Ayer leí en El País un interesante artículo sobre algo que creo que es un fenómeno que crece: los cansados/hartos/asqueados de las redes sociales. Su título es bastante elocuente: «Insumisos de las redes sociales». Está en boca de todo el mundo, parece que todo el mundo las utiliza y si no las utiliza no estás en internet. Muchos nos rebelamos contra esto y buscamos un uso inteligente de la red, un uso útil que de verdad nos ayude en la vida diaria y en nuestras comunicaciones y no de lo que quieran determinados poderes. Da la impresión de que no somos conscientes de que toda esa información que se genera cae en manos de empresas privadas para su propio uso y consumo, normalmente publicidad.
Muchas veces nos dejamos llevar por el oropel de la moda, los interfaces intuitivos y bonitos, la comunicación fácil, y normalmente banal y por esa debilidad humana que es el cotilleo puro y duro, a cambio de estar controlados todo el tiempo. Afortunadamente es una moda que terminará más pronto que tarde. La gente se cansará y la red inventará otra cosa. En el artículo en cuestión, los principales argumentos que se esgrimen para no usar las redes sociales son, por una parte, la pérdida de tiempo que supone frente a las pocas ventajas que ofrece, y por otro la vulgarización de la información y el gusto por el chismorreo barato que en el fondo no aporta nada a nuestras vidas. Por mi parte, en su día me registré en Facebook, Twitter, Tuenti o Flickr, pero ninguna de ellas tiene actividad ya y he procurado borrar toda la información que contienen. En un futuro próximo eliminaré mis cuentas.
Son ya muchos años en internet (prácticamente desde que se popularizó a finales de los noventa) y he aprendido unas cuantas cosas. Por ejemplo seleccionar concienzudamente los servicios web en los que me registro y, por supuesto, tener muy claro los datos que puedo proporcionar y cuales pueden deducirse a partir de otros. Incluso también cuales puedo proporcionarme por mí mismo, sin depender de nadie. Pensaréis que es pura paranoia, pero cuanto menos se sepa de nuestras vidas en internet, mejor. Yo al menos no estoy dispuesto a facilitar el trabajo a absurdos estudios de mercado o recibir absurdos correos electrónicos con absurdas promociones que van directamente a la bandeja de «no deseados».
El último día de nuestra estancia en Londres se me ocurrió una excursión un poco «friki». Recordé que cerca de la salida del metro de Earl’s Court estaba la última cabina de policía que queda en la capital, así que nos dirigimos hasta allí con el tiempo justo antes de partir hacia el aeropuerto. Hicimos las fotos y nos volvimos.
Estas cabinas se utilizaron de forma habitual y masiva en todo el Reino Unido entre los años 50s y 70s del siglo XX por la policía y los ciudadanos para avisar de cualquier inicidencia que se pudiera producir. A partir de entonces fueron cayendo en desuso. A día de hoy en todo el país se conservan unas cuantas de este formato (el diseño realizado por MacKenzie Trench en 1929). Estas cabinas tienen la particularidad de tener el tamaño de una cabina clásica de teléfono británica pero de color azul, sin ventanas y con una luz rotatoria en el techo.
Pero por supuesto la fama mundial de estos artilugios viene de la serie de ciencia-ficción Doctor Who, donde es la TARDIS, una máquina del tiempo y del espacio en la que viaja el famoso doctor. De hecho, la que pudimos visitar fue colocada en 1997 y mantenida allí básicamente para que mitómanos y turistas se acercaran a verla y fotografiarse con ella, aunque es completamente operativa. No es un objeto de adorno. Fue muy curioso ver como una niña pequeña que pasaba por allí con su madre no pudo evitar señalar con el dedo y soltar un «Look, it’s a TARDIS!».
Llegamos a la última parte de los vídeos de Londres que os he ido ofreciendo a lo largo de estos tres meses. Ha sido un proceso complicado como ya he explicado aquí. Muchos retos a nivel técnico y artístico felizmente superados. Con seguridad en el futuro aplicaré a mis próximos clips muchas de las cosas que he aprendido durante el montaje y postproducción de estos vídeos.
Para terminar os muestro cómo es Londres de noche en pleno invierno. En contra de lo que yo creía, la ciudad está muy viva cuando cae el sol, aunque la temperatura por entonces apenas subía de cero grados. Gente saliendo de trabajar, turistas, muchas bicis e, incluso gente tomándose algo a la puerta de los bares, como aquí en España. Recordemos a las cuatro de la tarde anochecía y que casi la mitad del tiempo que estuvimos recorriendo la ciudad era sin luz.
La música que acompaña el clip es, de nuevo, de Don Rendell, el jazzman británico de los cincuenta, bastante desconocido, y su tema ‘Little boy green’. Espero que os guste.
La primera edición del año de mi recopilación musical, Muestra Musical 93, está inusualmente repleta de bandas nacionales, tanto como 12 de 17 pistas son producto nacional. Y muchas de ellas aparecen por primera vez en Muestra Musical. Tal es el caso de Los Evangelistas, Granit, Lorena Álvarez y Su Banda Municipal, La Estrella de David y Dulce Pájara de Juventud. Sangre nueva para el 2012. Entre los que ya han aparecido tenemos a Joe Crepúsculo, McEnroe, Guatafán, Klaus & Kinski, Band à Part, Reina Republicana, Kokoshca y Pegasvs. En el apartado internacional contamos con la presencia de M83, Modular, The Shins y Dominique A.
En cuanto a los clips, lo cierto es que no he encontrado muchos, tan solo cuatro. Aquí os los dejo:
La penúltima entrega de los vídeos dedicados a Londres está dedicado al paso de cebra más famoso de la historia: Abbey Road. Un paseo con música de ‘Come together’ de los Beatles. Después nos vamos hasta el mercado de Covent Garden, un lugar donde puestos de comida se mezclan con tiendas de té, de perfumes, ropa y casi cualquier cosa. La decoración navideña, con ese Rudolf de hierba y esas enormes bolas colgando del techo no tiene desperdicio. Por último, un paseo por dos museos, primero por el Natural History Museum y su impresionante edificio y, por supuesto, la joya de la corona de los museos londinenses, el British Museum, prestando especial atención a las salas egipcias y al de tesoros del mundo precolombino.
La banda sonora de este capítulo es muy variada. Aparte del tema de los Beatles antes mencionado, incorporo a bandas como Pan Sonic, Tortoise, Sufjan Stevens o The Cinematic Orchestra. Respecto a la introducción que, como estáis viendo, en cada episodio es diferente, he utilizado una técnica especial para conseguir esa cámara superlenta tan espectacular. Se trata del plugin Twixtor para Adobe CS5, que hace maravillas cuando lo usamos en los clips adecuados…
Cada nueva entrega de mi vídeo sobre Londres supone superar nuevos retos técnicos. Esta vez a cuento del estabilizador, que generaba deformaciones extrañas en el vídeo. Corregirlo me ha llevado bastante tiempo. También ha supuesto un reto el montaje de la primera parte del clip, el correspondiente al cambio de guardia en Buckingham. El problema venía de que el material que tengo es demasiado monótono y de planos poco variados. Para colmo, está sacado a muchos metros de distancia. Convertir esos casi treinta minutos en algo visible, entretenido y vistoso ha costado, pero finalmente el resultado es bastante aceptable. Por otr lado, también deciros que la parte dedicada a Hyde Park es mi favorita, sobre todo porque la luz que había ese día era increíble.
Musicalmente, y como siempre, hay un poco de todo: Marchas militares (la banda de los Coldstream Guards), pop experimental (Broadcast) y clásico (Early Day Miners) y música minimalista de Philip Glass. Espero que os guste.
El universo del escritor japonés Haruki Murakami parece no tener fin. Su desbordante imaginación suele apabullar a la vez que atrapar a quien se adentra en sus novelas. Todas ellas tienen ese toque, esa sensibilidad especial (quizás sea por la idiosincrasia del país oriental) que es complicado ver en los literatos europeos. La publicación de la trilogía ‘1Q84’ (fuera de Japón editados en dos volúmenes en 2011) supone la obra más extensa y ambiciosa que ha publicado hasta la fecha.
Los que ya conocemos parte de los códigos que Murakami utiliza en sus libros, no sorprende encontrar a unos personajes que parecen moverse con comodidad, o al menos con decisión, en un universo enrarecido, con una especie de realismo mágico a la japonesa. ‘1Q84’ es una sinfonía, una maquinaria con la precisión de un reloj que va desarrollando su argumento sin prisas pero sin detenerse ni un solo momento y a la vez recreándose minuciosamente en detalles que en apariencia son insignificantes, pero que ayudan a reconstruir en la mente del lector ese «nuevo mundo» paralelo.
La novela está estructurada en capítulos donde se aportan los puntos de vista de sus dos protagonistas principales en los dos primeros libros y tres en el tercero. Por una parte Tengo, un treintañero profesor de matemáticas en una academia y aspirante a escritor con una vida anodina. Por otro Aomame, una instructora de gimnasia de alto nivel. Por último, el tercero en discordia, Ushikawa, un detective privado que servirá de nexo entre los dos anteriores, principales pilares de ‘1Q84’. Pero a estos hay que unir otros personajes de vital importancia para la trama. Sobre todo Eriko Fukada, la chica desencadenante de toda la historia. Todos ellos vivirán una extraña historia en un mundo que no es el suyo, sino una copia en la que una segunda luna, pequeña, deforme y verdosa, acompaña al astro nocturno. Un mundo en el que el poder de una secta (de miembros que no parecen del todo humanos) llamada Vanguardia ejercerá un influjo casi mágico en los personajes.
En definitiva, Murakami realiza una reflexión sobre la realidad y el poder de la religión y las creencias en general en nuestra percepción del mundo. Si os ponéis con él os recomiendo que os lo toméis con mucha calma, atendiendo a los detalles, y que aparquéis vuestra mentalidad occidental. Si no, probablemente os perderéis parte del encanto de esta novela.
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