Algunos habréis leído algún artículo mío quejándome sobre el tema de la percepción que el ciudadano de a pie tiene de la Justicia española, de la política penitenciaria, de la inseguridad ciudadana y asuntos similares. Es algo que siempre está en el aire. A veces se agazapa bajo otros “problemas” (muchos de ellos también inventados a base de noticiarios televisivos tan machacones como falseados). La capacidad de aumento y distorsión de la realidad que tienen determinados medios audiovisuales deberían pasar por la capacidad de razonar y el sentido común de los televidentes. Pero lamentablemente en la mayoría de los casos no es así. Queda siempre la percepción pesimista, aumentada por acontecimientos que no dejan de ser anecdóticos y que salpican nuestras vidas cotidianas. Sólo hay que aplicar el filtro que queramos para darle el matiz adecuado.
Pero vamos a cosas concretas. El otro día leí en el blog de Nacho Escolar una reflexión que no suele oírse mucho en los medios: Somos uno de los países con más penas de cárcel, con un Código Penal más duro y que para nada se corresponde con nuestro índice de delincuencia. Lo de la seguridad ciudadana es algo que viene de lejos. Hace tiempo busqué información sobre qué países eran más inseguros (por número de delitos cada mil habitantes). Aquel estudio no he podido localizarlo, pero sí que he localizado una estadística sobre los países más “pacíficos” del mundo. No es exactamente lo mismo porque contiene parámetros que no nos favorecen en absoluto, como el hecho de tener una banda terrorista propia o el bajo índice de preparación y cualificación de nuestras Fuerzas Armadas (según ellos, claro). Aún así, y con todo eso en contra, nuestra posición es la 28º a nivel mundial y el 14º a nivel de Europa occidental, por delante de Francia, Italia o Reino Unido y justo detrás de Holanda. Pero es lo único que he encontrado.
Conviene leer este y otros muchos artículos similares que contradicen la idea que el ciudadano poco informado tiene sobre nuestra seguridad. Y como dije antes, esta idea de falsa inseguridad viene amplificada por determinados medios de comunicación, sobre todo televisivos, intentando convertir en norma lo que tan sólo son excepciones. Esperemos que sigan siéndolo durante muchos años. Moraleja: no nos dejemos llevar por las sensaciones, busquemos los datos y después saquemos nuestras propias conclusiones. Los medios (está claro que unos más que otros) obedecen a criterios políticos, de espectacularidad, de audiencia y no de racionalidad.
En ningún momento he dejado de seguir los avances en Street View. En el último artículo que escribí sobre el tema comenté la gran actualización que, en la práctica, permitía visitar casi cualquier rincón de la geografía española. Poco tiempo después de aquello, ahora se han añadido nuevos lugares de Europa que podemos consultar. Francia y Holanda están cubiertas casi por completo. Lo mismo ocurre con Italia. Las grandes novedades vienen en la incorporación de ciudades de la República Checa como Praga, Brno y Ostrava y la totalidad del territorio de Dinamarca. Esta gran actualización termina con el sur y parte del centro de Suecia.
De momento se quedan fuera Alemania (no hay ni un solo metro), Bélgica, Noruega, los pequeños países europeos (Andorra, San Marino, Mónaco, Vaticano, Liechtestein y Luxemburgo), Grecia, los Balcanes y la Europa del este. Supongo que todos estos serán los próximos objetivos de los vehículos fotografiadores de Google Street View. Pero de momento ya tenemos material para viajar y disfrutar muchas horas, por lo menos en mi caso, paseándonos por lugares que nunca pensamos que llegaríamos a ver. Todo gracias a la magia de Google y, por supuesto, de internet…
Sólo en los Estados Unidos pueden darse ceremonias tan chocantes para los europeos como el Desayuno Nacional de la Oración (National Prayer Breakfast). Ya sólo el nombre nos suena a disparate total. Pero no, nos norteamericanos (por lo menos algunos) se lo toman muy en serio. La tradición fue inaugurada en 1953 y –tomando como fuente la Wikipedia en inglés– Eisenhower fue el primer presidente en acudir a ella. Los organizadores son una asociación conservadora cristiana (que decir conservadora en EEUU es decir casi “ultra” para nosotros) llamada The Fellowship Foundation. Este acto ha sido muy criticado por las asociaciones en defensa de la libertad religiosa y la separación entre Estado y religión.
Pero esto es noticia en España porque, por primera vez en la historia, un español ha sido el invitado al acontecimiento. Mucho se puede especular sobre las razones que han llevado a esta organización religiosa y conservadora a invitar a Zapatero, político progresista y laico declarado. Quizás solamente por ser presidente de turno de la Unión Europea, quizás por el intento de hermanamiento entre la sociedad norteamericana anglosajona y la latina o por la intención de tender puentes entre Europa y EEUU en momentos de crisis como esta. De lo que no hay duda es de que Zapatero ha acudido a donde ningún otro presidente había conseguido llegar. Ni siquiera Aznar, con su supuesta amistad con los lobbies conservadores norteamericanos y con el presidente Bush, o el Rey, figura mucho más conocida en el país de las barras y estrellas que nuestro actual presidente.
Esta mañana, al llegar a casa he puesto un rato la tele y estaban retransmitiendo en directo la ceremonia por el canal 24h de TVE. Lo pillé en el momento en que estaba hablando Hillary Clinton. Y la verdad es que ese discurso me resultó tan facilón, manido, falso, vacío y “conservador” que me pareció increíble que saliera de los labios de un político del partido Demócrata… A pesar de todo y pese a lo rancio del ambiente, creo que Zapatero se apunta un tanto a su favor y, haciendo gala de “talante” y diplomacia, ha sido airoso de un evento que, a priori, no iba mucho con él. Está claro que evidencia una obviedad: En este caso nuestro presidente no se representa a sí mismo sino a todos los españoles e incluso de todos los europeos. Rechazar la invitación hubiera sido una falta de cortesía y dejar pasar una oportunidad de acercar posiciones todavía un poco más.
Comentaba cuando vi ‘Tobruk’ que la estética de las superproducciones a la europea casi nunca suele gustarme. Al igual que en sus homólogas norteamericanas, estas grandes producciones pecan siempre (casi siempre) de pretenciosidad, de humo que no nos deja ver la verdad del cine, o sea el guión y los actores. Despues de visionar ‘Oorlogswinter’ (algo así como ‘El Invierno de la Guerra’), la sensación es un poco esa. Se trata de una producción holandesa de 2008 dirigida por Martin Koolhover que sigue los patrones narrativos y estéticos más convencionales e inofensivos, siguiendo a pies juntillas los manuales ortodoxos del cine. No en vano se trata de una de las películas seleccionadas por la academia del cine de aquel país para postularse como candidata para recibir el Oscar a la mejor película de habla no inglesa de este año. Y es que ‘Oorlogswinter’ parece ideada precisamente para eso.
Segunda guerra mundial. Enero de 1945. Michiel es un niño que vivirá de cerca la guerra al ocupar el ejercito nazi el pueblo holandés en el que vive junto a su familia. Su padre, el alcalde, intentará ayudar por todos los medios con sus influencias a los vecinos frente a la amenazante presencia alemana. En este conexto aparece Jack, un piloto de la RAF cuyo avión se ha estrellado en un bosque cercano a causa del fuego alemán. Michiel tomará contacto con él e intentará ayudarlo moviendo los hilos de una débil y precaria resistencia. Pero evidentemente, el intento de mantener oculto a Jack le traerá muchos y graves problemas.
Si hay que destacar algo de ‘Oorlogswinter’ es la perfecta ambientación, sobre todo a la hora de reflejar los bonitos (y también angustiosos y terribles) bosques nevados holandeses. También el trabajo de los actores puede considerarse impecable, especialmente el niño protagonista. Pero a partir de aquí asistimos a una sesión de cine convencional, con algo de tensión pero sin demasiado nervio. Es entretenida, pero con unos giros de guión tan forzados como poco creíbles. Una película curiosa y que se deja ver si no somos muy exigentes.
Resulta muy interesante (bueno, siempre que hablo de David De Ugarte digo lo mismo) acercarse al mundo de la Sociedad de las Indias Electrónicas para leer algunas de las reflexiones más lúcidas, acertadas y originales que pueden encontrarse hoy día en la web hispana. En especial a la Indianopedia, un compendio de conocimientos y conceptos a medio camino entre las vanguardias sociales digitales y el mundo económico renacentista. Es decir, la aplicación real y total de las enormes ventajas de las nuevas tecnologías de la comunicación a los viejos modelos sociales y de negocios.
No sé si será cierto, pero no soy el único que tiene la sensación de que las redes sociales han tomado en poco tiempo el lugar que antes ocupaban las bitácoras. En la Indianopedia se alude a la cultura de la adhesión (en referencia a las mal llamadas redes sociales, rebautizadas aquí –con la curiosa terminología de que hacen gala– como “libros de cromos” o “libros de caras”) frente a la deliberación (los blogs). Nada tienen que ver unas con otras y quizás no sólo sea una cuestión tecnológica, sino cultural. Un blog requiere (en general, porque hay de todo) más compromiso con las ideas propias y con el medio en sí. También exige una responsabilidad. A cambio tenemos una red más rica en ideas y opiniones.
En frente están las redes sociales, la adhesión. Un sistema jerárquico que establece las reglas del juego. Dice lo que se puede hacer, lo que se puede decir y, por tanto, todas sus limitaciones. A cambio nos ofrece una plataforma sencilla para “estar ahí” y comunicarnos sin mayores complicaciones ni esfuerzos. Más que proponer, nos adherimos a un grupo, a una iniciativa, a una propuesta. Por supuesto el asunto es mucho más complejo y con numerosas ramificaciones y os animo a profundizar en ella.
Algo grande se está preparando en el mundo del diseño y la programación web. No exagero. HTML5 se atisba ya como una revolución que puede acabar con tecnologías hoy tan consolidadas como Adobe Flash. Etiquetas tan potentes como < canvas > y sobre todo < video > van a suponer un cambio radical en la forma en que concebimos la web. La primera permitirá generar gráficos vectoriales en tiempo real sin necesidad de ningún elemento externo. El segundo (y para mí más interesante) permitirá insertar vídeos en un documento HTML sin Flash. De momento, por las pruebas que he podido hacer los formatos y códecs admitidos es limitado, pero no podemos olvidar que se trata de una especificación todavía en estado temprano de desarrollo.
Igual que con cualquier otra etiqueta de HTML, la etiqueta < video > puede ser manipulada mediante instrucciones JavaScript llamadas a través de funciones. Esto convierte a JavaScript en otra de las piezas claves de HTML5 y nos hace volver a los “viejos tiempos”. Por ejemplo, mediante JavaScript podemos controlar las características clásicas de un reproductor de vídeo (reproducir, pausar, reiniciar y todo lo que nos imaginemos). Incluso si no queremos, podemos utilizar la botonera estándar que implementa cada navegador mediante el atributo controls="controls". Pero lo mejor es ir con una pequeña muestra de código HTML5 para hacernos una idea. Simplemente con esta línea de código podemos reproducir un vídeo:
< video src="video_de_ejemplo.avi" controls="controls">Tu navegador no soporta HTML5< /video>
Más sencillo imposible. Ya existen versiones experimentales en HTML5 de webs de clips como YouTube o DailyMotion. El futuro ya ha comenzado. ¿El fin de Flash?
HDR, las siglas de High Dynamic Range (alto rango dinámico), es una técnica de procesado de fotografías digitales que permite, en una misma imagen, “igualar” las exposiciones de las diferentes zonas de la fotografía de forma que todas ellas tengan un nivel similar. Desde que escribí mi artículo sobre esta técnica hace casi tres años (y que, por cierto, es la entrada más leída de la historia de mi blog) ha llovido mucho, han surgido muchas aplicaciones que permiten este tratamiento y muchos aficionados a la fotografía se han incorporado al mundo de las réflex digitales.
Todo esto está muy bien, pero esta masificación de gente con réflex haciendo fotos en RAW para posteriormente crear su propio HDR está provocando un curioso fenómeno. Pasarse por Flickr y buscar, por ejemplo, “fotografías de Cáceres”, es asistir a un desfile de imágenes saturadas, de colores antinaturales o con exposiciones forzadas. Es verdad que es muy difícil no caer en la tentación (y en el error) de pasar por el procesado HDR todas nuestras fotos. Quedan casi siempre muy aparentes y todos los principiantes que se adentran por estos mundos (bueno, y algún veterano también) quedan deslumbrado por un tratamiento tan fácil de aplicar y a la vez tan “resultón”.
El abuso del HDR hace que las fotos pierdan parte de su encanto y se pretenda buscar más una función estética que práctica. Yo también caí en el error de exagerar mis imágenes en HDR. Pero pronto me di cuenta de que el mejor HDR es el que realza la foto y ayuda a “descubrir” zonas de la imagen que de otro modo quedarían demasiado sobreexpuestas o subexpuestas y que a la vez nadie identificaría como una “típica imagen HDR”. Como en todo en la vida, el uso del HDR puede ser beneficioso para nuestras fotografías si no abusamos de él. El límite está en el sentido común. Yo personalmente prefiero las imágenes naturales y he renunciado casi por completo a esta técnica. Ahora, si he de realzar alguna imagen prefiero manipular la “luz de relleno” en el software de revelado de los RAW (en mi caso el Camera Raw de Adobe).
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