramienta increíblemente versátil y fácil de utilizar. Para quien no lo sepa, After Effects es uno de los programas más utilizados en postproducción de video digital. O sea, efectos especiales de todo tipo, animaciones, retoques, transparencias, títulos de crédito… Viene a ser lo que es Photoshop a la imagen. De hecho la mayoría de operaciones que podemos hacer en Photoshop con fotografías, las podemos aplicar al vídeo con After Effects. Todo ello de manera intuitiva.
Paralelamente a mi descubrimiento de After Effects, también he visto algunos videotutoriales donde se pueden aprender en poco tiempo los rudimentos de la herramienta. Si os interesa el tema de la postproducción de vídeo os lo recomiendo, aunque sólo sea por ver todo lo que se puede hacer con cuatro clics de ratón. Mi intención era acompañar esta entrada con un pequeño vídeo hecho por mí con el programa, pero me ha sido imposible por falta de tiempo. Lo dejaré para otro momento…
Los que ya me conocéis sabéis que hoy me tocaba hablar de la emisión de ayer del programa de TVE ‘Tengo una Pregunta para Usted’ «especial crisis» con el presidente Zapatero. Me ha dado una pereza horrible hacerlo. Primero por que todo lo que huele a crisis me aburre increíblemente y segundo porque nuestro presidente no me parece precisamente un gran orador, aunque hizo lo que pudo.
Mi impresión es que los invitados eran «muy ladradores pero poco mordedores» (valga la expresión), con cuestiones previsibles y de fácil respuesta y sin imaginación pero formuladas con supuesta mala leche. Aunque haya sido un paseo, el presidente se apunta un tanto. Tiene mucho valor político y propagandístico el que Zapatero se deje interrogar por la gente de a pie en una coyuntura como la actual y, como dijeron las cifras de la encuesta realizada al final del programa, salga airoso del lance.
Según se entiende de muchas de las preguntas, muchos ciudadanos tienen una concepción errónea del Estado y de su poder real en la economía liberal de mercado en la que estamos sumidos. Lamentablemente, en este sistema el Gobierno tiene las manos atadas. Quizás sea por desconocimiento, por ingenuidad o quién sabe por qué. Sería mucho más divertido y más revelador poner al presidente de una gran compañía al frente de un programa en el que sus empleados recién despedidos lo interrogaran…
Para quien le interese, en este enlace puede volverse a ver el programa.
Es la primera vez que leo algo de Paul Auster. Por eso desconozco si ‘Un Hombre en la Oscuridad’ (2008) es una obra representativa de su trayectoria. A día de hoy es la última novela del prolífico autor neoyorkino. Mi único acercamiento a Auster hasta la fecha es la adaptación al cine que hizo Philip Haas de su, como mínimo curiosa, obra ‘La Música del Azar’.
La novela narra la noche de insomnio de August Brill, un escritor y crítico literario septuagenario que está convaleciente en casa de su hija después de sufrir un accidente de tráfico. Ella, al igual que Brill, son viudos, lo que los llevará a establecer una relación muy estrecha. En esa larga noche de oscuridad, recordará lo que ha sido su vida, especialmente su relación con las mujeres. A la vez inventará una historia en la que un mago aficionado llamado Owen Brick es teletransportado a un mundo paralelo en el que los Estados Unidos están sumidos en una guerra civil tras la secesión del estado de Nueva York. El 11-S no ha tenido lugar, ni Bush es el presidente… Una inquietante realidad en la que Brick ha de cumplir una dramática misión. Al igual que el propio Brill, habrá de enfrentarse a sus relaciones pasadas y presentes con las mujeres, que lo atormentará casi tanto como la guerra.
La verdad es que me cuesta saber si ‘Un Hombre en la Oscuridad’ me ha gustado o no. Por una parte resulta una novela muy original, con dos hilos narrativos totalmente diferentes, uno dentro del otro, aunque en el fondo paralelos. Pero por otro me da la impresión de que se trata de una obra sin rematar, construida a base de retales de quizás relatos fallidos o inacabados que han sido cosidos por obra y gracia de la maestría de Paul Auster.
Por fin he podido ver una de las películas más polémicas del cine español en el pasado año. ‘Camino’ fue dirigida en 2008 por Javier Fesser, realizador también de ‘El Milagro de P. Tinto’ (1998) y ‘Mortadelo y Filemón’ (2003). La polvareda que levantó en su día, incluso antes de su estreno, dentro de los círculos más ortodoxos del catolicismo, se mereció un artículo en rmbit hace unos meses.
Cierto es que Fesser critica una determinada manera de entender la religiosidad, pero lo hace con absoluto respeto. Esta mesura, sin caer en maniqueísmos, esperpentos, ni exageraciones es en mi opinión uno de los aciertos de la película. Aunque el film es un escalofriante drama puro y duro (sobre todo duro), se aportan algunas pinceladas de ironía (sobre todo los malentendidos en el lecho de muerte con que comienza y termina la película con homenaje a ‘El Exorcista’ incluido).
‘Camino’ se basa en cuatro pilares que son las cuatro claves de la película. Por un lado el mundo de fantasía de la propia protagonista. En segundo lugar la frialdad, la realidad y lo prosaico de los hospitales (la brutalidad de las operaciones). Por otra parte el fanatismo religioso de su madre y por último el padre de Camino, que aporta un realismo agradable y conciliador y que pasa por ser el personaje más equilibrado de la película. Esos cuatro aspectos interactúan y chocan continuamente a lo largo de todo el metraje. ‘Camino’ se sustenta en el gran trabajo de la joven actriz Nerea Camacho.
En definitiva, ‘Camino’ es una gran película, dirigida con extraordinaria sensibilidad por Javier Fesser y con una calidad de producción poco habitual en el cine español.
Leo esta mañana en El País un artículo curioso sobre el equipamiento informático de la Casa Blanca ante la llegada de Obama. Su título es bastante significativo: «La Casa Blanca vivía en la prehistoria informática» al que acompaña el subtítulo «Los equipos aún funcionan con Windows 2000 y las líneas se colapsan»:
Después de una campaña electoral sustentada en una sofisticada red informática, construida en torno a redes sociales como Facebook y Myspace, y meticulosamente diseñada por jóvenes nacidos bajo la burbuja tecnológica de EE UU, el equipo de Barack Obama se ha mudado a la Casa Blanca para descubrir que la infraestructura tecnológica en la sede de la Presidencia está suspendida en el tiempo, 10 años atrás. […] Una multitud de jóvenes acostumbrados al uso de ordenadores Macintosh ha ido llegando desde el martes a sus oficinas para descubrir que muchas computadoras todavía funcionan con Windows XP o, lo que es peor, Windows 2000.
No me sorprende que los ordenadores de la Casa Blanca usen Windows 2000 o XP. De hecho, aquí, en la Administración española aún son mayoría los equipos que funcionan con Windows 2000 (por ejemplo el mío). Tampoco me sorprende que en un mandato como el de Bush se dejara de un lado el asunto tecnológico y que todo lo relacionado con lo «dospuntocero», la participación ciudadana y el gobierno electrónico le sonara a chino.
En cuanto al uso de Macintosh, no creo que exista (que me corrija alguien si me equivoco) ninguna administración gubernamental en el mundo que utilice Mac en sus oficinas, aunque sí sistemas operativos libres basados en GNU/Linux. Esos jóvenes de los que habla el artículo deberán dejar su MacBook Pro a un lado y pelearse con un sistema operativo de hace ocho o nueve años, a no ser que los estrictos protocolos de seguridad informática que supongo que existirán permitan la compatibilidad entre sistemas, que sería lo ideal.
Quizás interesadamente se ha querido relacionar a Obama con Apple. Son abundantes las fotos en la que vemos al líder norteamericano junto a un MacBook, un iPhone u otro artilugio de la marca de la manzana. No sé hasta que punto es cuestión de imagen o es realidad. Otros mandatarios, como el primer ministro ruso Medvedev, ha sido fotografiado junto a un portátil Mac. Más sorprendente ha sido ver una imagen de Guillermo Fernández Vara, presidente de Extremadura, con un MacBook negro.
Poco a poco, en el imaginario colectivo comienza a asociarse a Windows con conservadurismo y estancamiento y Mac con cambio y rebeldía. Creo que Microsoft debería reflexionar sobre ello y sobre la imagen que está dando. Aquí os dejo algunos artículos que hablan sobre este asunto:
Hace unas semanas en el programa ‘Cuarto Milenio’ se hablaba de los fraudes científicos. Me llamó especialmente el dedicado a la fusión fría. Salvo el caso de la falsa clonación, posiblemente éste sea el caso más sonado en el que varios hombres de ciencia nos la hayan querido colar. Recuerdo en su día haber escuchado hablar y leído en revistas de divulgación cosas sobre la fusión fría, el descubrimiento y el posterior escándalo. El recorte de periódico que acompaña estas líneas es de La Vanguardia del día 23 de abril de 1989 y corresponde precisamente a aquellos primeros momentos.
La fusión fría es, de momento, una entelequia y los científicos no se ponen de acuerdo en si algún día podrá conseguirse. Si esto ocurriera, el panorama energético mundial cambiaría por completo, dejaría de ser motivo de disputas y ya no emitiríamos nunca más gases nocivos a la atmósfera. Quizás demasiado bueno para ser verdad. Para resumir, la fusión fría consiste en producir energía mediante reacciones nucleares a temperatura ambiente. El parámetro de la temperatura es precisamente lo revolucionario. Ahora, para conseguir la fusión de los átomos de uranio-235 es necesario un «combustible» (óxido de uranio) que genere el calor que hace falta para provocar la reacción. Como todos sabemos, tanto los residuos resultantes de «quemar» este óxido de uranio como el producto de las fisiones son altamente radioactivos y perjudiciales para el medio ambiente y para el ser humano.
El 23 de marzo de 1989, dos investigadores de la universidad de Utah, en Estados Unidos, afirmaron haber logrado la obtención de energía mediante la fusión de átomos de deuterio (un isótopo del hidrógeno) y paladio. Esto se conseguía a través de un proceso de electrólisis, introduciendo una barrita de paladio y platino en agua pesada (agua con deuterio en vez de hidrógeno). Aplicando electricidad se obtenía más energía que la utilizada en el proceso. El problema vino cuando otros científicos intentaron repetir sin éxito el experimento. Al poco tiempo se supo que todo había sido un engaño…
Pero inasequibles al desaliento, los químicos, los físicos y otros investigadores siguen buscando esa panacea energética que, de momento, es sólo ficción. Buscando por internet he encontrado algunos de estos intentos. Uno de ellos es bastante reciente, ya que data de mayo de 2008. Fue ideado y realizado en la universidad de Osaka por el catedrático Yoshiaki Arata. Curiosamente, la base del experimento es la misma que en el fraude de hace veinte años: el agua pesada. Lo que cambia son las condiciones de presión y el material, que ahora es óxido de zirconio y, igual que entonces, paladio. Aunque en este caso el resultado tiene mejor pinta, al final no hay nada concluyente. Quizás estemos cada vez más cerca de conseguirlo…
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