Como digo todos los años a estas alturas, la ceremonia de entrega de los Oscars no suele interesarme, porque no me interesan las películas candidatas ni creo que sean unos premios que verdaderamente premien las mejores películas. Pero aún así, la categoría de mejor película de habla no inglesa suele ser interesante, porque los diferentes países presentan las que consideran las obras más representativas de sus actuales filmografías. Suelo fijarme especialmente en las “listas largas” de candidatos antes de hacer la selección de las cinco afortunadas que optarán al galardón. Este año, de esa “lista larga” he visto un par de ellas. Por aquí han pasado ‘Frygtelig Lykkelig’ y ‘Kelin’ sin contar las candidatas finales.
Estas candidatas son: ‘Das Weisse Band’ (Alemania), ‘La Teta Asustada’ (Perú), ‘El Secreto de sus Ojos’ (Argentina), ‘Un Prophète’ (Francia) y ‘Ajami’ (Israel). Así visto, creo que la cosa está bastante clara. Pienso que la obra maestra de Haneke se va a llevar el Oscar, pero si hay alguna otra candidata que se lo puede quitar es ‘Un Prophète’. En su contra tiene el estilo, demasiado arisco y crudo para una película de Oscar. Aunque las otras tres no las he visto, la tercera en discordia quizás sería ‘El Secreto de sus Ojos’, pero esto ya sería mucho aventurar. La sorpresa llegaría si la estatuilla dorada se fuera a Perú o a Israel. A priori no parecen favoritas…
En cualquier caso, los que trasnochen y sigan la ceremonia de esta madrugada lo verán en directo. El resto de los mortales nos enteraremos cuando despertemos… ¡Que gane el mejor! Por cierto, para quien quiera más información, en la web de La Información (valga la redundancia) hay un estupendo especial con todas las candidaturas y sus trailers.
Ya sabéis de mi gusto por las filmografías de países exóticos. Hoy hemos de añadir un nuevo país a esta ya larga lista. Se trata de Kazajistán, un –para nosotros– ignoto país del que no sabemos absolutamente nada (ni siquiera sabemos bien como se escribe en castellano) y que está en la confluencia entre oriente y occidente, entre el mundo del lejano oriente y el de las estepas siberianas. Por supuesto, de la industria cinematográfica tampoco sabemos nada más allá de esta muestra. La película en cuestión se llama ‘Kelin’ y fue realizada en 2008 por Ermek Tursunov. Tursunov proviene del mundo de la televisión, donde había desarrollado hasta ahora su carrera como productor y guionista.
‘Kelin’ se desarrolla en los impresionantes exteriores naturales que ofrece la cordillera Altai, repleta de bosques y riachuelos. Aunque en ningún momento se especifica el momento histórico en el que transcurre la historia, quizás podemos hablar del siglo XVIII, XIX o incluso principios del XX. Realmente poco importa, ya que Tursunov nos muestra el Kazajistán más tradicional, donde las familias son nómadas y viven en estrecho contacto con la naturaleza. Una de las particularidades del film es que sólo se pronuncian un par de palabras en todo el metraje, acentuando la universalidad de la trama contada. Creo que es un gran acierto.
La película cuenta la historia de Kelin, una chica joven que llega a la edad de casarse. Pero el hombre al que quiere no consigue hacerse con ella debido a que otro pretendiente ofrece una dote mayor (así se las gastaban). Ambos hombres serán rivales irreconciliables. Mientras tanto Kelin inicia una nueva vida con su marido y su nueva familia, compuesta por el hermano pequeño de éste y por la que parece ser su madre, una anciana chamán que atesora todas las tradiciones de una cultura ancestral repleta de supersticiones.
La cinta está bien contada, con eficacia y parquedad, y con mucho sitio para la sorpresa gracias a un buen e imprevisible guión, una buena fotografía, aunque con actuaciones algo flojas. En definitiva, una buena película para aficionados a la antropología y al cine exótico. Fue seleccionada por su país para los Oscars de Hollywood de 2010 en la categoría de habla no inglesa, aunque no quedó finalista.
El cine alemán nos ha proporcionado muchas satisfacciones en los últimos años. Y no sólo me estoy refiriendo a Michael Haneke, sino a toda una nueva generacion de realizadores que han renovado por completo el panorama germano. Uno de esos directores es Hans Weingartner. Aunque es austríaco, ha desarrollado su carrera en Alemania. Con apenas cuarenta años ha dirigido tres largometrajes: ‘Das Weisse Rauschen’ (‘El Ruido Blanco’) (2001), ‘Free Rainer’ (2007) y la que nos ocupa hoy, ‘Die Fetten Jahre Sind Vorbei’ (aquí traducida como ‘Los Edukadores’). Se trata de una producción de 2004 que cuenta con el popular actor hispano-alemán Daniel Brühl, que saltó a la fama con ‘Goodbye, Lenin!’ (2003) y que interpretó aquí en España a Salvador Puig Antich en el film ‘Salvador’ (2006). Brühl casi siempre ha escogido papeles relacionados con la política, y en este caso no iba a ser una excepción.
Jan y Peter son dos jóvenes que han formado un ingenuo comando subversivo que se dedica a entrar en las mansiones de los ricos para realizar acciones y concienciarlos de que sus días de abundancia se están terminando porque el mundo debe cambiar en pos de una mayor justicia social. Accidentalmente se les unirá Jule, la chica. Los tres se verán involucrados en unos desagradables hechos que los llevarán a replantearse sus convicciones.
‘Die Fetten Jahre Sind Vorbei’ es una película tremendamente entretenida, pero también es mucho más. En contra de las muchas críticas que he leído y en las que mezclan lo puramente cinematográfico con lo ideológico, se trata de una obra sólida, bien construida, y que sabe mantener constantemente la tensión a causa de sus inteligentes e imprevisibles giros narrativos. Todo es cuestión de rascar un poco bajo la superficie de los supuestos tópicos simplistas donde algunos detractores parecen haberse quedado. Porque lo verdaderamente interesante de esta película viene en la segunda parte de la cinta, que poco tiene que ver con la primera, donde el mundo idealista de los jóvenes se resquebraja para acceder a una verdad que ha sido la misma desde el principio de los tiempos: las buenas ideas que nacen de las revoluciones siempre permanecen. Una buena obra sobre la que sólo debemos opinar después de que han salido los títulos de crédito. Bastante recomendable.
Comentaba cuando vi ‘Tobruk’ que la estética de las superproducciones a la europea casi nunca suele gustarme. Al igual que en sus homólogas norteamericanas, estas grandes producciones pecan siempre (casi siempre) de pretenciosidad, de humo que no nos deja ver la verdad del cine, o sea el guión y los actores. Despues de visionar ‘Oorlogswinter’ (algo así como ‘El Invierno de la Guerra’), la sensación es un poco esa. Se trata de una producción holandesa de 2008 dirigida por Martin Koolhover que sigue los patrones narrativos y estéticos más convencionales e inofensivos, siguiendo a pies juntillas los manuales ortodoxos del cine. No en vano se trata de una de las películas seleccionadas por la academia del cine de aquel país para postularse como candidata para recibir el Oscar a la mejor película de habla no inglesa de este año. Y es que ‘Oorlogswinter’ parece ideada precisamente para eso.
Segunda guerra mundial. Enero de 1945. Michiel es un niño que vivirá de cerca la guerra al ocupar el ejercito nazi el pueblo holandés en el que vive junto a su familia. Su padre, el alcalde, intentará ayudar por todos los medios con sus influencias a los vecinos frente a la amenazante presencia alemana. En este conexto aparece Jack, un piloto de la RAF cuyo avión se ha estrellado en un bosque cercano a causa del fuego alemán. Michiel tomará contacto con él e intentará ayudarlo moviendo los hilos de una débil y precaria resistencia. Pero evidentemente, el intento de mantener oculto a Jack le traerá muchos y graves problemas.
Si hay que destacar algo de ‘Oorlogswinter’ es la perfecta ambientación, sobre todo a la hora de reflejar los bonitos (y también angustiosos y terribles) bosques nevados holandeses. También el trabajo de los actores puede considerarse impecable, especialmente el niño protagonista. Pero a partir de aquí asistimos a una sesión de cine convencional, con algo de tensión pero sin demasiado nervio. Es entretenida, pero con unos giros de guión tan forzados como poco creíbles. Una película curiosa y que se deja ver si no somos muy exigentes.
Es como mínimo sorprendente que una desconocida película checa tenga el mismo título que una cinta de segunda categoría del cine bélico. Ambas se llaman ‘Tobruk’ y ambas tratan la misma batalla de la segunda guerra mundial entre los aliados (ingleses, australianos, indios y checoslovacos) y las potencias del eje con presencia en África (alemanes e italianos). No he visto el ‘Tobruk’ de 1967, pero imagino que poco tendrá que ver con este que acabo de ver. El ‘Tobruk’ checo es una producción de 2008 dirigida por Václav Marhoul e inspirada (muy) libremente en la famosa novela antibelicista ‘El Rojo Emblema del Valor’ (1896) de Stephen Crane.
La acción transcurre en Egipto, cerca de la localidad de Tobruk, un lugar estratégico que se disputan tanto las tropas del Afrika Korps de Rommel como las del conglomerado que forman los aliados. De entre todos estos aliados un grupo de soldados checoslovacos (en torno a 700) forman parte del contingente. A pesar de que la situación del país checo en 1941 era muy compleja, el gobierno en el exilio decidió enviar un número casi simbólico de efectivos para luchar contra el fascismo. Los jóvenes soldados conocerán pronto la brutalidad de la guerra, tanto la ajena como la propia, donde nada tiene sentido…
Marhoul firma una película irregular. Con un buen planteamiento inicial, el argumento falla. El espectador no consigue empatizar con ninguno de los personajes, que se muestran demasiado distantes, demasiado fríos y artificiosos. La trama se dispersa en exceso, no consiguiendo captar la atención con un hilo argumental claro y definido. ‘Tobruk’ entretiene, pero en su concepción como superproducción a la europea se ocupa demasiado por las formas, que son impecables, y yerra en aspectos esenciales de la narración. Una pena, porque el tema podría dar mucho más de sí. Una película entretenida sin más.
El cine de los países del este sigue siendo (y espero que lo sea por mucho tiempo) un filón inagotable de buen cine. La caída de los antiguos regímenes totalitarios no ha hecho más que desatar todo ese talento que parece innato. Lo malo es que en la mayoría de las ocasiones es un cine que no llega a nuestras pantallas ni siquiera en DVD y hay que rebuscar mucho y recurrir a las descargas de internet. Esto es lo que ha ocurrido con la inencontrable ‘Pora Umierać’ (algo así como ‘Tiempo de Morir’ en castellano), una producción polaca de 2007 dirigida por Dorota Kędzierzawska. Se trata de una de esas pequeñas joyas escondidas con las que uno da casi por casualidad.
La señora Aniela es una anciana que vive sola en su vieja casa de madera. Sus hijos intentan una y otra vez convencerla para que la abandone y poder vender el terreno. Pero ella resiste no sólo por un sentimiento de nostalgia, sino de dignidad. Esa es su casa y mientras viva nadie osará deshauciarla. Pero el tiempo se acaba y Aniela apura sus últimos días junto a su perra y a los niños de una escuela infantil de música que ensayan en un local cercano.
‘Pora Umierać’ es una película sobre la vida, sobre los recuerdos y también sobre la vejez y la muerte, pero no visto como algo terrible, sino como una consecuencia natural de la vida que incluso puede ser liberador. Es también un film sobre las relaciones familiares, a menudo ingratas. Pero a pesar de todo, la película es optimista y esperanzadora. Hay que mencionar tres aspectos imprescindibles en esta obra: la espectacular fotografía en blanco y negro, que retrata con un estilo y una belleza decadente indescriptible algunos rincones de la vieja casa de madera donde mora la anciana protagonista. El segundo es la propia protagonista, interpretada por la veteranísima actriz Danuta Szaflarska, de 94 años de edad (91 cuando interpretó este papel) que consigue dar a su personaje el matiz exacto que requiere el guión. Soberbio trabajo. Y por último, la perra Philadelphia, que a veces parece dar la réplica a la anciana. Pero si tenemos que buscarle las pegas, yo lo haría en su excesivo metraje (casi dos horas). Quizás le sobren diez o quince minutos. Son pequeños detalles que no desvirtúan una gran pieza cinematográfica por descubrir.
Hace unos meses vi ‘De Latir mi Corazón se ha Parado’, la que por entonces era la última obra del realizador francés Jacques Audiard. En este tiempo, Audiard ha estrenado ‘Un Prophète’ (‘Un Profeta’), una producción de 2009 que se perfila como una de las favoritas junto con ‘Das Weisse Band’ (‘La Cinta Blanca’) para llevarse el Oscar de Hollywood a la mejor película de habla no inglesa. De nuevo, y al igual entonces, nos encontramos con una película que descoloca, en la que todo son matices y los blancos o negros, los buenos o malos prácticamente no existen. Nadie está libre de culpa. ‘Un Prophète’ es un crudo y realista drama carcelario con pequeños toques sobrenaturales (de ahí su título).
Malik es un joven de 19 años que ha tenido una adolescencia vivida en reformatorios y centros para menores. Al entrar en la cárcel se abre para él un nuevo mundo, duro y brutal, donde la elección es matar o morir, pero a la vez lleno de oportunidades para alguien que no ha conocido otra cosa que la marginalidad. Esas oportunidades le llegarán de la mano de la mafia corsa que domina el penal. Se convertirá en una pieza clave en las luchas internas por el poder frente a los árabes que comienzan a ganar terreno. Malik se irá ganando poco a poco el respeto y el odio a partes iguales.
Audiard es experto en retratar a personajes límite de las cloacas de la sociedad, donde no existe lo bueno ni lo malo, sólo la supervivencia. Un limbo moral repleto de contradicciones y detalles que se transmiten al espectador magistralmente, haciéndole sentir incómodo. Porque, evidentemente, ‘Un Prophète’ no es un film fácil de ver. A su extenso metraje (dos horas y media) hay que unirle un desarrollo repleto de complejas tramas y dobles juegos. De nuevo el realizador consigue una estética sucia y oscura. El trabajo de los actores es inmejorable y cada uno de los personajes encaja perfectamente en su papel, consiguiendo que nos los creamos sin problemas. En definitiva, se trata de una película sobre el carisma personal, la fidelidad, el liderazgo y también sobre la cara B de la sociedad, esa que no queremos ver y que a veces viste traje y corbata y otras alarga sus tentáculos por los bajos fondos de las ciudades.
rmbit está bajo una licencia de Creative Commons.
Plantilla en constante evolución, diseñada y programada por mí mismo intentando seguir los estándares XHTML y CSS
Página servida en 2.011 segundos.
Gestionado con WordPress