Llega un nuevo post ómnibus, de esos que surgen casi sin querer al echar un vistazo a los marcadores que uno va acumulando a lo largo del tiempo y que, por una razón u otra, finalmente no cuajan en artículos porque por sí mismos no dan mucho de sí. Encontraréis un poco de todo, pero siempre cosas curiosas. Al menos a mí me lo han parecido. Vamos allá:
Mi afición por Google Street View me hizo llegar hasta esta web donde nos enseñan paso a paso (incluso con un manual en PDF) a construir una plataforma de cámaras como la que usa Google, pero de mentira, puro cartón, para montarla sobre un coche y darnos unas vueltas por ahí para, básicamente, hacer el gamberro. La ocurrencia es de los chicos de F.A.T. (Free Art & Technology) que, además, han grabado algunos vídeos que yo no sé si considerar vandalismo o una acción de net art del bueno. Juzgad vosotros mismos:
Vamos con un poco de música. ‘Synth Britannia’ es un documental producido por la BBC donde se narra la historia del tecnopop desde sus orígenes en los sententa hasta su eclosión en los ochenta. Cuenta con los testimonios de los más importantes personajes del movimiento, como Wolfgang Flür de Kraftwerk, Bernard Sumner de New Order o Neil Tennant de Pet Shop Boys. Un impresionante documento para todos los amantes de la música electrónica. Interesantísimo. En YouTube lo han dividido en nueve partes de diez minutos cada una. Aquí está la primera:
Un poco relacionado con el anterior nos encontramos con una muestra más de como el ingenio y el lema “do it yourself” que propugnaban los punks. En este caso un tipo manitas ha conseguido manipular un radiocassette de los de toda la vida para poder hacer scratch con cintas. El resultado es asombroso. A este hombre deberían hacerle un monumento. Su nombre es Alexis Malbert (Tapetronic para el mundillo DJ). Echad un vistazo al post de Papel Continuo y sabréis de lo que estoy hablando…
Pasamos al mundo de la fotografía. Hace un tiempo hablé sobre los objetivos descentrables o tilt-shift. Con ellos se podía manipular la profundidad de campo creando la ilusión de que un paisaje real parecía ser una maqueta. Ahora os presento lo contrario. Michael Paul Smith es un fotógrafo que ha reconstruido su pueblo natal, en el que vivió de niño, tal y como era en los años cincuenta. La escala es 1:24, más o menos la que utiliza Scalextric para sus coches. El resultado es prácticamente indistinguible de la realidad y pasaría por una foto auténtica de la época. Todos los detalles han sido cuidados hasta el límite. Podéis leerlo en un artículo de Xatakafoto.
Para terminar, cambiamos nuevamente de tema. Nos movemos ahora al mundo del videojuego, a veces tan bizarro. Para muestra un botón. El lunes 23 de febrero se cumplieron 29 años desde que el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero entró en el Congreso de los Diputados como avanzadilla de lo que sería una asonada militar que afortunadamente se quedó en nada. Aquel día leí una curiosa entrada en el blog ANAIT Games donde comentaban que en 1983 se lanzó un videojuego llamado ‘El Golpe’ y que estaba inspirado en estos acontecimientos. En realidad no era más que un comecocos con algunos accesorios (bigote y tricornio en el caso de nuestro personaje “pacman tejero”) pero que no deja de tener hasta cierto valor antropológico. Aquí un vídeo:
Bajo un nombre tan discreto como EOS 550D, Canon presentó ayer esta nueva cámara fotográfica digital para aficionados avanzados. La polémica sobre la oportunidad de este lanzamiento precisamente en un segmento ya muy saturado y sólo un año después de su predecesora, la EOS 500D, está recorriendo las webs y foros especializados. A esto hemos de añadir que la mayoría de sus características son muy similares a las de la EOS 7D, teóricamente de la gama profesional o semiprofesional, pero con un precio oficial que se supone que rondará o superará la mitad (unos 800 euros de la 550D frente a los 1700 de la 7D).
Ayer estuve comparando las prestaciones de ambas máquinas en el propio sitio de Canon y es sorprendente su parecido. Cierto que los materiales, su construcción y los acabados probablemente no tengan nada que ver, pero los resultados finales forzosamente no deben ser muy distintos. Ambas comparten el sensor de 18 megapíxeles, permite realizar vídeo a 1080p a 24, 25 y 30 fotogramas por segundo con la misma ratio de compresión mediante el códec H.264. También hay algunas diferencias. A favor de la 550D tenemos una pantalla de mayor definición, un menor tamaño del cuerpo y, por tanto, más ligero. Otras prestaciones novedosas son la limitación de ISO máximo (que no tiene la 7D). Está claro que la EOS 7D es una cámara de más entidad. Ahí están sus 19 puntos de enfoque frente a los 9 de la 550D, así como los 8 disparos por segundo en ráfaga frente a casi 4.
La presentación de la Canon EOS 550D me viene como agua de mayo en un momento en que ya casi me había decidido por la 7D. Tenía mis dudas de si aprovecharía al cien por cien una cámara tan “profesional” y, por supuesto, con el dinero que me iba a gastar. Ahora ya lo voy teniendo más claro… aunque ya se rumorea la salida de una hipotética 60D que vendría a suplir la 50D, o sea, el escalón inmediatamente inferior a la 7D… Desde aquí auguro a este nuevo modelo de Canon un gran éxito y, si la competencia no se despierta de una vez, se terminará llevando prácticamente todo el mercado tal y como ya estamos empezando a ver.
HDR, las siglas de High Dynamic Range (alto rango dinámico), es una técnica de procesado de fotografías digitales que permite, en una misma imagen, “igualar” las exposiciones de las diferentes zonas de la fotografía de forma que todas ellas tengan un nivel similar. Desde que escribí mi artículo sobre esta técnica hace casi tres años (y que, por cierto, es la entrada más leída de la historia de mi blog) ha llovido mucho, han surgido muchas aplicaciones que permiten este tratamiento y muchos aficionados a la fotografía se han incorporado al mundo de las réflex digitales.
Todo esto está muy bien, pero esta masificación de gente con réflex haciendo fotos en RAW para posteriormente crear su propio HDR está provocando un curioso fenómeno. Pasarse por Flickr y buscar, por ejemplo, “fotografías de Cáceres”, es asistir a un desfile de imágenes saturadas, de colores antinaturales o con exposiciones forzadas. Es verdad que es muy difícil no caer en la tentación (y en el error) de pasar por el procesado HDR todas nuestras fotos. Quedan casi siempre muy aparentes y todos los principiantes que se adentran por estos mundos (bueno, y algún veterano también) quedan deslumbrado por un tratamiento tan fácil de aplicar y a la vez tan “resultón”.
El abuso del HDR hace que las fotos pierdan parte de su encanto y se pretenda buscar más una función estética que práctica. Yo también caí en el error de exagerar mis imágenes en HDR. Pero pronto me di cuenta de que el mejor HDR es el que realza la foto y ayuda a “descubrir” zonas de la imagen que de otro modo quedarían demasiado sobreexpuestas o subexpuestas y que a la vez nadie identificaría como una “típica imagen HDR”. Como en todo en la vida, el uso del HDR puede ser beneficioso para nuestras fotografías si no abusamos de él. El límite está en el sentido común. Yo personalmente prefiero las imágenes naturales y he renunciado casi por completo a esta técnica. Ahora, si he de realzar alguna imagen prefiero manipular la “luz de relleno” en el software de revelado de los RAW (en mi caso el Camera Raw de Adobe).
Esto no sería un blog actual si no escribo el dichoso post sobre el iPad, el nuevo dispositivo táctil de Apple contando mis opiniones sin haber visto ni siquiera de lejos el cacharrito. Así que en vez de basarme en las características técnicas y en todo eso, voy a dejarme guiar por mis percepciones personales. Es verdad que seguí con gran interés la keynote en la que teníamos claro que Steve Jobs presentaría este dispositivo. Ya antes de su presentación oficial tenía mis reparos acerca del iPad en lo que respecta a lo cerrado del sistema. Me refiero a que, al igual que ocurrió con el iPhone/iPod Touch, para instalar una nueva aplicación había que pasar por la iTunes App Store. No olvidemos que se trata de un aparato que pretende competir con los netbooks. Al contrario que estos, se echa de menos que no monte un sistema operativo completo y convencional como, por ejemplo en este caso, Snow Leopard. En ese sentido se parece más a su hermano pequeño que a un ordenador como tal.
Una cosa que me ha sorprendido mucho es su aspecto 4:3. Esto va en contra de todas las tendencias actuales. Cualquier miniordenador o incluso muchos móviles táctiles llevan pantalla panorámica 16:9. El cuatro tercios parece cosa del pasado. En una película con relación de aspecto 2.39:1 no se vería más que una franja central con otras dos enormes negras arriba y abajo… Una de las pretensiones que me parecen fallidas es que alguien pueda usar el iPad como libro electrónico cuando no está preparado para ello. Lo primero por el tipo de pantalla, demasiado brillante, y segundo por la duración de su batería. Poder se puede, pero no resulta práctico. La última gran pega que le veo es que la versión de Safari que incorpora no admite sitios web con Flash. ¡Todavía andamos con esas!. No sabemos si es que Apple considera Flash como una tecnología obsoleta (¿quizás piensan ya en HTML5?), si es por problemas de rendimiento, de posibles vulnerabilidades del sistema operativo o qué.
En mi opinión el elemento más revelador del iPad está en sus tripas. El nuevo procesador A4 fabricado por la propia Apple supone un paso más en el desarrollo de tecnologías propias para sus dispositivos. Esto no es ninguna tontería, ya que han conseguido un micro de 1 Ghz muy eficiente energéticamente partiendo de un núcleo ARM y, sobre todo, de tamaño muy reducido. Estoy seguro de que dará mucho que hablar en los próximos tiempos y, quién sabe, en la siguiente generación del iPhone y del iPod…
Estos días se está hablando mucho de sostenibilidad por el asunto de la Ley de Economía Sostenible. Uno de los pilares básicos de la sostenibilidad son las energías renovables. Afortunadamente, poco a poco, España se está convirtiendo en uno de los países punteros en este tipo de energías. Por aquí y por allá comienzan a verse generadores eólicos o huertos solares. Pero a nivel de investigación, la cosa tiene que ir mucho más allá y buscar nuevas formas de generar energía. Una de las más curiosas es la osmótica. El mecanismo es muy sencillo y se basa en este curioso fenómeno físico mediante el cual el agua con menos concentración salina (en este caso) tiende a trasvasarse de manera natural a través de una membrana semipermeable si al otro lado tenemos agua con mayor concentración. Como resultado de la ósmosis, el nivel del agua concentrada subirá de nivel hasta alcanzar unas tuberías que conducen el agua hacia unas turbinas que se accionan por el simple efecto de la corriente. He aquí un vídeo explicativo:
El pasado día 24 de noviembre se inauguró la primera central eléctrica osmótica del mundo. Y fue en Noruega, concretamente en Tofte. La empresa que ha conseguido este logro es Statkraft, la más grande del mundo en energías renovables y que además es propiedad al cien por cien del estado noruego, lo cual dice mucho del poder de lo público, que siempre ha de primar la investigación, la experimentación y el bien común frente a la rentabilidad a corto plazo. Y es con esto con lo que me quiero quedar. Muchos piensan que lo público ya no tiene cabida en la economía de mercado en la que vivimos, pero Statkraft demuestra lo contrario. ¡Menos mal que nos quedan los nórdicos!
A iPod muerto, iPod puesto. El otro día, tras varias semanas mostrando síntomas, la batería de mi reproductor mp3 dejó de funcionar. Era imposible que se hubiera agotado porque lo había cargado hacía dos días y la duración suele ser, en los últimos tiempos, de entre cinco días y una semana. Así que el pasado domingo decidí cambiarlo por fin. Han sido cinco años de uso continuo, diario (y no exagero), a razón de una o dos horas al día. Ahora mi viejo iPod 4G de 20 Gb pasará a mi archivo tecnológico…
En cuanto al nuevo, es el último de su estirpe. Me refiero al iPod Classic de 160 Gb, que es el único modelo que hereda el diseño del primer iPod, lanzado en 2001. Mucho ha llovido desde entonces, y no mucho menos desde 2004. A pesar de que no es el modelo que más ha evolucionado, los avances tecnológicos son evidentes. A pesar de su capacidad, el iPod Classic es ligeramente más delgado que el de 20, la pantalla es mucho mejor, más luminosa y con más definición, por supuesto en color, y la batería (espero) tiene mayor duración. Ahora espero poder meter todos mis discos sin limitación alguna de espacio…
Pero como Apple no me paga un duro de comisión, también voy a contar los contras. El primero de ellos es que no trae cargador para corriente. Si queremos cargar el iPod tenemos que hacerlo en el ordenador. Por suerte tengo el del antiguo, que se puede utilizar sin problemas con los nuevos modelos, así que seguiré como hasta ahora. Otra cosa que no me ha gustado y que me ha decepcionado un poco es la capacidad gráfica. La función de visualización de portadas mediante Cover Flow no funciona todo lo bien que me gustaría. Es algo lento y las portadas tardan un poco en cargarse. Igual que en el modo lista. Supongo que cuando me acostumbre me olvidaré de la rapidez de mi viejo iPod. En general, la impresión que me ha dado es que Apple está empezando a descuidar peligrosamente el empaquetado de sus productos. La pequeña cajita donde viene ahora el iPod Classic está muy bien, pero no tiene nada que ver con aquel cubo de colores con siluetas negras… En fin, será el signo de los tiempos.
Ahora mismo están de actualidad los sistemas de interceptación de las comunicaciones. Lo estuvieron en su día cuando se habló por primera vez de Echelon, después con Carnivore, y ahora a nivel nacional con SITEL. Algunos han querido relacionar este sistema de escucha elaborado por la compañía sueca Ericsson en 2000 con los recientes casos de corrupción en el PP. No digo que esto no sea así, pero determinados medios de comunicación conservadores y ultraconservadores llevan algunas semanas sembrando dudas y sospechas sobre el correcto uso de este sistema. El tema es complejo porque entran en juego asuntos jurídicos y técnicos de gran calado. Esa complejidad se agrava cuando SITEL es un sistema más o menos secreto en su funcionamiento y alcance por razones evidentes. La información oficial sobre él, imagino, es clasificada. Pero sobre lo que yo quería hablar se escapa a las trifulcas partidistas a las que estamos acostumbrados.
Hay mucha gente que es dada a exagerar. Ya he leído calificativos como “El Gran Hermano de Zapatero”, “La oreja electrónica de Zapatero” y otros por el estilo. Es verdad que los ciudadanos de a pie tendemos a inquietarnos con todo lo que suene a espionaje, porque pensamos que nosotros podemos estar siendo espiados. ¿La razón? Nadie nos dará una respuesta, pero parece ser que al poder les interesa mucho nuestra vida, nuestras conversaciones y nuestros correos electrónicos (ironía, por supuesto). Apliquemos el sentido común. Me resulta complicado pensar que exista una capacidad de procesamiento tal (ni de almacenamiento) que permita “capturar” simultáneamente todo el tráfico que se genera mediante las comunicaciones electrónicas. Y en el supuesto caso de que se pudiera guardar todo, esa información de por sí no sería útil, habría que someterla a un proceso de clasificación y selección. Por tanto, eso de Gran Hermano quizás deberíamos dejarlo para alguna película.
Sin embargo, la perdida de privacidad es un hecho incuestionable. Y no por el SITEL, sino por el desarrollo de la electrónica en general. Somos vulnerables. Cualquiera puede romper la protección de una red inalámbrica si no está adecuadamente configurada, recuperar información borrada de un disco duro o una tarjeta de memoria, averiguar datos navegando por redes sociales o incluso llevando el ordenador a reparar a una tienda de informática poco profesional. Son “orejas” electrónicas menos sofisticadas pero que pueden poner en grave peligro nuestra privacidad. Son mucho más mundanas y también por eso más temibles que un SITEL, con el que digan lo que digan, es un sistema “oficial” y por tanto tenemos ciertas garantías ante la Justicia. Conclusión, hoy día la única forma de escapar a esto es volver al siglo XIX ¿Estamos dispuestos? Yo no.
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