18 de enero de 2014
Uno de los aspectos más importantes que hay que tener en cuenta cuando uno se dedica al tema de la fotografía es tener una estrategia a la hora de guardar el resultado de nuestro trabajo. Por experiencia sé que ese es uno de los aspectos que más se descuida y, en mi opinión, absolutamente básico si queremos conservar las fotografías que hacemos. Existen muchas formas, tantas como personas. Cada uno tenemos nuestro método más o menos eficaz. Os voy a contar el mío particular, que no tiene por qué ser el mejor. En quince años trabajando con fotografía digital no he perdido una sola imagen que quisiera conservar.
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El primer paso es descargar las fotos de la cámara al ordenador, manteniendo una copia en la tarjeta original. Es posible que en ese momento ya haya borrado algunas directamente de la cámara, sobre todo si necesitaba espacio en la tarjeta de memoria. Una vez en el ordenador, es el momento de eliminar aquellas que están borrosas, subexpuestas o sobreexpuestas, repetidas o tomadas accidentalmente. Suelo abrir una ventana de mi Finder (o Explorador de Archivos en el caso de Windows) en modo miniaturas grandes para hacerlo más rápidamente. Así muchas veces no tengo ni siquiera que abrir la foto. En otras me valgo del visor rápido de OS X (pulsando la barra espaciadora con la foto seleccionada). Existen visores de archivos RAW (CR2 en el caso de Canon) para Windows. En Mac es una función nativa que viene con el sistema operativo:

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Una vez tenemos las fotografías que queremos conservar, creo carpetas con la fecha y el evento, motivo y lugar de lo que van a contener. El formato, por ejemplo, es más o menos así: 20140118 Casco Antiguo de Cáceres para archivar las fotos hechas hoy día 18 de enero de 2014 en el casco antiguo de Cáceres. Puede haber más de un evento el mismo día. No hay problema. Crearemos otra carpeta con la misma fecha y el nuevo evento. Dentro guardaremos las fotografías sin cambiar el nombre. Si son muchas resulta muy engorroso cambiar el nombre a todas y al final os cansaréis de hacerlo.
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Es el momento de hacer las copias de seguridad. En mi caso cuento con dos discos duros externos donde almaceno las fotos. Actualmente ambos son de 3 Tb. Uno es un disco duro externo normal y corriente y el otro está instalado dentro de un dispositivo de almacenamiento en red (NAS). Ambas copias son exactas.
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Por último sólo queda el retoque de las imágenes. Yo prefiero llamarlo procesado. Utilizando el plugin para Adobe Photoshop Camera RAW, corrijo los valores de las fotografías que en su momento no me gustaron. No es recomendable que el resultado de esas modificaciones se guarde en las propias fotografías. Yo prefiero guardarlas en un archivo xmp adjunto. No recuerdo si esta opción es la activada por defecto, pero entrando en las preferencias del plugin lo podemos modificar (En Mac Photoshop - Preferencias - Administración de archivos - Preferencias de RAW de cámara - Guardar ajustes de imagen en: Archivos sidecar ".xmp"):

- Una cuestión al margen que también afecta al almacenamiento de las imágenes y que veo que mucha gente se planea es si guardar los JPG resultantes del procesado de las fotografías. En mi caso, después de procesar y convertir a JPG para incluirlas en alguna de mis webs, las borro. Hay que tener en cuenta que la combinación de RAW (archivo de foto original) y de XMP (archivo de ajustes de la foto) nos da cuando queramos de nuevo la imagen resultante.
Creo que con estas humildes recomendaciones –sobre todo hacer al menos dos copias en dispositivos diferentes– conservaréis muchos años vuestras fotografías.
21 de diciembre de 2013




Cuatro nuevas galerías se incorporan a mi web de fotografías Cromavista, todas ellas relacionadas con Sevilla. He retratado la Catedral, los Reales Alcázares, la Plaza de España, la Casa de Pilatos y otra con imágenes variadas de la capital andaluza.
21 de noviembre de 2013



Hacía ya tiempo que no actualizaba mi web de fotografías Cromavista. Tras los incidentes técnicos que algunos conocéis, por fin he podido seleccionar, procesar y subir 69 nuevas imágenes de mis últimos viajes en agosto y octubre. Hay varias de la provincia de Segovia, entre ellas la de las Hoces del río Duratón, un paraje natural y también cultural bastante interesante, con las ruinas de la ermita de San Frutos en uno de sus meandros como principal atracción. Aquel mismo día visité Turégano y su peculiar castillo-iglesia. El viaje lo completaron tres de iglesias románicas (Nuestra Señora de la Asunción de Duratón, San Pedro de Perorrubio y San Pedro de Gaíllos) y la localidad de Sepúlveda. El otro viaje fue a finales de octubre y el destino fue Ávila. Increíblemente todavía no tenía ninguna fotografía hecha de esa ciudad castellana.
18 de agosto de 2013



Por fin, y tras varios contratiempos –entre ellos la rotura definitiva del disco duro de mi iMac— aquí están las fotografías seleccionadas de entre más de 1.500 que he subido finalmente a mi web fotográfica Cromavista. 329 imágenes con –eso al menos es lo que he intentado– un toque diferente a las que puede hacer cualquier turista, o quizás las que hace un turista normal y alguna menos corriente. Como siempre intento acercarme a los detalles, aquello que casi nadie ve, principalmente en edificios o lugares muy famosos en su conjunto pero apenas contemplados en sus partes.
He dividido las fotografías en 14 galerías que van desde la Torre Eiffel hasta el Palacio de Versalles pasando por la Basílica de Saint-Denis o la catedral de Notre-Dame. En definitiva, un recorrido que creo bastante completo por la capital francesa y que espero que sea de vuestro interés.
2 de agosto de 2013
Muchas veces me he quejado en este blog sobre las restricciones que determinadas instituciones aplican a museos, templos religiosos y otros lugares que los viajeros suelen visitar. Ahora que ya conozco tres grandes países europeos además de España (Reino Unido, Alemania y Francia) se puede hacer una pequeña evaluación sobre la permisividad con los que llevamos cámaras. Sin lugar a dudas, es precisamente en nuestro país donde se aplican más restricciones o al menos se cumplen de forma más tajante, tengan o no sentido. Le seguiría Reino Unido y a cierta distancia Alemania.
Pero el caso de Francia, o al menos de París, es muy distinto. Las restricciones en los museos, iglesias, catedrales u otros recintos visitables eran inexistentes, y si existían a menudo se hacía la vista gorda. Sólo encontramos una restricción en el museo d’Orsay, donde sólo se puede fotografía desde los balcones interiores (por cierto, bonitas vistas de la antigua estación ferroviaria remodelada), los exteriores (buenas vistas del sena y Montmartre) o las zonas de cafetería y restaurante.
En el resto de lugares que visitamos tuvimos total libertad para fotografiar absolutamente todo lo que quisiéramos. Nos resultó extraño que en reliquias de la historia como el palacio de Versalles, la basílica de Saint-Denis, la Sainte-Chapelle o la catedral de Notre-Dame se pudieran realizar fotografias con flash, aun a riesgo de dañar los frescos medievales que se conservan en sus paredes. Lo mismo podría decirse del museo del Louvre. No es difícil encontrarse con ráfagas de flash sobre cuadros de primer orden como La Gioconda o vidrieras que tienen ochocientos años.
Por otra parte, París tiene miles de rincones fotogénicos dignos de ser fotografiados, especialmente al atardecer y por la noche. Aunque nosotros hemos ido en pleno mes de julio, estoy convencido de que en cualquier otra estación del año las vistas son diferentes aunque igualmente increíbles.
Si algo he aprendido durante estos viajes es que tiene que existir algún tipo de restricción a la fotografía, no una prohibición radical y absoluta. Nos gustó mucho la idea del palacio de Charlottenbourg de Berlín de pagar un suplemento de tres euros a quienes quisiéramos hacer fotografías. De este modo solo los verdaderos aficionados (por lo general respetuosos con el resto del público y con el objeto fotografiado) podríamos disfrutar de nuestra afición/vicio.
10 de julio de 2013


Hace quince días me tomé una semana de vacaciones –si puede llamarse vacaciones a patearse de cabo a rabo un territorio–. Concretamente estuve cuatro días en la región tradicional de Las Merindades. Se trata de un área situada en el norte de Burgos, limitando al norte con Vizcaya y Cantabria, al oeste con Palencia y al este con Álava. Lo que nos movió principalmente a elegir este destino fue sus paisajes peculiares y la cantidad de historia encerrada en sus templos románicos. No en vano, el origen de Castilla –literalmente, el propio término de Castilla– está aquí.
Localidades espectaculares como Frías, pueblecitos casi abandonados con casas de piedra pero que encierran caserones con escudos de rancio linaje e iglesias y ermitas románicas casi desconocidas, y enclaves naturales repletos de cascadas (por ejemplo la de La Mea), acantilados, desfiladeros (Los Hocinos o La Horadada) y curiosidades geológicas (como el puente natural sobre el que se asienta la localidad de Puentedey).
Toda esta semana pasada y lo que llevamos de esta me la he pasado seleccionando y procesando el material en forma de fotografías y vídeos. Las fotografías ya pueden verse repartidas en más de una decena de galerías dentro de mi web de fotografías Cromavista. Sobre los vídeos, os ofrezco hoy la primera de dos partes que, como siempre digo, espero que sea de vuestro agrado. Su título es ‘Viaje a Las Merindades’:
9 de mayo de 2013




Ayer actualicé mi web de fotografías Cromavista con una cincuentena de nuevas imágenes de mis últimas excursiones. Primero la sección de actualizaciones. He añadido algunas nuevas fotos de Trujillo a las que ya tenía. También he separado de la galería de Madrid las del templo de Debod para crear una propia con cinco imágenes. Y dentro de las galerías totalmente nuevas encontraréis las del desconocido y espectacular parque madrileño de El Capricho, situado más o menos entre IFEMA y el aeropuerto de Barajas y que os recomiendo visitar. Por último, la galería dedicada al palacio y los jardines de Aranjuez. Espero que os gusten.