Miedo. ¿Qué es el miedo? ¿Qué factores nos inducen a sentirlo? ¿Hasta qué punto nos manipula y nos hace cambiar rutinas? ¿Cómo nos influye en la vida cotidiana? ‘El País del Miedo’ (Seix-Barral, 2008) es la última novela de Isaac Rosa. En su día ya leí ‘El Vano Ayer’, una dura crónica sobre el franquismo y la tortura. Si entonces el miedo y el dolor físico ya era uno de los protagonistas, ahora se convierte en el auténico hilo conductor del libro. El formato que ha elegido Isaac Rosa es el de la ficción, pero bien podía haber sido un ensayo. Su prosa es cada vez más precisa y detallista: enumera, define, analiza…
El argumento se estructura en torno a una familia normal de clase media de una gran ciudad. Carlos y Sara son un joven matrimonio con un hijo, Pablo. Pronto descubrirán que éste está siendo extorsionado en el colegio por otro niño de su edad, al que amenaza continuamente. El padre sabe que es su responsabilidad proteger al pequeño, y lo hará, pero siempre evitando el contacto con el prematuro delincuente. A partir de aquí se desatarán en Carlos todo tipo de miedos comunes a todos, a menudo irracionales, pero que irán creciendo hasta que la situación se vuelve insostenible. Paralelamente a esta narración, el autor estudia los temores del día a día y los explora hasta llevarlos al límite. Miedo al extranjero, al delincuente, al mendigo, a los viajes a países exóticos, a nuestro compañero de piso, a salir a la calle de noche y así hasta el infinito.
Rosa analiza cómo un sentimiento tan humano puede desembocar en una obsesión que nos anula por completo si no sabemos controlarla. Y de hecho, desde algunos estamentos de poder se utiliza para mantener la calma… En definitiva, una buena y recomendable novela que nos hace reflexionar sobre el mundo en el que vivimos.
Tenía muchas ganas de ver ‘Caos Calmo’, la película italiana protagonizada por Nanni Moretti, pero no «de» Nanni Moretti. La película la dirigió Antonello Grimaldi en 2008 y está basada en la novela homónima de Sandro Veronesi. De Grimaldi apenas sé nada. Sólo que hasta la fecha ha dirigido películas menores y series para la televisión italiana. Junto a él, Moretti. La película es él en todas las escenas, toda la narración se centra en él y todo pasa por él. En ‘Caos Calmo’ es el centro indiscutible.
El film es la clásica historia, tantas veces contada en el cine, sobre el valor de las pequeñas cosas y de pararse a reflexionar alguna vez en la vida. Pietro es un directivo de una importante empresa audiovisual a punto de fusionarse con otro grupo. Su mujer acaba de morir y tiene que hacerse cargo solo de una hija de ocho años. A raíz de un gesto altruista por el que salva a una mujer de morir ahogada, se replantea algunas cosas. El primer día de clase lleva a su hija al colegio. En un impulso que quizás tiene mucho de irracional, decide no ir a trabajar y permanecer en un parque cercano a esperar su salida. A ese día le seguirá otro y otro y otro más… Poco a poco descubrirá un microcosmos repleto de rutinas y acontecimientos mínimos.
Igual que ‘Caos Calmo’ es una narración sobre las cosas sencillas de la vida, formalmente esa sencillez se ha contagiado y una película que a priori no tiene casi nada que contar, se convierte en un entretenido divertimento. En su contra pesan los momentos de melodrama, que son poco creíbles y típicos. Lo mejor son los toques de humor, muy soterrado, que hacen verosímil pasajes que de otro modo sería poco creíbles. La banda sonora, con temas de Radiohead, Rufus Wainwright o Stars, aportan intensidad a algunos momentos clave de la película. Recomendable.
Hace unos días leí en El País una entrevista a Olivier Besancenot. Me llamó mucho la atención, porque es la plasmación real del descontento hacia el sistema liberal de mercado y porque una propuesta como la que presenta este político francés sería impensable hace tan sólo un lustro, en plena euforia neoliberal. Besancenot, cartero «mileurista» de 35 años, se ha convertido en una de las caras más populares del panorama político del país vecino. Ha utilizado con maestría la televisión, donde ha aparecido con profusión en entrevistas y otros programas para explicar sus propuestas.
Recientemente ha fundado (o refundado) el Partido Anticapitalista francés. Así dicho, el nombre suena de lo más radical, aunque lo que defiende no es nada descabellado: supervisión estricta por parte del Estado de las grandes empresas, nacionalización de la banca, aumento de los subsidios sociales, expropiación de inmuebles vacíos o abandonados y otras propuestas dirigidas a que el Estado recupere lo perdido durante la fiebre privatizadora de décadas pasadas y retome el «modelo social francés». De ahí que el nombre no sea de lo más descriptivo, ya que estrictamente hablando no es un partido anticapitalista sino, en sus propias palabaras, un partido que aboga por el socialismo del siglo XXI, moderno, democrático y que ha aprendido de los errores del pasado (léase Unión Soviética).
Lejos de ser una anécdota, el partido de Besancenot puede dar una sorpresa en las próximas elecciones francesas. Las encuestas le dan un 13% de los votos. La izquieda está con él y mayoritariamente le consideran un buen líder. Pero posiblemente cuando la crisis amaine, los posibles votos para el Partido Anticapitalista vayan finalmente a los socialistas… Aunque no consiga nada, esperemos que sirva como reflexión para las formaciones mayoritarias y dejen de un lado, aunque sea sólo un poco, su fe ciega en el mercado libre.
Los que me siguen saben de mi afición por los «clicks» de Playmobil. A ellos les he dedicado algunas entradas del blog y casi siempre me he hecho eco de los diferentes eventos que se han celebrado, especialmente de la asociación nacional de coleccionistas de Playmobil. Pues bien, aunque supongo que ya lo sabéis, el inventor de estos muñequitos murió el pasado 30 de enero. Se llamaba Hans Beck y no he podido evitar dedicarle al menos un post de homenaje. Al igual que yo, muchos otros muchos blogs han llevado la noticia de su muerte. Y es que quien más y quien menos hemos jugado alguna vez con los «clicks», distribuidos hasta en 70 países. En total se han producido más de 2.200 millones de ejemplares.
Leyendo diferentes artículos, me sorprenden algunas cosas. En «Hans Beck, el padre de los clicks» se dice que no era más que un joven carpintero alemán apenas con estudios cuando entró a trabajar en una ebanistería. Siempre le gustó construir figuritas de personas, animales y coches para que jugaran sus hermanos. En 1958 pasó a trabajar para Geobra Brandstatter como diseñador de juguetes. En 1971 recibió el encargo de diseñar una serie de juguetes educativos. En un principio el encargo se refería sólo a vehículos y edificios, aunque a Beck se le ocurrió la idea de incorporar también figuritas humanas. En 1974 nacieron los primeros «clicks».
Lo innovador es que los dotó de cierta movilidad y que las piezas de las que estaban compuestos podían intercambiarse: el pelo, la cabeza, el tronco, los brazo y las piernas se mezclaban entre unos y otros para dar como resultado miles de combinaciones. No en vano, su diseño, sencillo y a la vez rompedor, lo ha convertido en un icono más del siglo XX. Otra cosa no menos innovadora es la vocación social del juguete. Más allá del puro entretenimiento, las diferentes series de Playmobil (series históricas aparte) representaban sectores de la vida real: hospitales, bomberos, policías, obras públicas y otros muchos. En el obituario que le dedica El País se dice que siempre buscó la verosimilitud y rigor en los detalles, huyendo de la fantasía y también de la violencia explícita (no hay «clicks» soldados con armas, ni tanques, lo más parecido son los caballeros medievales o los piratas)…
Ahora sólo nos queda esperar que el legado que Beck nos ha dejado perdure tal y como su creador quiso que fueran y que muchos niños (bueno, y no tan niños) sigan disfrutando de estos geniales juguetes.
Todos los viernes me bajo en formato PDF mi ejemplar de DGratis y también de La Voz de la Zamora, los dos diarios gratuitos que se editan en la ciudad. Ya en su día comenté las tendencias políticas de DGratis y ahora toca hablar del otro periódico en discordia. Vengo observando una cierta deriva a la derecha, o al menos a defender sus tesis. Quizás no sea así, pero es la sensación que me ha quedado después de leer los últimos números correspondientes al mes de enero. Todos los artículos de opinión y especialmente la sección dedicada a alabar o a criticar personajes o grupos de actualidad llamada «Sonrisas y Lágrimas» van cayendo poco a poco en un populismo típicamente zamorano.
Las mismas ideas, pero más elaboradas, que pueden escucharse en cualquier corro de ciudadanos. Pocos razonamientos y mucho repetir los interesados tópicos de siempre sin argumentos originales. Poca imaginación y pocos matices en las informaciones. O blanco o negro, sin términos medios. Al final lo que se consigue es recalcar y ahondar en el pensamiento arcaico del zamorano ancestral, haciendo gala del clásico victimismo, del agravio comparativo con otras zonas de España, del azuzar contra Cataluña, contra el Gobierno central (sobre todo si es socialista)… He aquí algunos ejemplos de «Lágrimas»:
José Montilla. Más que andaluz socialista, el presidente de la Generalidad parece un catalán de Olot, al servicio del nacionalismo.
Magdalena Álvarez. ¡Qué se puede esperar de una ministra que no sabe ni hablar! Mientras continúe en el cargo, el PP, satisfecho.
Fernández Bermejo. Este inefable ministro ya fue el causante de otra huelga en la administración de la Justicia; ahora, los jueces, de huelga.
A veces las «Sonrisas» parecen «Lágrimas», depende de quién se hable:
Rodríguez Zapatero. España, chantajeada por los nacionalistas, la peor crisis de la democracia, y aún ganaría los comicios.
Y también las «Lágrimas» parecen «Sonrisas»:
El Gobierno, ahogado en la crisis económica, y el Partido Popular espiándose a sí mismo. ¡Pobre España!
En fin… Si nos hubiéramos ido a los ejemplares de meses anteriores, más de lo mismo…
Lo que viene ahora es un ejemplo más de cómo unas cifras oficiales bastante poco fiables son utilizadas con gran demagogia e irresponsabilidad por determinados medios de comunicación con la intención de crear un estado de opinión favorable a sus intereses. El pasado viernes, el diario El Mundo llevaba a sus páginas la noticia de que España había superado ya los tres millones de empleados públicos. Los datos estaban extraídos de la última oleada de la Encuesta de Población Activa. Según éstos, el número de funcionarios que trabajan en las diferentes administraciones españolas son 3.029.500. Junto al artículo de la web del diario madrileño hay una encuesta para que los lectores den su opinión, con un texto que condiciona claramente la respuesta:
Con un desempleo galopante y una situación de endeudamiento insostenible en la administración, el número de funcionarios en España ha superado los tres millones. Las comunidades que más poseen son Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura, tres regiones gobernadas por el PSOE que, además, son las más pobres del país. ¿¿Cree usted que el número de funcionarios españoles es excesivo?
El resultado, como era de prever, es un sí por abrumadora mayoría (85%). En fin… El caso es que el pasado lunes recibo un correo en el trabajo. Se trata de una nota de prensa emitida por la Secretaría de Comunicación de la Federación de Servicios y Administraciones Públicas del sindicato CCOO con el título «Comunicado de la FSAP-CCOO con respecto a las noticias publicadas sobre empleados públicos en España» [PDF]. En él se aclaran algunos puntos de las informaciones que antes he comentado:
Los datos en los que se apoyan esas informaciones provienen de la Encuesta de Población Activa (EPA) y no se corresponden con la realidad, ya que tales estadísticas están sobredimensionadas. Las cifras más fiables se encuentran en el Registro Central de Personal del Ministerio de Administraciones Públicas y están por debajo de los números que figuran en las citadas informaciones. En concreto, el Boletín Estadístico del Personal al Servicio de las Administraciones Públicas de julio del año pasado situaba la cifra en 2.594.664 personas.
Otro dato interesante que aporta este comunicado es que la tasa de temporalidad (funcionarios y personal laboral interinos) supera el 25% del total. Es decir, aquellos que no tienen una plaza propia e inamovible son más de 600.000. En caso de «reajuste» de la Administración, serían los primeros en irse a la calle… Con todo esto quiero decir que cuidado con la información que se proporciona, mucho más en tiempos tan sensibles para el empleo como los que vivimos ahora. Parece que a algunos lo único que le interesa es azuzar las bajas pasiones con noticias no del todo verdaderas…
Vaya jaleo que se ha montado con el asunto de ‘El Intermedio’ «versus» Intereconomía TV. Hasta yo, que soy normalmente ajeno al mundillo televisivo, me he enterado del tema del famoso vídeo «trampa» en el que el Gran (grandísimo) Wyoming, presentador del espacio ‘El Intermedio’, echaba una bronca monumental a una becaria durante los ensayos del programa. El susodicho vídeo, grabado con una cámara cutre de móvil, fue enviado anónimamente al programa de Intereconomía TV ‘Más se perdió en Cuba’ junto con algunos mensajes ofensivos hacia la izquierda. La cadena conservadora lo emitió como una exclusiva que definitivamente quitaba la careta al Gran Wyoming, a quien se la tienen jurada desde hace ya tiempo por las continuas burlas que desde el programa de La Sexta se venían haciendo.
De esto hace unos pocos días. Ayer mismo, en ‘El Intermedio’, se desveló todo el montaje. Intereconomía TV había caído en una trampa hábilmente urdida por el equipo del programa. Lo curioso es que, a pesar del ridículo espantoso que algunos periodistas han tenido que pasar, no se han retractado, y han vendido su caída de pleno en la trampa como una nueva prueba de la calaña que puebla la cadena de Mediapro. En este sentido se han manifestado la COPE, criticando la «poca gracia» de la broma. Parece que no se escuchan a sí mismos a diario… La verdad es que yo no tengo ningún disimulo en decir que todo esto me parece una enorme genialidad del Gran Wyoming y de ‘El Intermedio’, que ha sabido utilizar con una habilidad inaudita los medios digitales, internet y la publicidad viral como pocos lo habían hecho hasta el momento. De paso también ha servido para poner en evidencia los nulos mecanismos de comprobación de fuentes y de si las informaciones que se les proporciona son verídicas. Intereconomía TV podrá saber mucho de otras cosas, pero de entender y manejar los nuevos medios no tienen ni idea.
Yo me enteré por pura casualidad ayer por la tarde, poco tiempo antes de que se desvelara la broma, así que he seguido de un tirón todo lo ocurrido y me ha parecido grandioso. Lo que me parece una salida de tono son las declaraciones del siempre ponderado Fernando González-Urbaneja, presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, que critica el comportamiento de La Sexta y del Wyoming en este asunto. No me explico qué tiene que ver el entretenimiento con el periodismo. Esto no es periodismo que yo sepa. Que critiquen a «otros» por inventar infectos montajes (con y sin cámara oculta) a la búsqueda de lo que no hay. En cualquier caso, ‘El Intermedio’ batió ayer todos los récords de audiencia y su sitio web estuvo saturada durante más de una hora después del programa. Como se dice en un estupendo artículo de Pérez de Albéniz en Soitu.es, se trata de «Una pequeña obra maestra de la televisión mordaz y guasona».
Y ahora, para quien no los haya visto, los vídeos. Primero el emitido por Intereconomía TV en el programa ‘Más se Perdió en Cuba’:
Destapando ayer la verdad en ‘El Intermedio’, con la consiguiente guasa posterior:
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