Hace no mucho tiempo descubrí por casualidad que en Italia existe un apellido llamado Zamorani. Durante algunos días estuve, como se suele decir, con la mosca detrás de la oreja. Estaba claro que su origen podría estar en nuestra ciudad de Zamora. Tras algunas investigaciones por internet –complicadas por otra parte– di con unos pocos datos que espero poder ampliar.
Descubrí que en la región italiana de Emilia-Romaña, y concretamente en la ciudad de Ferrara, existen unas pocas decenas de familias con el apellido Zamorani. Todas ellas son de origen judío. Buscando un poco más, y a través del foro francés de Geneanet.org, encontré la pista que buscaba:
Zamorani è un rarissimo cognome Ferrarese, risale ad indietrissimo. Gli Zamorani erano una famiglia ebrea di straccivendoli, scacciati in quanto non cattolici dalla città di Zamora e dalla Spagna, durante la Reconquista.
O lo que es lo mismo traducido significa lo siguiente:
Zamorani es un raro apellido ferrarés, se remonta a muy antiguo. Los Zamorani eran una familia judía de traperos, expulsados por no ser católicos de la ciudad de Zamora y de España durante la Reconquista.
En la publicación que se editó en 1986 con motivo de la III Convención Hebrea de Italia, «Italia Judaica», se hace una breve referencia al apellido Zamorani, simplemente con el texto:
da Zamora nella regione di Leon.
Con una leyenda haciendo referencia a un tal Salomón Zamorani di Ferrara, un personaje que vivió en el siglo XVIII. Como mucho, me he podido remontar a un par de generaciones atrás. Moisés Zamorani es el primero del clan que he conseguido encontrar. Vivió a mediados del siglo XVII. Poco más he conseguido encontrar. Parece que esta es una historia más de las que se pierden en la niebla de los tiempos…
Después de haber colgado en mi web Cromavista las fotografías de nuestra reciente estancia en Santillana del Mar, ahora le toca el turno al vídeo. Un clip de dos minutos y medio centrados en las calles de la localidad y en su colegiata de Santa Juliana, de estilo románico y con añadidos góticos. A destacar su claustro. Aunque en el vídeo apenas se nota, en los tres días que estuvimos allí sufrimos el clásico clima cantábrico: un día de sol abrasador, otro de sol y nubes y otro de lluvia fina, casi continua. Espero que os guste:
Tal y como comenté el otro día, aquí está el vídeo de nuestro viaje a Ávila. Son dos minutos con unas pocas secuencias de la ciudad. Tuvimos que luchar contra los elementos (climatológicos) y claramente la cosa no luce como debería. Pero que al menos quede como testimonio de esa visita y como pincelada de lo que vimos allí.
Dos nuevas actualizaciones en Cromavista. Por un lado, la apertura (reapertura mejor dicho) del Faro de Moncloa, en Madrid, sin saber si será temporal o definitivo. Por si acaso, el otro día nos pasamos por allí a tomar unas fotografías. Lo cierto es que las condiciones, ni climatológicas (el día estaba oscuro y nublado) ni de instalaciones (el reflejo de las ventanas era constante y se echaba de menos algún tipo de mirador al aire libre para evitar las molestias) ayudaba. A pesar de todo, no deja de ser uno de los mejores miradores para contemplar la capital junto con la azotea del Círculo de Bellas Artes, el Palacio de Cibeles o la novena planta de El Corte Inglés de Callao.
Por otro lado, nuestra visita a Ávila, también lluviosa, me permitió tomar algunas imágenes y vídeos (este último lo publicaré en breve) de las murallas, la Catedral y la Basílica de San Vicente. En total, unas cuantas imágenes a añadir a las galerías ya existentes de Madrid y Ávila en Cromavista.
Han pasado ya más de cinco meses desde que se publicara ‘Indies, Hipsters y Gafapastas. Crónica de una Dominación Cultural’ de Víctor Lenore. Tenía muchas ganas de leerlo, pero hasta ahora no he podido hacerme con un ejemplar. A su publicación le sucedió una ola de reacciones de todo pelaje. Básicamente, Lenore ajusta cuentas con su pasado como redactor de revistas como Rockdelux, dejándose llevar por la modernidad y las tendencias hasta que un día dijo basta y decidió escribir sobre ello.
El resultado es un ensayo no muy prolijo y de fácil lectura en el que el argumento troncal, tal y como reza el subtítulo del libro, es una supuesta dominación cultural de los llamados «hipsters», tanto en las artes (cine y música principalmente) como en la economía. Estos «nuevos modernos» son falsamente comprometidos políticamente, elitistas, excluyentes y huyen de todo aquello que suene a «vulgar». El capitalismo actual los habría puesto de moda en suplementos culturales o en anuncios de televisión.
Esta premisa inicial que parece provocadora, interesante y con la que puedo estar de acuerdo, ha sido lo que me ha llevado a echarle un vistazo. Lo que me he encontrado poco tiene que ver con lo que esperaba. Como ya he leído por ahí en alguna crítica, Lenore cae en todos los pecados del converso que cree haber visto la luz verdadera y los defiende con la forma y el fondo de aquellos a quienes dice criticar: esto es, con citas a intelectuales crípticos y hace tabula rasa para generalizar la actitud de muchos movimientos culturales. Desde luego los que él llama «hipsters» no son un bloque monolítico. Hay muy pocos matices en un campo en el que el matiz puede cambiar por completo el sentido. A esto hemos de unir que hay argumentos encajados penosamente basándose en declaraciones cogidas con pinzas y a menudo sacadas de contexto.
Pero como digo, sí existe una idea subyacente que, a pesar de estar salpicada de argumentos cuestionables, comparto con él. Los nuevos barrios molones donde antes sólo había miseria y delincuencia (o sea lo que se llama la gentrificación) o la apropiación de la cultura popular por parte de la industria y los medios dominantes, son dos ejemplos muy claros. Pero sería un trabajo demasiado minucioso desbrozar todos los aspectos con los que estoy de acuerdo y con los que no, y además no viene a cuento. Que cada uno lo lea y saque sus propias conclusiones. Por cierto, lo mejor de todo el prólogo introductorio de Nacho Vegas.
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