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Miércoles, 16 de abril de 2014

Visita al Museo Arqueológico Nacional

El Museo Arqueológico Nacional (MAN) abrió sus puertas el pasado 1 de abril tras varios años de cierre por reforma. La idea era construir un museo para el siglo XXI, donde las piezas estén distribuidas según los nuevos criterios museográficos y utilizando las tecnologías de hoy día (pantallas con vídeos, gráficos y textos no excesivamente largos).

Aprovechando la coyuntura de que durante este mes la entrada es gratuita nos dispusimos a hacer cola. Después de una media hora –o quizás algo más– accedimos al renovado recinto. Los materiales utilizados nos recuerdan a otros museos remodelados recientemente como el Neues Museum de Berlín. Mármol (o un material similar) y madera principalmente, con algunos paneles cromados. Aunque la nueva disposición ha dejado fuera unas dos mil piezas respecto a la antigua exposición, se han ganado varios miles de metros cuadrados.

Todos los letreros –la señalética– están diseñados en tipografía Avenir, elegante, clara y atemporal. Uno de los puntos fuertes del museo es la cantidad de material gráfico que podemos ver. De un solo vistazo captamos toda la información necesaria para comprender el contexto de las piezas expuestas. Por desgracia, nuestra visita tuvo que ser rápida. Las casi siete horas que transcurrieron dentro fueron del todo insuficientes para recorrer todas las salas.

Al final nos pasamos por la tienda del museo. No es demasiado grande y apenas tiene recuerdos relacionados directamente con lo expuesto, ni siquiera nada relacionado con la Dama de Elche, símbolo del museo, más allá de unos tristes marcapáginas y algún libro. Pero también dentro de los aspectos positivos hay que destacar que es posible hacer fotografías sin flash y vídeo dentro del recinto, cosa que antes era imposible. Ojalá el ejemplo cunda. Otra cosa que nos ha gustado es la aplicación disponible para teléfono móvil y que interactúa con el contenido pudiendo obtener, si queremos, información adicional tanto en imágenes o vídeos como en audio.

Martes, 8 de abril de 2014

‘El Francotirador Paciente’: Valiente pero fallida

Arturo Pérez-Reverte es uno de nuestros grandes novelistas. De eso no hay duda. Por calidad, cantidad y repercusión popular de sus obras. Por eso que el académico de la lengua se atreva a adentrarse en su última novela con el –a menudo– despreciado e infravalorado arte del grafiti es ya de por sí un punto a su favor. Algo a tener en cuenta. Por eso tenía mucha curiosidad por leer ‘El Francotirador Paciente’.

Pérez-Reverte nos cuenta la historia de una caza, la de Lex, una experta en arte urbano que recibe el encargo de encontrar a Sniper, un escurridizo y enigmático escritor de grafitis que es la sensación del momento. Su objetivo es convencerlo para que entre en el establishment del arte. Pero no será fácil. A través de Madrid, Lisboa, Verona y Nápoles, Lex vivirá diversas aventuras y profundizará en la personalidad de su presa.

No hace falta decir que la prosa de Pérez-Reverte es una de las mejores de nuestras letras, sin subterfugios. Es diáfana y precisa. Sin embargo, en ‘El Francotirador Paciente’ he tenido la impresión de que este estilo suena caduco en su mayor parte, como si –como efectivamente así es– se tratara de alguien muy alejado a este mundo. La sensación de que, aunque use palabras del gremio, lo cuenta desde fuera. Esto convierte a la obra en un relato de suspense, casi de espías, y sólo con apuntes al mundo del arte urbano. Cerré el libro con el mal sabor de boca de una decepción inesperada. Pensé que se había desaprovechado un tema amplísimo y con muchas posibilidades. Para colmo el final es tan atropellado e inesperado que uno no sabe que pensar…

Sábado, 5 de abril de 2014

‘Vivir es Fácil con los Ojos Cerrados’

“Living is easy with eyes closed” cantaba John Lennon en una de las estrofas de ‘Strawberry Fields Forever’, uno de los dos temas del sencillo (doble cara A, puede que el primero de la historia) que precedió en 1967 al legendario ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band’. Se dice que el tema fue escrito durante la estancia de Lennon en Almería para rodar su primera película como actor, ‘How I Won The War’, dirigida por Richard Lester. Precisamente esa estrofa de ‘Strawberry Fields Forever’ traducida al castellano, es el título de la última película de David Trueba.

Se inspira en la historia real de Juan Carrión, un profesor de inglés que viajó hasta la provincia andaluza para conocer a John Lennon. Aunque la versión cinematográfica está mucho más adornada, con una historia de amor a dos bandas incluida, conserva sin duda el espíritu de lo veraz. ¿Quién iba a creerse esta historia en la pantalla si no hubiera pasado en la realidad? Dudo que nadie hubiera tenido el talento de inventarse una historia tan audaz y original. El profesor Juan se transforma en Antonio –interpretado por Javier Cámara–, que usa a los Beatles para enseñar inglés en una escuela de provincias. En su camino hacia Almería se encontrará con Belén, una joven que viaja a Málaga al encuentro de su madre, y de Juanjo, otro adolescente huido de su casa en Madrid. El choque entre una España que en 1966 era lo contrario a la modernidad y una juventud que buscaba abrirse paso con nuevas ideas es el argumento troncal en torno al que gira todo el fondo de la historia.

El trabajo de los actores es quizás lo que más hay que destacar, con un Javier Cámara inmenso (bien por el casting) que encaja perfectamente en el papel. Sus acompañantes de viaje –Natalia de Molina y Francesc Colomer– no le van a la zaga. Prometen una larga y exitosa carrera. La historia está muy bien construida y consigue que los personajes se ganen la simpatía y la complicidad del espectador desde casi el primer minuto. Y sobre todo es una película fresca y agradable de ver, lo que no es poco hoy día. Por contra, hay momentos un tanto forzados y falsos, como la relación entre los dos chicos. Me parece algo artificial. Y otros sobran. Pero se pasan por alto a la vista del resultado final.

Lunes, 31 de marzo de 2014

‘Downton Abbey’

La producción de la ITV ‘Downton Abbey’ es una de esas series que tienen el intencionado marchamo de “lo británico”. Eso significa buenos actores, escenarios suntuosos, vestuarios espectaculares, modales victorianos y la hora del té. Eso es lo primero que pensé cuando me puse delante de la pantalla de la televisión para ver el primer episodio. Y justamente eso es lo que vi: Las aventuras y desventuras de una estirpe, la del Conde de Grantham, el Lord Robert Crawley y su familia, que vive apaciblemente aislados del mundo en una enorme mansión en medio de la campiña como desde hace siglos. Pero el siglo XX implicará cambios, muchos de ellos traumáticos. De hecho, el trasfondo y último tema que trata la serie es la del fin de una época y la dificultad que los próceres del viejo régimen –por entonces prácticamente feudal– tienen para adaptarse a los usos de vida contemporáneos.

En el primer plano encontramos multitud de tramas que se mezclan sabiamente, urdidas por el creador y guionista de ‘Downton Abbey’ Julian Fellowes (que es Barón y Lord, así que debe saber de lo que escribe). Es verdad que a veces las historias son un poco tramposas y encajan de aquella manera, pero es innegable que tienen la suficiente fuerza, tensión e ingenio como para resultar entretenidos y adictivos. Se echa de menos un poco más de conflicto entre clases, que es prácticamente inexistente, mostrando tanto a la clase alta como a la baja en una rara armonía algo irreal.

A nivel de producción, todo es apabullante. Se convirtió en la serie británica más cara de la historia, con un coste de unos dos millones de libras por capítulo. Esto desde luego no es garantía de calidad, pero en este caso lo es y con creces. Da la impresión de que cada penique se nota en la pantalla. La calidad y el nivel de detalle y de fastuosidad de todos y cada uno de los episodios es incontestable, tanto a nivel técnico como de reparto. La ambientación consigue que nos sumerjamos en esa época y nos olvidemos del presente. Quizá sea ese uno de sus principales cometidos, y de ahí su éxito.

Domingo, 23 de marzo de 2014

Juan Carlos Argüello, Muelle

Actualmente estoy leyendo la última novela de Arturo Pérez Reverte, ‘El Francotirador Paciente’. El tema que trata, que es por lo que me he lanzado a leerlo, es el del graffiti (o grafiti según la grafía aceptada ya por la RAE). He de reconocer que soy un lego en la materia, pero siempre me ha interesado esta forma de arte muchas veces efímero, pero ya indisociable de la cultura urbana actual desde hace décadas. En el libro se hace mención breve a Muelle, Juan Carlos Argüello, un joven madrileño que durante los ochenta y primeros noventa, se dedicó a extender su firma por todas las paredes y otros soportes. Muelle tiene el valor que tienen los pioneros –junto a otros como Bleck o Glub–, por su influencia en todos los escritores de grafiti que vinieron después.

Desconozco si Muelle fue el primero, pero sin duda fue el que popularizó a niveles insospechados el grafiti. Pintó sus primeras piezas a mediados de los ochenta, y se mantuvo activo hasta 1993, fecha en la que consideró que su obra estaba agotada. No viviría mucho más. Su fallecimiento temprano en 1995 –con sólo 29 años– lo convirtió también en un mito dentro de este mundillo. Afortunadamente Muelle está en estos últimos años más vivo que nunca, a pesar de que sus grafitis se han ido desvaneciendo con el paso del tiempo. Salvo sorpresas, al aire libre sólo existe una firma suya. Se trata del famoso grafiti de la calle Montera de Madrid. Está en la fachada de un edificio bastante degradado y se teme que en cualquier momento desaparezca bajo una capa de pintura o víctima de la piqueta. El año pasado se anunció que se había recuperado una de sus últimas obras de interior, un encargo del Círculo de Bellas Artes, que pagó al grafitero cien mil pesetas en 1992 para pintar un mural con su firma.

En la actualidad existen numerosos grupos en internet que tratan de recuperar, aunque sólo sea en fotografías, la obra de Muelle. También se están recuperando y digitalizando programas y reportajes de televisión que en su día fueron emitidos y que hoy tienen gran valor para los seguidores y estudiosos del arte urbano en España. Precisamente os dejo con un par de ellos. El primero no es sobre grafiti ni sobre Muelle solamente, pero aparece una de las pocas entrevistas que concedió para televisión, rompiendo así su legendario anonimato. Se trata de un reportaje de 1987 sobre el Metro de Madrid realizado para Televisión Española. La entrevista está casi al final:

El otro documento que os ofrezco fue emitido también por Televisión Española en 1990, bajo el título de ‘Mi firma en las paredes’. Fue uno de los episodios de la serie ‘Crónicas Urbanas’. Se le dedica una parte a Muelle:

Miércoles, 19 de marzo de 2014

Muestra Musical 102

Más de quince días después de haber sido grabado y con el 103 a más de la mitad, os presento Muestra Musical 102, mi última recopilación hasta el momento. En él, como siempre, un poco de todo. Los viejos conocidos se mezclan con los nuevos. Lo mejor es presentaros la lista completa de canciones:

  1. Temples – The golden throne
  2. Russian Red – Casper
  3. Sophie Ellis-Bextor – Until the stars collide
  4. The Fireworks – Runaround
  5. Ataque de Caspa – Sol
  6. Dum Dum Girls – Cult of love
  7. Javiera Mena – Espada
  8. CEO – Wonderland
  9. Sundae – Sólido-líquido
  10. Hospitality – Going out
  11. Mazzy Star – In the kingdom
  12. Mogwai – Hexon bogon
  13. iamamiwhoami – Fountain
  14. Elle Belga – Romance del Conde Niño
  15. I Break Horses – Medicine brush

Y para terminar, los clips que he encontrado de estos temas:

Viernes, 14 de marzo de 2014

Nueva prospección en el pop independiente nacional

De vez en cuando me gusta traer al blog algunas de las propuestas musicales que mis continuas prospecciones musicales me hacen descubrir. Escarbando por ahí me encuentro nuevos grupos –sí, cada vez son más– que merece la pena escuchar. La escena del pop independiente nacional tiene la cualidad de ir regenerándose cada cierto tiempo para mostrar nuevos sonidos, algunos más arriesgados que otros, que se superponen (no siempre sustituyen) a los ya consagrados lo que hace que haya variedad de generaciones y de puntos de vista.

Lo que hoy os traigo son cuatro bandas: Pablo Und Destruktion, Tremenda Trementina, Aurora y Los Amantes. Todos ellos son buenos ejemplos de lo que os estoy contando. La atractiva y extraña visión irónica del mundo de los asturianos Pablo Und Destruktion me atrapó desde la primera escucha. Acaban de publicar su primer disco de título ‘Sangrín’ en el que mezclan letras interesantes, surrealistas y costumbristas con una música a medio camino entre el folk, el pop y el kraut. El clip de ‘Limónov, desde Asturias al infierno’ es un compendio perfecto de esta inclasificable banda:

Tremenda Trementina es un grupo que ya conocía desde hacía tiempo. Los navarros liderados por Adriana de la Fuente (hermana de Patricia de la Fuente, cincuenta por ciento de Souvenir) están a punto de sacar su segundo álbum. De momento nos dejan un adelanto llamado ‘Sangre pop’. Es un tema de pop clásico de los de toda la vida. A lo mejor por eso nos gusta tanto…

La tercera propuesta de hoy son los granadinos Aurora. El año pasado presentaron su disco de debut, ‘Géminis’. Aún no he tenido oportunidad de escucharlo, pero la canción y el videoclip de ‘Islas’ me ha dejado enganchado. Me ha parecido original y muy bueno. En la producción está Banin de Los Planetas. Como digo el clip es para verlo:

Terminamos con una vieja –viejísima, espero que no se enfade– conocida. La castellonense Patricia Escoin es posiblemente una de las personas más inquietas dentro del mundo de la música pop española. Siempre midiendo sus pasos con inteligencia, debutó con Los Romeos a finales de los ochenta. Ya en 2006 montó Lula, con el que nos ofreció un buen puñado de buenas canciones. Su último proyecto, creado en 2011, se llama Los Amantes. El clip que os pongo a continuación corresponde con el tema ‘Cien años’ de su segundo álbum ‘Traiciones’.

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