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La bitácora personal de Ricardo Martín
Comentando cosas desde 2004
4 de agosto de 2012

‘Les Neiges du Kilimandjaro’

Volver al cine de Robert Guédiguian es siempre bueno. Es como abandonar el mundanal ruido para sumergirse en ese microcosmos siempre luminoso y portuario, aunque conflictivo, de Marsella. Como siempre, el realizador francés cuenta con sus actores habituales para ‘Les Neiges du Kilimandjaro’ (‘Las Nieves del Kilimanjaro’). Este título, producido en 2011, es también el de una canción de Pascal Danel que, por supuesto, aparece en la película. En esta nueva entrega no faltan los dilemas morales o la pregunta sobre la naturaleza de la verdadera justicia, aunque como veremos, planteados quizás de una manera poco creíble.

Michel es un veterano trabajador y sindicalista de unos astilleros públicos en el puerto de Marsella. Debido a un ajuste de plantilla se queda sin trabajo junto a otros 19 trabajadores. Ha de iniciar una nueva vida junto a su mujer, sus hijos, nietos y amigos. Pero un día es robado en su propia casa. Por una casualidad identifica a uno de los atracadores, que resulta ser un antiguo compañero de trabajo que atraviesa por graves dificultades económicas y familiares. Y aquí comienza el dilema y la puesta a prueba de los ideales por los que siempre luchó.

A pesar de haber recibido la Espiga de Plata en la SEMINCI de Valladolid, la película me ha dejado algo frío. El argumento, aunque bien planteado, chirría un poco en su desarrollo con secuencias y comportamientos en mi opinión poco o nada creíbles. También la irrupción de algunos tópicos no ayuda a mejorar mi opinión. Aunque el dilema principal que nos plantea el director es válido y nos hace pensar e, incluso, incomodarnos, quizás lo que lo rodea (no quiero dar demasiados detalles para no «destripar» la película) sea demasiado artificial y parezca «preparado». En cualquier caso no es un mala película, ni mucho menos, sólo que de Guédiguian nos esperábamos algo más.

2 de agosto de 2012

‘Un Dígito Binario Dudoso’, Alan Turing e Hidrogenesse

Este post podría considerarse de admiración doble. Por un lado hacia el británico Alan Turing, el, entre otras cosas, matemático, físico y, sobre todo, pionero de la informática del que se celebra el centenario de su nacimiento. Y por otro hacia Hidrogenesse, esa banda de electro-pop inclasificable y que a menudo se les ha tachado de frívolos, cuando lo que realmente hay detrás es una inteligencia, un sentido del humor y una sensibilidad fuera de lo normal dentro del panorama musical nacional.

Carlos Ballesteros y Genís Segarra han publicado su particular homenaje a Turing en forma de disco conceptual, ‘Un Dígito Binario Dudoso’. Se trata de un trabajo repleto de instrumentaciones electrónicas y guiños a la biografía del londinense que quizás resulte demasiado oscuro para los seguidores de la banda, aunque conservan ese desparpajo falsamente naif que esconde un gran talento para las letras. Podemos comprobarlo claramente en temas como ‘CAPTCHA Cha-Cha’, una aproximación musical de andar por casa al concepto de test de Turing.

Además se les ha ocurrido la idea de crear una lista en YouTube con clips de todos los temas del disco, con lo que podéis escucharlo tranquilamente:

En cuanto a la figura de Alan Turing, sin duda es una de las biografías más interesantes, intensas y dramáticas del mundo de la ciencia del siglo XX y desde luego merece una película. Su final prematuro fue terriblemente trágico, víctima de la intransigencia y los prejuicios de la anticuada sociedad británica de la época. De nada sirvieron sus servicios impagables para acelerar el fin de la guerra ayudando a descifrar el código Enigma utilizado por los nazis para transmitir sus órdenes. Ni siquiera el que sentara las bases de la informática moderna tal y como hoy la entendemos. Para aquellos interesados, leed la entrada de la Wikipedia y buscad el documental ‘Codebreaker: Alan Turing’s Life and Legacy’. Creo que en España solo ha sido emitido en Canal+ y en TV3. Os dejo con el trailer:

1 de agosto de 2012

‘Jiro Dreams of Sushi’

Japón es un país muy dado a los tópicos. Inmediatamente nos vienen a la cabeza un montón de ellos. Lo cierto es que muchos no son realmente tópicos, sino que son realidad. La cocina es uno de ellos. El uso del pescado crudo y del arroz de esa forma tan particular es lo que los ha hecho mundialmente famosos. Hoy día el sushi y el sashimi están en todos los rincones del planeta. Pero más allá de las modas pasajeras, un puñado de restaurantes siguen preparándolo según el modo tradicional. El documental de David Gelb ‘Jiro Dreams of Sushi’ (‘Jiro Sueña con el Sushi‘) es un excelente ejemplo que nos muestra la idiosicrasia japonesa acerca no sólo de la comida, sino del estilo de vida del país nipón.

Jiro Ono, a lo largo de sus 75 años de carrera (ahora tiene 86), ha conseguido levantar el que para muchos es el mejor restaurante de sushi del mundo, Sukiyabashi Jiro. De apariencia humilde, el pequeño local se encuentra en un pasillo de la estación de metro de Ginza, en Tokio. Tan pequeño que sólo cuenta con 10 sillas y el baño está fuera. Aún así, la Guía Michelin le ha otorgado las tres estrellas, el máximo galardón de la prestigiosa guía gala. También Jiro ha batido el récord del chef más veterano en activo y el único octogenario que consigue esas tres estrellas. Pero ‘Jiro Dreams of Sushi’ va mucho más allá. Es una oda al perfeccionismo, al esfuerzo continuo, a la capacidad de no conformarse nunca con nada y seguir mejorando día a día. En ese sentido se trata de un documental muy inspirador e interesante de ver incluso para aquellos a los que no les gusta la cocina ni la cultura japonesa.

Formalmente, el documental es extremadamente elegante en su puesta en escena, con un buen montaje y un guión que mezcla la biografía de Jiro con el día a día de su negocio. Esto hace que sea entretenido e incluso adictivo. En definitiva, es un documento recomendado para todo el mundo, aunque si eres «japonófilo» lo disfrutarás mucho más.

31 de julio de 2012

Vídeo: ‘Algarve’

30 de julio de 2012

‘Kraftwerk and the Electronic Revolution’

Hay determinados documentales que todo aficionado a la música, digamos, más selecta, no puede obviar. Uno de ellos (en el futuro hablaremos de alguno más) es ‘Kraftwerk and the Electronic Revolution’ (2008). Se trata de una obra imprescindible no sólo para los que somos fanáticos de los de Dusseldorf sino, y aquí está lo más interesante, de toda la escena alternativa alemana que a finales de los años sesenta buscaba un estilo propio al margen de las bandas británicas y norteamericanas basándose en la electrónica para conseguirlo. Aquellos años fueron el germen de lo que se llamó posteriormente krautrock.

El documental se centra en la faceta más experimental de esa escena y de la influencia que tuvo en la formación y evolución de Kraftwerk a veces yendo muy atrás en el tiempo, hasta los años cuarenta y cincuenta y los primeros experimentos del italiano Luigi Nono, pasando por la obra de Pierre Schaeffer y, por supuesto, de Karlheinz Stockhausen. De ellos hablan, entre otros, algunos pioneros de pop-rock electrónico y experimental alemán como Klaus Schulze, Hans-Joachim Roedelius o Dieter Moebius. Para muchos como yo, esto ha supuesto encontrar bandas hasta ahora desconocidas con nombre extraños y místicos como Popol Vuh o Amon Düül. Junto a ellas, referencias a otras más famosas como Tangerine Dream, Can o Neu!.

Son ni más ni menos que tres horas de documental minucioso, exhaustivo y digno de una tesis doctoral, con mucho material gráfico poco conocido para el gran público y que hay que ver poco a poco para poder digerirlo. Hasta la fecha, que yo sepa no existe una versión doblada y ni siquiera subtitulada, así que es posible que al verlo en inglés se me haya escapado algo importante. Por si os interesa os dejo con el documental que alguien ha colgado en Veoh:

29 de julio de 2012

Atletas olímpicos independientes

Bajo este curioso nombre desfilaron el pasado viernes en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 cuatro deportistas. En la historia olímpica sólo existe un precedente en Barcelona ’92. Rápidamente me fui a buscar algo de información al respecto para satisfacer mi curiosidad. Finalmente no se trata de países no reconocidos, ni de atletas que no quieren representar a su país, sino de países de reciente constitución o de reciente disolución que no han podido desarrollar aún su comité olímpico nacional.

En el caso de Londres 2012, tres de los cuatro participantes independientes pertenencían a las extintas Antillas Holandesas y uno –quien portaba la bandera– a Sudán del Sur. Las Antillas Holandesas desaparecieron como tales en octubre de 2010, cuando cada isla que las formaban (Bonaire, Curazao, Saba, San Eustaquio y el sur de la isla de San Martín) constituyó una entidad independiente a todos los efectos, excepto por su dependencia de los Países Bajos en defensa y asuntos exteriores. Por lo visto estas islas aún no han formado su propia institución olímpica. El otro caso, el de Sudán del Sur, al ser un país de muy reciente creación, todavía no tiene su comité.

28 de julio de 2012

La bicicleta como transporte y no como deporte

A pesar de que la conciencia del urbanismo sostenible está cada vez más extendida entre la gente, parece que siempre encuentra algunos reductos de resistencia. El progreso mal entendido ha llevado a muchas ciudades a ser ocupadas por los coches y otros vehículos a motor en detrimento de las personas. Y parece que ese asfalto que todo lo cubre cubre también los cerebros de algunos ediles de nuestros ayuntamientos. Salvo honrosas excepciones, ciudades que podrían perfectamente adoptar sin apenas coste la implantación de «carriles bici» debidamente señalizados, no lo hacen; no ya ahora con la crisis de deuda que atenaza a la mayoría de los consistorios, sino en la «época buena». Da la impresión de que hasta la fecha, la construcción de vías para ciclistas era más un asunto de deportes que de movilidad urbana. La mayoría de estos carriles se encuentran circunvalando las ciudades, pero no tienen continuidad ni enlace posible con los centros urbanos. Se convierte así en un circuito fuera de contexto al que acceder puede ser hasta peligroso.

La bici en entorno urbano: Cáceres versus Zamora

Un caso de circuito para bicis es el de Cáceres. La ciudad cuenta con unos cuantos kilómetros de carril que circundan la ciudad de norte a sur, de este a oeste, de forma que es posible rodearla casi en su totalidad. El problema viene cuando uno quiere utilizar la bicicleta para moverse por el centro: resulta como mínimo arriesgado. Tal y como está organizada, la ciudad es un absoluto caos para los vehículos a motor, cuanto más para los ciclistas. En el centro apenas hay calles peatonales o semipeatonales, las aceras son casi siempre estrechas y los aparcamientos para coches ocupan zonas inverosímiles del casco histórico. Ciertamente, así eran la mayoría de las ciudades hace treinta años, pero no ya hoy.

El caso de Zamora es bastante diferente. Tiene gran cantidad de calles peatonalizadas y lo suficientemente amplias como para que convivan peatones, ciclistas y furgonetas de reparto. Los obstáculos, sobre todo dentro del recinto amurallado, son mínimos, y puede circularse el bicicleta sin problemas desde, pongamos, el Parque de la Marina hasta el parque del Castillo, en muy pocos minutos. Fuera de esta zona, la cosa se complica, aunque tampoco mucho. Si finalmente se reforma algún día la avenida de las Tres Cruces, podrían ampliarse las aceras para construir sobre ella (o al menos habilitar una zona) un carril bici que llegara hasta el cruce con la avenida de Cardenal Cisneros, siendo esta una buena conexión con la vía ciclista que rodea toda la ciudad. Es tan sólo un ejemplo de los muchos posibles.

La realidad es que sólo hace falta voluntad política y cambio de mentalidades. Los servicios de alquiler de bicicletas están muy bien, pero también es necesaria una infraestructura lo suficientemente segura como para poder utilizarlas eficazmente y sin peligro. Y que los ciudadanos además lo percibamos así.

¿Casco o no?

Se está comentando mucho sobre si la nueva legislación sobre seguridad vial obligará a los ciclistas a llevar casco incluso dentro de las ciudades. Si finalmente esto se confirma, supondrá una excepción, un obstáculo y un elemento inútil. Excepción porque en ningún país de la Unión Europa es obligatorio el uso del casco en los trayectos urbanos. Y un obstáculo porque supone un estorbo el tener que contar siempre con un elemento que hemos de llevar en alguna parte mientras no lo utilizamos. El uso de la bici deja en parte de tener ese sentido práctico que queremos. La inutilidad viene porque en países del mundo (concretamente Australia y Nueva Zelanda) donde se ha implantado esta obligación, no se ha producido una reducción en el número de lesiones en la cabeza.

Esperemos que llegue pronto el día en el que merezca la pena comprarse una bicicleta para sustituir al autobús urbano o –sobre todo– al coche a la hora de ir a trabajar o a la compra y no solo para dar vueltas a un circuito los domingos por la mañana. Al menos haremos todo lo que esté en nuestra mano para conseguirlo. Si queremos ser europeos, también hemos de serlo en esto.



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