Esta es una pregunta que los que tenemos routers inalámbricos en casa nos hemos hecho alguna vez. Y la respuesta no es nada fácil. Es más, son tantas las respuestas y los estudios contradictorios que hay al respecto que es imposible sacar una conclusión coherente. He dedicado un buen rato a buscar por internet información sobre el tema, pero por más que he leído no he conseguido nada en limpio. Y todo porque la militancia a favor o en contra hace muy difícil encontrar datos neutrales. Y además, ¿qué consideramos datos neutrales?.
La WiFi Alliance, organismo que certifica y prueba los dispositivos inalámbricos, cuenta con una sección en su página web dedicada exclusivamente a la posible repercusión en la salud de estos dispositivos. Se muestran varios documentos que corresponden a estudios realizados bien, a propuesta de la propia organización o bien de otras como la Organización Mundial de la Salud, la Health Physics Society o conclusiones de estudios gubernamentales y paneles de expertos sobre el tema. Para ejemplo un botón. Según la Organización Mundial de la Salud:
«Considering the very low exposure levels and research results collected to date, there is no convincing scientific evidence that the weak RF signals from base stations and wireless networks cause adverse health effects. (Considerando los bajísimos niveles de exposición y los resultados de las investigaciones hasta la fecha, no hay pruebas científicas convincentes de que las señales de radiofrecuencia de baja intensidad procedentes de los emisores y de las redes inalámbricas causen efectos adversos sobre la salud).»
Pero también está la otra cara de la moneda. Y en este asunto son los menos escuchados. En general, los estudios que avalan o no llegan a ninguna conclusión definitiva sobre los efectos nocivos de las redes WiFi provienen bien de científicos a título personal o bien de fundaciones y organismos alternativos (por ejemplo de Ecologistas en Acción) o no vinculadas a grandes instituciones internacionales ni a gobiernos. Sólo hay algunas salvedades, como las investigaciones encargadas por los ejecutivos alemán, danés o británico en los que sí se encontraban indicios de posibles efectos sobre la salud ante la exposición a las microondas de baja intensidad.
Lo cierto es que cuanto más información tengo, más complicado es llegar a una solución, a una respuesta contundente. Así que, con todos estos datos y con los que vosotros podáis encontrar, debéis llegar a vuestras propias conclusiones. Al final, cerraremos los ojos ante estas ondas invisibles que ahora mismo, mientras escribo esto, me estén atravesando. Casi mejor no pensarlo…
Aunque este blog no es un blog personal en el sentido «privado» de la palabra, me he decidido a hacer un pequeño experimento. Colgaré de vez en cuando una foto (hecha por cualquier medio, ya sea móvil, captura de pantalla o cámara) de algún aspecto de mi vida sin más comentario que el título. Ahí va la primera…
Hace ya unos meses navegando por YouTube me encontré con un vídeo muy curioso que explicaba el origen un sonido llamado el «Amen break». En realidad no era un sonido, sino un fragmento de un tema musical que, con toda seguridad haya sido el más sampleado de la historia. Es posible que ya hayáis oído hablar de él, pero me sigue pareciendo curioso y digno de ser contado.
Todo comenzó en una pequeña discográfica, Downstairs Records, allá por 1986. Uno de sus empleados estaba trabajando en una compilación de breaks y beats para DJs. Reunió docenas de temas grabados entre 1966 y 1984 y que contenían abundante material rítmico para samplear y los agrupó en compilaciones a las que llamó ‘Ultimate Breaks and Beats’. Esta colección estaba compuesta de 25 vinilos que se usarían hasta la saciedad. Sólo esta compilación merece un post aparte.
Pues bien, uno de esos temas era ‘Amen, brother’, un tema funk discotequero instrumental grabado en 1969 por una banda llamada The Winstons. La fama de esta pieza viene por un fragmento de solamente cinco segundos en el que puede oírse un solo de batería. Hoy lo reconocemos de inmediato como el loop básico en movimientos como el breakbeat, el drum’n’bass o el jungle de principios de los noventa. Pero fue en los ochenta, justo después de la publicación de la compilación de la que hablé antes, cuando DJs de hip hop comenzaron a usarla ralentizada como base para el recitado de los MCs. Los avances de la tecnología hicieron que los loops se pudieran secuenciar y manipular a gusto del consumidor. Ya no se dependía, por tanto, de las limitadas cajas de ritmos. Esto significó una verdadera expansión de los ritmos pregrabados y en concreto del «amen break».
Y para que sepáis de qué os estoy hablando, he aquí el vídeo que desencadenó mi curiosidad:
Normalmente no somos conscientes de la época de avances científicos en la vivimos. Nuestro día a día nos hace obviar acontecimientos que me parecen increíbles. Yo soy el primero que ni me acordaba que una sonda de la NASA lanzada el verano pasado llegaría a nuestro planeta vecino Marte anoche. Han sido ya tantas que no le damos la importancia que tiene. Sólo un rinconcito en los informativos de hoy. La Phoenix Mars Lander tiene como misión analizar el terreno del polo norte marciano en una búsqueda que ha obsesionado a los científicos (y a muchos otros) desde tiempos lejanos.
Para ser aún más consciente de la gesta tecnológica que supone este nuevo amartizaje, he buscado algunas cifras. Por ejemplo, que en el momento de mayor cercanía de Marte a nuestro planeta (oposición), la distancia que nos separa es de 59 millones de kilómetros, lo que supone 190 veces la distancia entre la Tierra y la Luna. En el momento de mayor alejamiento, la distancia es de 109 millones de kilómetros (unas 330 veces la que nos separa de nuestro satélite).
Desde aquel lejano planeta congelado y aparentemente sin vida, a eso de las 2 de la madrugada (hora española) comenzó a enviar imágenes, como la que podéis ver arriba. La Phoenix Mars Lander ha aterrizado muy cerca del polo, pero no hay hielo ni nada blanco, sólo la superficie típicamente marciana a la que ya estamos acostumbrados. Los técnicos y científicos de la NASA esperan encontrar bajo esa capa de polvo rojizo algo de hielo. De momento es pronto para saber nada, pero estaremos alerta ante cualquier posible descubrimiento.
Para hacer su trabajo, la sonda lleva un brazo robótico con una cámara para tomar muestras, otras dos cámaras, una de ellas estereoscópica, una estación meteorológica y un laboratorio para el análisis del suelo y el subsuelo marciano. Tiene trabajo para rato. Si aún no conocemos todos los secretos de nuestro planeta, imaginemos las sorpresas que nos puede guardar nuestro vecino…
Considero a Michel Gondry uno de los mejores, sino el mejor, realizador de videoclips de todos los tiempos. De su imaginación han salido obras maestras para The Chemical Brothers (quién no recuerda la maravilla ‘Let forever be’ o ‘Star guitar’), The White Stripes, Massive Attack, Björk, Beck y muchos otros artistas de primerísima línea. En 2006 se adentró por segunda vez en el mundo del largometraje con ‘La Ciencia del Sueño’, una producción franco-italiana con Gael García Bernal y Charlotte Gainsbourg en los papeles protagonistas.
La historia que cuenta es la de Stéphane, un recién llegado a París tras la muerte de su padre divorciado. Su madre le busca un trabajo aburrido y monótono, algo que su mente inquieta e imaginativa no soporta. Pronto conocerá a su vecina Stéphanie, que acaba de mudarse. Rápidamente entablarán una extraña relación donde la fantasía se mezcla con la realidad. La confusión mental de Stéphane irá en aumento hasta niveles a los que ella le será difícil soportar.
Evidentemente, el punto fuerte de ‘La Ciencia del Sueño’ es la parte visual, muy original y atractiva. El guión está rodado con mucha sensibilidad y frescura, pero en varios momentos la narración se vuelve confusa, rozando lo inconexo. Quizás Stéphanie, el contrapunto cuerdo al excesiamente fantasioso y «soñador» Stéphane, no tenga el peso que merece o su tratamiento no sea lo suficientemente claro. Otro personaje que lo une a la realidad es el grosero y prosaico compañero de trabajo interpretado por un genial Alain Chabat. Por otra parte, la idea de un personaje que intenta volver a su niñez, físicamente al reencontrarse con la casa donde creció, e intelectualmente, por su mentalidad y por sus inventos dignos de cualquier juego infantil, es muy interesante.
Es una lástima que ese tratamiento excesivamente liado le reste algo de encanto. En cualquier caso, ‘La Ciencia del Sueño’ es una película inofensiva, agradable y muy entretenida.
Imaginen estepas nevadas, tanques T-72 y el coro del ejército ruso. Y paseando por allí dos muchachitos disfrazados de Lennon y McCartney (o de Noel y Liam Gallagher). Son The Last Shadow Puppets en su primer videoclip, uno de mis últimos descubrimientos. Y de los buenos. Los muchachitos son Alex Turner (The Arctic Monkeys) y Miles Kane (The Rascals). El disco, publicado en abril es ‘The Age of the Understatement’ (Domino Records, 2008). Sorprende la inmediatez de sus temas y la pegada que tienen. Un disco así, con melodías clasicotas e instrumentaciones a lo Ennio Morricone (y hasta un poco Paul Mauriat), no puede pasar desapercibido.
Estos chicos se apuntan un tanto. Sobre todo porque a pesar de que los arreglos orquestales de la London Metropolitan Orchestra podrían haber hecho de este trabajo un disco pretencioso, pero vacío. Nada más lejos de la realidad. Este arropamiento musical le viene como un guante y se nota que cada tema ha sido minuciosamente preparado para que nada chirríe. ‘The Age of the Understatement’ suena muy fresco. En parte debido a que ninguno de los once cortes supera los cuatro minutos y la media está en menos de tres.
Tanto la crítica como el público han sido muy generosos en la acogida de este «supergrupo». La prensa, especializada y no especializada, les ha otorgado muy altas puntuaciones y el álbum llegó al número uno de las listas británicas el 27 de abril. ¿Esta es la enésima recuperación de la grandeza pop británica? ¿El nuevo hype del momento? Ahora mismo es una de las bandas de moda en las islas, veremos lo que ocurre en el futuro. De momento toca disfrutar de este buen (buenísimo) trabajo…
El grito de guerra de Rodolfo Chikilicuatre ‘¡Perrea, perrea!’ se ha convertido también en el de miles o millones de españoles. La saturación a la que durante este mes hemos estado sometidos ha tenido sus efectos secundarios y también ha servido para que muchos pierdan su sentido del ridículo y ejecuten los cuatro archifamosos pasos del ‘Chiki, chiki’ casi sin pestañear. Desde Televisión Española, que emite mañana el festival y que es quien realmente participa en Eurovision presentando a Chikilicuatre y Mediapro (La Sexta, Público) que es el padre de la criatura, se está exprimiendo comercial y mediáticamente al máximo al personaje. En estas dos últimas semanas se está llegando ya a los límites de lo soportable: banners publicitarios en las webs más insospechadas, melodías de móvil, programas especiales, cientos de vídeos con las variantes más bizarras, versiones del ‘Chiki, chiki’ adaptadas a cualquier situación. Incluso la ONCE ha sacado su juego 7 39 a ritmo del popular tema.
Estoy convencido de que mañana, todo el mundo tendrá una cita con su televisor para ver las hazañas del personaje más friki de esta edición de Eurovision (lamentablemente el pavo irlandés fue descalificado en la primera semifinal del martes). Rodolfo Chikilicuatre, a falta de calidad, destacará por su peculiaridad entre un manojo de temas ultraconvencionales, baladones eurovisivos, émulos de Lordi, de Abba e intérpretes, normalmente de la Europa del este, muy al este, que parecen salidos de una pelicula de Mad-Max («urban» me parece que los llaman).
Pero si el Festival de Eurovision lo ganara la mejor canción, iría para Francia con Sébastien Tellier. Al menos a mí me la parece y algún otro también lo corrobora. Así que nada, este año vamos con Francia. Chikilicuatre es (era) simpático, pero no es para un Festival de Eurovision que debe buscar una refundación. Para quien el interese, los de Je Ne Sais Pop se han descornado haciendo una pequeña guía con comentarios sobre todos los temas que entran a concurso, siempre con su peculiar sentido del humor.
Actualización de 24 de mayo:El País dedica un interesante reportaje que abre un debate sobre el fenómeno de Rodolfo Chikilicuatre y la utilización de los medios e instituciones públicas.
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