6 de marzo de 2013

Los aviones son uno de los símbolos más inequívocos del progreso de la humanidad. Ha acortado distancias y, en los últimos años, lo ha hecho accesible a todos gracias a las polémicas líneas de bajo coste. Pero como símbolo que es –y no un simple medio de transporte– tiene sus aficionados. Se cuentan por miles en todos los países occidentales y sus lugares de reunión son los aeropuertos. Se llaman spotters y son fácilmente reconocibles por llevar prismáticos, cámaras fotográficas y casi siempre radios de banda aérea.
El origen del spotting hay que buscarlo en el Reino Unido allá por los años veinte del siglo pasado. Desde entonces han ido evolucionando, creando asociaciones y, con el desarrollo de la tecnología, las han aplicado para sus cometidos. En España la principal es Aire, que agrupa a unos tres centenares de aficionados, aunque existen en castellano muchos y buenos sitios para compartir impresiones y experiencias sobre el tema. Su interés por todo lo relacionado con el mundo aeronaútico hacen que con el tiempo se conviertan en auténticos expertos no solo en modelos de aeronaves, sino también en líneas aéreas, matrículas, distintivos, colores, horarios de vuelo, etc.
La afición a la fotografía suele ir también asociada a la observación de los aviones, intentando conseguir cada vez mejores y más espectaculares imágenes. Las autoridades aeroportuarias no siempre los ven con buenos ojos, sobre todo por la paranoia sobre la seguridad surgida después de los atentados del 11-S. En otros simplemente se permite y los menos tienen zonas habilitadas para los spotters. Lo tendrá, por ejemplo, el futuro nuevo aeropuerto de Berlin-Brandenburg. Alemania en ese sentido es uno de los países más tolerantes con los aficionados y muchas veces incluso lo fomentan.
17 de enero de 2013
El mundo de la fotografía es tan amplio y ha tenido un desarrollo tan grande con internet que abarca campos de lo más variado. Una de las ramas más espectaculares y que lleva ya algunos años de moda son las panorámicas gigantes o «gigapans». Se trata de imágenes compuestas de decenas, cientos o incluso miles de fotografías tomadas sistemáticamente a través de una plataforma motorizada que dirige el enfoque y el disparo de forma automática. Se suelen utilizar focales grandes para conseguir ese efecto tan increíble de llegar a los detalles más minúsculos de, por ejemplo, la panorámica de una ciudad.
Hasta la fecha, la imagen más grande realizada mediante este método es una panorámica de Shangai, que tiene un tamaño de –ni más ni menos– 272 gigapíxeles (o sea 272.000 megapíxeles). Para haceros una idea de sus dimensiones, partiendo de una vista general de la ciudad puede llegar a verse sin problemas un pequeño papel en el suelo o el reloj de pulsera de los transeúntes. Me parece muy interesante ver los detalles que normalmente no se ven en una ciudad, escondida siempre detrás de sus monumentos, que se llevan siempre toda la atención.
En la red existe muchísima información en castellano y en inglés sobre este tema, sobre los aparatos en los que acoplar nuestra cámara, sobre cómo hacer una panorámica gigante y, por supuesto, cientos de estas panorámicas. Por limitarnos al producto nacional, las más espectaculares son quizás la de Sevilla, de 111 gigapíxeles o las de Madrid y Barcelona (de unos 40-60 gigapíxeles), creadas por los chicos de lainformación.com. En la web oficial de Gigapan podéis ver muchas más.
26 de octubre de 2012
Llevo ya unos cuantos años cargando con mis cámaras réflex por todos los confines de la península ibérica y de parte de Europa. Durante este tiempo he aprendido mucho sobre cómo convivir con una cámara a veces muy voluminosa y pesada, cargando con ella durante horas, comiendo con ella o sentándome en coches, trenes y buses con ella. Todo ello con las más variadas condiciones climatológicas. Ya sea lloviendo, a veces nevando, con un sol de justicia o en medio de una tormenta de arena de playa.
Aunque no soy ningún experto ni mi experiencia es muy larga (seguro que otros podrían dar consejos mucho más sabios), sí que os voy a contar algunas cosas que he ido aprendiendo a lo largo del tiempo:
- Tamaño del equipo. Resulta elemental si vamos a viajar en avión y no queremos facturar maletas. Yo actualmente tengo dos bolsas para guardar y transportar mi Canon EOS 60D. Una pequeña que me permite llevarla con un objetivo montado de tamaño medio-grande (cualquier todo terreno cabe), la batería de repuesto y tres o cuatro tarjetas de memoria. Y otra más grande donde puedo, además de la cámara con un objetivo montado y el cargador de baterías, llevar un objetivo adicional dentro de la bolsa y quizás otro en la redecilla, aunque esto no es muy recomendable si vamos a cargar con ella durante mucho tiempo. La razón, además del peso, son los posibles golpes accidentales que podemos darle. Concretamente los modelos de mis bolsas son de la marca Lowepro, la Toploader Zoom 50 AW y la Nova 170 AW. Me gusta esta marca porque sus acabados son muy buenos y son increíblemente resistentes.
- Comodidad. Resulta fundamental si vamos a llevar la cámara durante mucho tiempo fuera de la bolsa. Tened en cuenta que a veces durante horas hemos de tener sobre nuestros hombros la bolsa quizás con un objetivo adicional y la propia máquina. Hasta hace poco más de un año usaba la correa suministrada por Canon para llevar la cámara. No es que sea una correa mala, pero es muy incómoda si se le va a dar un uso intensivo. Había días que acababa con el cuello destrozado. Estuve buscando soluciones para cargar con mi cámara de otro modo y di con la compañía BlackRapid. Fabrica unas correas cruzadas de alta calidad que se apoyan en el hombro y que dejan colgar el equipo sobre el costado contrario. A pesar de que no es una compra barata, es una de las mejores inversiones que he podido hacer. La que yo tengo actualmente es el modelo RS-4.
- Objetivos. Uno de los grandes dilemas a la hora de hacer un viaje con equipaje limitado es que hay que elegir los objetivos. En realidad para cualquier viaje. Una sabia elección evita que nos pasemos todo el día cambiando de objetivo o tirándonos de los pelos por no haber cogido el gran angular. Es evidente que en estos casos la opción ganadora es la del objetivo todo terreno. Si se trata de un viaje cómodo –en coche o en bus, no vamos a cargar durante mucho tiempo con el equipo y vamos a tener mucho tiempo para hacer nuestras fotos– yo suelo llevar mi objetivo Canon EF-S 18-135mm montado por defecto. En la bolsa guardo el gran angular Tokina 11-16mm y la red el teleobjetivo, un Canon EF-S 55-250mm. En viajes largos o que presumiblemente voy a pasar mucho tiempo cargado elijo otras opciones. A Londres me llevé un Tamron 18-270mm, por cuestión de espacio más que nada. No es el mejor objetivo del mundo, pero es bastante digno. A Berlín cargué con el 18-135mm y el gran angular. Creo que ambas veces acerté y no eché de menos ni me sobró nada.
- Actitud. A menos que hagas un viaje expresamente para hacer fotografías, lo mejor es dejarlo de un lado y que las cosas vayan surgiendo. Lo que sí hemos de tener siempre es «vista de fotógrafo», controlando siempre la luz que disponemos, de donde nos va a dar el sol, a qué hora anochece, etc, y por supuesto, sabiendo de antemano donde hay una foto. Podemos planificar nuestro viaje teniendo en cuenta estos detalles para evitar sorpresas o tener que hacer fotografías con poca luminosidad o a contraluz. La cámara, si no fuera de su bolsa, deberíamos llevarla siempre a mano, lista para disparar y apagarla solo cuando vayamos a dormir.
- Viajes y vídeo. El tema del vídeo es bastante más complejo. Si ya de por si hacer fotografías durante un viaje es a veces complicado, ya no digamos el vídeo. Si no disponemos de mucho tiempo para visitar un lugar, es mejor no hacer vídeo y centrarnos en tomar buenas fotos. Sólo si contamos con el tiempo suficiente, tenemos espacio en nuestras tarjetas de memoria o si el motivo se presta a ello (un artista callejero, un evento en movimiento, una actuación musical, etc) es mejor –en mi opinión– tirar algunas fotos y el resto hacer vídeo. Siempre hemos de tener en cuenta que el vídeo es mucho menos agradecido y «luce menos» que unas fotos bien hechas.
- Seguridad. Nunca dejéis vuestras bolsas en ningún sitio y cuando las llevéis colgadas, cerradlas. Si podéis llevar una correa neutra para vuestra cámara, mejor que mejor. La inscripción CANON EOS DIGITAL (ya no digamos si pone 5D Mark II o III) que llevan algunas cámaras es un «róbame por favor», especialmente en países o barrios «conflictivos». Aseguraos de que la correa esté bien atada a la cámara, especialmente cerca de acantilados y llevadla al cuello o cruzada, nunca apoyéis la correa solo sobre el hombro. Obviamente tampoco os arriesguéis a acceder a lugares o situaciones comprometidas para tomar «la foto de vuestras vidas» porque podría ser la última. El visor de la cámara proporciona una sensación de falsa seguridad muy peligrosa. El ejemplo clásico son los eventos taurinos de pueblos y ciudades.
Como véis, ya mayoría de estos consejos-recomendaciones son puras obviedades, pero que pocas veces nos paramos a pensar. En mi caso, a fuerza de cometer errores, se va aprendiendo. Y lo que nos queda todavía…
22 de octubre de 2012

Como siempre que hago un gran viaje, me gusta compartir con vosotros en Cromavista algunas de las fotografías de lo que vi. Sobre Berlín he seleccionado 213 imágenes que, y esto será norma de aquí en adelante, he dividido en diferentes galerías. Concretamente diecinueve. Son las siguientes:
¡Espero que las disfrutéis!
25 de abril de 2012
Hacía ya bastante tiempo que no actualizaba mi web de fotografía Cromavista. Problemas de espacio aparte –que serán solucionados en breve– los últimos meses han sido relativamente tranquilos en cuanto a actividad fotográfica. Pero eso ha terminado y ya están aquí unas cuantas galerías nuevas. 57 nuevas fotografías repartidas en 6 galerías. A saber: Los dólmenes de Valencia de Alcántara (Cáceres), el cerezo en flor del Valle del Jerte (Cáceres), la estación fantasma de Chamberí del Metro de Madrid, Hervás (Cáceres), Marvão (Portugal) y una selección de imágenes de la Semana Santa de Zamora. Y pronto más galerías… Aquí unos ejemplos:





25 de abril de 2012
La semana pasada se cumplieron veinte años de la inauguración de uno de los eventos más importantes que ocurrieron en España en nuestra historia reciente. La Exposición Universal de Sevilla de 1992 supuso, junto con los Juegos Olímpicos de Barcelona, el impulso definitivo para que nuestro país se lavara la cara de una vez, tanto de cara al interior como al exterior de nuestras fronteras.
A finales de septiembre de aquel año visité en familia la Expo. Aquella fue la segunda vez (la primera en un viaje) que llevaba la cámara de fotos Yashica TL Electro X de mi padre cargado con un carrete de 36 diapositivas Afgachrome. El resultado, como veis, no fue demasiado bueno, pero fue el comienzo de una afición que sigue veinte años después.
En definitiva es un pequeño testimonio de las 31 fotografías que tomé del recinto durante los tres días de visita.



2 de marzo de 2012
Desde que tengo la 60D (y antes con la 550D) siempre he procesado mis fotografías RAW con Adobe Camera Raw sin que existiese una razón clara para esta elección. El otro día dediqué un tiempo a probar el software que viene con las réflex Canon después de leer algunas opiniones al respecto. Parece ser que los archivos RAW están codificados (o cifrados) con unas claves que no son públicas, sino propiedad del fabricante, en este caso Canon. Adobe consigue «saltarse» este cifrado mediante complejos algoritmos de aproximación creados a través de ingeniería inversa, pero nunca con la «auténtica».
La filosofía a la hora de trabajar con el DPP es muy diferente a la de Camera Raw. Cuesta un poco hacerse a la idea de que, por ejemplo, la «receta» o ajustes personalizados para revelar cada RAW quedan incrustados en el propio archivos, al contrario que el XMP que genera el software de Adobe. Por otro lado, el DPP cuenta con un potente sistema de clasificación de fotografías, que además es bastante práctico. Por último decir que, evidentemente, el software de Canon viene gratuitamente incluido en un CD cuando compramos nuestras cámaras, por el contrario si queremos ser «legales», tenemos que comprar al menos Adobe Photoshop, ya que Camera Raw es un plugin que necesita de aquel para funcionar.
Pero al final lo que realmente importa son los resultados. Y lo cierto es que DPP me ha sorprendido con los resultados. He hecho una prueba procesando una misma imagen con ambas aplicaciones. DPP ofrece mucho menos ruido y unos tonos más alegres. Camera Raw genera grano incluso a ISO bajo y los tonos son más apagados. En cuanto a la nitidez y la corrección de objetivo, ambos cuentas con mecanismos para conseguir buenos resultados. Tal vez si hablamos de nitidez, el DPP gana por cantidad de parámetros que podemos controlar, aunque a la hora de corregir los errores de nuestros objetivos hay que tener en cuenta que DPP sólo lo hará con los objetivos de la casa, dejando de un lado el resto de marcas.

Os dejo un ejemplo de recorte de fotografía al 100% procesada con los parámetros estándar. La de la izquierda está obtenida con Adobe Camera Raw y la de la derecha con Digital Photo Professional. Como véis, el cielo en la primera está más «sucio» y los tonos son, en general, más oscuros. El ruido también es notable en la primera.