rmbit - La bitácora personal de Ricardo Martín
Domingo, 29 de Agosto de 2010

‘Fish Tank’

La moda del cine social se está convirtiendo poco a poco en una plaga, no por que este cine no sea de interés, sino porque muchos se están apuntando a él con más bien poco criterio. El Reino Unido ha sido siempre, junto con Francia, los reyes de este género desde los años sesenta o incluso antes. Por ejemplo todos hemos visto las obras de Ken Loach, el director que retrata los conflictos sociales a lo largo de ya varias etapas históricas de su país. La realizadora Andrea Arnold, directora de la producción británica ‘Fish Tank’ (2009) parece una de sus alumnas aventajadas. A lo largo de todo el metraje es complicado no ver ni comparar el espíritu de Loach. Ganó el Oscar de Hollywood en 2004 al mejor cortometraje de ficción con ‘Wasp’.

Mia es una joven de quince años que vive con su madre (una cabeza loca) y su hermana pequeña. No estudia (fue expulsada del instituto) ni trabaja (no tiene edad). Sólo se dedica a vaguear por la calle, a bailar y a visitar a una yegua blanca de un cercano poblado de gitanos. Esa vida se quebrará cuando se entera de que su madre tiene un nuevo novio. Una nueva perspectiva se abrirá ante ella, aunque las cosas finalmente no serán como parece.

Y es que no basta con coger la cámara al hombro, no basta con montar un hogar desestructurado con una madre alcohólica ni que la acción se desarrolle en un suburbio marginal de una gran ciudad, ni que el protagonista sea un chico/a que sueña con un futuro mejor a pesar de las circunstancias. Hace falta una historia de verdad, que aporte algo nuevo, que sea interesante y que nos lleve por lo menos a la reflexión. Al terminar de ver ‘Fish Tank’ nada de esto ha ocurrido. La cinta me ha sabido a poco. Una lástima por su protagonista, la joven Katie Jarvies, que hace un magnífico trabajo de interpretación, al igual que el resto del reparto. A pesar de todo, recomendable para los que buscan un cine diferente. La película obtuvo el premio del jurado en el Festival de Cine de Cannes de 2010.

Sábado, 28 de Agosto de 2010

La trilogía del “cine informático” de los ochenta

A comienzos de los años ochenta, el boom de la electrónica y de la informática ya era un hecho. Los ordenadores comenzaban a entrar en las casas y la cultura popular se empezaba a impregnar de bits, chips, teclados, monitores y videojuegos. Por supuesto el cine no iba a ser una excepción. Y pensando en este tema se me ha ocurrido dedicar una entrada a ese cine de puro entretenimiento que tienen a los ordenadores como protagonistas (o al menos como co-protagonistas). Me refiero a ordenadores en el sentido más estricto, no a robots ni a películas futuristas, sino a cómo se veía la informática en aquellos albores de la la informática popular. El “aquí y ahora” del sentimiento social de esos años acerca del tema.

Para ello he seleccionado tres películas, similares pero a la vez muy diferentes: ‘Tron’ (1982), ‘Juegos de Guerra’ (1983) y ‘Sueños Eléctricos’ (1984). Las dos primeras producciones norteamericanas y la tercera co-producida por el Reino Unido. Estas cintas forman una peculiar trilogía que engloba todos los aspectos, los vicios y las virtudes de la tecnología, desde el más fantasioso, al más terrorífico, del más abstracto e inexacto al más concreto y preciso, de la comedia a la ciencia-ficción e incluso al terror. Y por supuesto la política.

‘Tron’, el comienzo de una nueva etapa.

Hacer una película con imágenes sintéticas cuando apenas había ordenadores capaces de mostrar más de 16 colores en pantalla sin duda debió ser un reto. De hecho, la mayoría de las supuestas infografías que aparecen están realmente realizadas mediante animación tradicional (la productora Buenavista pertenece a Disney, con lo que no debieron tener grandes problemas) y en las que aparecen los personajes en el “mundo virtual” fueron pintadas a mano sobre una película original de alto contraste y en blanco y negro. El resultado es quizás algo extraño e inquietante. Hoy las animaciones nos pueden parecer ridículas, ya que cualquier teléfono móvil actual genera infografías mil veces mejores, pero en aquellos tiempos debió ser revolucionario.

No hay duda de que fue una película que, a pesar de no ser un gran éxito comercial, a la larga causó gran impacto en la cultura popular de la época, siendo una influencia incluso estética. A nivel puramente cinematográfico no hay gran cosa que decir. Es la típica historia de buenos contra malos, de los rebeldes (de color azul) contra el mundo opresor y dictatorial (de color rojo). Las connotaciones políticas y sus referencias veladas al comunismo (recordemos que estamos en pleno recrudecimiento de la guerra fría) son evidentes a poco que se interprete.


‘Juegos de Guerra’, la catástrofe posible.

‘Juegos de Guerra’ es sin duda la película más solida, más verosímil y mejor construida de las tres. De nuevo el fantasma de la guerra fría planea sobre el argumento, aunque desde un punto de vista pacifista. La informática ya no es algo etéreo y casi misterioso destinado a científicos de alto rango y genios como en ‘Tron’, sino que los estudiantes más “listillos” podían tener uno en su casa y además comunicarse con el exterior. Las primeras secuencias de David en su habitación, introduciendo esos disquettes enormes de 8 pulgadas en el lector y colocando el teléfono en el módem forman parte ya de la memoria colectiva de muchos de nosotros.

Como ya he comentado, el argumento es el más plausible. Un chico entra por error en un superordenador de la defensa de los Estados Unidos y provoca una guerra mundial. En la prensa de aquella época e incluso de años después hemos leído algún caso, no tan exagerado, con cierta similitud. Quien asesoró al director y al equipo hizo un buen trabajo, porque el resultado en la gran pantalla tiene detalles bastante creíbles incluso para un experto. Además, estupendo trabajo también de los actores.

‘Sueños Eléctricos’, la informática se hizo popular.

La película comienza con lo que era el sentimiento de la época, el zeitgeist de los prósperos primeros años ochenta. La sociedad occidental se tecnificaba rápidamente con microordenadores, calculadoras, relojes de pulsera que hablan, walkmans o terminales de venta conectados en red mientras el protagonista los contempla casi horrorizado. ‘Sueños Eléctricos’ es la aplicación de la estética pop ochentera, casi de anuncio publicitario, al mundo de una tecnología ya al alcance de cualquiera.

El guión y la forma de enfrentarse a la cosa de la informática es bastante irregular. Tiene momentos memorables, “rayadas” increíbles (que cada uno lo interprete como quiera), un homenaje a Philip K. Dick y secuencias de vergüenza ajena. El guión es algo (o muy) inconsistente y tiene muchísimos fallos. Casi podemos considerar a ‘Sueños Eléctricos’ como un conjunto de videoclips que apelan a la emoción del espectador más que a establecer un argumento racional. Aún así, es una película para recordar. Es la única de las tres que no había visto de pequeño. Y es que, a pesar de que su banda sonora es archiconocida (quién no ha escuchado alguna vez el Love is Love’ de Culture Club, compuesto para esta película) y es el principal atractivo de la cinta, no fue popular aquí en España. La copia que he conseguido es un ripeo de VHS y subtitulada.


Domingo, 22 de Agosto de 2010

‘Mammoth’

Vivimos en un mundo global. Cualquiera puede viajar a cualquier parte del mundo en cuestión de horas, las costumbres se mezclan y el intercambio de información a través de internet hacen de nuestro planeta un lugar más pequeño. Del mismo modo la multiculturalidad que tímidamente se asoma a nuestras grandes ciudades es una tendencia que seguirá incrementándose. El cine no es ajeno a este fenómeno que está marcando el siglo XX y podríamos decir que ya existe un subgénero de películas que tratan este y otros asuntos, en mi opinión hasta la fecha sin demasiada fortuna. Los intentos de, por ejemplo, ‘Babel’, se quedaron en eso, en intentos, que más tenía que ver con una parodia de la realidad que con otra cosa. En el caso de ‘Mammoth’ (2009), una producción sueca dirigida por el gran realizador Lukas Moodysson, el intento está algo más conseguido.

Leo Vidales (Gael García Bernal) es un geek que se ha hecho millonario gracias a su empresa de videojuegos por internet que ha de viajar hasta Tailandia para firmar la inversión de un grupo local en su compañía. Está casado con Ellen (Michelle Williams), una cirujano que trabaja en un hospital de Nueva York. La hija de ambos está cuidada por una asistenta filipina, Gloria. Esta historia principal se entrelazará con la de los hijos de Gloria en Filipinas, la del infierno personal y laboral de Ellen, que tiene que enfrentarse a diario a la barbarie de la violencia humana en el hospital y a la de su hija Jackie, despierta, inteligente y con una curiosidad desbordante por conocer todo cuanto le rodea. Diversos incidentes harán que el mundo aparentemente sólido en el que vive la familia se tambalee.

Moodysson no nos ofrece nada nuevo en ‘Mammoth’. En este sentido, la película del director de ‘Lilja 4-Ever’ (recordemos que fue mi película favorita de la pasada década) no está a la altura de las circunstancias. No reconozco al sueco en los planos y en las historias, que parece usar una estética estándar americanizada y repleta de tópicos en los que nunca pensé que caería. Si bien el guión es complejo, está correctamente resuelto y es sólido, esta complejidad le supone un alto coste artístico. La cinta, de tan milimetrada pierde en frescura y originalidad y gana en convencionalidad. Los discursos que maneja están ya muy vistos en los últimos tiempos y se echa de menos otra visión menos maniquea, menos idealizada. Me gusta la banda sonora, con temas de Ladytron entre otros, aunque a veces suena fuera de contexto. Es una opinión personal, claro. A pesar de todo, ‘Mammoth’ es una película entretenida que agradará sobre todo a los bienpensantes de salón. Esperemos que Moodysson vuelva pronto a Suecia después de este pinchazo. Es comprensible que a veces a uno le tiente la megalomanía…

Domingo, 15 de Agosto de 2010

‘Le Silence de Lorna’

Los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne son unos de los realizadores cinematográficos más respetados en Francia y en la Bélgica francófona. Sus películas de temática social, siempre ambientadas en Valonia o Bruselas, han sido bien recibidas por la crítica. Para mí también son unos de los grandes. Su film ‘Rosetta’ (1999) pasa por ser una de mis favoritas. Han ganado dos veces la Palma de Oro del Festival de Cine de Cannes (con la propia ‘Rosetta’ y con ‘El Niño’). ‘Le Silence de Lorna’ guarda todas las esencias del cine de los hermanos. Se trata de una producción franco-belga de 2008 en la que se retratan las clases bajas y, en general, menos favorecidas de la Bélgica más pobre, entrando de lleno en su problemática y en sus dilemas morales, pudiéndose extrapolar estas situaciones a un contexto mucho más amplio en el que otras sociedades (como la nuestra) pueden verse reconocidas.

Lorna es una inmigrante albanesa casada por conveniencia Claudy, un belga drogadicto del que sólo busca obtener la nacionalidad. Todo ha de seguir un maquiavélico plan que terminaría con su muerte por sobredosis, el correspondiente enviudamiento de Lorna y su posterior casamiento con otro personaje, esta vez un mafioso ruso. Y por medio mucho dinero, muchos problemas y los sueños de futuro de la contradictoria Lorna con su auténtico novio albanés Sokol… Pero las cosas nunca salen como están planeadas. Es entonces cuando entra en un laberinto del que será muy complicado salir.

El guión de ‘Le Silence de Lorna’, igual que el de sus predecesoras, es impecable. La narración es sólida y austera. No sobra nada ni tampoco hace concesiones a la galería. Las cosas se retratan como son, sin adornos y sin banda sonora, aunque la sensación de documental no es tan acentuada como, por ejemplo, en ‘Rosetta’. A nivel de interpretación, el trabajo de los actores es excepcional, en especial el de la actriz albano-kosovar Arta Dobroshi en el papel de Lorna, que sostiene todo el peso y toda la tensión dramática de la cinta sin grandes problemas. Conclusión: una gran película que nos invitará –como en todas las películas dardennianas– a mirar debajo de la alfombra de la Europa occidental rica y culta. Muy recomendable.

Domingo, 18 de Julio de 2010

‘Jerichow’

Hay algunas veces que uno ve una película y tiene la sensación de que no saca nada en limpio, de que no transmite nada, o que lo poco que transmite es algo tan manido y tópico que nos dejan indiferentes. Algo así es lo que me ha provocado ‘Jerichow’, una cinta alemana producida en 2008 y dirigida por Christian Petzold. Se trata de una película basada libremente en la famosa novela ‘El Cartero Siempre Llama Dos Veces’ de James M. Cain. El resultado como digo es bastante frío y descafeinado.

Thomas es un ex-militar devuelvo a Alemania desde Afganistán. A su vuelta se encuentra en la ruina, sin trabajo y sin familia (o al menos no se muestra que la tenga). Lo único que tiene es la casa que ha heredado de su madre. Se dispone a vivir en ella. Tras pagar sus deudas y encontrar un empleo bastante precario su vida va a cambiar cuando menos se lo espera. Conoce a un pequeño distribuidor de la zona que se dedica al reparto por los pueblos de la zona, llamado Alí. Thomas es contratado primero como conductor de la furgoneta del negocio y después haciéndose cargo de tareas más delicadas. Las cosas cambiarán de nuevo cuando conoce a la mujer de Alí, Laura.

‘Jerichow’ es el retrato de sus personajes. Son agónicos, en situación límite, y con pasado poco claro y que el espectador sólo conoce someramente. Pero a la vez no logran conectar con quienes estamos al otro lado de la pantalla. No es fácil empatizar con ellos. Quizás la culpa sea de los actores, que no son nada del otro mundo, pero probablemente el director tenga mucho que ver. Las deudas, el dinero, también son otro factor importante dentro de la película. El punto a favor es su imprevisibilidad. Resulta complicado adivinar cómo seguirá adelante la trama. Para mi gusto, esto es lo que salva definitivamente de la quema. Aún así, es una cinta prescindible.

Domingo, 20 de Junio de 2010

‘Turneja’

El nombre de Goran Marković a ninguno de nosotros nos dirá nada, pero se trata de uno de los cineastas balcánicos más importantes de los últimos treinta años. En su haber cuenta con once largometrajes, cincuenta documentales y tres obras de teatro. Y precisamente de teatro trata la que es su última película hasta la fecha. ‘Turneja’ (‘The Tour’ en inglés o ‘La Gira’ en castellano) es una producción serbo-bosnia de 2008 que aúna este mundo con otro absolutamente antagónico como es la guerra. Esa guerra que marcó y aún marca a la población de las repúblicas ex-yugoslavas. Conseguir esta película no ha sido sencillo, pero una vez vista la espera ha merecido la pena.

Diciembre de 1993. Unos populares actores inician desde Belgrado, con el ánimo de conseguir dinero fácil, una gira por los territorios de la Krajina, una zona disputada en aquella época por serbios y croatas y, por consiguiente, pleno frente de guerra. Conocerán a través de dolorosos episodios la auténtica cara de la barbarie humana y comprobando como la brutalidad no conoce de credos ni de ideologías. Es la paradoja de la guerra. Soldados de un lado y de otro conocen y reconocen a los actores de sus participaciones televisivas.

La película es una producción típicamente balcánica, a medio camino entre el drama y la comedia. Cuenta con esos tics algo histriónicos marca de la casa. Pero más allá de los detalles, su gran mérito es retratar sin ningún dogmatismo y con un talento y realismo notable el sinsentido de la guerra. A veces ese sinsentido da lugar a situaciones cómicas o al menos extrañas. El trabajo de los actores es, como no podía ser de otro modo tratándose del tema de la cinta, excelente y transmiten a la perfección su horror al ver lo que se van encontrando en su peculiar periplo. ‘Turneja’ es una película muy recomendable (si la conseguís encontrar, claro).

Domingo, 13 de Junio de 2010

‘Vacaciones de Ferragosto’

Ferragosto es una fiesta precristiana muy popular en Italia que se celebra el 15 de agosto. Aunque el sincretismo cristiano asumió la celebración como suya, representaba originalmente el fin de las tareas agrícolas. En este contexto, Gianni di Gregorio dirige y protagoniza ‘Vacaciones de Ferragosto’, una peculiar producción italiana de 2008 al más puro estilo del Nanni Moretti de ‘Caro Diario’. Tanto que a veces no me pregunto si no llega hasta el plagio. Lo cierto es que Di Gregorio no le llega a Moretti ni a la suela del zapato. El resultado es una historia amable e inofensiva, pero con la que es difícil empatizar, quizás por lo increíble de las situaciones que nos presenta y cuyo guión deja algunos cabos sueltos (¿Por qué bebe tanto el protagonista y por qué se muestra tan insistentemente a lo largo de la película? o ¿Para qué el médico detecta en Gianni una angina de pecho estable, qué aporta eso a la historia?). En fin.

En el Trastevere romano, Gianni, un parado solterón que vive junto a su madre viuda, se disponen a pasar una tranquila festividad de ferragosto. Pero las cosas se complicarán cuando el administrador del edificio le pide, a cambio de hacer la vista gorda sobre algunas facturas de la luz impagadas y otros gastos, dejar a su madre y a su tía en casa hasta que pasen las fiestas. Tras algunas dudas, Gianni accede. El médico también le propone lo mismo. Al final se encontrará con cuatro ancianas en casa por las que se desvivirá, dando lugar a situaciones kafkianas y divertidas.

La película, tal y como dije antes, tiene un aire morettiniano que tira para atrás, pero también parece deudor a veces del gran Fellini (¡sacrilegio!), aunque se queda por el camino. ‘Vacaciones de Ferragosto’ es un film algo soso, al que le falta ingenio, situaciones verdaderamente brillantes. Tal vez el personaje que más juego da sea, junto con la propia madre de Gianni, su amigo, llamado El Vikingo, que protagonizan alguna de las mejores escenas de la película. En conclusión, una película inocua y amable a la que se le echa de menos un poco más de mala leche.

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