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La bitácora personal de Ricardo Martín
Comentando cosas desde 2004
18 de octubre de 2010

Visiones de Madrid (IV): El Parque del Retiro

El Parque del Retiro es el jardín más popular entre los madrileños (con permiso de la Casa de Campo). Adentrándose por sus senderos uno se puede encontrar casi de todo. Yo estuve una tarde de sábado veraniego, repleta de gente por todas partes. El vídeo, a pesar que de partí con muy poca materia prima, se basa en el uso del slow motion. Una forma de expresar el bullicio con cierta perspectiva, como un espectador ajeno que es eso mismo, un simple observador de la realidad. El acompañamiento musical perfecto para las imágenes es el de Joanna Newsom. No dudé a la hora de elegirla.

En el plano técnico, es la primera vez que utilizo el escalado de fotograma de 720 a 1080, ya que la 550D sólo permite 60 fotogramas (convertida a 24 con Adobe Premiere) a esa resolución. En la versión que váis a ver no se nota, ya que está subido a 720p. También hay algunas tomas nativas a 1080p y 24 fotogramas, reducida hasta un 30% de su duración original. En este caso se nota una ralentización del movimiento no tan fluido. Me ha gustado especialmente cómo han quedado los colores, bien contrastados y brillantes. Y eso que no he hecho absolutamente ningún retoque en la postproducción. Os dejo con él:

13 de octubre de 2010

Mapas mentales o el arte de memorizar visualmente

A lo largo de las últimas semanas he estado experimentando con diversas técnicas de memorización. En breve me presentaré a un examen y me apetecía probar cosas nuevas. He ensayado métodos como el de las asociaciones inverosímiles, la habitación romana o los mapas mentales. Han sido precisamente esta última la que me ha parecido más curiosa e interesante (también la más efectiva y rápida para mí). Básicamente consiste en dibujar un esquema donde vamos reflejando los diferentes conceptos que queremos memorizar. Sólo debemos seguir tres sencillas reglas:

  • Usar una estructura jerárquica, que bien puede ser la emulación de las ramas o las raíces de un árbol, cada vez más delgadas según avanzamos en el esquema.
  • Utilizar colores para diferenciar las ramas principales. Cuantos más colores usemos, mejor.
  • Evitar las líneas rectas. Son aburridas para nuestro cerebro, nos las presta atención. Cuanto más extrañas sean las «ramas» de nuestro esquema, más peculiar será y por tanto más fáciles de memorizar.

A partir de aquí la única regla es que no hay reglas. Podemos combinar los mapas mentales con, por ejemplo, las asociaciones inverosímiles, hacer pequeños dibujos esquemáticos (o no) para fijar los conceptos. Siempre hay que tener en cuenta que el cerebro memorizará antes lo más extraño, aquello más raro o menos habitual, lo más chocante o lo más humorístico.

Buscando por internet encontraréis muchos ejemplos y esquemas hechos para aprender más rápido. He de reconocer que al principio cuesta soltarse. Como cualquier técnica, requiere práctica, sobre todo para depurar los conceptos y esquematizarlos a partir de, por ejemplo, un texto. Pero una vez hecho este esfuerzo tenemos la memorización asegurada. En el examen, si lo hemos hecho bien, recordaremos todas esas peculiaridades de nuestro mapa. Si tal concepto lo dibujamos en verde o si lo asociamos con un florero, con una rana o con un coche. Si lo dibujamos haciendo una espiral o formando escalones. Si estaba cerca de ese otro concepto o en la esquina superior derecha del folio. Si tenéis curiosidad, podéis consultar «El Libro de los Mapas Mentales» [PDF] de Tony Buzan.

9 de octubre de 2010

Visiones de Madrid (III): Rozando el cielo

Cuando hablamos de grandes ciudades, una de las imágenes que nos vienen a la mente de inmediato es la de los altos edificios, los rascacielos que, bien sean de viviendas o de oficinas, aspiran a convertirse en iconos representativos de las urbes en las que se encuentran. En Madrid hay muchos de ellos, algunos bastante desconocidos. El tercer clip que he realizado está dedicado a estas construcciones verticales. No a todas, pero sí a las más representativas. Se trata de un vídeo compuesto a partir de tomas filmadas en diferentes ocasiones a lo largo de los seis últimos meses en todos los rincones de la capital.

Aparecen, por este orden, los siguientes: Edificio de Telefónica (1929), Edificio España (1953), Torre de Madrid (1960), Avenida de América 2 o Edificio Iberia (1951), Torres Blancas (1969), Torre BBVA (1981), Torre Europa (1985), Torre Picasso (1988), Torres Puerta de Europa o Torres KIO (1996) y las cuatro torres Torre Caja Madrid, Torre de Cristal, Torre Sacyr Vallehermoso y Torre Espacio (2009). Se quedan en el tintero muchas otras. A las torres de Azca no les he dedicado el tiempo suficiente. Quizás en un futuro se pueda hacer una «segunda parte» de este repaso.

7 de octubre de 2010

Canada, la productora de mis clips favoritos

El otro día cuando escribí sobre El Guincho, os contaba que el videoclip de ‘Bombay’ me había encantado y que había sido la puerta de entrada para conocer a este músico. Pues bien, también ha servido para conocer a Canada, la productora encargada de la producción de ese vídeo.

De paso he descubierto que también son los autores de la mayoría de los clips y canciones que me han gustado en los últimos años. A saber: ‘De la monarquía a la criptocracia’ de Triángulo de Amor Bizarro, ‘Tus amigos’ de Los Punsetes, ‘Siento que muero’ de Joe Crepúsculo, ‘9.6’ de La Bien Querida o los vídeos de ‘Alegrías del incendio’, ‘San Juan de la Cruz’, ‘Nosotros somos los zíngaros’ y ‘Mis problemas con la justicia’ de Los Planetas. Ayer mismo han colgado en Vimeo su última creación. Como si me leyeran la mente, han trabajado con Klaus&Kinski, uno de mis grupos favoritos, para realizar el vídeo del que considero el mejor tema de ‘Tierra, Trágalos’ y una de las mejores canciones nacionales del año: ‘Forma, sentido y realidad’.

Canada son tres jóvenes realizadores: Luis Cerveró, Nicolás Méndez y Lope Serrano, que tienen su estudio en Barcelona. Han sabido moverse en el mundillo de lo audiovisual para hacerse un hueco (un huecazo) en un mercado muy competitivo. Han realizado spots para grandes agencias publicitarias. Creaciones suyas han anunciado a McDonalds, Orange, Telefónica, El Corte Inglés, Codorniu, Nokia, Ikea, Sony o Damm. Siempre con un estilo muy personal y un especial cuidado por las texturas y los cromatismos cinematográficos. De hecho en su web puede verse un repertorio de «screen tests» con pruebas de diferentes tipos de película de cine, tanto en blanco y negro como en color. Una auténtica maravilla para los que nos gusta este tipo de cosas. Son expertos en recrear esos ambientes retro a través, precisamente, del uso de negativos concretos. Son unos maestros en este campo.

Por supuesto, vamos a terminar con algunos clips realizados por los chicos de Canada. Empezamos con ‘Forma, sentido y realidad’ de Klaus&Kinski:

‘De la monarquía a la criptocracia’ de Triangulo de Amor Bizarro:

‘Siento que muero’ de Joe Crepúsculo:

‘9.6’ de La Bien Querida:

2 de octubre de 2010

El giro cultural de La 2

Desde el pasado lunes 20 de septiembre, La 2, el segundo canal de Televisión Española ha sufrido la transformación definitiva iniciada hace un tiempo. Tras la eliminación del canal Cultura.es, supongo que por falta de presupuesto, toda esa producción ha pasado a La 2. El objetivo es que la cadena sea el referente cultural dentro de la televisión en España. Cultura en el amplio sentido de la palabra, donde todas las expresiones artísticas tienen cabida. Desde el cine, la historia, la ciencia, la música o la literatura. Tanto las retransmisiones deportivas como los informativos –con excepción de ‘La 2 Noticias’ y ‘Documentos TV’— han pasado a Teledeporte y 24h respectivamente. Uno de estos traslados más polémicos ha sido la del veterano espacio de reportajes ‘En Portada’, que llevaba en la segunda cadena varias décadas.

Aunque la calidad de las producciones emitidas no siempre es la mejor, especialmente el ómnibus matinal ‘Para Todos La 2’ o algunos documentales, la idea de un canal completamente dedicado a la cultura era una meta que nunca antes se había conseguido. Yo tenía el temor de que cuando se habla de cultura, fuera a cultura «oficial» y no a las expresiones artísticas de vanguardia o aquellas que no tienen cabida en los medios de comunicación tradicionales. Afortunadamente esto no es así. En mi opinión es uno de los grandes aciertos de Televisión Española. Dar voz y espacio a quienes no la tienen más que en internet o en circuitos minoritarios.

No tengo suficiente tiempo como para dedicar lo necesario a ver los diferentes programas de la nueva programación, pero a los ya clásicos ‘Página 2’, ‘Los Conciertos de Radio 3’, ‘Redes’, ‘Versión Española’ o ‘Miradas 2’ hay que unirle otros como el magnífico ‘El Cine de La 2’ (en su segundo año de andadura), el curioso ‘La Mitad Invisible’ con el impagable Juan Carlos Ortega o ‘Somos Cortos’ dedicado a emitir cortometrajes. Todo esto contrasta con los programas religiosos como ‘El Día del Señor’ o ‘Últimas Preguntas’ que siguen emitiéndose en TVE desde tiempos inmemoriales y que ya no tienen sentido en una televisión pública. Es el resto de otros tiempos que esperemos que desaparezca pronto o que pase a emitirse en otros canales (sí, esos que todos estamos pensando).

Todavía no sabemos si La 2 cultural sobrevivirá a la caída de la audiencia en picado y, sobre todo, a los problemas que la Unión Europea está poniendo a su financiación no publicitaria. El tiempo nos lo dirá. De momento nos quedamos con un digno canal con algunos buenos programas, modernos e imaginativos, otro poco de relleno y algunas herencias del pasado difíciles de eliminar.

29 de septiembre de 2010

En Barcelona (y X): Perdidos por La Ribera, los «bastaixos» de Santa María del Mar y «burros coceadores»

Con esta entrega finaliza la serie que ha llevado diez días contando las aventuras y desventuras en Barcelona. Cerramos pues con el final del viaje.

Cuando uno se monta en el tren, en la cómoda butaca, se olvida de todos los momentos de cansancio y de falta de sueño. Era el momento perfecto para comenzar a recuperar los buenos recuerdos. Ocurre a veces que uno vive los viajes cuando los invoca a través de las fotografías, los vídeos y los folletos turísticos de todos los lugares por los que hemos pasado. Pero vamos con la última parte de nuestro cuarto día en Barcelona.

Tras la comida, y con algo de adormecimiento, bajamos hasta Portal del Ángel para visitar otra vez la escondida y desconocida iglesia de Santa Ana. Esta vez tuvimos más suerte: la valla que da a la plazoleta de Ramón Amadeu estaba abierta, pero el recinto de la iglesia, junto con el claustro, estaba cerrado. Afortunadamente, a través de los barrotes se podía ver aquel lugar que tenía un innegable ambiente mágico. Parece mentira que un lugar así pueda estar a pocos metros de la Plaza de Cataluña y casi pared con pared con el imponente edificio del Banco de España.

Por último también queríamos ir a ver Santa María del Mar, uno de los grandes monumentos de la ciudad que nos quedaba por ver. Hubiera sido imperdonable no haber estado. Llegar hasta allí fue una nueva aventura. Otra vez nos perdimos por los callejones del barrio de La Ribera. Calles con mucho encanto y a las que no pude evitar hacer algunas fotografías. A posteriori, reconstruí este recorrido, que nos llevó (saliendo desde la plaza de Ramón Berenguer el Grande) a cruzar la Vía Layetana para seguir las calles Bòria, Corders, Assaonadors, Flassaders y finalmente el Paseo del Born, con el mercado del mismo nombre en un extremo y la imponente mole de Santa María del Mar en el otro. Frente a la puerta trasera del templo, la llamada puerta del Born, está el Fossar de les Moreres, un lugar emblemático para los catalanes y en especial para los barceloneses, ya que en este antiguo cementerio se enterraron todos aquellos que cayeron defendiendo la ciudad durante el sitio de Barcelona de 1713-1714. Hoy día en ese lugar hay una pequeña y austera plaza, con una llama que recuerda permanentemente a los mártires fallecidos. Una corona de flores con la senyera yacía en su base.

Entramos en el templo por su puerta principal, donde sus dos enormes torres y su no menos grande rosetón (de nueve metros de diámetro) nos dieron la bienvenida. Por mi mente pasaban algunos pasajes del libro de Ildefonso Falcones «La Catedral del Mar». La novela trata sobre la construcción por parte de los bastaixos (algo así como los estibadores del puerto, aquellos encargados de descargar las mercancías de los barcos atracados) de este templo allá por el siglo XIV. De hecho, en los portones principales pueden verse dos relieves con dos de estos bastaixos acarreando sobre sus espaldas sendas piedras destinadas a su construcción:

“Los humildes bastaixos, con su trabajo de transportar gratuitamente las piedras hasta Santa María, son el más claro ejemplo del fervor popular que levantó la iglesia. La parroquia les concedió privilegios y hoy su devoción mariana queda reflejada en las figuras de bronce del portal mayor, en relieves en el presbiterio o en capiteles de mármol, en todos los cuales se representan las figuras de los descargadores portuarios.”

Si el exterior era espectacular, el interior lo era aún más. Sin apenas decoración, las vidrieras destacan aún más en medio de ese ambiente tan sobrio. Algunas de ellas datan del siglo XIV, como las del rosetón o de la nave sur, que son de 1460 y 1494 respectivamente. O otras son de… ¡1996!, realizadas en un estilo postmoderno de difícil definición (y justificación). Ildefonso Falcones también habla de ellas, de las antiguas, se entiende, en su libro:

“Las vidrieras orientadas al sol son de colores vivos, rojos, amarillos y verdes, para aprovechar la fuerza de la luz del Mediterráneo; las que no lo están son blancas o azules. Y cada hora, a medida que el sol recorre el cielo, el templo va cambiando de color y las piedras reflejan unas u otras tonalidades. ¡Qué razón tenía el maestro! Es como una iglesia nueva cada día, cada hora, como si continuamente naciera un nuevo templo, porque aunque la piedra está muerta, el sol está vivo y cada día es diferente; nunca se verán los mismos reflejos.”

El calor dentro era sofocante, pero merecía la pena permanecer unos minutos contemplando extasiados las nervaduras de los techos, las columnas y el resto del armonioso conjunto en uno de los ejemplos de gótico menos contaminados que se conservan en España. Salimos de Santa María del Mar con otros ojos… Sin duda un lugar mágico que es visita obligada. Fue uno de los lugares que más nos impresionó.

Una vez fuera y al tomar la calle Argentería pasamos delante de la tienda de Kukuxumusu, presidida por dos burros en los balcones (símbolo de Cataluña). Y en medio, tras una ventana, un simpático asno coceaba a un toro que salía por los aires.

Aún era pronto para ir a la estación, por lo que callejeamos de nuevo por el Barrio Gótico hasta la Plaza del Rey que se ha convertido en uno de nuestros lugares favoritos. En la fachada del Palacio del Lloctinent, sede del Archivo de la Corona de Aragón, un músico callejero se puso a tocar un extraño instrumento con aspecto de ovni y color broncíneo que resultó llamarse hang y que es un invento suizo del año 2000. Vamos, que no es un milenario instrumento tibetano ni nada por el estilo. Nos quedamos embobados al ver cómo lo tocaba. Es un instrumento de percusión, ya que se toca golpeándolo con las manos, pero que tiene un peculiar sonido.

En ese momento sonó la alarma del móvil, la señal de que nuestro tiempo en Barcelona se había terminado. Llegaba la hora de marchar a la estación. Entramos por Jaume I y tras un trasbordo en Verdaguer, llegamos a Sants. El viaje había llegado a su fin.

28 de septiembre de 2010

En Barcelona (IX): Homenaje a El Molino, lluvia en el Parque Güell y lío en el metro

El objetivo del día era hacer una visita al Parque Güell, un lugar apartado de la ciudad y pensado por Gaudí en un principio como residencia para ricachones. Hoy es una de las principales atracciones turísticas de Barcelona.

Antes hicimos una breve visita a uno de los templos del Pararelo que, en el momento de escribir estas líneas, se hallaba al final de su largo periodo de restauración que ha durado más de una década. Me refiero a El Molino, el legendario teatro creado a finales del siglo XIX por un emigrante andaluz para posteriormente ser la versión española del Moulin Rouge parisino. La historia de este local es apasionante. Si tenéis oportunidad, buscad información, no os defraudará. El nuevo Molino conserva intacta su clásica fachada con sus aspas inconfundibles, pero añade nuevas dependencias y una pantalla LED ondulada que cubre los varios pisos que rebasan el edificio primigenio.

Ahora sí, llegamos al parque tras un viaje en metro no muy largo, pero sí con largas caminatas bajo tierra. Cruzamos pasadizos, subimos y bajamos escaleras (mecánicas y no) y contemplamos también el ecléctico -y dudoso estéticamente- estilo de las estaciones del metropolitano barcelonés. Lo calificaría como lúgubre y oscuro, con las paredes de algunos andenes pintadas de negro. Salimos agotados en la estación de Plaza de Lesseps, donde prosiguen las obras de la línea 9 que, esperemos que cuando esté terminada, esté mejor ventilada. Por el bien de los barceloneses a los que no les gustan las saunas.

Tomamos la Travessera de Dalt hasta el cruce con la Avenida del Santuario de Sant Josep de la Muntanya, una calle que intuyo que conducía a la pequeña población del mismo nombre, hoy engullida por Barcelona. Tras subir esta endiablada cuesta, tomamos unas escaleras mecánicas que completarían el tramo más arduo hasta el Parque Güell. Ya más animados entramos en él no por la puerta principal –por la que saldríamos más tarde- sino por la secundaria, en uno de los extremos del parque. Tras seguir un caminito de tierra llegamos hasta la famosa explanada con el ondulado banco de mosaicos de azulejos rotos. Cuenta la historia que Gaudí utilizó los restos que había en una fábrica de cerámica cercana para su revestimiento, siendo sin duda un pionero del reciclaje de materiales e inventor de una nueva técnica, el “trencadís”. Los diseños que recubre el banco no son del arquitecto, sino de Josep María Jujol. Los tres mil metros cuadrados de la plaza sirve de enorme recogedor de agua. A través de la Sala de las Cien Columnas que está justo debajo se canaliza hasta un depósito utilizado para regar el parque y para alimentar la fuente de la escalinata.

Sentados en este banco vimos a los turistas agolpados, gesticulando y haciendo fotos, a las palomas pelearse por un pedazo de pan, a virtuosos guitarristas callejeros tocando a seis manos sus instrumentos y las nubes amenazando tormenta entre un sol que nos quemaba. Al fondo, un perfil ya inolvidable, el de Barcelona, y que hemos contemplado desde múltiples ángulos estos días.

La visita por el Parque Güell continuó primero por el llamado Pórtico de la Lavandera, con sus columnas que se mimetizan a la perfección con el paisaje, y después por la famosa escalinata de la salamandra (o el dragón). Es curioso que compartiendo el terreno del parque exista un colegio. El alboroto y los gritos de los niños, que comenzaban aquel día las clases, competían con los murmullos y los clics de las cámaras fotográficas. En la escalinata, que es sin duda el lugar más conocido de todo el parque, los visitantes pierden la vergüenza y la compostura arremolinándose para inmortalizarse de las maneras más insospechadas y en las posturas más ocurrentes. Nos costó encontrar nuestro hueco para hacernos la famosa foto. Subimos después hasta la Sala Hipóstila o Sala de las Columnas, con sus famosos techos de mosaico y sus plafones, que nos parecieron paellas valencianas.

Dimos por finalizada la visita entrando en la tienda de recuerdos que se encuentra en una de las casitas de cuento de hadas que hay en la entrada principal. El pequeño recinto lo ocupaban principalmente japoneses. Parece que son los más aficionados a llevarse recuerdos de sus visitas. O tal vez son los que más repleta tienen la billetera. Y dentro, todo tipo de objetos. Las clásicas tazas, camisetas, posters, postales, lápices e imanes de nevera entre otros. Predominaban las reproducciones de los mosaicos del parque y dibujos del skyline de Barcelona. Yo no pude evitar llevarme algún recuerdo de mi estancia.

La lluvia nos sorprendió poco antes de salir de la tienda. Por una de las ventanas vimos a los turistas huir en desbandada para ponerse a resguardo. Los más precavidos abrieron sus paraguas para luchar contra el chaparrón. De pronto la escalinata más famosa y fotografiada de Barcelona se quedó prácticamente vacía. Sólo algunos valientes volvieron a salir convenientemente pertrechados. Guardé la cámara y corrimos hasta una cavidad –el Refugio de Carruajes- que había frente a nosotros. Aunque más de que para carruajes, ahora servía de refugio improvisado para los visitantes. Su parte central estaba ocupada por unos músicos que tocaban melodías de estilo indefinible. Sentados alrededor, los turistas miraban y escuchaban absortos el concierto. Fuera seguía la lluvia.

Este rito ceremonial de hombres de las cavernas postmoderno quedó desvirtuado cuando dejó de llover. Muchos de nosotros abandonamos el trance y posteriormente la cueva para continuar nuestro camino.

Teníamos todavía unas cuantas horas, así que iniciamos nuestro viaje al Tibidabo. El calor y la humedad tras la lluvia era asfixiante y hacía el camino casi insufrible. Había salido el sol tímidamente. De nuevo en la Plaza de Lesseps descansamos un poco para reponer líquidos y nos metimos en el metro con la intención de llegar hasta la cumbre de la montaña del Tibidabo. Finalmente desistimos del intento. Nos hicimos un lío entre metro y FGC (Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya) por culpa de la señalización entre uno y otro, con símbolos, colores y tipografías indistinguibles. Además no íbamos ya muy sobrados de tiempo. Estábamos en medio de la estación de Diagonal, sin saber si estrangular al empleado de metro que nos estaba mirando o dar nuestro brazo a torcer y aceptar que nos habíamos equivocado. Hubiera estado bien haber subido por la Avenida del Tibidabo montados en el tranvía azul… En otra ocasión será. Así que un consejo para futuros viajeros: planificad bien vuestros viajes en metro, en especial si tenéis que combinarlos con los trenes de la FGC.

Después de este error técnico, salimos a la superficie en el Paseo de Gracia, a la altura de “La Pedrera”. Decidimos comer algo por la zona. A las 21 horas salía nuestro tren. Sólo quedaban cinco horas, las últimas en Barcelona.



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