Ha llegado la hora de echar la mirada atrás. Los doce meses del 2010 nos han traído muchas novedades, sorpresas agradables la mayoría, y retornos esperados (algunos mucho, como el de Los Planetas). Pero si hay una palabra que defina el panorama del pop independiente nacional es abundancia. Este es uno de esos años en el que me gustaría que en la lista de canciones cupieran veinte temas y en el de discos diez. Muchas grandes canciones se han quedado fuera y también discos muy sonados, pero que dado lo apretado de la oferta, se han quedado a las puertas. Es lo que ocurre con ‘Una Ópera Egipcia’ de Los Planetas, ‘Año Santo’ de Triángulo de Amor Bizarro, ‘LP2’ de Los Punsetes o ‘Rompecabezas de Moda y Perfección Moral’ de Ornamento y Delito por poner sólo tres ejemplos.
La gran noticia es que, después de unos cuantos trabajos, los murcianos Klaus & Kinski por fin consiguen situarse en lo más alto. El premio imaginario a mi disco nacional favorito de 2010 es para la banda de Alejandro y Marina y el estupendo ‘Tierra, Trágalos’. Siempre fieles a su estilo, ofrecen variadas melodías con unas letras a caballo entre la ironía y la profundidad. Su tema ‘Forma, sentido y realidad’ también cosecha éxitos situándose en la segunda posición de la lista de canciones. Klaus & Kinski comparten con El Guincho el protagonismo de lo mejor del año. Con sus sonidos tropicales, caribenos o africanistas (o como queramos llamarlo) y su pop ochentero ha captado mi atención hasta el punto de que su tema ‘Bombay’ ocupa el primer puesto de canciones nacionales. Su disco ‘Pop Negro’ queda en el segundo lugar en álbumes. Pero la ola de «etnicismo pop» no se queda aquí. Los largos desarrollos de house pop onírico de Delorean nos recuerdan un poco a Animal Collective y son sin lugar a duda una de las bandas con sonido más vanguardista, marcando tendencias incluso a nivel mundial. ‘Subiza’ se cuela en la tercera posición de álbumes. Si quieres saber dónde esta lo más avanzado del indie nacional tienes que escucharlo.
Uno de los fenómenos en alza, y que ya se han confirmado en 2010, es la supremacía absoluta de internet como medio para difundir la música. Webs como Bandcamp nos permiten descubrir maquetas o discos autoeditados de gran calidad. De la red salen bandas como Salonica y su impresionante canción ‘Puzzle’, Los Ingenieros Alemanes y la «planetaria» ‘Saber y Ganar’ o Los Directivos con su ¡por fin! primer y estupendo largo ‘Por Amor y Jerarquía’ y canciones pegadizas como ‘Ellas me llaman de usted’. Mención aparte merecen los oscuros y «nachoveganianos» Ornamento y Delito. Sus temas brutales y con letras polémicas y algo irónicas como ‘El Madrid de los Austrias’ (parecía imposible mezclar en una misma canción a José Antonio Primo de Rivera, Don Pelayo o el 11-M) ocupan la segunda posición en mi lista de canciones favoritas. Se ha quedado a las puertas de mi lista de discos favoritos.
Completan este repaso rápido por lo mejor del indie patrio de 2010 los mallorquines Papá Topo y su falso «tonti-pop»con un himno veraniego aparentemente absurdo como es ‘Lo que me gusta del verano (es poder tomar helado)’ o los veteranos Lori Meyers. El retorno de los de Granada nos ha sorprendido a todos después de desconcertarnos con su giro estilístico. ‘Cuando el Destino nos Alcance’ cierra la lista de los cinco discos nacionales favoritos de la temporada y ‘Mi realidad’ ocupa también la quinta posición en canciones. Veteranos son también los gallegos Nadadora. Aunque su disco es irregular, ‘Una nueva vida’ –su sencillo– merece cerrar al menos la lista de temas nacionales.
Rebuscando por internet como tantas veces uno se encuentra con cosas curiosas. Una de ellas es la que os presento hoy. Probablemente la mayoría de vosotros, como yo hasta hace poco, nunca había oído hablar de la palabra guilloché o guilloche sin tilde, pero muchos sabréis de que se trata. Estoy convencido de que algunos habéis utilizado un espirógrafo, esas rueditas dentadas llenas de agujeros que giraban en torno a un eje descentrado sobre un tope circular también dentados. En esas perforaciones se introducía la punta de un bolígrafo o un rotulador y haciendo girar la ruedita conseguíamos dibujos increíbles y a veces muy complicados.
Pues bien, estas figuras geométricas generadas mecánicamente basadas en la rotación de ejes descentrados es lo que se denomina guilloche. Aunque aquellas herramientas eran una forma muy rudimentaria de lo que puede llegar a conseguirse, en su versión más compleja fue durante mucho tiempo la base de los billetes de banco y otros documentos oficiales susceptibles de ser falsificados. En los tiempos en que no existían métodos de reproducción automáticos, los guillochés eran el más eficaz modo de luchar contra los hábiles copistas manuales.
En la actualidad, los billetes de banco han simplificado enormemente su diseño. Son más minimalistas precisamente porque las medidas de seguridad ya no pasan en su mayoría por lo que se ve, sino por lo que está oculto (filamentos fluorescentes, motivos de coincidencia, relieves, etc). Por ejemplo, en los modernos billetes de euro ya no encontramos guillochés, tal y como ya ocurrió con la última serie emitida de billetes de pesetas. Tampoco en el actual documento nacional de identidad (pero sí en el anterior). El pasaporte en cambio aún lo lleva en sus páginas.
Si queréis introduciros en el mundo de los guillochés con vuestro ordenador, existen varios programas que permiten la confección de estos dibujos, llegando incluso a poder realizar formas de gran complejidad. Para los que tengáis un Mac existe Excentro, un completísimo software de pago (hay una versión gratuita de prueba) con el que se consiguen resultados profesionales. También SecuriDesign, un complemento para Corel Draw, realiza esta misma función. Si sólo queréis juguetear un poco, probad el sencillo generador de guillochés de SubBlue directamente sobre la web.
La séptima entrega de la serie sobre nuestro viaje a Barcelona trata acerca de la Plaza de España y la montaña de Montjuic –excepto el castillo y las espectaculares vistas que nos quedaron pendientes quién sabe si para otra visita en el futuro–. Lo que sí que está es el recinto construido para la Exposición Internacional de 1929 y el Anillo Olímpico. Muchos de los más emblemáticos símbolos de la ciudad están aquí.
A nivel técnico, al ser estas las primeras tomas que hice tras bajarnos del tren, quizás aún no me había «entrenado» lo suficiente. Por eso he tenido que eliminar muchas secuencias defectuosas, quedándome al final con sólo una pequeña parte del total, incluida la subida a Montjuic por las escaleras mecánicas, de la que hay algunos pequeños fragmentos. Para la música, siempre complicada, he seleccionado a The Cinematic Orchestra y un tema que no «invadiera» demasiado las imágenes, pero que aportara un toque elegante. Al final el resultado es un clip algo más corto que los demás (igual que ocurre con la siguiente entrega). Espero que os guste:
‘La Red Social’ es sin duda una de las películas del año en el «mundo real», es decir, dentro del cine comercial norteamericano. Ciertamente no hace falta mucho para conseguirlo. Había algo en esta producción dirigida por David Fincher (‘Seven’, ‘Zodiac’) este mismo año que me atraía más allá del argumento y que no sabría decir qué es. La historia de ‘La Red Social’ es la narración de un juicio, el de ConnectU contra Facebook en 2008 por un asunto de patentes. En forma de flashbacks, a veces un poco confusos, se va cosiendo el argumento, contado de una manera excesivamente frenética.
Personalmente, creo que ‘La Red Social’ es una película que engancha a pesar de que su insoportable fachada de «más de lo mismo». La mayoría de las secuencias tienen apariencia falsas y los personajes y sus diálogos efectistas y repletos de tópicos y ocurrencias me ponen enfermo. Además probablemente disten mucho de la realidad. Básicamente la historia de universitarios de Harvard se divide entre los niñatos hijos de papá y los cerebritos adheridos a sus ordenadores. En el papel de los primeros, los gemelos Winklevoss y su idea de Harvard Connect (posteriormente ConnectU), y en del segundo Mark Zuckerberg» con su Facebook.
Quizás el planteamiento, el enfoque, sea lo más acertado de la película. El rancio universo de las «houses» de Harvard, los clubes exclusivos y toda esa parafernalia que hemos visto muchas veces en el cine británico y norteamericano. A lo largo de todo el film, Fincher muestra a Zuckerberg casi como un marciano en un mundo que no es el suyo, obligado por unas convenciones sociales que a él le parecen estúpidas. Pero también como una persona sabia e inteligente que maneja como él solo las dosis necesarias de cinismo e ironía como un escudo contra los ataques del mundo exterior.
En definitiva, una película curiosa con un argumento que se sale de lo normal y que entretendrá a aquellos que les interese este mundo a caballo entre la informática y los negocios. De hecho no es fácil escuchar en la gran pantalla palabras como Perl, PHP, Apache o SSL, ni ver el gestor de ventanas KDE o el gestor de blogs LiveJournal…
Detrás de nombres como el de José María Cruz Novillo (Cuenca, 1936), sólo conocidos en el ámbito del diseño, está uno de los artistas más influyentes y premiados de la historia de España. Muchos de sus trabajos los vemos a diario en forma de logotipos e imágenes corporativas e incluso los hemos llevado en la cartera y en el bolsillo. Ha trabajado para las principales instituciones del Estado y también para las más destacadas empresas españolas desde los años setenta. Probablemente su trabajo más importante sea el que hizo para el Banco de España. Fue ni más ni menos que la penúltima serie de billetes de pesetas que se lanzaron entre 1982 y 1987 y dedicada a literatos españoles.
Emblemáticos fueron también sus diseños de logos de RENFE, Correos, Repsol, la cadena COPE, el escudo simplificado de la Policía Nacional, el puño y la rosa del PSOE, Tesoro Público, la antigua imagen de Antena 3, Endesa, el Grupo PRISA y muchos otros. También ha realizado obras en el campo de la escultura. La más popular es la que preside la plaza de Picasso de Madrid (frente a la Torre Picasso). También son muy conocidos sus trabajos de cartelería para diversas películas como ‘La Escopeta Nacional’, ‘El Sur’ o ‘Los Lunes al Sol’ entre muchas otras. En 2006 fue nombrado miembro de la Academia de las Artes de San Fernando.
Su estilo como diseñador es muy caraterístico. Sobre todo en sus primeros trabajos se aprecia una preferencia por las líneas esquemáticas y contundentes, fácilmente diferenciables y legibles, de fácil reproducción en una época donde las técnicas de reprografía no eran tan avanzadas como lo son ahora y que esa sencillez es sinónimo de elegancia y atemporalidad. De hecho muchos de sus logos de los años setenta y ochenta siguen utilizándose sin ningún cambio.
A lo largo de las últimas dos semanas, nombres como WikiLeaks, cable o Julian Assange se han escuchado y leído más allá de los medios de internet. Ya en agosto di mi opinión sobre WikiLeaks y lo que pensaban algunos más conspiranoicos que yo. La publicación de los mensajes diplomáticos, la detención de Assange por unos delitos que aparentemente nada tienen que ver con las filtraciones, el boicot de varias grandes empresas como Amazon, PayPal o MasterCard a WikiLeaks y la posterior «venganza» de los hackers de Anonymous han conseguido que vuelva a escribir sobre el tema.
Es un asunto muy complejo y lleno de matices que hay que enfocar necesariamente desde un punto de vista. En mi caso me permito citar el post de David de Ugarte en el blog de Las Indias, titulado «Del estado de alarma a WikiLeaks y por qué Assange no nos hace más libres», con el que estoy muy de acuerdo. Llama la atención que un sitio web tan subversivo y poco convencional «ceda» los documentos productos de las filtraciones a cinco medios de comunicación escrita «mainstream» de todo el mundo (The New York Times, El País, Der Spiegel, Le Monde y The Guardian), que a su vez son cabeceras de poderosos emporios mediáticos, en vez de colgarlos todos de su web, o al menos irlos distribuyendo para evitar una indigestión de información. Como bien dice De Ugarte, los medios interpretan los mensajes diplomáticos según sus intereses económicos y políticos. Vamos, que los «cocinan» de algún modo, bien sesgando o bien interpretando. De igual manera, la información vuelve a estar en manos de unos pocos medios como hace décadas. Es como si internet hubiera sido relegado en favor de volver a centralizar el conocimiento.
Sobre la figura de Assange yo me vuelvo a preguntar, como ya hice en aquel post, en el por qué de una cabeza visible en una organización virtual que opera íntegramente en internet y que lo hace con un material tan sensible. Personalizar en un solo personaje el trabajo del grupo de voluntarios de WikiLeaks es un error. En cualquier caso, la filtración de esos 250 000 documentos de la diplomacia de los Estados Unidos (aunque en la web se vayan colgado de poco en poco) se ha convertido en una pequeña revolución digital que ha removido conciencias y poniendo negro sobre blanco las manipulaciones de presión de la superpotencia sobre el resto del mundo.
Escribí en junio del año pasado un post acerca de por qué no está permitido fotografiar sin flash dentro de un museo. Ya entonces aquellas preguntas que me hice quedaron sin respuestas convincentes, llegando a la conclusión de que los únicos lugares públicos donde está prohibido es básicamente por razones de seguridad. He retomado esta polémica por lo que me sucedió el otro día en el Museo Nacional de Arte Reina Sofía de Madrid. Mientras grababa vídeo con mi cámara en la exposición (magnífica por cierto) dedicada a Val del Omar una de las personas encargadas me dijo que no se podía hacer vídeo. Como no tenía ganas de fiesta no le pregunté la razón y seguí grabando, pero esta vez de forma más discreta.
Sé que hay mucha otra gente que se pregunta lo mismo que yo porque buscando explicaciones a esta actitud me he encontrado con personas como yo. Pero no hay ninguna respuesta. No es una cuestión de derechos de imagen o propiedad intelectual, ya que, por ejemplo en el Reina Sofía, no está prohibido realizar fotografías, pero sí vídeo. Mi curiosidad aumenta cuando más o menos lo mismo me ocurrió en el Museo de la Evolución de Burgos: Fotos sí, vídeo no. Ambos museos son de titularidad pública y pagadas con nuestros impuestos y con el importe de nuestra entrada (este doble pago también debería ser motivo de otro post).
Tanto uno como otro son, sin duda, lugares públicos y un poco de todos. Estas medidas además no van dirigidas a proteger los fondos expuestos, sino a coartar la difusión y promoción de estos museos en redes sociales o webs especializadas en vídeo. El Reina Sofía está apuntado a muchos de estos sitios, como YouTube, Vimeo, Flickr o Facebook entre otros. Sólo se muestra contenido audiovisual oficial y, salvo excepciones (se pueden subir fotos –vídeos no– a su Flickr), no permite contribuir con material de los visitantes. Conclusión: me ha parecido decepcionante que un museo presuntamente abierto y moderno aún tenga normas tan absurdas. Y, por supuesto, me parece paradójico que no se permita filmar la exhibición de un genio desconocido de la imagen en movimiento, un maldito del cine que experimentó con tecnologías insólitas como fue José Val del Omar…
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