rmbit - La bitácora personal de Ricardo Martín
La bitácora personal de Ricardo Martín
Comentando cosas desde 2004
19 de agosto de 2010

I-Dosing, la última tontería de internet

Hace unos meses descubrí que uno podía drogarse sólo con escuchar determinados sonidos en una determinada frecuencia. ¡Gran descubrimiento! Una avalancha de noticias sobre el i-dosing (que así se llama la cosa) saltaron en múltiples medios (sobre todo de la órbita anglosajona) de internet, casi todos de corte sensacionalista y muchos de ellos (¿casualidad?) pertenencientes al entramado mediático del magnate Murdoch (News Corporation). Se ha creado en vano una alarma social sin base científica sobre los efectos reales de estos sonidos que «drogan» más allá de quedarse sordo si se pone a mucho volumen.

Es verdad que esto del i-dosing y crear estados alterados de conciencia mediante sonidos no es nada nuevo, pero están muy lejos de ser sustitutivo o puerta de entrada a las drogas «de verdad». Ya a mediados del siglo XIX, el físico prusiano Heinrich Wilhelm Dove descubrió las propiedades de suministrar sonidos con una frecuencia ligeramente diferente para cada uno de los oídos. El cerebro las procesa de modo peculiar. Se denominó «efecto de pulsos binaurales». Pero dista mucho de ser lo que algunos, como la web i-doser.com, dicen que es. Y es que han surgido algunos listillos que están haciéndose de oro a costa de la ignorancia de los jóvenes que buscan nuevas sensaciones sin moverse del sofá. También en YouTube pueden verse diferentes vídeos sobre algunos de estos individuos bajos los supuestos efectos de las «drogas digitales».

No existe mucha información en castellano sobre el tema, pero si sabéis inglés os recomiendo uno de los pocos artículos serios que se han escrito sobre el i-dosing. Fue publicado bajo el título de «Some call i-dosing a drug substitute, while others say binaural beats fall flat» («Algunos llaman al i-dosing un sustituto de las drogas, mientras otros dicen que los pulsos binaurales no tienen ningún efecto») por el Washington Post el pasado 3 de agosto. Aporta bastantes datos con criterio, algo muy necesario si queremos desentrañar de verdad otra de las mentiras y bulos de internet.

18 de agosto de 2010

Zamora en 1570 según Wyngaerde

El otro día me reencontré por obra y gracia de internet con el dibujo panorámico que de Zamora realizó el paisajista flamenco Anton van der Wyngaerde hacia el sexto decenio del siglo XVI. La primera vez que vi este emblemático grabado fue –si no recuerdo mal– en el Centro para la Interpretación de las Ciudades Medievales de Zamora hace ya algún tiempo. Los dibujos de Wyngaerde son muy populares, puesto que retrató 62 ciudades españolas por encargo del rey Felipe II, comenzando su trabajo en 1561. En parte gracias a este artista sabemos cómo eran muchas de nuestras urbes hace casi quinientos años, siendo un valioso documento para historiadores y curiosos. No me he podido resistir a dedicar un artículo a reflexionar en voz alta y compartir con vosotros algunas de las impresiones sobre esta panorámica.

El retrato de la ciudad fue realizado en el año 1570. Aunque es complicado establecer el lugar exacto de la vista –probablemente la perspectiva no se ajuste por completo a la realidad–, Wyngaerde debió colocarse con sus útiles de dibujo en las inmediaciones del actual campo de fútbol Ruta de la Plata o quizás más hacia el oeste. Podemos establecer esta localización si nos fijamos en el monasterio de San Jerónimo que aparece en un primer plano, justo delante del artista, que debió ver con mucho detalle, ya que dibujó a un personaje dando de comer a las gallinas en uno de los patios del recinto. Hoy apenas se conserva nada de este edificio, sólo algunas piedras y las marcas de los muros (ver imagen de la izquierda). El solar sigue sin edificar y tan sólo hay algunas naves industriales. A través de los mapas de Bing o de Google se pueden ver muy bien las ruinas. También podemos ver otros monasterios, como el de San Francisco (hoy convertido en la sede de la Fundación Rei Afonso-Henriques).

Otro de los elementos centrales del grabado es el puente de piedra con sus dos torres en sus extremos. Una de ellas parece estar en construcción. Si pasamos al otro lado del río nos atrae la atención la Catedral, perfectamente reconocible y aparentemente con pocos cambios respecto a como es en la actualidad. También la vieja Casa del Obispo, reformada en el siglo XVIII, y la puerta de entrada al recinto amurallado. El camino de acceso y toda la zona de las Peñas de Santa Marta está irreconocible y supongo que se trataba de un camino mal arreglado, quizás de tierra o piedras. Ese enorme terraplén servía de protección natural, al igual que la conocida como Peña Tajada. Justo al final (en lo que hoy son las primeras casas de la avenida de Vigo en dirección al puente de piedra –ver imagen a la izquierda–) la muralla descendía hasta el río, abriéndose una pequeña puerta, llamada de Santa Marta, para entrar en la ciudad.

El muro defensivo sigue bordeando el río a lo largo de toda la ciudad. No se adentra hasta llegar a lo que hoy conocemos como Puerta Nueva, en las inmediaciones de la iglesia de Santo Tomé, donde se conserva todavía buena parte de la muralla. Un detalle reconocible de la muralla en esta sección es la rampa de acceso al recinto desde el río y que aún se conserva (ver imagen de la izquierda). Según el dibujo de Wyngaerde, la plaza con soportales donde desembocaba (muy cerca de lo que hoy es la iglesia de La Horta y el colegio Jacinto Benavente) era destinada a la celebración de mercados.

Volviendo los ojos de nuevo al otro extremo nos encontramos con el castillo, otro de los edificios emblemáticos que son reconocibles en el dibujo. Vemos las dos torres que miran hacia la muralla y el Campo de la Verdad, de la que hoy se conserva una de ellas, aunque con las lógicas modificaciones. Lo mismo puede decirse de la torre principal. Adentrarse en el maremágnum de casas, torres, iglesias y plazas que el artista flamenco dibujó quizás sin mucha exactitud, puede ser una aventura casi imposible. La leyenda incluida para referenciar los edificios más destacables es a veces ilegible. A pesar de todo, con un poco de paciencia es posible reconocer muchos de los lugares de nuestra ciudad…

14 de agosto de 2010

El desconocido Museo del Romanticismo

Existe en Madrid un museo, muy poco conocido, que he tenido ocasión de visitar hace pocos días. Se trata del Museo del Romanticismo (o Museo Romántico), dependiente del Ministerio de Cultura. Se encuentra en el número 13 de la calle San Mateo (metro Tribunal), en un edificio del siglo XVIII conocido como Palacio del Marqués de Matallana. El museo fue creado en 1921 por el Marqués de Vega-Inclán. Permaneció cerrado desde 2000 para ser reformado y reabierto en 2009. De hecho algunas salas aún están recién terminadas y listas para recibir nuevos fondos. También algunos servicios, como la cafetería, aún no están instalados. Una pequeña exposición de fotografías hace un repaso por este proceso de renovación del museo.

A pesar de que hicimos la visita un sábado por la tarde, apenas había nadie. Pudimos caminar tranquilamente por todas las salas a nuestro antojo y leyendo el cuadernillo que facilitan a la entrada y que al final hay que devolver, pero que puede descargarse en PDF. Las salas del museo son pequeñas y recrean los ambientes y los gustos del romanticismo a través de objetos cotidianos, la decoración, los materiales, muebles, juguetes y obras pictóricas, algunas muy importantes como el cuadro ‘San Gregorio Magno’ de Goya. Personalmente yo destacaría la sala dedicada a Larra, con algunos de sus objetos personales, así como el pasillo, con utensilios y curiosidades de Fernando VII, como el trono-letrina portátil con que contaba el monarca y que inicialmente estuvo instalado en el Museo del Prado o lo que hoy llamaríamos su «kit de viaje». La sala dedicada a los juguetes tampoco tiene desperdicio.

Existen también otros servicios como una sala –para consultar libros, jugar con las aplicaciones interactivas o, simplemente, tomarse un pequeño descanso–, un pequeño patio y una proyección continua bastante curiosa con una representación animada del clásico satírico de Larra ‘Vuelva Usted Mañana’. En definitiva, un lugar desconocido que todo amante del arte y la cultura en general ha de visitar. Lástima que me dejara la cámara fotográfica en la taquilla, porque aquí sí que se pueden hacer fotos. De todos modos en su web puede verse un pequeño paseo en vídeo por todas sus dependencias.

Para terminar, dos vídeos promocionales en alta definición sobre el museo:


12 de agosto de 2010

Obsolescencia planificada

Todos hemos escuchado alguna vez cosas del estilo de: «Tal aparato cuesta más arreglarlo que comprar uno nuevo» o «Vas a tener que cambiar tal o cual componente porque si no no es compatible con el resto del aparato nuevo que acabas de comprarte.». La obsolescencia planificada es un secreto a voces dentro de la mercadotecnia industrial que produce bienes de consumo. Pero también hay un componente de leyenda y falso mito en todo ello (como la del Sony timer). A la industria no le interesa fabricar productos que además de buenos y fiables sean «demasiado duraderos» porque, tal y como lo tienen montado, podría suponerles la ruina.

Desde hace décadas (la obsolescencia planificada es un invento de los años 30), los productos son diseñados para durar un determinado periodo de tiempo, generalmente no muy largo, y en pocos casos superior a quince años (la tendencia es a que sean cada vez menores). Las empresas ponen mucho empeño en ello. Durante ese lapso de tiempo se comportan con fiabilidad, pero transcurrido éste comienzan a fallar o los materiales se deterioran. En otras ocasiones son los estándares los que cambian, a menudo sin una razón clara más que la de tener que sustituir el producto por otro «actualizado» a los nuevos requerimientos. Uno de los ejemplos más clamorosos es el de los cargadores para móvil. Incluso dentro de la misma marca existen multitud de cargadores diferentes sin que exista una razón técnica para que sea así.

Y es que la maquinaria del consumo no se puede parar nunca. Cada vez necesita alimentarse con más frecuencia y en más cantidad. Los beneficios han de ser cada vez mayores. Los grandes perjudicados de esta carrera en el consumo son, por supuesto, el consumidor (o sea, todos nosotros), y nuestro entorno natural, el medio ambiente. La producción de deshechos tecnológicos crece y crece año tras año. Además, en muchos casos la conciencia «verde» no es más que otra estrategia de imagen más que añadir a la mercadotecnia de las grandes empresas sin que eso se traduzca en acciones reales.

Existen varios movimientos, especialmente dentro del mundo de la informática, que intentan evitar esta locura de cambiar de equipo cada dos o tres años, reaprovechando lo que otros dejan para darles un nuevo uso. Los que nos hemos dedicado a este mundo sabemos que cambiamos en la mayoría de las ocasiones por capricho y no por una necesidad real, porque nos venden el nuevo equipo como algo mucho más potente, aunque no necesitemos esa potencia. A menudo se deshechan ordenadores en perfecto estado sólo por estar a la última. Cada vez más creo que el negocio del reciclaje informático es viable y además es un campo poco explotado y con un potencial enorme.

Para terminar, y aunque este documental no trata directamente el tema, me ha parecido interesante ponerlo aquí porque sí lo toca de manera tangencial y nos da un punto de vista más amplio de cómo funciona la maquinaria del consumo-deshecho-consumo. Se trata de ‘La Historia de las Cosas’ (‘The Story of Stuff’):

10 de agosto de 2010

Materiales programables

Uno de los campos de la ciencia donde más se está avanzando en las últimas décadas es en el de los materiales. Al esfuerzo de conseguir elementos más respetuosos con el medio ambiente, más eficientes en su funcionamiento o más resistentes se está uniendo una nueva rama de la investigación muy interesante y también muy vistosa. Me estoy refiriendo a los nuevos materiales programables o quizás podríamos llamarlos más correctamente como «inteligentes», aunque tampoco sea esa su definición exacta. Todos tienen en común su comportamiento de acuerdo con unas pautas preestablecidas que consiguen cumplir un cometido sin la acción directa de una fuerza externa. Por lo que he podido investigar en internet, podríamos clasificar estos materiales dentro de dos categorías:

Por un lado tenemos las llamadas «Láminas inteligentes» («Smart sheets» en inglés). Se trata de un proyecto creado por la Universidad de Harvard y el MIT. Partiendo de láminas flexibles de una aleación de material plástico y metal es posible crear figuras (en el futuro quizás herramientas o puentes y otras infraestructuras) con sólo programar las dobleces necesarias, al más puro estilo de la papiroflexia, pero sustituyendo unas hábiles manos humanas por instrucciones preprogramadas dadas directamente a la lámina. De momento la tecnología está en pañales, ya que sólo se ha conseguido a pequeña escala, pero imaginemos cuando tengamos hojas (u otras formas) inteligentes de varios metros de longitud o con características aún más perfeccionadas. La versatidad del invento puede ser casi infinita y se ha comparado con el concepto de «transformers».

El segundo gran grupo es el de metales «con memoria». Es posible que en YouTube hayáis visto algún vídeo sobre este asunto. Yo al menos vi algunos de los vídeos de demostración de materiales como el nitinol (siglas de Nickel-Titanium Naval Ordnance Laboratory) hace algún tiempo. Resumiendo, este material metálico tiene la propiedad de ser flexible y deformable hasta que se le aplica calor. Es entonces cuando recupera su forma original, la que le fue dada en un inicio mediante programación. Ya se está aplicando esta tecnología en muchos campos, sobre todo médicos:


26 de julio de 2010

Repti… ¿Qué?

Una de las teorías conspirativas más locas y absurdas que circulan por internet (que no son pocas) y que han encontrado en ella el caldo de cultivo perfecto para proliferar es el de los reptilianos o reptiloides. Y es que el ser humano siempre ha querido buscar en la fantasía la solución a sus propias frustraciones y miedos. O simplemente es la necesidad de creer cuando el mundo es cada vez más complejo y las informaciones de lo que realmente ocurre en el mundo son cada vez menos rigurosas y está cada vez más maquilladas. De ahí nace esta y otras teorías conspirativas, todas ellas con el denominador común de ser indemostrables (por mucho que algunos consideren que tienen «pruebas») y totalmente absurdas.

El caso de los reptilianos es probablemente uno de los ejemplos más extremos. Básicamente la teoría viene a decir que el mundo está y ha estado siempre gobernado por seres bípedos de apariencia reptiloide que se camuflan bajo «disfraces» humanos, que comen carne humana y que son indistinguibles de un humano «real» a simple vista (para hacernos una idea son igual que los lagartos de la serie ‘V’) Y lo hacen desde los tiempos de Sumer y el Egipto faraónico hasta los modernos presidentes y reyes mundiales. Vamos, que el poder es de estos señores… lagartos. Pero si ya la teoría es increíble, no lo es menos la aceptación que ha tenido en la red. Ha sido el auténtico catalizador del fenómeno. También sorprende la seriedad con que determinadas personas e investigadores se toman el tema. ¡De verdad se lo creen!

Pero vayamos al principio de todo. Aunque el origen de los reptilianos (del invento me refiero) es difícil de determinar, quien los ha popularizado ha sido David Icke, un dudoso personaje (ver la entrada de la Wikipedia en inglés para más información), quien ya ha publicado una veintena de libros con el resultado de sus «investigaciones». Esa élite mundial reptiliana que gobierna el mundo serían herederos de la secta de los Illuminati (cómo no). Básicamente alude a la existencia de varias ramas o familias entre las que se encuentra las principales casas reales (sí, incluida la española), familias de renombre como los Bush o los Rockefeller. Todos ellos con ancestros comunes en Sumeria, donde supuestamente comienza la estirpe. También otros personajes muy populares que nada tienen que ver con esta estirpe como Paul McCartney.

Cualquier incauto que busque la palabra «reptilianos» en el cajetín de, sin ir más lejos, YouTube, se encontrará cientos o incluso miles de vídeos en inglés, en castellano y en otros idiomas con las «pruebas» de su existencia. También algún reportaje objetivo (manipulaciones para los adeptos de la teoría) sobre el tema producido por cadenas como Discovery Channel en plan irónico. De nuevo me sorprendo al comprobar la credulidad de determinada gente ante pruebas que no son pruebas, ni siquiera indicios. Sólo, y en el mejor de los casos, son efectos de luz, errores de compresión del vídeo, fragmentos sacados de contexto o malas interpretaciones de tradiciones locales de algunos territorios o de algunos grupos (masones por ejemplo). Son un interesante conjunto de técnicas de manipulación interesada y llevada al absurdo, pero que en esencia también se da en otras teorías de la conspiración que nos son mucho más familiares.

Otro concepto asociado al de los reptilianos es el de exopolítica. ¿De qué se trata? Aunque su relación es tangencial, viene a ser el estudio de las relaciones entre las razas extraterrestres y los seres humanos o la implicación política y cultural que tiene un posible contacto con seres de otros planetas en el sentido más amplio de la palabra. En este concepto caben desde las posiciones más racionalistas hasta las más fantasiosas. Y por supuesto, de este lado están los adeptos de la teoría de los repitilianos. Existen congresos de exopolítica, algunos de ellos multitudinario, como el celebrado en Sitges (Barcelona) hace unos meses.

Desde mi punto de vista todo esto es un absoluto delirio que demuestra lo pasados de rosca que estamos en este mundo nuestro. Yo creo que el problema no es la difusión de estos temas, sino la predisposición de miles de personas a creer en teorías sin una mínima base, sin una prueba concluyente. ¿Dónde está el sentido común? ¿Y la capacidad de razonamiento y de crítica?

22 de julio de 2010

La quimera del motor magnético

Desde el principio de los tiempos, el ser humano ha buscado desesperadamente una fuente de energía que fuera inagotable. Con el desarrollo de las primeras tecnologías mecánicas esa utopía cambió hacia el movimiento perpetuo. A lo largo de la historia, incluso los sabios más eminentes de cada época, se han dejado años de sus vidas para encontrar la máquina perfecta, aquella que no necesitara energía para ser movida, que simplemente funcionara autoalimentándose con su propio movimiento eternamente. Siglo tras siglo este anhelo de la ciencia se ha vestido de muy diferentes formas.

Los intentos no han cesado casi nunca, incluso después del descubrimiento de las leyes de la termodinámica en los siglos XVIII y XIX, muchos científicos (y algún charlatán también) han perseguido esa piedra filosofal de la energía que es la máquina de movimiento perpetuo. Es precisamente la segunda ley de la termodinámica la que, en un sentido amplio, hace que estas máquinas sean imposibles al considerar que las condiciones de cualquier sistema tiende a igualarse con su entorno, a buscar un equilibrio de fuerzas y energías. Por eso sólo con un aporte extra de energía del exterior (un impulso en el caso de una máquina mecánica) ese movimiento puede continuar.

Aún hoy muchos investigadores aficionados siguen a lo suyo intentando lo que la física dice que es imposible. Con la llegada de internet, muchos dicen haber encontrado esa ansiada máquina. Una de las últimas «modas» en este sentido es la del motor magnético. Hay mucha información a lo largo y ancho de la red, pero poca (prácticamente ninguna, para que nos vamos a engañar) es fiable. Si buscáis «magnetic engine» o «magnetic motor» encontraréis cientos de sitios web con información, esquemas, fotos y vídeos con su funcionamiento. En algunas se proclama que es el comienzo de una nueva era para la energía y el transporte y otros casi lo asocian con algo cuasimístico y propio de la new age.

Hay personajes que están dedicando toda su vida, y suponemos que su dinero, a encontrar esa energía inagotable y gratuita. Troy Reed es un norteamericano que lleva desde 1994 detrás de este sueño imposible. Este «loco» sigue a lo suyo, aplicando su motor (o intentándolo) a automóviles, de momento sin mucho éxito, o no al menos con un motor magnético puro, es decir, sin energía adicional para ser movida y solamente basada en el poder de los imanes colocados estratégicamente para que se atraigan y repelan alternativamente. Pero hay muchos otros incansables investigadores que han caido en la «trampa» de intentar construir una máquina de movimiento perpetuo. Os animo a que busquéis vosotros mismos por internet. Seguro que encontráis más de tres o cuatro (casi todos norteamericanos).

El sentido común me dice que si de verdad existiera un motor magnético que no necesite energía externa para funcionar se habría descubierto hace siglos, quizás en tiempos de la Revolución Industrial o incluso antes, y nunca se hubieran llegado a explotar otras fuentes de energía. Todas las grandes mentes de la ciencia fracasaron. En conclusión, un concepto tan increíblemente sencillo, en el que los avances científicos no parecen influir y que apenas requiere tecnología para ser desarrollado debería haberse descubierto ya. Esa es la principal prueba y demostración de que es una quimera más.

(¡Gracias a Alberto por la idea para este post!)



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