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La bitácora personal de Ricardo Martín
Comentando cosas desde 2004
9 de mayo de 2012

48 fps: La polémica está servida

En los últimos tiempos se ha reavivado una vieja polémica cinematográfica, que más bien afecta a la técnica que al arte (aunque en cierto modo también). El anuncio de que la película ‘El Hobbit’ se está grabando en 3D con cámaras Red a 48 fotogramas por segundo ha provocado un ligero revuelo entre espectadores y críticos. Lo interesante del tema es que según se dice, las escenas pierden «credibilidad» y apariencia «de película». Los 24 fotogramas por segundo se implantaron a finales de los años veinte del siglo XX porque era la tasa mínima a la cual era posible la ilusión óptica del movimiento sin acelerarlo. El material de filmación, hasta la llegada del vídeo digital, era caro y utilizar una velocidad mayor suponía mayores costes. Todo el sistema de producción y distribución se adaptaron a los 24 fps.

Pero hace poco más de una década se comenzaron a utilizar las primeras cámaras digitales en producciones cinematográficas. La versatilidad de lo digital dejaba sin mucho sentido el viejo modelo basado en los 24 fps. Aún era pronto. Es posible que el momento de cambiar ya haya llegado. Las salas disponen ya de proyectores digitales que permiten la reproducción de películas a cualquier tasa y los sistemas caseros también.

El problema, entiendo yo, es más de «apariencias». No sólo se trata de que la película lo sea como tal, sino de que tenga ese «look». Curiosamente, la principal crítica que se le achaca es que se ve «demasiado real» o «demasiado definido». Yo todavía no he podido ver ni un solo segundo de las secuencias a 48 fps, pero imagino que más que de superproducción, ‘El Hobbit’ tendrá aspecto de programa de televisión (o de «culebrón») con todos los medios con los que hoy puede contar una película. Puede que Peter Jackson tenga razón y haya que terminar con un estándar obsoleto y que supone una limitación técnica que ya no tiene sentido. Quizás haya que mirar hacia adelante y olvidarse de los viejos prejuicios.

2 de mayo de 2012

‘La Aventura del Espacio’

El domingo pasado estuvimos visitando la exposición ‘La Aventura del Espacio’. Tenía muchas ganas de ver qué era lo que se exponía y, aunque pensaba que después de haber visto en persona la cápsula original del Apolo X en el Science Museum de Londres nada podría captar ya mi interés, me equivocaba completamente. Es verdad que algunas de las piezas de la muestra son reproducciones extremadamente fieles (los módulos de mando a tamaño real, la cabina del transbordador espacial, el Lunar Rover o las maquetas de los cohetes entre otros), lo mejor está en los pequeños objetos.

Y es que, salvo esas copias, ‘La Aventura del Espacio’ es una exposición básicamente de objetos cotidianos. Pudimos ver la comida con aspecto de vómito plastificado que comían los primeros astronautas y cosmonautas, las bolsas de vodka que los rusos se llevaban al espacio para alegrar esas órbitas alrededor de la tierra, los trajes reales de los tripulantes de, por ejemplo, el Apolo 16, el retrete espacial del Skylab o el legendario ordenador de vuelo también del Apolo.

Para todos aquellos que somos aficionados a la historia de la carrera espacial, sobre todo de su etapa dorada (digamos entre 1965 y 1975), la exposición es sorpresa tras sorpresa. Y por si alguien no la sigue del todo, la audioguía que se nos entrega a la entrada lo explica prácticamente todo, desde una descripción de algunos objetos, al funcionamiento de un Saturno V o de un motor de reacción. Conviene por tanto no perderse ningún rincón, ninguna vitrina, porque allí encontraremos, por ejemplo, una loseta del trasbordador, una de las cámaras Hasselblad que fueron a la luna o sobres autografiados con las firmas de Neil Armstrong o Buzz Aldrin. Para colmo se podían hacer fotografías sin ninguna limitación más allá de no usar flash.

Por último, y quizás esto fue lo peor, nos perdimos el principio de la conferencia gratuita que el exdirector de operaciones de la NASA en España, Carlos González, impartió sobre los contratiempos del Apolo XIII. Aún así, y a pesar de que el pequeño aforo de la sala hizo que tuviéramos que sentarnos en el suelo, fue muy interesante y divertida. Al final, por supuesto, cualquiera pudo preguntar cuanto quisiera.

En definitiva, una visita obligada para todos aquellos aficionados a la ciencia, a la astronaútica, o simplemente a la historia del siglo XX.

12 de abril de 2012

El 4K es la siguiente meta

Parece mentira, pero hace tan solo seis años publiqué un artículo en el que comentaba el lanzamiento de la primera cámara doméstica que grababa vídeo a 1080i. Fue en octubre de 2005. Tres años después ya eran una realidad al alcance de cualquier persona y hoy día es una tecnología casi superada. Desde hace dos o tres años se vienen lanzando modelos de cámaras dirigidas al sector de cine digital profesional con capacidad para grabar vídeo a 2K y 4K, esto es, 2 y 4 veces la alta definición actual. Las ya legendarias cámaras Red pusieron al alcance de casi cualquiera (entre 6000 y 18000 euros) unas cámaras impensables muy poco tiempo antes y que alcanzan la calidad de las cámaras cinematográficas analógicas a un coste varias veces menor.

Ahora, el foco del mercado del 4K se dirige –todavía tímidamente– hacia la electrónica de consumo. Aún es pronto, pero la compañía Sony ya ha lanzado una videocámara con capacidad 4K dirigida a un mercado semiprofesional. Se trata de la NEX-FS-700 y competirá directamente con la Red Scarlet y con la JVC GY-HMQ10, al menos en el rango de precios de los 4000-7000 euros.

El avance la la tecnología de la imagen es tal vez uno de los punteros actualmente. Las mejoras que se han producido en la imagen grabada en movimiento en los últimos diez años ha sido exponencial. ¿Qué nos depararán los próximos diez años? Posiblemente la implantación como nuevo estándar del 4K, con televisores mucho más grandes (o al menos con más densidad de píxeles) que soporten estas resoluciones y videocámaras en nuestros dispositivos móviles que graben en ese formato. ¿Habrá un siguiente paso? Estoy seguro de que sí.

20 de marzo de 2012

La historia de los hermanos Judica-Cordiglia

Hace poco he visto el fantástico documental emitido por Odisea ‘Space Hackers’ (aquí traducido como ‘Hackers del Espacio’). Trata sobre la increíble historia de dos hermanos de Turín, Achille y Giovanni Battista Judica-Cordiglia, que consiguieron en los años cincuenta y sesenta poner en jaque a las autoridades norteamericanas y soviéticas interceptando las comunicaciones de sus misiones espaciales. Con medios muy rudimentarios escucharon al primer hombre en el espacio —Yuri Gagarin–, a la perrita Laika o al primer norteamericano en orbitar el planeta John Glenn.

La cosa se complicó cuando, siendo ya celebridades locales y casi nacionales, interceptaron comunicaciones que podrían resultar comprometedoras. Aquí es donde comienza la polémica. Mientras ellos califican como auténticos los sonidos de respiraciones humanas provenientes de un teóricamente satélite no tripulado soviético (la Venera 1VA) meses antes del lanzamiento del primer ser humano al espacio, hay muchos investigadores y científicos que las tachan de historias «adornadas» o directamente de fraude. Pero esa no fue la única comunicación sorprendente que presuntamente interceptaron. También proveniente del bloque soviético, aquel mismo año los hermanos pudieron escuchar una voz angustiosa de mujer que parecía estar en órbita terrestre y a punto de sufrir una reentrada fatal en la atmósfera. Ninguno de estos hechos ha podido ser contrastado, por lo que sólo tenemos las grabaciones y la palabra de los Judica-Cordiglia.

Pero estas polémicas poco importan para disfrutar de este sorprendente documental y conocer una historia que, a pesar de haber sido divulgada por diversos medios (últimamente en el programa ‘Cuarto Milenio’), sigue siendo muy desconocida. Os dejo con él:

28 de enero de 2012

Diexismo: El arte de escuchar la radio

Así dicho, puede que si una de tus aficiones es escuchar la radio, mucha gente no entienda de lo que realmente se trata. Si esa afición se convierte en un reto, estamos hablando de diexismo. Según la Wikipedia, el diexismo es «la afición de escuchar emisoras de radio lejanas o exóticas». Al contrario que los radioaficionados convencionales, en el diexismo no se interactúa con la fuente emisora, pero no por ello es menos emocionante ni adictiva.

Seguro que, igual que yo, alguna vez ha caído en vuestras manos una radio con capacidad de captar señales de onda corta. Yo, de pequeño, tuve unos walkie talkies con los que no solo podíamos hablar sino que estaba sintonizado en una frecuencia en la que se colaban numerosas emisoras de radioaficionados o de camioneros. Por aquel entonces había mucha actividad en esas bandas. Desconozco si actualmente se mantiene o ha decrecido. Pero más allá de los radioaficionados, la onda corta nos brinda la posibilidad de escuchar emisoras de radios comerciales de otros países que, a menudo, poseen servicios en castellano. También, si poseemos una radio un poco más avanzada, captaremos las frecuencias utilitarias (policía, bomberos, protección civil, etc) o de otro tipo. Y más allá, con equipos todavía más avanzados (tampoco mucho más) es relativamente sencillo escuchar las conversaciones entre, por ejemplo, aviones y torres de control. Los límites, si tenemos una radio que cubra todo el espectro de radio, son casi ilimitados.

Otra de las cosas interesantes del diexismo es que, aunque no podemos interactuar, sí podemos contactar con emisoras lejanas y remitirles vía postal los llamados informes de recepción, con diferentes datos técnicos acerca de la calidad de la recepción desde nuestra posición geográfica. Si lo hacemos bien, probablemente la emisora nos remita una tarjeta QSL que acredita oficialmente el contacto. Muchos diexistas coleccionan estas tarjetas, que son uno de los alicientes de esta afición.

No está mal tener de vez en cuando una afición tecnológica que no tenga que ver con los ordenadores o con internet. Y es que, aún hoy, no toda la comunicación pasa por un ordenador o por internet. Esto le proporciona un encanto especial. Si queréis más información, podéis visitar la web de la Asociación Española de Radioescuchas, donde encontraréis mucha información sobre este tema.

22 de noviembre de 2011

El pionero de la telegrafía eléctrica

En nuestra historia hay muchos personajes olvidados que merece la pena recuperar. Algunos de ellos son sorprendentes por la magnitud de su obra o de su capacidad de anticiparse al futuro. Para hablar de Francesc Salvà i Campillo tenemos que remontarnos hasta el siglo XVIII y XIX, a la época que se ha denominado como la Ilustración Catalana. Aunque este barcelonés fue médico de profesión, su interés por otros campos de la ciencia le llevó a experimentar con la electricidad, la aerostática, el periodismo, la ingeniería industrial o la meteorología. No en vano fue uno de los primeros meteorólogos españoles en realizar previsiones y recoger series temporales de temperaturas y pluviometría.

Pero quizás el campo por el que pasó a la historia es por establecer los rudimentos de la telegrafía eléctrica a finales del siglo XVIII, casi medio siglo antes que su inventor «oficial» Samuel Morse. A finales de 1795, Salvà publicaba en Barcelona su ensayo ‘La Electricidad Aplicada a la Telegrafía’. El estudio incluía información detallada sobre los fundamentos físicos y técnicos de la transmisión de pulsos eléctricos a través de un hilo conductor, así como sobre la construcción de los aparatos emisores y receptores. Realizó su primera prueba en público al año siguiente, en 1796, en la corte de Carlos IV y planificó la conexión telegráfica entre Alicante y las Islas Baleares, proyecto que nunca se llevó a cabo. Si se hubiera realizado sería el primer país del mundo en tener una línea de comunicaciones eléctrica. Pero como suele ocurrir, la desidia y la ignorancia de los que regían los destinos de España en aquellos tiempos olvidó tanto el proyecto como a su artífice. Para darnos cuenta de la magnitud de su influencia en posteriores inventores, Marconi reconoció a Salvà en 1901 como una de sus inspiraciones.

Hoy día puede resultar muy sencillo hablar de cables, de hilos conductores y demás, pero hemos de pensar con la mentalidad de finales del siglo XVIII. De hecho, en su ensayo, denomina los cables como «cuerdas» de metal conductor de la electricidad unidas entre sí mediante «papel impregnado en resina». Se trata de la primera descripción de un cable que existe. En el Deutsches Museum de Múnich existe un pequeño recordatorio a Salvà i Campillo y a su cable. Así lo resumió en 1876 el telegrafista Suárez Saavedra:

En 1747 los ingleses Watson, Bevis y otros, demostraron que la descarga de la botella de Leyden se hacía en un instante al través de alambres de más de doce millas inglesas[…] Si desde esta ciudad a la de Mataró —continúa Salvà— corriese un alambre, y otro desde Mataró a Barcelona, y hubiese allá un hombre que con sus manos agarrase los cabos de los alambres, con una botella de Leyden podría dársele conmoción y avisarle así sobre un asunto convenido […] Con 22 letras y aun con 18, pueden formarse todas las palabras que se requieren para ello, y así, con 44 alambres desde Mataró á Barcelona, habiendo en el primer punto 22 hombres que tuviese cada uno dos extremos o cabos, y en Barcelona 22 botellas de Leyden cargadas, podría hablarse con aquella ciudad, bastando que cada hombre representase una letra y avisase al sentir la conmoción: supongamos la reciban los que presentan las letras P, E, D, R, O; se habrá transmitido la palabra «Pedro». Esto cabe dentro de la posibilidad, pero veamos si puede simplificarse, dice Salvà. […]

Parecerá poco menos que imposible el tender tantos alambres para hacer hablar a la electricidad, pues aún en apoyos muy altos o travesaños los muchachos los desbaratarían; pero no es necesario que los alambres vayan separados, puesto que pueden montarse juntos formando una cuerda fuerte, resistente, que podría colocarse bien alta, sin que la electricidad que vaya por un hilo se pase a los otros. En las primeras pruebas —añade Salvà— que hice con un pequeño telégrafo medio armado, vestí los alambres con papel, después los arrollé, y siempre dirigí la electricidad por los que quise; siendo mejor aún el papel barnizado con pez o con materia idioeléctrica. Además de que, dando estos resultados prácticos, la cuerda de alambre podría colocarse en caños subterráneos, revistiéndola para mayor precaución con una o dos capas de alguna resina propia para aislar.

Aquellos que quieran ampliar la información, existe una biografía [PDF] que puede descargarse gratuitamente desde la web de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, organismo dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación.

21 de agosto de 2011

Coches eléctricos en el siglo XIX

Se suele decir que ya está todo inventado. Este refrán, a veces tan manido, nunca pensé que podría aplicarse al mundo de la tecnología. Pero lo cierto es que, revisando unos números de ‘La Ilustración Española y Americana’ me topo con un artículo dedicado ni más ni menos que a unos coches eléctricos que funcionarían en la Exposición Universal de París de 1900. La sorprendente historia viene con varias fotografías de rudimentarios automóviles (apenas hacía diez años que el invento había visto la luz). El cronista de la época lo contaba así:

De aquí a dos o tres semanas, la Compañía de coches que con tanto acierto preside Mr. Bixio, cuyo nombre es popularísimo en el mundo comercial, pondrá al servicio público un centenar de coches movidos por la fuerza eléctrica y destinados a servir de experimento, de ensayo práctico, si así puede decirse. De los resultados de esta tentativa audaz depende que los visitantes de la Exposición de 1900 encuentren un servicio cómodo, rápido, elegante y barato para visitar París recorriéndolo en todas direcciones sin los inconvenientes de la tracción animal y sin el touf touf desagradable del motor de petróleo.

La velocidad máxima de estos artilugios era, según el texto de 15 km/h. Esta limitación no era precisamente por la tecnología, sino que es una autorregulación para evitar atropellos a los transeúntes, acostumbrados a los vehículos de caballos fácilmente esquivables incluso si el peatón circulaba por el medio de la calle. Muchos de vosotros pensaréis que esto del coche eléctrico fue algo minoritario, pero la verdad es que fue la tecnología que predominó hasta los años 20. Al comenzar a escribir este post no tenía ni idea, pero el dato es cierto. Sólo a partir del final de la primera guerra mundial, el petróleo comenzó a distribuirse masivamente y su precio descendió. Al mismo tiempo, la técnica hizo los motores de combustión más silenciosos y fiables. Los coches eléctricos entraron entonces en declive.

Pero no deja de ser sorprendente que, algo que ahora estamos redescubriendo, fuera algo habitual en los automóviles de hace más de un siglo…



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