Ahora mismo están de actualidad los sistemas de interceptación de las comunicaciones. Lo estuvieron en su día cuando se habló por primera vez de Echelon, después con Carnivore, y ahora a nivel nacional con SITEL. Algunos han querido relacionar este sistema de escucha elaborado por la compañía sueca Ericsson en 2000 con los recientes casos de corrupción en el PP. No digo que esto no sea así, pero determinados medios de comunicación conservadores y ultraconservadores llevan algunas semanas sembrando dudas y sospechas sobre el correcto uso de este sistema. El tema es complejo porque entran en juego asuntos jurídicos y técnicos de gran calado. Esa complejidad se agrava cuando SITEL es un sistema más o menos secreto en su funcionamiento y alcance por razones evidentes. La información oficial sobre él, imagino, es clasificada. Pero sobre lo que yo quería hablar se escapa a las trifulcas partidistas a las que estamos acostumbrados.
Hay mucha gente que es dada a exagerar. Ya he leído calificativos como «El Gran Hermano de Zapatero», «La oreja electrónica de Zapatero» y otros por el estilo. Es verdad que los ciudadanos de a pie tendemos a inquietarnos con todo lo que suene a espionaje, porque pensamos que nosotros podemos estar siendo espiados. ¿La razón? Nadie nos dará una respuesta, pero parece ser que al poder les interesa mucho nuestra vida, nuestras conversaciones y nuestros correos electrónicos (ironía, por supuesto). Apliquemos el sentido común. Me resulta complicado pensar que exista una capacidad de procesamiento tal (ni de almacenamiento) que permita «capturar» simultáneamente todo el tráfico que se genera mediante las comunicaciones electrónicas. Y en el supuesto caso de que se pudiera guardar todo, esa información de por sí no sería útil, habría que someterla a un proceso de clasificación y selección. Por tanto, eso de Gran Hermano quizás deberíamos dejarlo para alguna película.
Sin embargo, la perdida de privacidad es un hecho incuestionable. Y no por el SITEL, sino por el desarrollo de la electrónica en general. Somos vulnerables. Cualquiera puede romper la protección de una red inalámbrica si no está adecuadamente configurada, recuperar información borrada de un disco duro o una tarjeta de memoria, averiguar datos navegando por redes sociales o incluso llevando el ordenador a reparar a una tienda de informática poco profesional. Son «orejas» electrónicas menos sofisticadas pero que pueden poner en grave peligro nuestra privacidad. Son mucho más mundanas y también por eso más temibles que un SITEL, con el que digan lo que digan, es un sistema «oficial» y por tanto tenemos ciertas garantías ante la Justicia. Conclusión, hoy día la única forma de escapar a esto es volver al siglo XIX ¿Estamos dispuestos? Yo no.
Ayer avanzaba que, contra todo pronóstico, Google había añadido una actualización mastodóntica a Maps Street View en cuanto a España se refiere. Desde que lo descubrí he dado muchas vueltas y me he metido por muchos rincones, a la búsqueda de lugares que he visitado o donde he vivido. También me ha sorprendido bastante que el coche de Google Maps haya pasado por muchos lugares con tal sigilo y rapidez que no haya quedado reflejado en la prensa local ni haya fotos en los foros especializados que se dedican a capturar estos avistamientos.
Un ejemplo es Zamora. Según el reloj del edificio de la Junta de Castilla y León, el coche pasó a eso de las diez y media de la mañana del 2 de octubre (del año pasado). Dio una vuelta por las calles, rondas y avenidas que rodean el último recinto amurallado (Trascastillo, avda del Mengue, avda de Portugal, Alfonso IX, La Vega, La Feria), la zona de entrepuentes y San Frontis y por otro lado Requejo, avda de Italia, Cardenal Cisneros, cuesta del Bolón, calle de Villalpando, avda de Galicia, etc. Las únicas incursiones en el centro fue para llegar a la plaza del Mercado. La cosa debió ser rápida, porque en la mayoría de las fotos, la imagen se ve algo torcida, como si las cámaras estuvieran desequilibradas.
En cuanto al resto de España, ahí va una lista de lo que hay y de lo que no hay en cuanto a ciudades importantes y capitales de provincia se refiere, porque a diferencia de hasta ahora, aparecen muchísimas localidades pequeñas, carreteras, autovías y autopistas. He clasificado esta lista en cuatro categorías: Completas: son aquellas que están fotografiadas al completo o casi al completo. Sólo las vías principales: en las que han sido fotografiadas algunas calles, quizás las más importantes. De pasada: aquellas en las que una vía cruza por ella y es esa vía la que ha sido fotografiada sin adentrarse en la ciudad. No: está claro, son las que no están en Street View.
Completas: A Coruña, Vigo, Lugo, Gijón, Oviedo, Bilbao, Pamplona, Zaragoza, Lleida, Madrid y área metropolitana, Barcelona y área metropolitana, Girona, Tarragona, Teruel, Burgos, Valladolid, Salamanca, Segovia, Cáceres, Toledo, Guadalajara, Cuenca, Castellón de la Plana, Valencia y área metropolitana, Albacete, Ciudad Real, Huelva, Sevilla, Córdoba, Jaén, Alicante, Murcia, Cartagena, Almería, Granada, Cádiz y Jerez de la Frontera
Sólo las vías principales: Vitoria, Logroño, Palencia, León, Zamora, Ávila, Badajoz y Málaga.
Ya podemos pasearnos por cualquier ciudad y pueblo español mediante la vista a nivel de calle de Google o Street View. Ha sido una sorpresa, ya que sólo Estados Unidos dispone de una vista tan completa… Es hora de ponerse manos a la obra…
Por casualidad y sin saber muy bien cómo di en YouTube con el videoclip de una banda llamada The Pepper Pots y un tema de título ‘Time to live’. Al ver los comentarios, me di cuenta rápidamente de que se trataba de un grupo nacional, o al menos hispanohablante. ¿Quiénes son estos chicos que se dedican al soul y a otros sonidos «negros» de los años sesenta? Efectivamente, The Pepper Pots son tres chicas y ocho chicos de Girona que no son precisamente unos principiantes. El que han publicado este año, y al que pertenece el tema que escuché y vi en YouTube, es su tercer trabajo titulado ‘Now!’.
Quizás lo más sorprendente de todo esto es que, mientras aquí en España pasan absolutamente desapercibidos, son bastante seguidos en Japón, donde todo grupo revival sesentero tiene cabida. Y lo cierto es que paseándonos por su web, viendo sus clips o echando un vistazo a su presencia en internet, se lo tienen bastante currado. Han cuidado su estética hasta límites inauditos (por ejemplo las fotos) para una banda nacional que podríamos llamar indie, pero tienen su grupo en Facebook, su cuenta en Twitter y se les puede escuchar en Spotify.
Aunque lo más importante es la música. Es verdad que no ofrecen nada nuevo y que en realidad se dedican a mimetizar (eso sí, con esmero, talento, profesionalidad y gracia) todos los sonidos «negros» de la mitad de la década prodigiosa con especial atención al ska y, por supuesto, al soul. La producción y el sonido está tan cuidado como todo lo demás. ¡Da gusto escucharlos!
He hablado ya más de una vez sobre Berlín y sobre el muro. De hecho, Berlín es, como sabéis, una de mis ciudades preferidas. Pero es hoy cuando se cumplen los veinte años de la caída de ese telón de acero que separaba una ciudad, un país, un continente y dos mundos bien distintos que no supieron convivir. Finalmente, los errores internos, la presión externa y, sobre todo, el control férreo que las autoridades de la RDA tenían sobre la población y su falta de libertades hicieron que todo se viniera abajo. Muchos han querido ver en este evento el fracaso de un sistema económico y de una ideología. Yo no pienso eso. Lo que realmente falló fue, en esencia, la falta de democracia. Lo que cayó el 9 de noviembre de 1989 fue una dictadura sin más, como tantas otras cayeron antes y después.
A pesar de estas dos décadas, las diferencias entre los dos berlines aún son muy notables. Incluso políticamente. Si antes los berlineses orientales luchaban por pasar la oasis capitalista del Berlín occidental, en las últimas elecciones los ex-comunistas de Die Linkearrasan allí donde gobernaron antaño. ¿Será por decepción con el capitalismo? ¿Por nostalgia (la conocida como «ostalgie«)? ¿O por el desempleo y el descontento social? Posiblemente un poco de todo. Lo cierto es que a partir de entonces el fenómeno neocon/neoliberal comenzó a campar a sus anchas.
Entre todos los especiales que los medios de comunicación han preparado en internet, destaco el de la web de RTVE. Han creado un minisitio con varios vídeos interesantes de los informativos de la época. Alguno de ellos son documentos únicos y clave para la historia como el reportaje grabado in situ y emitido en Informa Semanal. Otro de los especiales sobre este asunto es el que ofrece Lainformación.com. Y para los que quieran pasar esta celebración viendo cine, tres películas: ‘El Cielo sobre Berlín’ de Wim Wenders, ‘Goodbye Lenin!’ y, por supuesto, ‘La Vida de los Otros’.
Si hubiera que establecer un punto de partida de los movimientos juveniles en el Reino Unido, ese momento sería 1958. En ese año, Colin MacInnes publicó la novela ‘Absolute Beginners’. El libro relataba un mundo en ebullición y perfilaba lo que ya comenzaban a ser los mods tal y como los conocemos hoy. Fue cuando el jazz, el soul y el r’n’b se mezclaron con el rock que venía de los Estados Unidos, cuando los muchachos y muchachas dejaron de obedecer las normas y de comportarse como sus padres para crear un nuevo universo a su medida. Era un tiempo nuevo y turbulento donde los viejos valores victorianos empezaban a desmantelarse. Primero en los suburbios obreros y después en los centros de las ciudades, la incipiente multiculturalidad (indios, pakistaníes y sobre todo negros de Jamaica, colonia británica, que trajeron el reggae, origen del ska) comenzaban a abrirse paso. La novela rompió tabúes y provocó una pequeña gran revolución en los adolescentes británicos. Habían nacido las tribus urbanas juveniles… He dado muchas vueltas por internet y por bibliotecas a la busca y captura de ‘Absolute Beginners’, aunque fuera en inglés, sin que mis esfuerzos hayan dado resultado. Pero no pierdo la esperanza.
La novela fue adaptada al cine por Julien Temple con título homónimo, siendo estrenada en 1985. Por lo que he podido leer, la película no gustó a casi nadie, debido a graves errores de ambientación que traicionaban completamente el espíritu del libro de MacInnes. Su estética era excesivamente ochentera. En el reparto contó con David Bowie y Sade entre otros. Su banda sonora nos dejó interesantes temas, como la titular interpretada por el propio Bowie pero que, de nuevo, nada tiene que ver con el movimiento juvenil plasmado en el papel.
Y si de música hablamos, en el pop británico (e incluso en el español) tenemos más referencias a ‘Absolute Beginners’. Sin ir más lejos, The Jam (quiénes si no) publicaron un sencillo con este nombre con claras referencias. También la banda de twee-pop My Favourite titularon uno de sus temas ‘Absolute Beginners Again’. En España, Los Flechazos y su popular canción ‘Suzette’ hacen referencia al personaje de la promiscua ex-novia del fotógrafo adolescente y narrador de la novela, que tenía especial preferencia por los hombres negros… Estoy convencido de que buscando encontraríamos muchos más guiños.
Pasamos a los vídeos. Aquí os dejo los dos ‘Absolute Beginners’, el de The Jam y el de David Bowie y también el tema ‘Suzette’ (aunque no hay videoclip oficial) de Los Flechazos:
La década que terminará en apenas dos meses nos deja musicalmente una industria que está patas arriba y en plena (y necesaria) transformación. Ha perdido poder e influencia. Otro de los fenómenos a los que hemos asistido en los últimos diez años es la fragmentación. Nunca en la historia hemos tenido a nuestro alcance tanta música ni hemos escuchado tanta. Las nuevas bandas se han multiplicado respecto a décadas anteriores. Eso siempre es bueno, porque podemos elegir, pero también produce un efecto de saturación. Salvo excepciones, apenas podemos profundizar en los trabajos que escuchamos.
Tanto el declive de las discográficas como la abundancia de bandas tiene una causa bastante clara: la tecnología e internet. En estos años hemos vivido el fin de la intermediación. Por un lado los artistas ofrecen su música directamente al aficionado y por otra los aficionados acceden ilimitada y gratuitamente a toda la música de hoy y del pasado creada en cualquier parte del planeta, lo cual ya es una revolución en sí mismo. Por otro lado, la tecnología permite tener en nuestras habitaciones un estudio de grabación, de postproducción y de distribución. Las herramientas informáticas para estos fines se han desarrollado hasta niveles increíbles.
Por tanto tenemos que olvidarnos ya del clásico ídolo de masas, del icono musical que triunfaba en otras décadas. El fenómeno de fans de adolescentes es cosa del pasado. Ya no hay Back Street Boys ni Take That. Ni Tokyo Hotel o los Jonas Brothers pueden compararse. Y en cuanto a música «seria», si los sesenta fueron de los Beatles, los Rolling Stones, la Velvet Underground y Bob Dylan, los setenta de Pink Floyd, los Sex Pistols o Deep Purple, los ochenta de Madonna, Michael Jackson, The Police o los Smiths y los noventa fueron de Nirvana, de U2 o de Oasis, ¿Cómo se recordará la actual década?
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