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La bitácora personal de Ricardo Martín
Comentando cosas desde 2004
2 de septiembre de 2010

Ping, la red social musical de Apple

Ayer, junto con la renovación de casi toda la gama iPod (faltó el iPod Classic), Apple presentó iTunes 10. La décima versión de esta ya veterana y emblemática aplicación de la compañía de la manzana mordida incluía entre otras novedades una especie de red social (sí, es el concepto de moda) musical asociada a la tienda iTunes Store. Esta misma mañana me he descargado la actualización del programa y hace un rato me he puesto a darme de alta y juguetear un poco con el invento.

Ping, que así se llama la cosa (muy originales no han sido, la verdad), está integrado en iTunes y sólo funciona con iTunes. Para mí eso no supone un problema, ya que toda la música que escucho y la sincronización de mis iPods lo hago a través de él. Lo que ya no me ha gustado tanto es que este diseñado para vender. Diciéndolo de otro modo: sólo funciona con la música adquirida –comprada– a traves de la plataforma iTunes Store. En un mundo donde Apple es la líder en el mundo de los reproductores de música, podía haber aprovechado todo el potencial que eso supone para crear una verdadera red social musical que acabaría –no tengo dudas– con otras como Last.fm o Spotify.

En definitiva, y visto lo visto, no creo que Ping tenga mucho recorrido. Lo que muchos esperamos es que Apple la abra a todo tipo de contenidos reproducidos en iTunes y en los iPods

1 de septiembre de 2010

Visiones de Madrid (I): Teleférico de la Casa de Campo

A lo largo de estos últimos meses he acumulado un montón de material sobre Madrid entre fotos y vídeos que no sé muy bien cómo montar para que el clip resultante tenga coherencia. Al final se me ha ocurrido crear una serie de pequeños vídeos que he llamado ‘Visiones de Madrid’ (ya sé que no es muy original), dentro de la que iré subiendo poco a poco clips temáticos que podrán tratar sobre cualquier tema, aunque generalmente serán sobre lugares concretos. El primero de ellos que os ofrezco es sobre el teleférico de la Casa de Campo, una de las atracciones más conocidas de la capital y un magnífico medio de transporte para cualquier visitante que quiera contemplar una de las mejores vistas que se pueden tener de Madrid. Es cierto que las estaciones se han quedado algo anticuadas y que las cabinas no son último modelo, pero merece la pena subir…

31 de agosto de 2010

Sobre ‘La Sombra del Viento’

En los años 2001 y 2002 se produjo un fenómeno editorial con muy pocos precedentes (por no decir ninguno) en España. La publicación de ‘La Sombra del Viento’ del autor barcelonés Carlos Ruiz Zafón conmovió los estantes de las librerías y las cuentas corrientes de alguna que otra editorial. Aún faltaba al menos un año para que Dan Brown pegara su campanazo con ‘El Código Da Vinci’ y todo el fenómeno que le sucedería. Han tenido que pasar ocho o nueve años después de aquel boom para que yo me haya decidido a leerlo. Así que voy a comentar a grandes rasgos mis impresiones sobre el libro.

El motivo principal por el que quería leerlo, y precisamente ahora, es porque se ambienta en Barcelona, una ciudad que –si no ocurre nada imprevisto– visitaré en los próximos días. En su día ya leí buena parte de la obra de Eduardo Mendoza (especialmente ‘La Ciudad de los Prodigios’ y la trilogía formada por ‘El Misterio de la Cripta Embrujada’, ‘El Laberinto de las Aceitunas’ y ‘La Aventura del Tocador de Señoras’), ‘Cosas que Hacen BUM’ de Kiko Amat, ‘Corazón de Napalm’ de Clara Usón y posiblemente algún otro que ahora mismo no recuerdo. ‘La Sombra del Viento’ se viene a sumar a todos estos libros.

Me acerqué a esta obra sin ideas preconcebidas y con la intención de pasar un buen rato leyendo. Me esperaba un libro adictivo, de esos que no puedes dejar de leer. Y en parte ha sido así. La presentación de los personajes y el planteamiento de la historia resultó muy interesante y prometedora. Luego las cosas cambiaron, y no precisamente para bien. El protagonista y narrador Daniel Martín me pareció algo insulso y carente de personalidad. Por contraste, el de Fermín Romero de Torres tiene un aire folletinesco y en muchos aspectos casi «eduardomendociano» en sus histriónicos disparates. También he visto la sombra de Mendoza en algunos escenarios, como el caserón abandonado de los Aldaya de la avenida del Tibidabo. El libro comienza su lenta decadencia antes de completar su primer tercio. Quizás cuando entra en juego el personaje de Nuria Monfort. La historia se va disipando y el interés va decayendo hasta el punto de que cuando comienza la tercera parte del libro (las memorias de Nuria) poco me importa ya lo que ocurra. Mi único interés en terminarlo es saber si he acertado con el desenlace que me imaginaba al poco de comenzar a leerlo. Y resulta que sí.

Si hablamos de las formas, la novela tampoco es un prodigio. Tiene la virtud de leerse bien, con una prosa ágil y rápida y con algun que otro acierto literario, sobre todo cuando describe edificios, calles o personajes, casi siempre con un tenebroso velo gótico o romántico y un cierto gusto por lo escabroso. Pero a la hora de los diálogos la sensación que me deja es de que son algo forzados, fuera de lugar. Ese contraste entre descripciones y diálogos me ha parecido uno de los desaciertos formales más graves del libro y que a menudo rompe la atmósfera que el autor pretendía construir.

Con esto no quiero desanimar a los que tienen la intención de leerlo. Los que no lo hayan hecho que lo hagan. Esto es sólo una opinión personal que no tiene por qué coincidir con la vuestra. De hecho es muy posible que no coincida. Pero lo cierto es que después de haber leído algunos de los libros que comentaba al principio, ‘La Sombra del Viento’ sabe a muy poco. A pesar de todo intentaré no dejar de pasear por la calle de Santa Ana, ni acercarme hasta Els Quatre Gats o hasta el número 32 de la avenida del Tibidabo montado en el Tranvía Azul…

30 de agosto de 2010

La teoría de la curva de Hubbert: El pico del petróleo

Todos hemos escuchado alguna vez hablar sobre las predicciones de agotamiento futuro del petróleo y los demás productos energéticos no renovables. Algunos decían que tendríamos suministro para veinticinco años, otros para cien y otros que el fin de los combustibles fósiles era inminente. Existe una teoría científica llamada «peak oil» o «pico del petróleo» en su acepción castellana más correcta. Alude a la gráfica derivada de la teoría de la curva de Hubbert en alusión a su autor, el geofísico de la compañía petrolera Shell Marion King Hubbert. ¿Y qué dice esta teoría? Básicamente que la cantidad de petróleo extraído en todo el mundo forma una curva ascendente hasta un determinado nivel máximo (este es el llamado «pico del petróleo») a partir del cual comienza a descender. Eso significa que los costes de extraer un barril de crudo es cada vez mayor. Cuando ese nivel es demasiado bajo, la producción deja de ser rentable. Esta gráfica puede aplicarse a pozos concretos de extracción, a la producción de un país o de todo el planeta.

Hubbert predijo en 1956 con éxito cuándo los Estados Unidos alcanzarían ese punto máximo y acertó de pleno, situándolo entre finales de los años sesenta y principios de los setenta. En 1970 se comprobó lo acertado de su predicción. Aplicando de nuevo su teoría, en los setenta predijo que el pico mundial tendría lugar entre 1995 y 2000. Una predicción fallida en la que probablemente han entrado en juego otros factores más complejos y no contemplados en el cálculo. Aún así se siguen realizando predicciones que arrojan nuevas y cercanas fechas que indican que la producción mundial de petróleo está a punto de alcanzar su cénit. Según la asociación de estudiosos del tema, la ASPO (Association for the Study of Peak Oil), que engloba a científicos y economistas de todo el mundo, ha predicho, usando la teoría de Hubbert que esa producción máxima ocurrira entre 2010 y 2015, con lo que de nuevo estamos dentro del tiempo. Y si vuelve a fallar, las nuevas predicciones se acercarán poco a poco a la fecha real. Lo que nadie duda ya es de que tendrá lugar más pronto que tarde. Eso significa que la producción disminuirá no por causas políticas y estratégicas, sino por que ya no se puede abastecer la demanda como hasta ahora.

Probablemente en estos momentos se consumen más derivados del petróleo que nunca. Existen más aviones que nunca y los gigantes chinos e indios (una tercera parte del planeta) están despertando al consumo, y generando una demandanda de transporte por carretera y energía que antes no existía. En occidente el consumo de combustibles fósiles también crece, las familias se mueven en automóvil más que nunca. Según la teoría de Hubbert, en breve vamos a entrar en el declive de la producción de petróleo. El asunto se está tomando muy en serio y, además de la ASPO, existen otras organizaciones que estudian el tema con mucho detenimiento e incluso con preocupación. Mientras, la industria del automóvil y las grandes petroleras ignoran en público el asunto, aunque ya se comienzan a buscar alternativas. Si realmente la escasez comienza pronto, aún no existe una energía lo suficientemente desarrollada y barata como para sustituir al gas y al petróleo. Incluso los más catastrofistas hablan de un colapso de la economía mundial que provocaría un retroceso sin precedentes en el nivel de vida de los ciudadanos (del mundo industrializado, se entiende) y conflictos entre naciones. No en vano, algunos de los países que cuentan con mayores reservas de crudo están en el ojo del huracán informativo día sí y día también: Venezuela, Irán o Irak están entre ellos ¿Casualidad?

29 de agosto de 2010

‘Fish Tank’

La moda del cine social se está convirtiendo poco a poco en una plaga, no por que este cine no sea de interés, sino porque muchos se están apuntando a él con más bien poco criterio. El Reino Unido ha sido siempre, junto con Francia, los reyes de este género desde los años sesenta o incluso antes. Por ejemplo todos hemos visto las obras de Ken Loach, el director que retrata los conflictos sociales a lo largo de ya varias etapas históricas de su país. La realizadora Andrea Arnold, directora de la producción británica ‘Fish Tank’ (2009) parece una de sus alumnas aventajadas. A lo largo de todo el metraje es complicado no ver ni comparar el espíritu de Loach. Ganó el Oscar de Hollywood en 2004 al mejor cortometraje de ficción con ‘Wasp’.

Mia es una joven de quince años que vive con su madre (una cabeza loca) y su hermana pequeña. No estudia (fue expulsada del instituto) ni trabaja (no tiene edad). Sólo se dedica a vaguear por la calle, a bailar y a visitar a una yegua blanca de un cercano poblado de gitanos. Esa vida se quebrará cuando se entera de que su madre tiene un nuevo novio. Una nueva perspectiva se abrirá ante ella, aunque las cosas finalmente no serán como parece.

Y es que no basta con coger la cámara al hombro, no basta con montar un hogar desestructurado con una madre alcohólica ni que la acción se desarrolle en un suburbio marginal de una gran ciudad, ni que el protagonista sea un chico/a que sueña con un futuro mejor a pesar de las circunstancias. Hace falta una historia de verdad, que aporte algo nuevo, que sea interesante y que nos lleve por lo menos a la reflexión. Al terminar de ver ‘Fish Tank’ nada de esto ha ocurrido. La cinta me ha sabido a poco. Una lástima por su protagonista, la joven Katie Jarvies, que hace un magnífico trabajo de interpretación, al igual que el resto del reparto. A pesar de todo, recomendable para los que buscan un cine diferente. La película obtuvo el premio del jurado en el Festival de Cine de Cannes de 2010.

28 de agosto de 2010

La trilogía del «cine informático» de los ochenta

A comienzos de los años ochenta, el boom de la electrónica y de la informática ya era un hecho. Los ordenadores comenzaban a entrar en las casas y la cultura popular se empezaba a impregnar de bits, chips, teclados, monitores y videojuegos. Por supuesto el cine no iba a ser una excepción. Y pensando en este tema se me ha ocurrido dedicar una entrada a ese cine de puro entretenimiento que tienen a los ordenadores como protagonistas (o al menos como co-protagonistas). Me refiero a ordenadores en el sentido más estricto, no a robots ni a películas futuristas, sino a cómo se veía la informática en aquellos albores de la la informática popular. El «aquí y ahora» del sentimiento social de esos años acerca del tema.

Para ello he seleccionado tres películas, similares pero a la vez muy diferentes: ‘Tron’ (1982), ‘Juegos de Guerra’ (1983) y ‘Sueños Eléctricos’ (1984). Las dos primeras producciones norteamericanas y la tercera co-producida por el Reino Unido. Estas cintas forman una peculiar trilogía que engloba todos los aspectos, los vicios y las virtudes de la tecnología, desde el más fantasioso, al más terrorífico, del más abstracto e inexacto al más concreto y preciso, de la comedia a la ciencia-ficción e incluso al terror. Y por supuesto la política.

‘Tron’, el comienzo de una nueva etapa.

Hacer una película con imágenes sintéticas cuando apenas había ordenadores capaces de mostrar más de 16 colores en pantalla sin duda debió ser un reto. De hecho, la mayoría de las supuestas infografías que aparecen están realmente realizadas mediante animación tradicional (la productora Buenavista pertenece a Disney, con lo que no debieron tener grandes problemas) y en las que aparecen los personajes en el «mundo virtual» fueron pintadas a mano sobre una película original de alto contraste y en blanco y negro. El resultado es quizás algo extraño e inquietante. Hoy las animaciones nos pueden parecer ridículas, ya que cualquier teléfono móvil actual genera infografías mil veces mejores, pero en aquellos tiempos debió ser revolucionario.

No hay duda de que fue una película que, a pesar de no ser un gran éxito comercial, a la larga causó gran impacto en la cultura popular de la época, siendo una influencia incluso estética. A nivel puramente cinematográfico no hay gran cosa que decir. Es la típica historia de buenos contra malos, de los rebeldes (de color azul) contra el mundo opresor y dictatorial (de color rojo). Las connotaciones políticas y sus referencias veladas al comunismo (recordemos que estamos en pleno recrudecimiento de la guerra fría) son evidentes a poco que se interprete.


‘Juegos de Guerra’, la catástrofe posible.

‘Juegos de Guerra’ es sin duda la película más solida, más verosímil y mejor construida de las tres. De nuevo el fantasma de la guerra fría planea sobre el argumento, aunque desde un punto de vista pacifista. La informática ya no es algo etéreo y casi misterioso destinado a científicos de alto rango y genios como en ‘Tron’, sino que los estudiantes más «listillos» podían tener uno en su casa y además comunicarse con el exterior. Las primeras secuencias de David en su habitación, introduciendo esos disquettes enormes de 8 pulgadas en el lector y colocando el teléfono en el módem forman parte ya de la memoria colectiva de muchos de nosotros.

Como ya he comentado, el argumento es el más plausible. Un chico entra por error en un superordenador de la defensa de los Estados Unidos y provoca una guerra mundial. En la prensa de aquella época e incluso de años después hemos leído algún caso, no tan exagerado, con cierta similitud. Quien asesoró al director y al equipo hizo un buen trabajo, porque el resultado en la gran pantalla tiene detalles bastante creíbles incluso para un experto. Además, estupendo trabajo también de los actores.

‘Sueños Eléctricos’, la informática se hizo popular.

La película comienza con lo que era el sentimiento de la época, el zeitgeist de los prósperos primeros años ochenta. La sociedad occidental se tecnificaba rápidamente con microordenadores, calculadoras, relojes de pulsera que hablan, walkmans o terminales de venta conectados en red mientras el protagonista los contempla casi horrorizado. ‘Sueños Eléctricos’ es la aplicación de la estética pop ochentera, casi de anuncio publicitario, al mundo de una tecnología ya al alcance de cualquiera.

El guión y la forma de enfrentarse a la cosa de la informática es bastante irregular. Tiene momentos memorables, «rayadas» increíbles (que cada uno lo interprete como quiera), un homenaje a Philip K. Dick y secuencias de vergüenza ajena. El guión es algo (o muy) inconsistente y tiene muchísimos fallos. Casi podemos considerar a ‘Sueños Eléctricos’ como un conjunto de videoclips que apelan a la emoción del espectador más que a establecer un argumento racional. Aún así, es una película para recordar. Es la única de las tres que no había visto de pequeño. Y es que, a pesar de que su banda sonora es archiconocida (quién no ha escuchado alguna vez el Love is Love’ de Culture Club, compuesto para esta película) y es el principal atractivo de la cinta, no fue popular aquí en España. La copia que he conseguido es un ripeo de VHS y subtitulada.


27 de agosto de 2010

Los vídeos de Muestra ’86

Como cada cierto tiempo, mi recopilación musical personal Muestra Musical llega a una nueva edición. En esta ocasión es la 86, la tercera de este año. En él recojo buena parte de mis descubrimientos musicales de los últimos meses. Son bandas como The New Lines, Karaocake, Of Montreal, Salonica, The Pinker Tones, Los Ginkas, The Parisians, Betacam o Kokoshca que nunca antes habían aparecido en mis recopilaciones. Es por tanto, un disco en el que más de la mitad son cosas nunca antes escuchadas, lo que demuestra lo mucho que se está moviendo el panorama musical nacional e internacional en estos tiempos. Junto a ellos, grupos consagrados o al menos más conocidos por estos lugares como Arcade Fire, Los Directivos, Octubre, The Coral, !!! o Tender Trap.

En suma, la clásica combinación entre cosas nuevas, grupos veteranos pero por descubrir, y consagrados con gran predicamento entre los aficionados. Y por supuesto, para terminar, vamos con los siete vídeos originales que he encontrado de Muestra Musical 86:



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